jueves, 30 de abril de 2009

Des-elegido no hay ningún elegido



Clama aún, diciendo: Aún rebosarán mis ciudades con la abundancia del bien, y aún consolará Jehová a Sión, y aún escogerá todavía a Jerusalén (Zacarías 1.17).

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Tú dices, “Dios me escogió pero pequé, me escogió en otro tiempo, ahora no soy ya escogido por él, si así todavía fuera, él me hubiera respondido”. Los judíos en Babilonia pensaban de modo similar, habían sido transportados hasta allí y vividos 70 años fuera de Israel lo que les había hecho creer que ya no eran el pueblo de Dios, que Jerusalén había sido desechada como asiento de los pies divinos.

Habían perdido el concepto de la elección como nación y por eso desmayaban, muchos no querían regresar, se miraban como las otras naciones, abandonadas por la providencia y sujetas al azar y la fortuna. Una palabra muy importante para el profeta para animarlos es escoger y la repite varias veces; (2:12; 3:2).

Si Dios te escogió cuando eras débil e impío y te dio su gracia, y por un tiempo fuiste su siervo o sierva, ¿no hay ya una razón para devolverte la gracia que malgastaste? Aunque el servicio a Dios no te vista con una justicia intrínseca, ¿es injusto Dios para olvidar el servicio que le prestaste? No se diga eso. Pero aquí no se trata de apostasía sino de un largo tiempo de castigo, y el pueblo se siente abandonado por Dios. Si aún puedes creer estate seguro que la elección permanece. Los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables (Ro. 11:28, 29). Zacarías habló mucho del amor de Dios por Jerusalén y que ese amor no ha cambiado. La elección divina y el llamamiento de Dios son dos doctrinas inconmovibles que garantizan la fe en la providencia, sabiduría, el proceso de avance del reino de Dios, su triunfo. Si Dios te ha escogido, en 70 nuevos años te volvería a escoger, en mil años más no se arrepentirá el Señor de haberte elegido para la salvación.

Una doctrina que no entiende el diablo



Jehová ha escogido a Jerusalén, Jehová te reprenda; ¿no es éste un tizón arrebatado del incendio? (Zacarías 3. 2).

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Pienso lo grande y asombrosa que es la elección de Dios para salvación; el Señor te ha elegido de entre tu familia, en preferencia a tus hermanos y parientes; mientras tú por años has disfrutado la salvación ellos permanecen igualmente maldecidos, endurecidos, sin ninguna señal de misericordia como si Dios no diera alguna muestra de que piensa hacer con ellos como ha hecho contigo. No fue tu salvación un mensaje que les enviara diciéndoles que ellos también podían ser salvos sino que él escogía a quien quería, tenía misericordia de quien quisiera, se compadecía de quien quisiera compadecerse. A ti, quizás, no te ha dicho como al carcelero en Filipos "cree en el Señor J.C. y serás salvo tú y tu casa". Tu familia no parece hasta el momento que esté incluida en su elección.

¿Qué puedes, tú como yo, afirmar?, que somos un tizón arrebatado del incendio. Nuestro destino hubiera sido el mismo de ellos sino es porque el Señor entre muchos leños listos para ser devorados por el fuego, caliente ya en medio de las llamas, extendió su mano y nos llamó por su gracia para que no nos incendiaran. No halló en nosotros ninguna razón para no dejarnos en la condenación, ni podemos explicar tampoco qué lo movió dentro suyo a hacerlo; sabemos que es el amor, sabemos que usó su libre gracia, que es soberano, pero por qué sus ojos cayeron sobre nosotros y no sobre los otros no lo sabemos; excepto que hubiéramos sido creados para la salvación, que nuestro destino jamás hubiera sido el ser quemado en el incendio, que nuestra aparición en este mundo no fue casual sino que nacimos con un plan ya marcado para que no nos incendiáramos juntos con los demás, es decir con nuestra vida predestinada.

Dios ha creado nuestra vida como la quiso, la concibió, la pensó, la ideó, diferente a la de todos para que ella fuera para la alabanza de la gloria de su gracia, de modo distinto a la de otros. Los de afuera han sido creados para el fuego, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida desde la eternidad, son vasos preparados para la destrucción. Una doctrina que no pueden entender los hombres ni el diablo, a quien Jehová contestó afirmando que Jerusalén había sido elegida para la salvación y esa elección, como los dones divinos, es irrevocable (Isa 14.1).

martes, 28 de abril de 2009

Experto en Resolver Dudas


Por cuanto fue hallado en él mayor espíritu y ciencia y entendimiento, para descifrar enigmas y resolver dudas; esto es, Daniel (Daniel 5. 10-12).

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Se afirma que Daniel era un experto en resolver dudas, que también se puede traducir "desenredar líos, zafar nudos, descubrir acertijos". Yo quiero resolver mis dudas, no puedo acercarme al final sin que estén resueltas. Lo deseo para poder disfrutar con gusto las cosas celestiales y no perderme la bendición de vivir en el Espíritu. No quiero tener dudas porque me torturan, me hacen sentir como un hipócrita, me separan de aquellos que amo y admiro, demuestran la posibilidad de mi apostasía. No deseo para nadie la duda de su fe.

No quiero tener dudas sino que todas sean resueltas porque como un maestro, enseño la palabra de Dios y ¿cómo enseñar como verdad aquellas cosas que no estoy seguro que lo sean? ¿Cómo incitar a los hombres que dejen este mundo si no estoy seguro que haya otro? ¿Cómo haré que los demás esperen el regreso de Cristo desde el cielo, la resurrección de sus cuerpos si no estoy seguro de lo uno ni de lo otro? ¿Y cómo pediré a los moribundos que estén tranquilos que pronto habrán de ver el rostro de Jesús, si dudo que tengan alma inmortal?

