lunes, 20 de mayo de 2019

El salario pastoral es agradable a Dios


FILIPENSES 4: 18
"Pero lo he recibido todo y tengo abundancia; estoy bien abastecido, habiendo recibido de Epafrodito lo que habéis enviado: fragante aroma, sacrificio aceptable, agradable a Dios".

 ¿Sabes una cosa? En el Nuevo Testamento parece ser que el privilegio de sostener financieramente la obra del Señor estaba principalmente en manos de los pobres. Es cierto que la iglesia era mayormente pobre. Pedro mismo dijo (como generalmente los ministros dicen): "No tengo ni oro ni plata". En el ministerio de Jesús, un puñado de mujeres eran las que principalmente proveían para el sostén suyo y de los otros (Luc. 8: 2, 3).  Como la iglesia no tenía mucho dinero, entonces había poco que darles a los ministros suyos. Cuando los ancianos de la iglesia son sostenidos por una congregación pobre pudieran sufrir con sentimientos de indignidad, pensando que lo que ellos hacen no vale tanto como el sacrificio que los hermanos hacen para pagarles sus salarios. Es un sentimiento muy humano, nacido de la compasión, pero no es el que el Espíritu Santo quiere que tengan.

Jesucristo siempre dijo que "el obrero es digno de su salario" (1 Ti. 5:18). Si es "digno", digno es. Las cosas del Espíritu son cosas de fe y el sostenimiento económico de la obra del Señor es una experiencia de fe que la iglesia tiene. Los hermanos pobres tienen que ejercitar la fe y separar una porción para invertirla en el ministerio de la palabra; Dios permite que sean ellos principalmente los que tomen esa responsabilidad para enseñarlos a vivir por fe. Cada vez que separamos algo para el sostén de la iglesia, haciéndonos falta ese dinero, y quedándonos con una parte que apenas "ajusta" ejercitamos nuestra fe, como hizo la viuda pobre que dio al profeta Elías todo su sustento (1Re.17:9-16). Pablo indicó que eran pobres y que de su "profunda pobreza" habían dado (2 Co. 8: 1-5). Si él les dice que "Dios suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús", (v. 19) indica que ellos darían y se quedarían faltándole, que no daban de lo que les sobraba. 

Pero también les promete que Dios premiará esa fe y lo que se da para la obra él se lo reintegrará totalmente. No, no se empobrecerá nadie por contribuir a la iglesia de Dios, no será más pobre por lo que dé. El que no es generoso puede que su avaricia le preserve de su escasez, pero el que no es generoso no es un hombre o una mujer de fe y no podrá experimentar la delicia de la gloria de Dios en el hecho de dar y recibir. Son los pobres los que frecuentemente sostienen la obra del Señor, con excepciones. Los pobres salían a buscar trabajo cada día, por eso cuando Jesús en la oración modelo dijo a sus discípulos “el pan nuestro de cada día dánoslo hoy” quería decir “dame un trabajo hoy”. Son los que ejercitan la fe y los que reciben de vuelta, del tesoro de Cristo Jesús, la porción de sus contribuciones. Y que conste que no estoy hablando de darle dinero a cualquiera que lo pida.

sábado, 18 de mayo de 2019

Quien me ha de salvar Dios lo sabe

HECHOS 10:5,6
"Despacha ahora algunos hombres a Jope, y manda traer a un hombre llamado Simón, que también se llama Pedro". 
Dios es quien selecciona el mensajero que nos ha de hacer salvos; no podría ser otro, tiene que ser ése. Ya está seleccionada por Dios de antemano la persona que ha de ser el instrumento de nuestra conversión. Ya los medios existen en la mente de Dios. Las circunstancias ya están preparadas, la ocasión, y las palabras que serán dichas. Hoy algunos predicadores parecen confiar más en los medios que ellos inventan que en la gracia de Dios, ¿no sería mejor preguntarle a aquel que ya ha predestinado el medio, que nos guíe y nos enseñe la forma en que habremos de presentar al evangelio? ¿No es mejor preguntarle a Dios qué medio y no usar uno de nuestra ocurrencia o novedad? Cuando se trata de la evangelización de la iglesia y de la conversión de alguna persona, hasta los más mínimos detalles hay que pedirlos a Dios para obrar exactamente como él quiere que se digan y se hagan las cosas, si es que queremos tener éxito en nuestro trabajo y glorificar su Nombre. No sólo programas ni los medios sino aquel que establece cómo han de hacerse las cosas, con relación a su obediencia. "Este se hospeda con un curtidor llamado Simón, cuya casa está junto al mar". Conoce el nombre de todas las calles y los números de las casas, si los tienen. El Señor sabe dónde está quien ha de decirnos la palabra para hacernos salvos. Él sabe en cada momento donde estamos (10:36-43); si es que elige a alguien pues  pudiera obrar como a Agustín de Hipona, que nos lleve directo a una Biblia y nos diga “toma y lee”.

