jueves, 27 de junio de 2013

No estaremos mejor Presidente Barack Obama, estaremos peor


1 Timoteo 1:9-11
“Conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado”.

I. Uso de la ley
1. Estudio y uso de la ley. Anteriormente dijimos que el mejor uso de la ley es para conocer el pecado; aquí el apóstol lo afirma. ¿Por qué dice eso? Porque el mejor uso de la ley es cuando se aplica a los pecadores, "la ley no fue dada para el justo”, por muy útil que sea la ley para formar el carácter cristiano, ése no es su destino, el carácter del creyente se moldea más por el amor en el  Espíritu de Cristo en el evangelio que por la ley. Un error muy antiguo ha sido invertir su uso y tomar la ley como el fin de la vida religiosa, y no lo es, el fin de la ley es Cristo (Ro.10:4), es nuestro ayo para llevarnos a Cristo (Ga.3:24), incluso el cumplimiento de toda la ley es el amor (Ro.13:10) y el que ama al prójimo ha cumplido la ley (Ro.13:8). Si el carácter cristiano es moldeado solamente por la ley, el producto es fariseísmo o hipocresía y la conducta  no será mayor que la de los escribas. Pero si la ley es sujetada a Cristo en nuestros corazones y comenzamos por el Espíritu, el amor que él produce da cumplimiento a la ley y embellece sobremanera la conducta cristiana y la limpia de obras meritorias e hipocresías.

Pero yendo al texto, el apóstol aclara bien, que del contenido de la ley no se sacan  temas para debates y que su estudio no es para uso en sí misma, sino que ha sido promulgada por Dios por causa del pecado del hombre, para mostrarlo sobremanera pecaminoso,  para reprimirlo y  enseñarle que aun los mandamientos son débiles por la carne (Ro.8:3) y  por causa de su debilidad e ineficacia, comprobado por experiencia que  nadie se puede perfeccionar por su medio (He.7:18,19), se introdujera algo mejor, la gracia en Cristo, la salvación sin las obras de la ley (Ro.3:28). 

Aquellos hombres tomaban el decálogo de Moisés y las variadas genealogías y las escudriñaban para convertirse ellos mismos en justos; ante el criterio de los hombres se volvían irreprensibles, convirtiéndose ante ellos mismos en buenos, pero ante los ojos de Dios peores, porque por el cumplimiento de la ley sin la gracia se vestían de  justicia propia (Flp.3:6,9), no la de Cristo que es por la fe. Así pues, en vez de instruir a los santos en el cumplimiento de la ley, usémosla para evangelizar a los pecadores.
  
II. La ley en la evangelización
El mundo está lleno de grandes pecadores que necesitan oír la ley para ser refrenados y convictos por ella. Aquí hallamos una amplia gama de pecados, es como un trozo de cualquier ciudad o sociedad, lo mismo de Babel, que Sodoma, Corazín, Jerusalén, La Habana, Madrid o New York. En cualquier parte y latitud se halla esa clase de gente.

1.  Los anomois, (sin ley) o transgresores, los que no tienen ley y son malditos por desconocerla; mas esta gente que no sabe la ley maldita es (Jn.7:49). A esos primeramente, vivan una vida socialmente aceptable o no, si no conocen la ley, deben conocerla; a ellos Dios quiere que se la enseñen.

2. Los, como indica el griego,  anupotáktois o los insumisos, que no obedecen órdenes, desobedientes, los que se niegan a obedecerla. Estos quieren vivir sin ley, la han oído pero no la acatan, son renuentes a obedecerla y arrojan de sí su yugo y coyundas; o son insumisos y arrogantes en relación con la ley civil  negándose a sujetarse al gobierno establecido por Dios; entre ellos: ladrones, perjuros, etc. Nota como el apóstol va gradualmente ascendiendo, o descendiendo a las partes más bajas de la tierra, primero los que no conocen la ley, luego los anárquicos.

3. La asebés, en griego, quiere decir sin piedad, sin Dios,  o impíos; también la ley es para los que no guardan ninguna piedad, sea porque no creen que para todo aprovecha ni para esta vida presente y la venidera (4:8), que sea gran ganancia acompañada de contentamiento (6:6). No creen en Dios, son ateos. Sí, también para los ateos es la ley; y un consejo sabio es que al predicarles en vez de intentar demostrarles la existencia de un Ser supremo, es mejor hablarles de la ley tratando de corregirles la vida y no lisonjearles el entendimiento. La ley no fue dada para que ellos adquirieran la piedad que les faltaba sino para revelarles el pecado por el cual no eran píos.

4. Los pecadores, esta palabra y la anterior fueron asociadas por Pablo por  la conjunción y, indicando con eso que la falta de piedad es un gran pecado y dentro de los que no profesan ninguna se hallan grandes necesidades espirituales; un gran campo de labor para la ley. Con estas dos comienza un grupo de pecadores que Pablo coloca por parejas, porque casi siempre se hallan en asociación.
5. Los irreverentes y profanos. Los irreverentes no son los que hablan en el templo o hacen bulla; la palabra está asociada al incumplimiento de los deberes religiosos, son personas que no tienen religión, no la respetan y se burlan de ella; propiamente, que prefieren lo material a la bendición espiritual; o profano como Esaú (He.12:15). Profano e irreverente es más o menos similar. A esos hay que enseñarles la ley, para que se conviertan a Cristo. Ese es su mejor uso como precursora de la gracia, como Juan de Cristo, para preparar el camino al Señor.