¡Oh que bendición pierdo sin un espíritu como Daniel que me resuelva mis dudas, como era él para el reino, con sus palabras, su sermones, sus entrevistas, sus escritos! Jesús constantemente exhortó a sus discípulos a que no tuvieran poca fe y Pablo dijo a los hermanos que ayudaran a los que tenían dudas (1 Te. 5:4; Judas 22). Es un indispensable ministerio en la iglesia el resolver dudas.

¿Dios hizo el mundo en seis días o en seis períodos de tiempo? ¿Por qué Dios creó a unos como vasos de misericordia y a otros para destrucción? ¿Es Justo Dios que condena al infierno eterno a tanta gente? ¿Por qué si Jesús vino para morir en la cruz estando en ella dijo: “Padre por qué me has desamparado”? Tal vez necesitas un perito en la palabra de Dios, un experto en teología bíblica que te resuelva esas dudas. Y tienen respuestas muy satisfactorias.

domingo, 26 de abril de 2009

El Rey y los alfareros


Estos eran alfareros y moraban en medio de plantíos y cercados; y moraban allá con el rey, ocupados en su servicio (1 Crónicas 4: 23).

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Da la impresión que a la comunidad le gustaba la vida separada, porque tenían sus casas y talleres en comunidades cerradas donde no se podía entrar sin permiso, y por supuesto tenían poco tráfico con el exterior, a no ser para vender las piezas de barro. Lo que más les satisfacía era tener al rey con ellos; y así también dedicados a sus oficios; el rey visitándolos en sus talleres, mirando su obra, calificándola, exhortándolos, animándolos, comprando sus productos. ¡El rey con sus alfareros!

Sabemos que David tenía ciudades dedicadas a la agricultura, “ a cargo de los almacenes del rey estaba Azmavet, hijo de Adiel. Y a cargo de los almacenes en el campo, en las ciudades, en las aldeas y en las torres estaba Jonatán, hijo de Uzías. Sobre los obreros agrícolas que labraban la tierra estaba Ezri, hijo de Quelub. A cargo de las viñas estaba Simei ramatita; y a cargo del producto de las viñas guardado en las bodegas estaba Zabdi sifmita. A cargo de los olivares y sicómoros en la Sefela estaba Baal-hanán gederita; y a cargo de los depósitos de aceite estaba Joás. A cargo del ganado que pastaba en Sarón estaba Sitrai saronita; y a cargo del ganado en los valles estaba Safat, hijo de Adlai. A cargo de los camellos estaba Obil ismaelita; y a cargo de las asnas estaba Jehedías meronotita. A cargo de las ovejas estaba Jaziz agareno. Todos éstos eran administradores de las propiedades del rey David” (1 Crónicas 27:25-31).

Y el rey Uzías era amigo de los campos, “edificó también torres en el desierto y excavó muchas cisternas, porque tenía mucho ganado, tanto en las tierras bajas como en la llanura. También tenía labradores y viñadores en la región montañosa y en los campos fértiles porque amaba la tierra” (2 Crónicas 26: 10), amaba los campos y amigo de la agricultura.

El Rey les servía de orgullo y aliento; que su rey en vez de estar con los militares, los príncipes y con los ricos bajaba y se metía en sus talleres y le ponían un asiento para que contemplara el trabajo y platicara con ellos, entonces se esmeraban en sus labores, y usaban buena masa, y la cocían perfectamente, y mejoraban cada imperfección, y se fijaban en detalles, y buscaban hacerlo sonreír y era a quien primero le ofrecían el fruto de sus esfuerzos porque para él lo hacían. Gracias a Jesús se trabaja mejor.

Gracias Señor, tú eres nuestra arrogancia, nosotros los alfareros del evangelio, los que tratamos de formar tu imagen en tus productos y que tengan tu hermosura y lleven tu aprobación, porque son tus vasos de misericordia creados para tu gloria, y queremos hacer una obra que a ti te gustaría comprarla, y de cierto ya la compraste porque esa masa ha sido traída por ti desde los pozos de la salvación. De cierto, has comprado con sangre todas nuestras obras, para que anduviéramos en ellas (Efe. 2:10). Gracias por visitar nuestros talleres donde forjamos hombres. Nuestras iglesias.

sábado, 25 de abril de 2009

Las piedras no brincan ni los árboles vuelan


Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería. (Lucas 17:5-10).

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Hay muchas explicaciones sobre esa petición de aumento de fe. Unos dicen que debían usar la que tenían, aunque fuera pequeña. Otros afirman que los apóstoles pidieron mal, como si estos críticos supieran más que ellos. Y como no me desentiendo del contexto, supongo que pedían fe para perdonar, lo que es equivalente a mejorar la vida cristiana. Sabían que debían ser mejores cristianos para perdonar un motón de veces al mismo hermano; para no negarle la palabra ni el ósculo santo. Sin embargo parece que ellos querían más fe no sólo para disculpar faltas sino para trabajar. Quitar epidemias y doblegar demonios. O sea, funcionar como apóstoles.

Por la aplicación que Jesús le hace a la pequeña parábola, “siervos inútiles somos” (v.10), hace pensar que si la fe llegaba hacerlos más útiles, podría también convertirlos en orgullosos, y que vinieran los éxitos con arrogancia y darse importancia en el reino de los cielos. Cuando el Señor les dijo “si tuvierais fe como un grano de mostaza…dirías a este sicómoro…”, quería decirles que el aumento de la fe era un aumento de la calidad cristiana de ellos y que según crecieran en cristianismo crecerían en fe, y serían mejores ministros siendo mejores cristianos. Si esa fue la intención, el próximo paso de ellos sería aumentar los minutos de oración, el tiempo estudiando la Palabra y sirviendo al prójimo.

