jueves, 31 de diciembre de 2009

Spurgeon Reprendido



Nunca desesperes. Nunca dudes. Nunca pierdas la esperanza cuando las cosas parezcan difíciles. Sucedió el otro día cuando yo visitaba a un hermano que se encontraba enfermo, que me reprendió fuertemente al verme desanimado. Así me dijo, "nosotros nunca debemos izar la bandera blanca pero me parece que usted lo hace algunas veces". Entonces le pregunté a que se refería, "usted algunas veces parece estar decaído y desalentado. Observe que ahora estoy al borde de la muerte y sin embargo nada me entristece ni me da miedo". Me regocijé tanto en verlo así que le respondí, "tienes razón hermano. Repréndeme tantas veces como quieras por mí incredulidad en verdad lo merezco". "¿Por qué?", me dijo, "usted es el padre espiritual de muchos de nosotros. ¿No ha sido usted quien me ha traído a mí y a mi amigo a Cristo? Si usted se siente decaído y desanimado después de haber recibido tantas bendiciones del Señor, usted debería avergonzarse de sí mismo". Mirándolo le dije, "en verdad siento vergüenza de mí mismo y desearía tener más fe en Dios en el futuro".

 Charles Spurgeon, Words of Wisdom, for Daily Life, pags. 186,187.

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"Ceñid vuestro entendimiento para la acción; sed sobrios en espíritu, poned vuestra esperanza completamente en la gracia que se os traerá en la revelación de Jesucristo" (1Pe 1: 13).


Debemos tener esperanza y nunca miedo. Sé fuerte teniendo sana confianza en la palabra de Dios, ten por seguro y espera que su causa vivirá y prosperará. "Esperad", dice el apóstol, "espera hasta el fin". Ten esperanza en todo momento. Si las cosas se ponen peores, todavía espera. Ten esperanza tanto como un hombre pueda tenerla, porque cuando tu esperanza es en Dios, tu espera y tu esperanza no pueden ser demasiadas.





miércoles, 30 de diciembre de 2009

¡Vaya parientes que algunas veces uno tiene!


Ezequiel 11: 15
"Hijo de hombre, tus hermanos, tus hermanos, los hombres de tu parentesco y toda la casa de Israel, toda ella son aquellos a quienes dijeron los moradores de Jerusalén: Alejaos de Jehová".

Posiblemente se refiere a sus parientes en el sacerdocio, los que se hallaban en Jerusalén; sus hermanos naturales, los que pertenecen al sacerdocio como él, ya no son sus verdaderos hermanos sino los exilados con los que se reúne en Babilonia junto al rio Quebar. La idea es que no les haga caso y haga a los cautivos sus verdaderos hermanos.
Mejor se quedarían callados y no oírlos hablar. ¿Por qué no se meten sólo en sus vidas y aconsejan a los otros? (v.2). Darían un dedo de la mano porque nos alejemos de Dios. Tal vez por eso la palabra parientes puede traducirse “redención”, no al pariente que “redime” sino al que des-redime, al que nos quisiera ver volviendo a nuestro vómito y a revolcarnos en el cieno, a los que “les parece cosa extraña que no corramos con ellos en el mismo  desenfreno y nos ultrajan” (1Pe.4:4); y dicen “alejaos de Jehová”.
¿No te han pedido alguna vez tus propios hermanos, los de tu parentesco o tus mejores amigos, que dejes al Señor, que te alejes  de la iglesia, que no te juntes con esa gente cristiana? ¿No te han pedido que no leas tanto la Biblia, que no vayas tanto a las reuniones, que no seas tan fanático? ¿O que no te pongas de parte de Dios, de su mensaje?
Ezequiel quisiera que no fuera así, que sus hermanos en la carne compartieran su apego a Dios y su mensaje, pero no sucedió como él quiso. Sus verdaderos hermanos eran aquellos despreciados, los que habían salido al exilio; aquellos que “oyen la palabra de Dios y la guardan”. ¡Vaya parientes que algunas veces uno tiene!, que le dicen “alejaos de Jehová”.  Mantente fiel, da respuesta a todo el que demande razón de la esperanza que hay en ti (1 Pe. 3:15), ora por ellos, y espera al Espíritu Santo porque quizás les conceda arrepentimiento; y en cuanto a tu testimonio, no retrocedas para perdición porque es importante que ellos lean en tu vida los evangelios y  la gracia de Dios en tu esperanza.

lunes, 28 de diciembre de 2009

¿Acaso Jesucristo carga una metralleta?