6. Parricidas y matricidas yo los definiría, aunque actualice demasiado el texto, como los que usan violencia doméstica y abusan de sus familiares, tanto el padre, la madre, los hijos y cualquiera otro sobre los cuales puedan ensañarse. La palabra significa propiamente “herir al padre o a la madre”, golpearlos. Eso prohibido en Ex.21:15. Para la violencia doméstica aplíquese la enseñanza de la ley de Moisés y dará mejor resultado que socializarlos, aconsejarlos, y usar  la sociología como un auxilio o la cárcel y el castigo como remedios. Para los abusadores de personas  mayores y de menores, de mujeres, etc., para todos esos usemos la ley de Dios para que reconozcan que lo que han hecho es muy pecaminoso. No se trata de rehabilitarlos a la sociedad sino que conozcan a Jesucristo. Toda esa violencia doméstica de la cual oímos hablar tanto, disminuirá si hubiera más conversiones a Cristo, si se incrementara la evangelización y hubiera más instrucción de sana doctrina dentro del hogar. Seguramente que el número de  crímenes irá bajando y desaparecerán. Si uno mira bien lo que Pablo dice se da cuenta que son atrocidades nerónicas cualquiera de ellas. Lo que la sociedad necesita es más evangelio mezclado con la ley, mejores predicadores, más Espíritu Santo y más esperanza para esos  desalmados.

Junto a esa violencia se halla el homicidio, “homicidas”, los robos y asesinatos, callejeros y domésticos. Si quieres recordar que vives en una sociedad llena de violencia, mira el noticiero en la televisión. Bombas, coches bombas. Los jóvenes aprenden a hacer bombas. Ponen bombas en edificios, matan en las calles, violan mujeres y niños. La violencia moral de la sociedad le hace más daño que la natural. Los revólveres y las pistolas matan más gente que los ciclones y terremotos. Y estudian el problema. Señalan como una causa para el crecimiento de la violencia el mucho uso que se hace de ella en la televisión, la facilidad para comprar un arma de fuego y la distribución de drogas. Pero la violencia proviene por una causa mayor. Las que señalan son causas menores y  contribuciones al mal. La violencia la lleva el hombre dentro de su corazón  y existe desde los días de Caín y Noé, y existirá siempre. Es el pecado el origen de la violencia. Matáis y ardéis en envidia (Sgo.4:2); es la codicia, la avaricia, la corrupción. Si queremos para la violencia hay que combatir el pecado, volvernos a Dios y  tratar de cortarlo con el cuchillo de la ley. Más predicación, más estudios de la palabra, más conversiones a Cristo. Si alguna ayuda presta los programas enfocados con un evangelio social, son a mi juicio muy humanos, útiles para ayudar a aliviar los males, pero no combaten las causas que los engendran. El evangelio puro, el del arrepentimiento, el del temor a Dios, es el único que tiene la gran solución para esta y cualquier generación maligna y perversa.

7. Los mentirosos y perjuros, los que calumnian, difaman, manchan y arrojan esputos sobre el testimonio de otros. ¿Cuál es el remedio para esos males tan venenosos? La ley, que los hombres aprendan a ser veraces y no como los cretenses, siempre mentirosos, ni a jurar falsamente contra alguien o prometiendo con una mano sobre la Biblia lo que luego no respetará. Para todo lo que se “se oponga a la sana doctrina” (v.10). El apóstol acorta su lista, se podrían añadir muchísimas más violaciones de la ley, pero él resume, cualquier cosa que en letra o espíritu se oponga a la sana doctrina, necesita la enseñanza revelada de la ley.

8. Y concluye con algo que ya más arriba he insinuado, la concordancia entre la ley y el evangelio, “según el glorioso evangelio del Dios bendito” (v.11). No hay ninguna contradicción entre los evangelios y el decálogo de Moisés, las enseñanzas del Nuevo Testamento son las mismas del Antiguo, lo que prohíbe una lo prohíbe el otro, Moisés, Elías y Jesús, hablan amigablemente sobre el monte de la transfiguración. Si hay alguna aparente discrepancia entre la una y el otro es en el uso que se le da. Se puede usar la ley ilegítimamente o se predica el evangelio ilegalmente, sin ley. Si se va tras las obras de la ley y no por la fe no se alcanza nada (Ro.9:30-32).  En cuanto a exégesis la diferencia estriba en que algunos exaltan la letra de la ley cuando debieran más bien exaltar el espíritu y de ese modo no tendrían dificultad en la exégesis de algunos textos que de ella los autores del Nuevo Pacto libremente citan, extrayéndoles el jugo y la sustancia. En efecto, el evangelio contiene la sustancia de la ley, quiero decir, la gracia gloriosa de Cristo. Los que dependen de la fe y no de las obras de la ley, porque sus obras no son obras sino los frutos del Espíritu, como Pablo, pueden parecer que viven sin ley, que son antinomianos, mas no es así, viven la ley, por la fe en Cristo.