Concuerda con los textos paralelos que estuvieran pidiendo fe para hacer señales o milagros (Mt. 17:20), y Jesús les dio a entender que el milagro más grande era ser mejores creyentes, porque ninguna cosa bendice más Dios que nuestra semejanza con Cristo. Como si les dijera: “orar y ayunar da como resultado volverse mejores esposos, mejores padres; amen a sus suegras, paguen los impuestos, mejoren sus trabajos, no formen griterías por cualquier cosa, no le peguen a los niños, no maldigan a nadie, no envidien el asno del vecino, no miren por la ventana la mujer que tiene, ni por qué cambió su auto, o sus muebles bonitos, no entristezcan el Espíritu, no lo apaguen, no despojen a la gente de su dinero, escriban el evangelio gratis (de gracia recibisteis), pongan la educación teológica barata y no vendan los libros caros”.

No piense que Jesús les estaba animando a hacer portentos y que les dijo, “vayan delante de un sicómoro y empiecen a decirle ¡desarráigate!” y que el deseo y la orden sobre el árbol les incrementaría la fe. Haga usted una prueba semejante con un cadáver y dígale ¡fulano de tal sal fuera! Y siéntese a esperar que su voz resucite un muerto. O salga al patio cuando pase un ciclón floridano y dígale ¡calla, enmudece!, y le aseguro que será arrebatado hasta Azoto. O dele órdenes a un sicómoro, a una montaña o a una piedra y veremos si el árbol vuela al mar, la montaña desaparece o la piedra brinca. Nada de eso, señores, el asunto es ser mejor apóstol, y mejor pastor por medio de la palabra de fe que predicamos (Romanos 10:8). No un milagrero sino el mejor cristiano de la iglesia.

viernes, 24 de abril de 2009

Cristo no deja obras inconclusas

En aquel tiempo haré retoñar el poder de Israel (Ezequiel 29:21).

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Hay palabras, una sola, en la revelación, que son suficientes para llenarnos de esperanza, para mirar el porvenir, más allá del presente, más allá de alguna tentación o del estado de desolación en que se queda el alma después que ha pecado. ¿No? Lee esa, esa solita y dime si no hay un mundo de aliento contenido dentro de ella. ¡Qué feliz me siento Señor, al leer esta palabra "retoñar", o reverdecer, porque quiere decir que podemos crecer hasta donde un día crecimos, ganar la altura que tuvimos y llevar aquellos dulces frutos que un día cubrieron nuestras ramas! ¡Qué bueno es el Señor que nos da aliento con ella!

Nuestro Señor no se da prisa para maldecir a sus higueras que no producen fruto como antes; es cierto que lo hizo con una, pero fue para dar un ejemplo de fe a sus discípulos, estaba menos enfadado con ella por su falta de frutos que para hacerles pensar a ellos en la fe. Nunca hallarás en sus sermones que él se de prisa en desarraigar a los que ha plantado su Padre celestial, al contrario, siempre pide una oportunidad para regarlos y ayudarlos a que se recuperen (Lc. 13:6-9).

Para Jesús la más pequeña flor plantada por Dios tiene importancia, es parte de su jardín y si por ventura algo le sucede y ella pierde su perfume, su belleza, él deja vacío el espacio donde estaba sembrada porque sabe que la raíz de la Palabra se halla en la tierra y puede retoñar.

¿No has leído cómo el cabello de Sansón comenzó a retoñar después que había perdido toda su fuerza y ojos? (Jue. 16:22). Eso indica que hay esperanza para los que han pecado contra Dios, si han estado una vez en el pacto y han sido ungidos con el Espíritu Santo, se recobran poco a poco y van ganando despacio cierto grado de fortaleza y de comunión con el Señor.

Aunque no hayamos pecado, a veces nos sentimos desgajados, talados, y esa palabra “retoñar” indica ponernos verde otra vez y que hay recuperación, que volveremos con la ayuda del Espíritu a comenzar y a ganar altura. Aunque nuestra raíz se halle en tierra seca, el rocío del Señor la hará reverdecer y volveremos a cobrar la vida y la altura que tuvimos otrora. ¡Por la perseverancia de la gracia en sus elegidos! ¡Cristo no deja obras inconclusas!

miércoles, 22 de abril de 2009

Jehová de Australia y del Continente Negro


Porque trabajaron para mí, dice Jehová (Ezequiel 29:17-20).

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Jehová es Dios de lo religioso y de lo secular. Está sobre el escogido Jacob y el profano Esaú. ¿No es de él “el mundo y los que en él habitan”? Su soberanía llega hasta China, la levanta como potencia económica y engendra en sus entrañas una iglesia cristiana en su subsuelo, pasa por Nepal, entra en India, sube al Himalaya y baja a Tofet en el valle del hijo de Hinom.

Tiene autoridad dentro del paraíso, sobre todo árbol, el de la vida y el de la ciencia, en el púlpito y la cátedra, sobre el bien y sobre el mal, sobre la mentira y la verdad, sobre la vida y sobre el holocausto de bebés en la fosa de los abortivos, sobre todo lo sembrado en el mundo, sobre la zarza y el arrayán, y sobre el sudor que cae de la frente del hombre que cultiva, sobre Escol y sobre la higuera estéril.

Sobre el oro que está en la tierra de Havila, dentro del paraíso que es bueno, que lo guarda la iglesia para las misiones, los pobres y el ministerio de la Palabra, y sobre el oro de afuera, manchado con sangre que le quita Pizarro al inca Atahualpa; es Dios sobre el río Pisón y sobre el Eufrates, sobre el Nilo y el leviatán, y sobre el Jordán, en el Mar de Genesaret, sobre el pescado de Pedro, y sobre el Mar Muerto, sobre el Mar Rojo y los vientos fuertes allí, y la caballería hundida en el fondo, y sobre el Mar Negro en el Caúcaso, cerca donde no se podía decir libertad.

Gobierna en la luna y dentro de Marte, y Jehová todavía no abandonado el planeta Tierra.

Oye, el Padre de Jesucristo, los “gemidos indecibles” del Espíritu Santo, los de la creación que suspira a una contra el pecado y “la voz de la sangre de Abel que clama a él desde la tierra” y por eso y muchísimo más la historia secular trabaja para bien a los que aman a Dios.