Ezequiel 13:19
“Dando muerte a quien no debía morir y dejando con vida a quien no debía vivir”.

Se le da muerte a los que deben vivir y se deja con vida a los que debieran ser condenados por sus delitos; y eso no es otra cosa que corrupción política y judicial y no niega la existencia de Dios ni de la providencia sino que afirma el deplorable estado de nuestras sociedades y muestra que cuando se violan las leyes bíblicas se violan con facilidad todas las otras. Si esos políticos y esos jueces, si esos tribunales fueran evangelizados por la Palabra y temieran a Dios, tendrían más sabiduría en sus veredictos y estarían inmunes a la corrupción de la justicia. ¿No ve que en esto como el Señor protesta?  Dan muerte al que no debe morir, el digno y dejan vivo al criminal.
Dicen los incrédulos cuando contemplan esas injusticias, que Dios pudo haber impedido tal y mas cual crimen, fechoría y abuso; y Dios si lo hizo cuando mezcló su palabra en la sociedad, cuando la envió y pidió que fuera cumplida y trató de impedirlo por medio de sus leyes judiciales y morales, por medio de la revelación, pero fueron totalmente desoídos e ignorados sus mandamientos; semejantes crímenes e injusticias hubieran sido impedidas si se hubieran oído con fe sus palabras pero ellos se negaron hacerle caso y no fueron cambiados en mejores seres humanos porque como consecuencias de la desobediencia a Dios se han cometido esos crímenes e injusticias y delatan entre los gobernantes una innegable prueba de rebeldía e incredulidad.
Dicen ¿dónde se halla Dios cuando se suceden los ultrajes y violaciones, las balaceras y los tiroteos callejeros que dejan tendidos a capos de la droga, policías honestos y víctimas inocentes? Dios no se ha marchado del mundo pero sí se ha ido del corazón humano. No tiene valor culpar a Dios de crímenes cometidos por asesinos o autorizados por jueces injustos.  ¿Acaso Jesucristo pone bombas y carga una metralleta o un fusil en vez de una cruz? ¿Alguien ha visto odio en sus ojos sino amor?

sábado, 26 de diciembre de 2009

Se van de compras los domingos




Jeremías 17:19-27
“Pero sucederá que si me escucháis con atención—declara el Señor—no metiendo carga por las puertas de esta ciudad en día de reposo, y santificáis el día de reposo, sin hacer en él trabajo alguno, [25] entonces entrarán por las puertas de esta ciudad reyes y príncipes que se sienten sobre el trono de David; vendrán montados en carros y caballos, ellos y sus príncipes, los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén; y esta ciudad será habitada para siempre”.

A primera vista parece extraño que el Señor envíe su profeta a predicar a las puertas de Jerusalén sobre la violación del día de reposo y que les prometa tanto, dado el caso en que lo guarden, como se ve en los vv. 24, 25. En comparación, lo que ellos hacían con el mercadear el sábado, es casi nada; no era más importante la observancia del sábado que el quebrantamiento de las leyes morales y otras ceremoniales. Isaías dice lo mismo en 58:3, 4. Pero el cumplimiento o no del sábado en el antiguo pacto es un indicador de la religión en el alma.
La profanación del sábado suele descubrir la profanación de todo lo otro; la secularización del día dedicado a Jehová revelaba el desinterés religioso que sufrían; negociaban ese día porque no les importaba adorar a Dios en él, no santificaban el Nombre de Dios  (Ex. 20:8-11); no que las doce horas del sábado fueran de por sí mejores y más santas que los otros días de la semana, no de por sí, sino por el uso que tenían; porque en ellas se adoraba a Dios. El ejemplo del Creador reposando el sábado no era para que reposaran absolutamente, sino para que no lo profanaran religiosamente, quiero decir, para que lo ocuparan en actividades espirituales y fueran sin culpa (Mt.  12:5).
El sábado es un día de mucha actividad espiritual, un día de trabajo para el alma. La secularización de esta sociedad se nota cada día de reposo cuando los comercios, las calles, están llenas de público que no asisten a ninguna iglesia; espiritualmente desinteresados. Aunque los fariseos guardaban el sábado y no practicaban la religión, el reservar un día de la semana para actividades espirituales, especialmente el primero, día de fiesta de la Palabra y resurrección y no irse de mercadeo, es un buen signo de vida en el alma; generalmente cuando el domingo es dedicado al Señor  y a la comunión familiar, las otras cosas mayores, suelen ser arregladas.