9. Los fornicarios, sodomitas, secuestradores (v.10). Quizás es mejor tratar primero los dos últimos para mantener la conexión con los violentos anteriores. La palabra indica agarrar por el pie. Secuestradores, es un antiguo verbo derivado de la palabra hombre, pie, agarrar por el pie, esclavizar. Así, esclavizadores, ya sea secuestradores (robadores de hombres) de hombres libres o de esclavos que pertenecen a otros hombres. En ese caso, tratantes de esclavos. Con el uso de esta palabra Pablo se opone al negocio de esclavos (Ver 
el diccionario de palabras de Robertson).
Los que roban hombres, los que los agarran y se los llevan cautivos  para cambiarlos por dinero, por otras personas, para someterlos a la esclavitud temporal o permanente; y quien dice hombres y mujeres, dice tráfico de niños robados, para adopción o para ¡horrible!, comerciar con sus órganos. ¿Cuál es el remedio para tanta violencia de este tipo, secuestro y robos, de la misma esclavitud social como sistema? La ley y el evangelio. En ésta área la situación  parece casi incontrolable. Las cárceles están llenas y los secuestros continúan, los niños siguen perdiéndose. Si la trata de esclavos ha desaparecido como sistema de gobierno, hay otras formas de explotación que aún sobreviven camufladas. ¿Qué solución aportaremos? ¿Revueltas? ¿Regreso a las rebeliones armadas? Tengo más esperanza en lo que se podría lograr con la enseñanza de la ley que lo que los buenos políticos hagan.

El promedio en infidelidad conyugal y de muchachos que pierden en la adolescencia su virginidad es altísimo. Más desesperante es el avance y las conquistas  que van obteniendo las organizaciones de sodomitas. La necesidad de estos tiempos grita por el estudio y la enseñanza de la ley judía. Se está predicando un evangelio  sin ninguna ley, ni mezclado con ella ni teniéndola como precursora y eso no está bien. Hay que enseñar la ley de Cristo (1Co.9:21). El Antiguo Testamento mirando a Cristo. Queremos ver a Moisés llevando pecadores a Jesús para que los transforme y los salve. Ese es el espíritu de la profecía (Apc.19:10) y a los santos cantando el cántico de Moisés y del Cordero (Apc.15:3).

La enfermedad de nuestra sociedad se agudiza cuando se contempla la  corrupción del sexo, la cual abarca la fornicación; fornicarios, y la homosexualidad; sodomitas. Y hace pocas horas el presidente de este país, Barack Obama, ha dicho que USA estará mejor con la declaración de la Suprema Corte sobre la legalidad de los matrimonios del mismo sexo, olvidando por completo que Estados Unidos, en su nacer brillante y comercial, y en su Constitución, se formó con la influencia de los ingleses puritanos: Presbiterianos, bautistas, anglicanos, y otros. No, no estaremos mejor, señor presidente, iremos para peor.



lunes, 24 de junio de 2013

La enfermedad de un pastor


Filipenses 2:25-30
“Pero creí necesario enviaros a Epafrodito, mi hermano, colaborador y compañero de milicia, quien también es vuestro mensajero y servidor para mis necesidades; [26] porque él os añoraba a todos vosotros, y estaba angustiado porque habíais oído que se había enfermado. [27] Pues en verdad estuvo enfermo, a punto de morir; pero Dios tuvo misericordia de él, y no sólo de él, sino también de mí, para que yo no tuviera tristeza sobre tristeza. [28] Así que lo he enviado con mayor solicitud, para que al verlo de nuevo, os regocijéis y yo esté más tranquilo en cuanto a vosotros. [29] Recibidlo, pues, en el Señor con todo gozo, y tened en alta estima a los que son como él; [30] porque estuvo al borde de la muerte por la obra de Cristo, arriesgando su vida para completar lo que faltaba en vuestro servicio hacia mí.

He advertido en la exposición anterior que Timoteo parece ser el mejor ministro de todos los que el apóstol dispone, o al menos el más apropiado para los filipenses, contrasta su negación personal con los compañeros egoístas interesados. Epafrodito también es un gran ejemplo de lo que un ministro puede desear tener como modelo.

Amigos
1. Un pastor visita a otro. Es una bendición divina la comunicación amistosa entre los ministros. Pablo recibe la visita de un compañero lejano, Epafrodito. Era lo que en realidad le hacía falta, alguien que le trajese noticias de la iglesia, pero que pudiera platicar con él a un nivel que le hiciera bien.
Llama la atención que un siervo del Señor tan ocupado en atender su propia iglesia, Epafrodito, (que era posiblemente el pastor), la deje para emprender un larguísimo y peligroso viaje. El objetivo es llevar sustento a un compañero y ayudarle allá en su ministerio, Pablo, preso en Roma.