La conquista por los caldeos sobre los egipcios fue un trabajo, que le hicieron a Dios, y todos los tesoros de Egipto la paga. No es darle un sentido religioso a la historia profana sino hallarle su verdadero sentido. Cuando pasa algo en el mundo, debemos preguntarnos: ¿Qué tiene que ver eso con la iglesia? ¿En qué perjudica o favorece al pueblo de Dios?

El eje del mundo es la iglesia y todo lo que en él pasa, gira a su alrededor. ¿No ves como los cambios sociales la afectan? Sean tiranías o democracias, todos los gobiernos trabajan, haciendo bien o mal, para Dios. No es sólo Dios de la historia cristiana sino de la profana, la de los caldeos, medos, persas, griegos, romanos, de oriente y de occidente, de Asia y de Europa, y no es menos de la enorme Australia y del Continente Negro.

martes, 21 de abril de 2009

Nadie puede medir el perdón de Dios


Mas luego que fue puesto en angustias, oró a Jehová su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres y fue atendido pues Dios oyó su oración y lo restauró a Jerusalén; entonces reconoció Manasés que Jehová era Dios (2 Crónicas 33:10-13).

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¿Cómo es esto, que un asesino que “llenó a Jerusalén en sangre” (2 Re. 21:16), infiel, idólatra, que abandonó al Dios de su padre Ezequías, que quemó a sus hijos en el fuego en honor a otros dioses, que apartó a otros de la verdad y muchos habían muerto sin fe por su causa, se humille ante Dios, ore y él lo perdone y lo restituya a su puesto? ¿Es posible imaginar eso, hay injusticia más grande que el perdón de un hombre así? Es una obra magna del Espíritu Santo. Un triunfo de la gracia irresistible. Si Dios llama ¿quién puede decir no voy?

Dios lo hace para comprobar ante nuestros ojos que las invitaciones que ha hecho por su Espíritu están en palpitante actualidad, que el ofrecimiento suyo anda en pie, que la puerta de la salvación está abierta: “toda blasfemia y pecado serán perdonados a los hombres” (Mt. 12:31); y cuando dice “toda” es toda, todo pecado es todo. No dice una cosa y significa otra. No hay excepciones de pecados. “El que a mí viene no le echo fuera” (Jn. 6:37). ¿Quién, un malhechor, un adúltero, un homicida, un ladrón, un mentiroso, un violador? El que a mí viene, dijo el Señor, el que a mí viene con su pecado yo no le echo fuera. Y “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1:7).

Esos monumentales ejemplos están en la Escritura para demostrarnos que Dios quiere perdonar los pecados de los hombres; los pecados que los hombres no querrán perdonar, los que la justicia humana no puede perdonar porque es imposible, los que los hombres no pueden olvidar, porque el perdón de Dios es más grande que el de los hombres y aunque un hombre esté purgando sus crímenes en este mundo, o muriendo por ellos, puede ser perdonado por Dios si se humilla grandemente y ora como Manasés o le dice en su lecho de muerte "acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”. Nadie puede medir el perdón de Dios.

lunes, 20 de abril de 2009

Abrieron las puertas de la iglesia de par en par


Sus sacerdotes violaron mi ley, y contaminaron mis santuarios; entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio (Ezequiel 22:26).

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¿Es extraño que el pueblo se haya convertido en una escoria moral (v.18, no política) cuando los mismos sacerdotes no hacían diferencia entre lo santo y lo profano, entre lo inmundo y lo limpio? Hubiera sido mejor que no oficiaran, que renunciaran al oficio sagrado; pero no lo hicieron, retuvieron la designación divina pero sin la ley divina.

Literalmente dice “forzaron” la ley divina, le dieron falsas explicaciones, le hicieron decir lo que no decía, lucharon con el significado de los textos bíblicos para que dijeran lo contrario al recto significado y así instruían al pueblo y ganaban la opinión social que los tenía como progresistas y modernos.

Aquellos antiguos admitían en el culto a Jehová lo mismo un cordero que un cerdo, lo que se debía y lo que no. Era mucho más fácil mantener un ministerio así donde lo pagano y lo santo eran bienvenidos. Los sacerdotes se acomodaron a la sociedad y le abrieron las puertas de la iglesia de par en par; por ende, dejó de existir un sacerdocio con la ley de Jehová.

Ya hoy hay pastores homosexuales y mujeres obispas y pastoras ordenadas al ministerio; y argumentan con la propia Biblia para defender sus posiciones. Han ido introduciendo cambios en sus congregaciones donde cada vez hay menos y menos ley de Dios, más alabanzas que predicación, más métodos que dirección divina, y el pragmatismo ha sustituido a la fe y la doctrina de la inspiración.

Y más aún, usan medios profanos para adorar a Dios y salvar las almas inmortales. En los grupos de esos sacerdotes no se oye la diferencia entre música religiosa y la profana porque la popular ha sido hecha sagrada por la letra y ¡Dios mío!, hasta los santísimos salmos dejan de estar al servicio del espíritu para estarlo al de la carne y son cantados con tonos folclóricos o se vuelven bailables. El testimonio personal se ha aflojado increíblemente y tampoco en no pocos casos indica que haya una diferencia entre lo inmundo y lo limpio. Los jóvenes de Israel no hacen diferencia entre iglesia y mundo, entre lo de Cristo y lo de Baal, y los enyuntan, y a veces hasta los adultos se visten, se marcan la piel igual que los paganos, danzan como ellos y viven con poquísimo decoro. Señor envía tu Espíritu de santidad sobre los sacerdotes que ministran en tu obra y que enseñen a tu pueblo a ser diferente.

miércoles, 15 de abril de 2009

Visionar el futuro” es una falsificación de la fe


No sabemos qué hacer" estamos horrorizados, confundidos y perplejos, no sabemos qué camino tomar, no tenemos plan, nadie tiene iniciativa (2 Crónicas 20. 12-29)


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Josafat trajo a las mujeres y a los niños consagrados ante la presencia divina (v. 13), le mostró al Señor un cuadro que le conmoviera, trató de llegar a los sentimientos de Dios. ¡Qué alce su mano y diga alguien que haya hecho esto y Dios no haya tenido piedad de él! Y la palabra de Dios vino desde un lugar oscuro (vv. 13-17). Esto sí se llama conocer a Dios "personalmente", en una oración y en una situación. No se puede precipitar la conversión de una persona urgiéndole que ore fuera de un momento ocasionado por Dios.