martes, 22 de diciembre de 2009

Dice que es cristiano y por eso no bebe vino


Jeremías 35:5-10; 18,19
“Bebed vino pero ellos no bebieron vino”.

Estos comentarios míos no son para hacer volver al vino a quien lo dejó y que no le conviene exponerse otra vez a la tentación sino sólo una pequeña defensa a la Sola Scriptura en materia de fe.
Recab concibió un estilo de vida para su familia y ella lo siguió al pie de la letra. Fíjate que los mandamientos que le dio no invalidaban los de Dios, que no bebieran vino, sino para que según él, fuera de provecho para vivir muchos años, muy apropiados para la longevidad. No eran mandamientos religiosos sino apropiados para la familia, una filosofía para la vida. Por la obediencia de los recabitas a las enseñanzas de los padres, el Señor les hizo la promesa que siempre alguno de ellos estaría en su presencia. Esas son las tradiciones familiares que no hay que romper porque no afectan el seguir a Dios (Ef. 6:1-3); sin embargo, cuando vinieron a conocer al Señor aprendieron que esas cosas no tienen valor alguno contra el pecado (Col. 2:23).
Si alguien no quiere beber vino que no lo beba, si eso se lo dijo Recab o la Southern Baptist Convention, pero que no se lo imponga como cristianismo al resto de los habitantes de Jerusalén o de América.
Siempre es mucho más fácil obedecer un mandamiento de hombre, “no comas, no gustes, nos bebas, no manejes” que un mandamiento de Dios. Es más fácil alargar las “filacterias” de la ropa que vestirse del Señor Jesucristo, “santo, amado y de entrañable misericordia”; es más fácil decir “esto es corbán o mi ofrenda a Dios” y no hacer nada por un allegado que no tiene dinero para celebrar la Navidad. Es mucho más fácil no beber vino que no mentir, criticar, envidiar lo que otro tiene y codiciar la casa, el auto o el cónyuge ajeno. Es más fácil  ser un buen hijo de papá o mamá que ser un obediente hijo de Dios. Sea flexible en cosas secundarias que no se imponen para ver al Señor Jesucristo.
Le repito, no beba zumo de uvas si no  pero no diga que es abstemio porque es cristiano, sino porque es recabita o fundamentalista y no le cause molestias a los que regresan de las bodas de Caná, alegres de corazón, sin dar tropezones, y les invitan a sus mesas donde prescripto por Pablo y el doctor Lucas beben un poco de vino, junto con los ancianos de Éfeso, por causa de sus enfermedades del estómago o de la grasa que están comiendo.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Atrévete… a ser un hombre de una sola mujer


Jeremías 30: 21, 22
"De ella saldrá su príncipe, de en medio de ella saldrá su señoreador".  También dice “¿quién se atreve arriesgar su vida?”.


El que se atrevió a acercarse al Señor llegó a ser su líder y señor de su pueblo porque él lo hizo así; un tipo de David, o del Hijo de David, el Cristo. Eran tiempos difíciles, de mucho desencanto y falta de fe; y había que atreverse a acercarse al Señor; no se miraba bien que alguien lo hiciera, la religión de Jehová no era apreciada ni bien vista.
Atrévete a acercarte al Señor, desafíate a ti mismo, empújate a hacerlo, ten fe como un reto a los demás y por tu fe, como Noé, condena al mundo (He. 11:7); desafía a los incrédulos a creer,  a los perversos muéstrale que ser santo es posible, a los violentos que ser pacífico es fortaleza, desafíalos con tu fidelidad matrimonial, enséñales a ser hombres de una sola mujer, desafíalos con tu virginidad hasta el matrimonio, desafíalos a ser amables, a perdonar, a olvidar, oblígalos a reconocer que la marihuana y la cocaína no se hicieron para ti, desafíalos con sobriedad, entereza, con tu vida de oración, con tu gozo y paz en el Espíritu Santo, amando la Biblia, adorando a Dios en los cultos, con tu sostén económico a la obra de Dios. Atrévete a acercarte a Dios cuando te andan gritando que no lo hagas, tapa tus oídos y sigue aunque, como en los días de Juan el Bautista, el Reino de los cielos sea sólo de los valientes y ellos lo arrebaten (Mt. 11:12).