¿Por qué no enviaron a otro hermano, menos espiritualmente ocupado? Pienso que fue porque su propósito no es sólo llevar dinero, comida o ropa, sino incorporarse con Pablo en el trabajo; y sobre todo servirle de compañía, a fin de fortalecerlo y animarlo. Eso, por supuesto, no podría hacerlo un hermano común del rebaño, sino alguien calificado espiritualmente para entender el ministerio y al anciano apóstol, ¿Que no sabe aún cuál será su suerte, “Y vea como van mis asuntos”, pudiendo morir o ser puesto en libertad, y desvelado por la obra.

2. Epafrodito no sólo es compañero de milicia del apóstol sino que es su amigo lo cual le permitirá escuchar confidencias que de otro modo se las ocultaría. Se pueden tener muchos compañeros, miles de colaboradores, pero amigos en el servicio del Señor se encuentran pocos; sin embargo la amistad ministerial es necesaria. Jesús no les llamó amigos a sus discípulos hasta que no les comunicaba sus confidencias (Jn.15:15).

Si hay un orden de relación tristemente afectado en el ministerio es ése que menciono. Muchos leales siervos pasan gran tiempo casi completamente solitarios, enfrentándose a un común enemigo mortal en la soledad; rara vez hablan o son visitados por otros colegas. Esa soledad es deteriorante y los sume en la melancolía y la depresión; a veces emocionalmente acabados. Pueden decir que han sido llevados por el Espíritu al desierto para ser tentados por el diablo.  El daño que Satanás hace a una iglesia no es mínimo cuando distancia a dos siervos el uno del otro; tienen que sufrir en ostracismo y llorar en el desierto.

II. Elogios entre pastores
1. Elogios y reconocimientos de su amigo visitante. Son cosas raras oír a un pastor alabar a otro; lo que es más frecuente es escuchar quejas. Aunque el primer grupo apostólico no estuvo tan unido como ellos mismos hubieran querido, aunque se fraccionaron algunas parejas, siempre entre ellos hubo gran admiración de los unos por los otros. El amor ministerial fue una constante indestructible entre Pablo, Pedro, Bernabé, Juan Marcos, Timoteo y Tito, etc. Las cualidades que Pablo hace resaltar en su compañero Epafrodito son muchas. Comenzando por lo más simple, un  “mensajero”, (v.25). Fue la iglesia quien lo envió. Llevaba cosas que dar y cosas que contar, ropa, comida, dinero y un mensaje de la situación de los hermanos. Dejó el púlpito y salió para eso. No hay ninguna tarea que se haga en la iglesia que sea deshonrosa, ni indigna de hacer por el hermano de más nivel espiritual.

(1)Ayudador” (v.25) Pablo necesitaba alguno así, que pudiera ayudarle no sólo en sus necesidades materiales sino en la escritura de sus epístolas, en la atención a las otras iglesias, en discutir con él la situación general de la obra. Nota como están unidos en sentimientos y en trabajos porque se mira la obra como una, como la mira el Espíritu, no en forma individual. Las iglesias formadas por cualquiera de los apóstoles recibían constante refuerzos y apoyo de otros compañeros. Las ayudas llegaban directamente a los misioneros y ellos mismos coordinaban el trabajo en el cual estaban involucrados. Cada uno deseaba que el cristianismo avanzara, quiero decir, el evangelio, que la palabra creciera.

Pablo necesitaba que la iglesia se ocupara de él, ella también lo sabía; como no pueden ir en masa a atenderlo envían al pastor en nombre de la congregación y éste “suple lo que faltaba en el servicio” (v.30). Pero pienso que ante todo se trataba de necesidades materiales del apóstol. Eso era un deber que no cumplieron algunas iglesias.

(2) Pienso que además Epafrodito, es un especial cristiano, y un gran amigo, porque Pablo le llama hermano, “mi hermano” (v.25). Me parece que usa el término para tenerlo como un hermano carnal, algo muy íntimo, nacido del mismo vientre que él, muy suyo, bien cercano y parte de su familia. Esa es una relación que corresponde a un cristianismo especial, a una forma muy suprema del amor de Dios.

(3) Y de todos los elogios con que adorna el nombre de Epafrodito, se halla éste, compañero de milicia”, porque como ya he dicho, ha ido a ayudarle a combatir por el evangelio. No sólo lo es sino que lo ha sido. Es un excelente combatiente, ya sea que trabajen juntos o separados, son dos hermanos unidos por los mismos ideales, amantes del mismo Señor y comprometidos con el mismo evangelio.

III. El pastor y su salud
1. Era un pastor que gastaba lo que era y lo que tenía en el servicio de la iglesia. Si había ido a Roma, tan lejos de Filipos, no era para pasear ni para hacer turismo en la capital sino para unirse a Pablo, su hermano, su compañero, en algún combate espiritual, para poner sus talentos y esfuerzos juntos. Y en eso precisamente estaba cuando alguna epidemia lo asaltó y le quebrantó la salud,?Pues a la verdad estuvo enfermo, a punto de morir” (v. 27). De las cosas que uno tiene de valor, la salud es una. Pablo da testimonio que estuvo a punto de morir, por la obra de Cristo y en substitución de la iglesia, para suplir lo que faltaba en vuestro servicio por mi (v.30). Si la iglesia quiere conocer más a su pastor, debe mirar qué está gastando de lo que tiene y en qué lo gasta. ¿Gasta mi pastor su vida en la obra de Cristo? ¿Está exponiendo a que su salud se quebrante por buscar que el evangelio adelante? Si así es, debe ayudarlo en todas las formas posibles incluyendo la oración, para que no se debiliten sus manos y para que no se les muera.