Salieron nada más para ver lo que Dios haría y para recoger el inmenso botín. Oh sí, las grandes pruebas dejan al pasar grandes tesoros (vv. 18-30). Sí, todas las pruebas, conflictos, angustias, sobresaltos y terrores, terminan en el valle de Beraca (es decir bendición). No te preocupes, que obran para bien y no terminan en otra parte; ejercita la fe (cuando oigas la palabra en boca de los profetas, o la leas en el Libro sagrado, inspirado y ungido por Dios), clama, habla desde tu corazón al de Dios.

Eso que hizo el rey Josafat es fascinante; animó a su pueblo con una palabra de fe antes que el ejército saliera a la batalla, y pidió al grupo de alabanza que pusieran música en sus labios, cambiando con la dulzura de la melodía y las palabras de las promesas el ánimo total de todos: la melancolía, el temor, la desilusión, la frustración, etc.

Lo que sucedió aquí no fue la victoria psíquica de Israel sobre sus enemigos, ni que alguna energía positiva hubiera salido de ellos y golpeado la situación, nada de eso, el cambio de ánimo de ellos tuvo que ver con el estado ante Dios y no con una disposición favorable para capear el asunto. Eso de "visionar mentalmente un triunfo", imaginarse sano estando enfermo, rico siendo pobre, sonreir con ganas de llorar, es un engaño de satanás, y enséñelo el ministro o sicólogo que sea, es una gran mentira, pertenece a la "Nueva Era", y es una falsificación de la fe.


lunes, 13 de abril de 2009

El Poder de su Resurrección


El anterior domingo fue para muchos un gran día, no porque afirmen el hecho histórico, me refiero a la resurrección de Jesús; sino porque pueden afirmar con Pablo, no porque lo hayan visto, sino porque la sienten, que está vivo (Hch. 25:19). ¡Ay qué lindo es eso! ¡Jesús vivo!, como dijo el predicador que escuché: “Nadie puede presentar un huesito de Jesús porque la tumba se halla vacía”. Su cuerpo no ha sufrido los dos mil años que han pasado sobre nosotros, y existe, a la diestra de Padre, allá en la gloria del tercer cielo, sin la más mínima señal que ha pasado el tiempo. Su frente no da muestra de haber perdido su juvenil resplandor, sus ojos brillan gloriosos de amor, sus brazos continúan fuertes sin acortarse para salvar, y sus pies de bronce bruñido resplandecen firmes sobre la historia, las rebeliones y pecados, y aplastará con ellos “en breve a Satanás debajo”… de los nuestros. Por eso le llaman a ese domingo, porque así fue, así es; el día de la resurrección de nuestro Señor, que lo celebran por pretexto o por verdad casi todos, hasta un mundo ciego.

Fuimos a una iglesia bautista independiente. Quise oír a su pastor, y no quedé defraudado. Nos abrió casi todo el NT, de una forma suave, dulce, flemática e inspiradora, principalmente los pasajes de la vida y resurrección de Jesús. Se notó que transmitía menos emoción de la que sentía cuando en uno de sus niveles más elevados alzó su mano y la descargó sobre el púlpito.

Fue un buen mensaje, y me parecía ver a Jesús en todos lados, en cada esquina, enfrente de mí. Y le dije; “Necesito el poder de tu resurrección (Efe. 1:118-20; Col. 2:12), el que me resucitó un día, hoy, ahora, que no me vaya de aquí sin él”, era lo que más necesitaba aquella mañana, porque si mucho dentro de mí no estaba adormecido, se encontraba dentro de aquellas cosas que están para morir (Apc.3:2). Pienso que si no hubiera sido porque clamé a mi favor, pidiendo bendición como para ningún otro, hubiera estado allí sin estarlo, habiendo admirado un gran mensaje sin ser beneficiado.

¡Cuánto necesita el alma de Jesús! Es triste, muy triste, que Jesús haya resucitado y uno no lo sienta, como si no hubiera ocurrido nada en el Calvario hace dos mil años, como si fuese sólo historia, viejos relatos contenidos dentro de antiguos pergaminos llamados ahora Nuevo Testamento. En ese poder se siente la vida, ahí está precisamente toda ella, y es la esperanza de una nueva creación, del gozo cristiano, de vencer el poder de la carne, del mundo y del diablo. ¡Qué único privilegio el de sus escogidos, sentir el poder de su resurrección! Andan los hombres como zombis, como muertos en vidas, fantasmas nada más, viviendo una necia imitación de lo que es vivir.

Esté donde esté, en la predicación de grandes sermones, en las letras de buenos libros, en la oración ferviente, en el compañerismo cristiano, es un acto de misericordia celestial sentirlo y dar testimonio de él. Y quiere Jesús, que se lo pidamos cuando nos falte para que nos demos cuenta que vive, que todavía se comparte con nosotros y que no se olvidará ¡jamás de los jamases!, de los que un día subió a prepararles un lugar junto a él.

sábado, 11 de abril de 2009

Repara tu fe esta mañana de resurrección


Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados, diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos. Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo. Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy. Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén (Mateo 28. 11-20).

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“Cuando le vieron, le adoraron; mas algunos dudaron”.