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Ojalá el infierno fuera sólo una metáfora


Jeremías 28:1-9
“Y el profeta Jeremías dijo amén, así lo haga Jehová”.


Qué más hubiera querido Jeremías que las palabras de Hananías hubieran salido de la boca de Dios; dijo un amén con todo su corazón suponiendo que lo hubieran sido, deseando que fueran así aunque eso fuera contrario a lo que Dios le había enseñado, a lo que formaba parte de su doctrina por años, aunque a los ojos del pueblo él hubiera resultado estar equivocado. Pero no era así, no pudo decir amén como quiso, estaba equivocado Hananías.
Lo mismo nos pasa a nosotros los ministros del evangelio que nos atenemos al Nuevo Testamento y predicamos la fe llamada ortodoxa, la que han creído Pablo, Agustín, Calvino y otros; revisamos como Jeremías las palabras de los profetas modernos por lo que aprendimos de los antiguos y hallamos que lo que ellos enseñan ahora no coincide ni con lo que enseñamos ni con lo que hemos aprendido de los maestros de la antigüedad.
Quisiéramos decir un amén de corazón a la enseñanza liberal que todos serán salvos al final, que ninguno pagará por su rebeldía contra Dios porque él es amor y los perdonará sin hacerles daño. Si hay algo encoge nuestro corazón es pensar en las multitudes que serán malditas e irán al infierno preparado para el diablo y sus ángeles. Como somos sentimentales quisiéramos que todos, los que han creído y los que no han creído fueran salvos, con fe o sin fe, hayan sido borrachos, adúlteros, ladrones, miserables blasfemos, indiferentes. Ojalá pudiéramos extender las palabras apostólicas “en Cristo todos serán vivificados” y: “Dios no quiere que ninguno se pierda sino que todos procedan al arrepentimiento”, a toda la humanidad. O aquella otra: “El cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad”.
Pero no podemos hacerlo con la correcta interpretación de estos textos. Lo que dicen otros muchos y las enseñanzas de los grandes maestros de la iglesia que el camino que lleva a la perdición es muy ancho, que muchos se pierden, que la puerta de la salvación es angosta y que aunque muchos procuren entrar no podrán. La salvación de toda la humanidad no podemos creerla, no podemos decir amén a semejante enseñanza porque aunque Dios es amor, también es justicia; indefectiblemente, el que no creyere al Señor Jesucristo ya es condenado (Jn 3). Y como creemos que se perderán los que se hallan en peligro de muerte, procuramos, como dice Salomón, salvarlos. Esa doctrina, de que el que no creyere se perderá, forma parte de nuestra oración agonizante y parte del estímulo a los pecadores para que sean salvos. Como estamos convencidos que no todos creerán y si no creen mueren, oramos intensamente por ellos, implorando al Señor que se vuelvan de sus pecados.
Quisiéramos que fuera cierta la enseñanza sobre el infierno que hoy se predica. Dicen algunos maestros que no están en línea con los padres de la iglesia, que el infierno es meramente el sepulcro, la tumba y apelan al origen físico de la palabra con el Valle de Hinnón a un costado de Jerusalén que servía como basurero. El gusano que nunca muere, el fuego inextinguible, dicen ellos, no es más que una metáfora de la pudrición eterna de los condenados que se extinguirán en el polvo y no aparecerán más sino para volver a hundirse en la aniquilación.
Amén, quisiéramos decir a esa doctrina que no cree que haya un lugar de tormento para las almas y cuerpos después de la muerte, sino que una vez salidos del mundo nos hundimos en la nada. El infierno es espantoso, parece increíblemente desproporcionado en intensidad y tiempo. La inconsciencia de las almas en el sepulcro es preferible a su tormentosa consciencia en el infierno. Pero bien claro que leemos que Jesús creía en una consciencia en ultratumba donde se llora y se crujen los dientes. El infierno es temido, es parte del temor de Dios y una verdad no escondible en el evangelismo bíblico.
¿Cómo podemos hablar realmente de salvación si no creemos en una condenación consciente y eterna? Ha contribuido a ese cambio el racionalismo moderno y el positivismo generalizado que oímos por todos lados. Siempre dicen que hay que ser positivo, que no se puede ser negativo y el infierno es una doctrina negativa; o la siempre presente doctrina de los méritos humanos que hacen al hombre tan digno que parecería una cosa atroz que se le castigara. Tenemos que sospechar que todo eso ocurre por el abandono a la doctrina de la salvación por la gracia de Dios. Desearíamos decir amén, pero no podemos.
No se trata de negar las verdades bíblicas y sustituirlas por otras fabricadas por los deseos humanos que no comprende la ilimitada justicia divina. Si todos serán salvos, ¿Cuál es el valor de las doctrinas de la salvación? ¿Cómo decir amén?