viernes, 3 de mayo de 2019

Se ofrece más fácil el púlpito a un joven que a un anciano

1 SAUEL 8: 7, 8
Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos”. 

         SPURGEON CON MAS DE 50  AÑOS


Les dijeron: “Ya estás viejito y tus hijos no sirven, búscanos un sustitutoconforme al mundo que nos rodea”. (Paráfrasis). 
 Podrían pedirle a Dios una copia del viejo pastor, pero la excusa de que la familia de Samuel era mala, no era muy válida, era una excusa. En lo que ahora sigue, ¿continuaría diciendo, “hasta este momento me ayudó Dios”? Sí. En los inconvenientes continúa eben-ezer. Su respaldo continúa, aunque las cosas no salgan como él quiere. Por otra parte, no puedes desechar a un ministro de Dios sin desechar a Dios mismo que lo envió; la rebelión contra Dios que tienen en sus corazones la expresan contra el siervo del Señor y no tratan a uno mejor que al otro. Samuel estaba viejo, pero todavía era útil y vivió muchos años después de esto. No pudieron hallar una excusa en su vida y la encontraron en la edad y en sus hijos (la familia). Se equivocaron, porque, aunque no fuera joven, ni su familia tuviera buen testimonio ¿qué cosa es lo que los hacía salvos y los edificaba en la fe? ¿No eran sus palabras, sus mensajes de Dios y las oraciones suyas en las cuales tanto confiaban? 

Lo que pasa hoy, en la iglesia, es que ofrece más fácil su púlpito vacante a un joven que a un ministro anciano, y no decide así por el patrón profético o apostólico. De quien estaban cansados era de Dios, de su ley, de su gobierno porque no querían que él “reinase” sobre ellos, no querían obedecerle. Querían menos palabra de Dios, un reinado de hombres, no de Dios. ¡Oh, con qué ingratitud lo trataron! Señor no me deseches en esos tiempos (Sal. 71:9). ¿Es que acaso ha perdido el viejo su vocación pastoral? Toda la Biblia fue escrita por viejos. Viejo era Moisés, viejo era Josué, viejos fueron los profetas, Pedro era viejo, Pablo era viejo, Juan cuando escribió el evangelio y sus cartas era viejísimo. Juan Marcos era joven pero lo que hizo fue escribir bosquejos de sermones de Pedro. Timoteo era joven pero no dejó ningún documento escrito por él, sino los que recibió. A las manos casi temblorosas, usadas por el Espíritu Santo, debemos toda la Escritura, y en especial nuestro muy querido Nuevo Testamento. Cierto que hay jóvenes triunfadores predicando la Palabra, aquellos que valdrán más cuando sean viejos. En cuanto a Samuel, ¿no hubieran podido ponerle un ayudante que fuera mejor que sus hijos? Señor a veces tu pueblo no ama a sus ministros. ¡Qué ingrato es el oficio de un ministro! A pesar de que se les advirtió (vv. 10-17), lo tendrían por muchos años porque el Señor prefiere los ministerios largos.

lunes, 29 de abril de 2019

Uso de Eben-ezer y Amén


1 SAMUEL 7: 12
Tomó luego Samuel una piedra y la puso entre Mizpa y Sen, y le puso por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová”.

“Eben-ezer”.  Esta palabra suele decirse al final de un recorrido espiritual, cuando algo se termina. Pero así no fue usada la primera vez. Samuel la utilizó empezando su ministerio, al comienzo de su carrera, cuando obtuvo su primer triunfo y el pueblo que añoraba a Dios saboreó después de muchos años, el triunfo. Quiso decir, “hemos empezado con la ayuda de Dios y debemos seguir con ella, cualquiera otra cosa puede prescindir menos eso; hagamos las cosas y que ella esté garantizada”. No es más bien una palabra para sellar un servicio sino cuando se está abriendo; eben-ezer cuando se escribe la letra alfa, y votar para que llegue hasta la omega; que los comienzos sean los del Espíritu Santo (Ga. 3: 3). Lo mismo ha sucedido con la utilización de la palabra amén, que por costumbre casi únicamente se coloca en la cola de algo, en su colofón, es como una tapa, una voz final, “así sea”, el cual es su último significado porque antes quiere decir “cierto” “verdad” (Deu. 27:24, 25; Neh. 8: 6; Sal. 106: 48), por eso Jesús dijo “de “amén”, de “amén” os digo”, y eso hay que decirlo no sólo al concluir un sermón sino también durante su desarrollo, no sólo al final de un culto sino en todo su desarrollo, sin que moleste al de al lado, no sólo al final de una oración sino en todo lo que se dice, que todo sea cierto y verdadero. Cuando casi mentalmente, silenciosamente como oraba Ana, que se muevan un poquito los labios para no perder el hilo de ella, y así se adora a Dios.

Volviendo al primer eben-ezer, si Samuel la usó cuando estaba viejo hubiera podido decir, “he servido al pueblo como he podido y como ellos me lo han permitido; han vivido políticamente fuera de la teocracia, pero yo he tratado que la teología llene la política, y las cosas aunque a Dios no le han gustado completamente ni a mí tampoco, y como estoy llegando al final de mis días puedo decir eben-ezer, hasta aquí nos ha ayudado Dios, a pesar de todo; no hubiera podido pedir más misericordias ni tener más oraciones respondidas que las que he tenido”. Y nosotros podemos decir lo mismo, hemos sido ayudados.
Entonces, siempre cabe un “hasta aquí me ayudó Dios” y la duda de que en el presente y en el futuro no venga con la fe esa ayuda, es ridícula y ofensiva. Una cosa que se empiece con Dios y se quiera continuar con su ayuda, ha de continuar, aunque se detenga y a veces retroceda, sean pocos, y la tarea sea más grande que nuestras vidas. Lo que no podemos hacer es excluir a Dios, criticarlo, enviar por él solo cuando lo necesitemos. Pocas cosas se lamentan con los años si todas las empezamos con Eben-ezer y con un amén a su voluntad.