La Salud y la vida del pastor es algo que la iglesia aprecia mucho. Epafrodito sabía eso, que la iglesia le ama de hechos y que cuando oyeran que estaba grave se iban a entristecer sobremanera. Si grande es el amor de la iglesia por él también lo es el suyo por ellos, por cuanto supone el dolor que la noticia de su muerte produciría en los hermanos le llega casi a abrumar; tanto más que el miedo a morirse (v.26). Epafrodito conocía la delicada conciencia cristiana de la iglesia y supo que al ellos saber que él se había enfermado por ellos, substituyéndolos a ellos, experimentarían un cargo de conciencia enorme, se sentirían culpables, no porque realmente lo fueran, pero ellos se sentirían así. El no quería que su amada iglesia sufriera cargos de conciencia por él. Hablando sobre los pastores el apóstol afirma que ellos son de la iglesia, todo es vuestro; no como se tiene un esclavo o un empleado para explotarlo en la producción de ganar gente para aumentar el pueblo y el tesoro. Eso no es tener un pastor por amor sino por conveniencia, como un negocio. Debe tenerlo como algo suyo, muy querido y amado, para que el Señor prolongue su vida y los servicios que de él recibe.

2. El pastor se enfermó en la obra, en substitución de la iglesia, pero felizmente apareció la misericordia de Dios en la salud suya. Pablo reconoce que el Señor le devolvió la salud, por misericordia hacia el enfermo mismo, hacia el apóstol que hubiera aumentado demasiado su ya honda tristeza, y de la iglesia de la cual Epafrodito era el pastor, los filipenses (v.27).

En ninguna parte leemos que Dios le devolvió su salud porque era un instrumento insubstituible en la obra y no podía ser reemplazado por algún otro, la única razón es porque la muerte del pastor ocasionaría una enorme tristeza a todos. Y Dios no quería que Pablo tuviera, “tristeza sobre tristeza” (v.27), ni que la iglesia, tan amada por el Señor llorara por la pérdida física de su pastor.

Los filipenses, de morir Epafrodito, lo podían substituir por algún otro, quizás Epafras que estaba cerca, o alguno dentro de la misma iglesia que los tenía tan excelentes como él, porque Pablo exhorta a que lo continúen teniendo en mucha estima y a los que son como él (v.29). Pero Dios sabía que la iglesia no quería ningún otro. Quería a su Epafrodito y no otro útil reemplazo.

3. Hay algo además con referencia a la salud de los grandes cristianos que es necesario que mencione. Los mejores siervos del Señor, algunas veces enferman y mueren antes de envejecerse totalmente y no debemos pensar que el Señor está enojado con ellos por algún pecado que hayan cometido, o porque no estén desempeñando sus ministerios  fielmente. Nada de eso se cumplió en Epafrodito. Sin embargo se enfermó y parecía que iba a morir.

Esto sirve para advertirnos cuando vemos que los mejores hijos del Señor padecen enfermedades incurables o mueren tempranamente. El mundo tiene eso como una injusticia, pero para nosotros es simplemente un misterio de la providencia que se lo lleva consigo para coronarlo por su trabajo. El Señor no lo quiere ocupar en su obra acá abajo donde se hallan sus brazos eternos, sino que le adore y disfrute de su gloria junto a sí mismo.

4. En segundo lugar, el caso de Epafrodito, deja claro que el don de sanidad no era un don omnipotente, que podía manejar la voluntad de Dios a su antojo y que caía bajo el control total de aquel a quien fue conferido. Si así hubiera sido Pablo lo sana al momento. Es evidente que no quería que él muriera, pero también está claro que no pudo devolverle la salud y que si se recobró, no fue específicamente ni por su oración, ni porque él no quería que muriera, sino porque el Señor no quería entristecerlo más. La misericordia del Señor no actuó por algún don de Pablo, sino por el puro afecto de su voluntad. Y eso también nos da un aviso para que oremos por nuestros enfermos, con absoluta dependencia del Señor.

5. Y en último lugar aprendemos que la esperanza celestial no es una contradicción de fe a nuestra tristeza por los enfermos y por nuestros muertos. La fe de Pablo, la de Epafrodito y la de los filipenses no era una fe estoica. Pablo era un ministro incomparable y ya estaba triste antes de enfermarse su compañero y no se le quitó completamente la tristeza aún después que se puso bueno, (v. 28), “para que yo esté con menos tristeza”. Le disminuyó pero no se le pasó. Siguió triste por otras razones. ¿No tenían todos ellos la misma esperanza celestial y que estar con Cristo era muchísimo mejor? ¿Entonces por qué se entristecen? ¿Es una contradicción, una manifestación de que no se cree verdaderamente?