domingo, 13 de diciembre de 2009

La falta de vergüenza vende

Jeremías 13:26
“Levantaré sus faldas para que se vea su vergüenza”.

Cuando Dios creó al hombre y a la mujer conforme a su semejanza les dio honor y gloria, y cuando las perdieron por su pecado se sintieron culpables y avergonzados y se hicieron con hojas de higuera taparrabos. Como sabían que habían hecho mal se sintieron culpables. La culpa y la vergüenza son naturales y la cantidad de ellas depende de que sepa lo que es bueno y lo que es malo. Mientras el concepto del bien y del mal exista, la culpa y la vergüenza aparecerán. Si el concepto de pecado se elimina con él se van la culpa y la vergüenza. Las dos se pierden.

El origen de la vergüenza  es simultáneo con el origen del pecado y con la violación de la ley de Dios. Los sicólogos y educadores modernos están ayudando a borrar la diferencia entre el bien y el mal haciéndole creer a la gente que es sólo un punto de vista, lo mismo que la verdad y la mentira, o sea un asunto personal, y lo que es verdad y mentira o bien y mal para una persona puede que no lo sea para otra. No mencionan el pecado, que es algo moral, sino que hablan de adicciones. , y ellas son sujetas a tratamiento psicológico y no a confesión de pecados a Dios. A eso llaman relativismo y que “nada es verdad y nada es  mentira, todo depende del cristal con que se mira”.  Para ayudar a esto desvinculan la vida privada de la pública, dándole más importancia a la imagen que a la vida privada. La vida es un teatro.

Una vez tenido éxito en desalojar del carácter la idea de pecado, todo se vuelve lícito, sólo hay que tomarlo sin que nadie lo impida, darse el gusto que se apetezca y disfrutar cualquier deleite sin remilgo alguno, aunque para lograrlo haya que hacer daño, engañar, robar o cometer un asesinato.
Si ya no hay pecado ni remordimientos ni culpa, tampoco hay vergüenza para esconderse y tapar el sexo como hicieron Adán y Eva, se pierde el rubor y el pudor y se puede hablar de todo enfrente de una cámara de televisión, contar sonriendo los detalles más íntimos de un matrimonio o enseñar cualquier parte del cuerpo sin que se considere provocación y descaro, al contrario, la falta de vergüenza recibe aprobación y vende, y es lo que más vende, y eso lo saben los productores y clientes donde el comercio entre ambos crece y crece. Las damas dan sus noticias cruzando las piernas semidesnudas, o se levantan las faldas ellas mismas y no Dios,  o salen a tomarse fotos casi vestidas como Eva, sólo con sus cabellos, o protagonizan personajes que dan a entender que realizan el sexo ante camarógrafos y espectadores, porque esas exposiciones hacen que suban los ratings y el precio de los anuncios pagados.