La “gran comisión” suele ser extraída de su contexto. La mayoría de la iglesia la oye separada del resto de la narración y lo que pasó con los soldados y los sacerdotes. Los discípulos estarían dispuestos a cumplir la “gran comisión” pero no pueden. El texto enseña cómo enfrentarnos a un mundo lleno de mentiras donde el poder del dinero parece superior al de la doctrina y los hombres no aman la verdad y hasta se oponen a que los otros la crean.

La primera parte trata sobre la divulgación de mentiras y las herejías y la segunda, antes de llegar a la Gran Comisión, el indispensable requisito para poder cumplirla, que la iglesia se libre de sus dudas y tenga comunión con él; entonces podrá así fortalecida, segura, oponerse a toda propaganda costosamente levantada contra el Señor; segura por sus palabras que el triunfo será de ella y que los mejores argumentos contra las impías mentiras serán lo que habían visto y oído, las experiencias apostólicas, lo que hoy llamamos “los cuatro evangelios”.

Los discípulos no se dedicaron en primer lugar a refutar las mentiras sobre la resurrección de él; sino que le volvieron la espalda a esos calumniadores y se fueron a una reunión con Jesús donde había más de 500. El Señor sabía lo qué estaba pasando con aquellos falsos testigos pero le pidió a la iglesia que fuera a aquella reunión con él para confirmarle en la misma verdad que otros estaban negando.

Lo principal no es combatir las enseñanzas que otros niegan sino creerlas nosotros. Uno puede convencer a otros de verdades que completamente no cree. Ahí tienes el mundo escéptico afuera y la iglesia adora. ¿No ves? Todos no estaban mentalmente seguros de la resurrección y aquella reunión les ayudaría mucho para convencerse. Mientras se arrodillaban, dudaban, mientras le miraban, oían, contemplaban al Verbo de Vida ¡dudaban!

¿No te ha pasado así con tu adoración que mientras lees la Biblia, oras, cantas, predicas, combates, dudas? ¿Cómo podrás salir a enfrentarte con el pecado, un ejército compacto de heréticas mentiras, que demandan tanta fe si tú mismo necesitas confirmación de esas verdades que atropellan? Tienes que reunirte con Jesús pues corres el peligro de ser abatido por las mentiras que combates (herejías) y perder tu poca fe.

Si la iglesia no se cura de su incredulidad no podrá testificar victoriosamente de la doctrina que mantiene en su credo. La adoración a Jesús es la mejor forma de conocer cuánto creemos y cuánto no. Cuando uno adora lo sabe, se ve tal y cual es, notas tus enfermedades y si las confiesas, te sanas. Como lo quiso el Señor, que sus discípulos estuvieran primero con él y después, sólo después enviarlos a predicar (Marcos 3:14). Jesús no ocupó aquella mañana de resurrección en invitarlos a una cena con sus familiares y amigos para brindar por su triunfo sobre el pecado y la muerte, sino para que no quedara en sus mentes ni un vestigio de dudas y pudieran así, seguros, ir por todo el mundo predicando lo que habían palpado y contemplado tocante al Verbo de Vida.

jueves, 9 de abril de 2009

¿A qué Iglesia Visita Jesús el Domingo?


Azarías, el que tuvo el sacerdocio en la casa que Salomón edificó en Jerusalén (1 Crónicas 6: 10).

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Se dice eso como si la casa (templo) que edificó Salomón, fuera más importante que el sacerdocio suyo. Los templos no son más importantes que sus ministros. Por esto mismo Azarías no fue más sacerdote que los otros que ministraron en el tabernáculo en el desierto, apartado en Silo, en una cabaña; ni tuvo un mejor llamamiento. El llamamiento es el mismo.

Los discípulos estaban deslumbrados con las piedras y los ornamentos del templo edificado por Herodes y decían al Señor, “Maestro mira qué piedras y qué edificios” (Marcos 13: 1); y vino la cristiana respuesta: “Jesús, respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada” (Marcos 13:2). No dijo: “Oh sí las he estado mirando, son formidables, podemos estar orgullosos de nuestro templo”. Al contrario, le dijo que en poco tiempo todo aquello se desplomaría. El mejor templo y la mejor casa no son dignos que nuestro Señor entre, como dijo el centurión romano (Mateo 8: 8). Y debió tener una lujosa mansión.

El Señor no entraba en la casona del hombre rico de la parábola sino se quedaba en la puerta con el mendigo enfermo. Jacob apropiadamente le llamó a una piedra “casa de Dios” o Betel. No quiere decir que Dios no visita a los que se reúnen en templos bonitos sino que visita a todos, igualmente a los que no tienen dónde hacerlo, en un local más humilde, prestado o en una casa alquilada donde predicaba el apóstol Pablo (Hechos 28:30).

Las altas figuras y las pequeñas, los pastores de renombre y los apenas conocidos son llamados por el mismo Dios, ¿no nos ha dado el mismo Espíritu y Dios es uno? (1 Co. 12:13). Los ministros urbanos no son por ello más llamados por Dios que los rurales, los de las ciudades que los de las provincias; ya vimos anteriormente que el Rey visita los campos y a los alfareros (4: 23); ni siquiera los de iglesias famosas a los de pequeñas congregaciones. Si sabes eso ¿por qué ambicionas las calles de una gran ciudad a los senderos de aldeas y villas? ¿Fue un mejor ministro Lot en Sodoma que Abraham en el Manre?

Cuando Dios quiera promover a un pastor para otro lugar lo hace como se ve en los cantores (vv. 31-32); y posiblemente algunos ya ancianos. El mejor lugar donde podemos estar es donde el Señor quiere, y estar allí hasta que quiera, en la ciudad o en el campo, en una buena y céntrica esquina o reuniéndose en un shopping center. Lo que “se requiere” es que “cada uno sea hallado fiel” (1 Co. 4:2). Dios envía su Espíritu a uno y a otro lugar y hasta hay una excelente promesa de su presencia para las reuniones pequeñas, “donde haya dos o tres reunidos en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18: 20). Tal vez este domingo a Jesús no le abran la puerta en la rica congregación de Wall Street en Tesalónica y venga a la pequeña congregación de filadelfos que no tenemos mucha fuerza numérica ni financiera (Apocalipsis 3:8, 20).

martes, 7 de abril de 2009

Jerusalén mirará hacia Ginebra


Conviérteme y seré reconvertido (Jeremías 31:18, 19).