No mi hermano, nosotros amamos a los hermanos, amamos a los siervos del Señor y si cuando ellos se trasladan de provincia, de estado, de país, nos entristecemos y nos llenamos el corazón con mucha melancolía, ¿Cómo estaremos alegres si se mueren? ¿No sentiremos el corazón apretado y un enorme vacío dentro de él? Aunque sepamos que se hayan ido con el Señor, aunque estemos seguros que están mejor, no los tenemos con nosotros, los hemos perdido y eso nos llena de dolor. No oímos sus voces, no escuchamos sus cantos, no tenemos sus consejos, no oímos sus sermones, no vemos sus rostros, recordamos sus palabras, sus sonrisas, sus buenas obras. Es mucho lo que se nos va para sentirnos indiferentes. Nos consolamos pero sufrimos. El Señor tenga misericordia de nuestros hermanos enfermos, por nuestro dolor y el Señor te consuele lector, con la voz cariñosa de sus promesas, si hace poco has perdido un rostro querido e insubstituible. Amén.

viernes, 21 de junio de 2013

Currículum del apóstol Pablo


2Corintios 6:1-10
“Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación. No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado; antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos; en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero, en palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestra y a siniestra; por honra y por deshonra, por mala fama y por buena fama; como engañadores, pero veraces; como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos; 10 como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo”.


Voy a comentar esta porción bajo el título del currículo de un antiguo pastor. Bien extraño para estos hedonistas y modernos tiempos, pero ahí va. Observa primeramente sus preocupaciones. No estando completa la obra de la gracia en ellos, el apóstol teme que ésta se detenga y es como si les dijera: “Si ustedes se pierden y no llegan alcanzar la gracia de Dios, la resurrección de entre los muertos, no miren para nosotros como si tuviéramos la culpa; yo pienso que podemos recomendarnos por el costo que hemos pagado por predicar el evangelio; tengan bien en cuenta que no son los méritos intelectuales los que me recomiendan como ministro para ustedes y ni siquiera la obra que el Espíritu Santo ha operado en sus vidas, sino mucho más que eso, mis padecimientos, mis experiencias amargas y frustrantes, sí, ¿por qué no decirlo?, compendian el catálogo doloroso de nuestro equipo misionero”.

Si lo tuviéramos enfrente y nos hablara notaríamos por dónde comienza su currículo: “Esto lo digo no para gloria mía, o nuestra, sino para que por nuestras calamidades puedan medir la sinceridad de nuestra vocación; porque veo que más que hacer juicios sobre nuestros trabajos y enseñanzas el acento de vuestras críticas recae sobre nuestras personas y sobre la honestidad de propósitos que nos ha movido hacia vosotros. Pero antes de continuar con todo eso quiero que reflexionen en el hecho de que vuestra actitud hostil hacia nosotros abre en mi corazón la sospecha de que vuestra profesión cristiana no será duradera y que no llegarán al final como es requerido, os habréis quedado a mitad del camino, sin alcanzar la consumación de los tiempos. Es verdaderamente una lástima porque nos habíamos hecho muchas ilusiones con vosotros”.

Piensa que han tenido oportunidades de salvación y de crecimiento espiritual y que no duran toda la vida, y es por eso que dice que hay un tiempo cuando se es aceptable y se recibe el socorro de la salvación (vv.1,2). Según avanza en su presentación nos damos cuenta que tiene un impresionante currículum. Inmediatamente extrae de sus experiencias este impresionante catálogo que constituye su currículum, por el cual podemos apreciar la clase de misionero que fue y si algunas de esas cosas constituyen también nuestra experiencia, nos servirán no como desgracias que nos han pasado sino como señales de autenticidad vocacional; para gloriarnos no sólo con el punto de contacto que tengamos con sus triunfos sino también con sus penalidades.

Nota que el apóstol trata de no obstaculizar con su conducta el acceso a la fe y la perseverancia de nadie, "nos damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo" (v.3); porque eso limitaría con razón su progreso ministerial "para que nuestro ministerio no sea vituperado" (v.4). Mira sus recomendaciones para la iglesia que quiere llamar a un pastor. No fanfarronea sobre sí mismo pero no puedes hallarlo con un espíritu deprimido, no piensa de sí mismo como un instrumento sin valor alguno ni méritos cristianos, al contrario, reconoce las gracias recibidas de parte de Dios, porque en él el diablo no logra escondérselas. Y como las percibe alaba a Dios por ellas.

Si una iglesia está considerando llamar a un pastor, debiera pedirle un currículum de sus experiencias pastorales y que contestase sinceramente si es un ministro que tiene "mucha paciencia", que cuente los problemas que ha enfrentado en su ministerio y como los ha solucionado, sus "tribulaciones". Que se refiera a las "necesidades" que ha pasado y si ha aprendido a contentarse cualquiera que sea su situación. Que describa algunas de aquellas cosas que lo han "angustiado" (v.4).

Debe preguntársele si ha tenido alguna clase de confrontación con la ley por causa de la predicación del evangelio, no por entremeterse en lo ajeno ni por hechos socialmente delictivos, si ha recibido "azotes, cárceles"; si sus ideas políticas o teológicas lo han envuelto en revueltas eclesiásticas o sociales, y si puede considerarse como una persona de posición extremista, que provoca "tumultos".