Así es nuestra generación y contra lo cual las iglesias hacen poco para enseñarles ética porque su deseo al reunirse es sentirse bien, cantar, aplaudir, danzar, decir amenes y aleluyas,  y predicar chistosos sermoncitos o experiencias que alimentan el culto a la personalidad, y no enseñan la Biblia y lo que es pecado porque eso sonrojaría el rostro y haría retornar lo que de él se despidió: Vergüenza. 

sábado, 12 de diciembre de 2009

¿Creciendo iglesias con tránsfugas?


Jeremías 11:6
“Proclama en las calles de Jerusalén”.


Proclama la Palabra de Dios no sólo en la sinagoga sino en los lugares públicos donde hay gente que no guarda la ley, donde se hallan los comerciantes y clientes que no tienen tiempo ni modo de saber lo que dice Dios, lleva el evangelio a las calles de la ciudad donde se halla la gente ocupada y desinteresada que no dice siquiera “si Dios quiere traficaremos y ganaremos” o haremos esto y aquello porque Dios “no pinta” nada dentro de sus intereses. ¿No dice la Escritura que nadie busca a Dios? Entonces hay que buscarlos a ellos, Dios tiene que buscarlos, es decir esa es nuestra misión. Las calles de la muy culta y comercial Atenas estaban llenas de altares y el pueblo tenía a la mano alguno para invocar de repente y elevar el clamar al dios de su preferencia, menos el altar del “Dios no conocido” (Hch. 17:23). El pecado no sólo se halla en las recámaras de los aposentos sino en las calles mismas donde se ofrece de todo, alcohol, sexo, dinero, drogas y vicios. Ese es el lugar de trabajo de las iglesias y sus ministros si quiere que “ninguno perezca sino que venga al conocimiento de la verdad”. 
Explique la Biblia la iglesia no sólo en el aposento alto, en casa de Juan Marcos, en el hogar de Cornelio, sino en el taller de Aquila y Priscila sino también en la “calle llamada Derecha”. El púlpito no es el único sitio de evangelización sino en las empedradas calles de la ciudad donde transitan los que nunca ponen un pie en un lugar sagrado aunque se les invite. Y “¿cómo oirán sin haber quién les predique?”. ¿O seguiremos formando iglesias con tránsfugas de otras? ¿Con pedazos de congregaciones divididas? ¿Con los pedazos de otros pedazos? ¿Es así como se plantan nuevas iglesias y se registran nuevas obras? ¿Dejaremos el campo libre a los mormones y Testigos de Jehová? No se gana el mundo enseñando a Dios cómo sus hijos saltan de una iglesia para otra sino como van a las calles y se les habla a los que nunca han oído, no a los que han escuchado mil veces. ¿O es que esos miembros refugiados dentro de las murallas de la salvación le tienen miedo a las calles donde domina el diablo? ¿Les horrorizan que tomen piedras y se las tiren? 
Ese es el sitio más asequible que el mundo moderno necesita donde los creyentes estén y hablen “la lengua de Canaán” (Isa.19:18); glosolalia de la buena, idiomas vivitos y coleando, en proféticas predicaciones en las calles, no forcejeando por subir en eminencia entre los que conocen al Señor, no ambicionando puestos dentro de las formadas congregaciones queriendo quitar a uno para ponerse otro sino en las calles y puertas por donde no ha entrado el Señor de Gloria, los que no son tránsfugas de otras hermanas congregaciones.

martes, 8 de diciembre de 2009

Saber y enseñar sin creer


Jeremías 2:6-8
“Los sacerdotes no dijeron ¿dónde está Jehová? y los que tenían la ley no me conocieron”.