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Aquí el profeta habla de conversión, predice la futura conversión de Israel en esencia y alcance neo-testamentarios; aunque de Efraín volvieron muy pocos y de Judá no muchos, la profecía tuvo su cumplimiento, pero plenamente en la iglesia cristiana. El profeta mira hacia el futuro, o mejor dicho sueña con el futuro porque su profecía le fue dada en sueños (v. 26), y ve la conversión a Cristo del pueblo santo.

No es el arrepentimiento carnal de los que se vuelven hacia Dios para que cese el castigo porque lo que quieren es escapar de su justicia; ahora Israel pide una transformación de su corazón, pues ora: “Conviérteme y seré convertido”.

En un estudio espiritual de su situación Israel se dio cuenta que ninguna de las tragedias de su historia le aprovecharía en algo a menos que orara a Dios, y comprendiera la conversión; ya no confiaría en sus anteriores superficiales y pasajeras conversiones de manufactura humana, quiere una conversión divina, forjada por la mano de Dios, hecha por el Espíritu Santo para que fuera auténtica y duradera, profunda, la conversión procedente del nuevo nacimiento.

Sus experiencias religiosas con el castigo divino le habían demostrado que a no ser que Dios lo convirtiera todo sería una pretensión y un fracaso. Decide poner punto final a esas ilusiones de conversión y pide a Dios que se encargue completamente del asunto de su conversión, en su totalidad, entero, de punta a cabo, porque las cosas hechas por él son mejores que las que hace el hombre.

Israel decidió no engañarse más a sí mismo con sus auto-conversiones, quemó los libros de magia sicológica y de auto-ayuda, y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata (Hechos 19:19); renunció a Pelagio, a Arminio, oyó hablar de Calvino, miró hacia Ginebra, abrió la Institución de la Religión Cristiana, y se dijo: “Esto es de Jehová, esto es el Evangelio, y me quedo con él”. Y sus benditos hijos, desparramados por todo el mundo comenzaron a comprar los comentarios del predicador francés y a predicar no avivamiento sino reforma, y a convertirse en masa… y así todo Israel fue salvo (Romanos 11:26,27)… ¡Ojalá! Amén y amén.

domingo, 5 de abril de 2009

José de Arimatea: un discípulo secreto

Notas del mensaje predicado hoy.


Exposición 175


Mateo 27:57-61 (LBLA)

Y al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había convertido en discípulo de Jesús. [58] Este se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato ordenó que se lo entregaran. [59] Tomando José el cuerpo, lo envolvió en un lienzo limpio de lino, [60] y lo puso en su sepulcro nuevo que él había excavado en la roca, y después de rodar una piedra grande a la entrada del sepulcro, se fue. [61] Y María Magdalena estaba allí, y la otra María, sentadas frente al sepulcro.

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I. En el entierro de Jesús de Jesús nota su sencillez por todos lados. Tiene su consuelo y sirve de modelo.

No fue mucha gente ni tuvo pompa. Apenas unos pocos que le habían acompañado a su crucifixión y dos más, José de Arimatea y Nicodemo el que se había entrevistado con él de noche. Sin embargo estaban enterrando la Vida, al creador del universo. El entierro del Señor fue sencillo, tristemente despoblado.

No importa que no vayan muchos a nuestro entierro y seamos sepultados en el anonimato y cubiertos por la ingratitud. Lo que importa es cómo vivimos y lo que hicimos. Con un sarcófago sencillo, unas hojas de palma que simbolicen nuestra entrada triunfal al cielo y nuestra Biblia de estudio abierta para que la hojeen los asistentes, es suficiente.

Los funerales de los santos debieran ser sin los lujos y pompas costosas que distinguen el entierro de los vanidosos de este siglo y empobrecen a los sobrevivientes, y enriquecen a los señores funerarios. Cuando algún santo es pasado a la gloria para estar con su Salvador, la despedida de sus restos debiera convertirse en un culto religioso que exalte la esperanza que él tuvo en la resurrección de los muertos porque esto principalmente consuela a los vivos y exhorta oportunamente a los curiosos.

II. José de Arimatea. Era discípulo pero secreto (Jn.19.38), “pero José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente, por miedo de los judíos”.

A partir de este funeral dejó de ser desconocido para el mundo y la iglesia. No puedo leer en estas palabras alguna condena apostólica, más bien siento un lamento. Uno no debe criticar el testimonio de ningún hermano pero a veces lo lamenta. Se entienden ciertas cosas pero se lamentan. Y se desea que haga un cambio, que llegue el día en que salga de su escondrijo y muestre osadamente sus simpatías por la persona de Jesús, como sucedió con José, que “vino y entró osadamente a Pilato” para pedir el cuerpo sin vida de Jesús (Mr. 15.43).

III. Esa clase de discipulado, si es verdadera, es menos de lo que Dios espera porque no lo glorifica.

Supongamos que Dios se preguntara: “¿Quién enterrará a mi Hijo? ¿Dónde lo enterrarán? ¿Dónde resucitará mi Amado?”. Entonces José se dijo “yo enterraré a tu Hijo, seré yo esa persona que tú necesitas, lo enterraré en mi propiedad y quiero que resucite en mi tumba”. Y le cedió su sepulcro al Señor. Fue un acto de amor a Dios y de agradecimiento por el cual obtuvo gloria. Lo que José no sabía era que Dios estaba pensando en él y en su propiedad cuando el Espíritu dijo que Jesús sería sepultado en una tumba de gente rica (Isa. 53: 9). Ser un discípulo secreto es una forma muy egoísta de ser cristiano.