Un aspecto importante para pedir al nuevo ministro es su agenda, en qué emplea su tiempo y si en alguna ocasión ha tenido que trabajar en otra cosa para sufragar sus gastos, "trabajos". Si la iglesia está verdaderamente interesada en hacer un escrutinio sobre la persona y vocación de su nuevo ministro hasta debiera escucharle hablar de sus insomnios o "desvelos"; y no estaría mal si le pide que les diga, si en tiempos de angustias acompaña su oración con "ayunos" (v.5).

Es importante que reciba algún informe sobre su moral, o "pureza"; e invitarlo varias veces a dar estudios bíblicos y responder preguntas para poder medir su "ciencia”, el conocimiento de la Biblia que tiene. Si puede hallar algún testimonio de que es una persona "bondadosa", mucho mejor, y si realmente "anda en el Espíritu Santo", que quiere decir si está capacitado por el Espíritu Santo para realizar su trabajo. Y otro dato que no pudiera la iglesia conocer si no entrevista a algunos hermanos a los cuales haya pastoreado, o conocieran cerca su congregación, y aprender de ellos si ama a la congregación con "amor sincero" (sin hipocresía) (v.6).

Y el currículo del apóstol continúa. Afirma que no miente, que tiene señales del poder de Dios en su ministerio, habiendo hecho las señales de un apóstol y que las armas que siempre ha usado en su defensa son legítimas "armas de justicia (v.7). No ha destruido a nadie con armas carnales. Y desde aquí en adelante todavía su currículo se muestra recomendable para algunas iglesias.

Si una iglesia piensa elegir un pastor debiera hacerle esta engorrosa pregunta: ¿Señor pastor, ¿alguna vez usted ha sido deshonrado y ha tenido que predicar el evangelio en un sitio donde en parte le han robado su buena fama, lo acusaron como engañador? ¿Lo han calumniado? ¿Cómo ha manejado interiormente esa calumnia? Si la respuesta fuera afirmativa se le pediría que se explique y que cuente como ha soportado esos terribles momentos y continuado su ministerio (v.8).

Si se fuera a elegir a un pastor por este extraño currículo habría también que decirle: “Querido pastor, ¿pudiera contarnos  los castigos que usted ha padecido por causa del evangelio? Háblenos de sus tristezas y cómo las ha vencido a través del gozo cristiano y sobre todo, ejemplifíquenos algunas vidas que se hayan enriquecido espiritualmente con sus predicaciones y trabajos. Y además de eso, díganos algo acerca de su inclinación para ayudar a los que no tienen nada y cómo usted ha podido vivir con tan poco y compartir con tantos si oímos que siempre ha tenido un salario tan bajo y a veces ninguno (vv.9,10)”.

Este fue el currículo de un buen pastor, o por extensión, de un misionero foráneo. ¿Por qué nos quejamos tanto cuando vivimos esos momentos si Dios está escribiendo nuestro currículo? ¡Ah, se me olvidaba, no dijo dónde se graduó y los títulos que tenía, ni si es buen predicador! Cosas tan buscadas por las congregaciones de este siglo.

lunes, 17 de junio de 2013

Agustín, los Reformadores, la Iglesia Católica, y Freud


"Desde esta plataforma en el Norte de África, y a través de su extraordinaria fidelidad formulando y defendiendo la fe cristiana para su generación, Agustín le dio forma a la historia de la iglesia cristiana. Su influencia en el mundo occidental es simplemente asombrosa. Adolfo Harnack dijo que Agustín fue el hombre más grande que la iglesia ha tenido entre el apóstol Pablo y el reformador Lutero.

“Benjamín Warfield  afirmó que por medio de sus escritos, Agustín, ‘entró tanto a la iglesia como al mundo, como una fuerza revolucionaria y no que meramente creó una época en la historia de la iglesia, sino determinó el curso de su historia en el Occidente, hasta el día de hoy’. Continúa diciendo, ‘Agustín tuvo un talento sin segundo en los anales de la iglesia’. Todo el desenvolvimiento de la vida en Occidente con todas sus fases, fue profundamente afectado por sus enseñanzas’. Los publicadores de la revista Christian History dicen que después de Jesús y Pablo, Agustín obispo de Hipona es la figura que más ha influido en la historia del cristianismo.

“La cosa más notable acerca de la influencia de Agustín es el hecho de que su pensamiento fluye radicalmente opuesto a los movimientos religiosos. Agustín es tenido como uno de los más grandes padres de la Iglesia Católica Romana, y sin embargo fue quien, vuelvo a citar, ‘nos dio la Reforma, no solamente porque Lutero fue un monje agustiniano, o que Calvino citó más a Agustín que a cualquiera otro teólogo, sino porque la Reforma dio testimonio del triunfo final de la doctrina de la gracia expresada en sus escritos, contra el legado del punto de vista pelagiano sobre el hombre. Ambos lados en la controversia, entre los reformadores y los católicos, o la contrarreforma, apelaron en gran escala a los textos de Agustín’.