Desde tiempo de Jeremías hasta Cristo y desde Cristo hasta ahora siempre ha habido teólogos inconversos, agnósticos, liberales y ahora postmodernistas, cuyos escritos y trabajos bíblicos reflejan la incredulidad y escepticismo que hay en sus corazones, y muestran que todavía no han podido llegar a creer todo el consejo de Dios. Conocen la Biblia pero no al Dios de la Biblia; él les continúa estando lejos y no se deja aprehender por ellos. Claro, no es de todos la fe y la Biblia no se cree simplemente leyéndola porque es una misericordia Suya otorgar la fe a los que la estudian. Si como literatura religiosa la información suministrara fe, como un ejercicio mental y de modo natural, no haría falta el Espíritu Santo para hallarla, y estuviera al alcance de todos, y eso no es cierto porque es un privilegio creer, otorgado a algunos. Cuando Cristo venga no hallará mucha fe en la tierra. Una persona puede pasar meses y años como profesor de Biblia y creyéndola a veces y a veces no. De aquí salen los inventores de herejías que ante la impotencia de enseñar con seguridad y convicción buscan otro camino y dar otras explicaciones que no requieran tanta fe y se puedan acomodar fácilmente a la razón.
Examine el texto bíblico que he copiado. Los sacerdotes no intercedían a Dios por ellos y los escribas copiaban y leían la ley sin conocer al Dios de ella, ¿cómo puede usted teólogo, sacerdote, pastor, maestro, oficiar ante Jehová sin orar? ¿Cómo puede leer tantas veces la ley de Dios, copiarla, memorizarla y no conocerle? ¿Y escribir tantas veces el nombre sagrado, o reverenciar el tetragrama, sin genuino temor ni conocimiento? ¿No sabe que la llave del reino de los cielos es el conocimiento? (Luc.11:52). Debe poner atención a cómo oís para que sepa cómo cree y cómo enseña (Luc.8:18). Usted puede conocer dónde habría de nacer el Mesías y no ir a adorarle (Mt. 2: 4-6), y en el mejor de los casos estar sólo cerca del reino de los cielos pero no dentro de él (Mr. 12: 28-34) porque continúa siendo “tardo para creer lo que los profetas han dicho” (Luc. 24: 25).

sábado, 5 de diciembre de 2009

El leopardo y el etíope

Jeremías 13: 23
“¿Mudará el etíope su piel y el leopardo sus manchas?”. 

Estas palabras son bien del profeta o del mismo Dios. Si son del profeta sabe que lucha espiritualmente contra un imposible, que su ministerio se quedará sin el fruto práctico deseado porque ellos no podrán cambiarse el color de la piel ni arrancarse las manchas del corazón. Si son dichas por Dios como el versículo siguiente sugiere, es entonces una afirmación teológica, una declaración doctrinal. La enseñanza es, que el hombre no puede obrar su propia salvación.  El hombre no puede por sí mismo conseguir cambiar ante Dios. No puede hacer nada por sí mismo para conseguir méritos para recibir el perdón y la vida eterna. El arrepentimiento y la fe son dones que Dios le da y sólo tiene que recibirlo porque de otro modo no los consigue. Las buenas obras para ganarse la vida eterna están excluidas. Es como si Dios les dijera: “Ustedes no cambian, ni pueden cambiar por ustedes mismos, por naturaleza son incambiables, sus hábitos tienen la fuerza de algo congénito”.

Y ¿para qué quiere uno que el leopardo se quite sus manchas? Así se ve hermoso porque todo lo que hizo Dios es bueno. Si el leopardo pierde sus manchas, pierde su identidad y ya no tendremos un leopardo y vaya usted a saber qué, tal vez un gato. Sería una lástima que los leopardos dejaran de existir porque sin ellos es menos bello el universo, menos la gloria de Dios en la creación y una pérdida irreparable para la fauna, los bosques y los parques. No, hay que conservar esa hermosa especie.

Mas no pasa así con el hombre que mata y devora no para vivir sino porque “arde en envidia” y sus manchas no son bellas porque la mentira, el robo, el adulterio, la avaricia y la codicia, entre otras manchas, afean la creación y no despiertan la admiración de nadie sino la repulsión, el dolor y los lamentos. Esas manchas humanas no las hizo Dios sino el diablo y debieran desaparecer, aunque es difícil lograrlo.

La respuesta a la pregunta si el etíope puede cambiar su piel y el leopardo sus manchas, es un no rotundo. El etíope y el leopardo están bien así porque así los hizo Dios. El etíope sonriente puede decir que a él como a la sulamita el sol lo miró. Dios no le pide que cambie de color y se vuelva amarillo, cobrizo o blanco. Ni siquiera mulato. Su color negro y su pelo ensortijado se lo dio Dios y puede ostentarlo con orgullo. Como no hay injuria en decir blanco tampoco la hay en decir negro. Los hombres por el color de su piel valen todos iguales.