IV. Y además es menos de lo que Jesús necesita.

Ahora no necesita dinero para pagar los impuestos, no necesita dónde recostar su cabeza, no necesita panes y peces, ni un barco para cruzar el lago, ahora necesita una tumba. Pienso que el Señor necesita no solamente de sus mejores discípulos, sino de todos nosotros, hay algún trabajo que el Señor pide que lo haga alguien y nadie podría hacerlo sino un discípulo en particular y si no se presenta y lo realiza, el trabajo se queda sin hacer y la obra se para. Nadie podría efectivamente haber ido a Pilato como José, ni siquiera el discípulo amado que era conocido por el sumo sacerdote. ¡Quién sabe adónde hubiera ido a parar el cuerpo si él no saliera de su escondite de discípulo agachado! ¿Es usted un discípulo miedoso y secreto? Usted puede ser la persona apropiada para un momento dado.

Como ya he dicho, Jesús necesita de todos sus discípulos y la iglesia lo mismo. De los que se hallan junto a la barba de Aarón y los que están el borde de sus vestiduras. De los pobres y de los ricos. De los políticos y de los que no lo son. De senadores de un partido y del otro. De mujeres y hombres, de bárbaros y escitas, de judíos y griegos, de niños y adultos, de viejos y jóvenes. Tú puedes hacer algo por ella que si no lo haces se queda coja. La iglesia necesita todo de todos.

El discipulado secreto generalmente es débil y poco influyente y corre el riesgo de ser casi un cómplice. El discipulado secreto de José era demasiado débil para influir y cambiar el mundo. En Lc.23: 51 leemos: “Y no había consentido ni en el acuerdo ni en los hechos de ellos”, pero nadie le hizo caso, no logró nada a no ser protestar, no influyó a ninguno ni cambió el tren de cosas; mataron a Jesús con su voto en contra. La razón que da el Espíritu Santo no es que obraba secretamente por prudencia sino por miedo, porque era un cobarde, hasta ese entonces. Gracias al Señor que después acumuló valor, salió de su escondrijo e hizo por Jesús muerto algo que no hizo vivo. Eso es lo que significa la palabra “osadamente”, tener valor.

V. Jesús tiene muchos discípulos que no son secretos pero hacen menos de lo que Dios espera y de lo que la iglesia necesita.

Concluyendo. Quizás usted, hermano, puede comprar una sábana para envolver a Jesús pero dice: “No, que la compre Juana la esposa de Cleofas el intendente de Herodes” y no la compra, puede pedir el cuerpo de Jesús pero mira a otro lado y ve a Nicodemo que también es un senador y dice: “Que lo haga él”; quizás puede prestar su sepulcro familiar y así Dios extienda la vida de los suyos para que no lo usen por muchos años, o dejar que su pollino sea desatado para que cabalgue sobre él el hijo de Dios que lo necesita pero dice, “no, otro tiene carro, que lo lleve a la reunión uno que vive más cerca, o que se compre uno”. ¿Obra usted bien, así, rechazando el servicio cuando hay tanto trabajo que hacer y espera que lo haga otro? Jesús dijo: “No he venido para ser servido sino para servir”, y ¿usted que es su discípulo no sirve a los otros? Y ¿espera el advenimiento del reino de Dios creyendo sin servir?

viernes, 3 de abril de 2009

Pacto con la muerte


Varones burladores que habéis dicho: Concierto tenemos hecho con la muerte, e hicimos acuerdo con la sepultura (Isaías 28: 14-16).

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Decían aquellos burladores: “Hemos hecho pacto con la muerte”. ¿Sí? ¿Qué clase de pacto habrás hecho con la muerte? ¿La muerte ha hecho pacto contigo? ¿Qué te ha dado a ti, y qué tú le has dado a ella? Si has hecho un pacto de colaboración y ayuda mutua entre tú y la muerte, has hecho un pacto con la diabólica trinidad: el diablo, el mundo y la carne.

Si has hecho pacto con la muerte y ella te ha prometido no tocarte, te ha engañado y te has refugiado en la mentira; si lo que quieres decir es que puedes desobedecer a Dios y quedar impune, te engañas también. Eso mismo le dijo a Eva, “no morirás” y la engañó, murió. ¿Cuándo tú has oído hablar de algún mortal que la muerte no lo haya visitado y se le haya podido escapar?

Si lo hizo en tal y mas cual enfermedad o accidente, vendrá otro día y se saldrá con la suya. Su corcel amarillo no hay quien lo frene y llega donde quiera, y tras su golpe, ¡saz!, quien la galopa deja a su paso el hades, o sea el cielo o el infierno (Apc. 6: 8). La muerte no hace pacto con nadie. Es una enemiga y se le mata o se le deja matar. La muerte de la muerte es la cruz de Cristo.; y a esa última enemiga quien único la puede matar, con voz de trompeta y voz de arcángel, y voz de Dios es Cristo en su venida cuando los muertos resuciten (1Tes.4:16).

El pacto no lo has hecho con la muerte sino con el pecado porque “la paga del pecado es muerte”; si has hecho pacto con el licor, y hallas en su espuma la vida, has hecho pacto con la muere y has metido en él tu alma, tus hijos y tu mujer. Si has hecho pacto con la idolatría, con la lujuria, con la codicia, con las herejías, has hecho pacto con la muerte. El que hace pacto con un pecado lo hace con el diablo, con la condenación. Si haces pacto con Dios en Cristo lo haces con la vida, con la esperanza, con el perdón, con la justificación, con la absolución, con los buenos recuerdos y la conciencia tranquila. Si haces pacto con los deseos de los ojos y con la vanagloria de la vida, has pactado con la muerte, lo has hecho con todo lo que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. ¡Bendito sea Dios que hizo pacto con su Hijo y nos incluyó en ese eterno pacto! ¡Para la salvación!