“Henry Cladwick, trata de fijar el alcance de la influencia de Agustín señalando que, ‘Anselmo, Aquino, Petrarca (éste nunca andaba sin una copia del libro de Agustín, Confesiones), Lutero, Belarmino, Pascal y Kierkegaard, todos permanecen en la sombra de este gran roble. Sus escritos se encuentran dentro se los libros favoritos de Wittgestein. Fue el objeto de aversión de Nietzsche. Su análisis psicológico ya anticipó en partes al de Freud, quien fue el primero que descubrió la existencia del sub-consciente" (John Piper, Legacy Soverign Joy, pags. 43,44).

domingo, 16 de junio de 2013

Un hombre casado no necesita la fornicación

1Corintios 7:1,2
“En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer; pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer y cada una tenga su propio marido”.

I. La literatura sobre pecados matrimoniales
1. Nota que los hermanos piden ayuda a la persona adecuada. Supongo que en Corinto habría otros que podrían ayudar; quizás filósofos o lo que hoy llamamos sicólogos. Pero ellos se dirigieron al Apóstol. Muchos hermanos hierran por pedir ayuda matrimonial a quienes no deben. El ministro de Dios o un especialista cristiano son los mejores consejeros porque los otros no aprobaron tener en cuenta a Dios. Quizás haya que estar de acuerdo con alguien que objete que no es digno de un apóstol tratar estos asuntos de manera pública; sin embargo la iglesia necesita una orientación pública sobre estas materias y pide la opinión apostólica que sin pensarlo dos veces les ayuda con su inspirada pluma. Había sido interrogado; por su respuesta supongo que sobre estas cuestiones del matrimonio, “en cuanto a las cosas que me escribisteis” (v.1).

Las preguntas pudieron ser más o menos: “¿Es bueno quedarse soltero o casarse? ¿Peca uno si se queda soltero o peca si se casa? ¿Qué hay de los que apoyan el celibato porque dicen que el sexo es algo sucio? ¿Qué pasa con los hermanos que quieren divorciarse para dedicarse por entero a la obra? ¿Qué hacemos con las doncellas que quieren casarse pero sus padres quieren que no lo hagan?

2. El excelente medio que es utilizado; la literatura cristiana, en este caso una epístola. Entrevistas de consejería y libros de orientación.  No obstante su respuesta es literaria; y eso quiere decir  que apenas formó parte de sus sermones cuando ellos le piden algún consejo. Pienso que tales materias mejor se tratan literariamente, hay libros excelentemente escritos por especialistas y pastores aficionados en esos temas que si son consultados corresponderán con gran ayuda a los que les interesen. Por un poco de dinero cualquier librería los tiene y así se deja el espacio en la locura de la predicación, para otras enseñanzas relacionadas con la salvación y la edificación. Los jóvenes que se piensan casar, o que no se quieren casar, los casados que tienen problemas, etc., pudieran hablar con el pastor y como no hace falta que él les escriba una carta puede referirlos a esos volúmenes o prestarles alguno.

3. La forma en que pidieron la ayuda y les fue dada puede ser clasificada de confidencial, aunque se dirigiera como una carta abierta a la congregación. Incluso, como la epístola es un medio de comunicación privado; me parece bueno que estos problemas sean contestados y resueltos a un nivel de privacidad excluyendo a curiosos o libidinosos inclinados siempre a esas investigaciones. Quizás los círculos de varios donde todos hablan de sus tragedias rinda algún servicio; sin embargo ¿cómo podrá hacerse eso sin sentir lo mismo que quien se quita las ropas que tapan su vergüenza? ¿Cómo exponer a la vista de otros las enfermedades y crisis de un matrimonio mal llevado o de hijos pródigos fugados?

II. Una puerta cerrada al diablo
1. La soltería con un posible propósito, “bueno le sería al hombre no tocar mujer” (v.1), palabras dichas cuando se está pensando en la dedicación al ministerio o en la consagración al servicio del reino. El apóstol nunca pudo prohibir el matrimonio porque eso lo identifica como enseñanzas de los apóstatas (1Ti.4:3). Si lees todo el capítulo, al final verás que eso es lo que está pensando; no que el sexo sea malo en sí mismo, ni que promueva el celibato porque el intercambio sexual es impuro. El sexo fue creado por Dios, como los otros instintos; y no es malo, lo que es impuro es su mal uso. Si un hombre o una mujer pudiera permanecer célibe por causa del reino, haciéndose eunuco por causa del reino de los cielos (Mt.19:12), que permanezca; estará libre para dedicar todo su tiempo para agradar al Señor y carecerá de compromisos que lo limiten. Es en este sentido que el apóstol piensa que no es bueno que el hombre toque la mujer porque no ignorará que no es bueno que el hombre esté solo (Ge.2:18). Pablo habla por su propia experiencia y aunque la recomienda, se cuida de no hacerla una regla para todos. El matrimonio es algo bueno y necesario, no solo por cuestiones laborales, económicas, sino psicológicas, espirituales; sino que es imposible para algunos por el pecado del mundo.

2. Una puerta cerrada a Satanás: El matrimonio. Desde que uno tiene uso de razón tiene que estar huyendo del diablo o resistiéndolo para que huya; conocer sus maquinaciones es algo muy útil. Preservarse de los ataques satánicos a través del sexo no es la única razón para formar un matrimonio; el sexo por el sexo mismo, ni para ser santos, son los únicos motivos, pero sí es bueno conocer que una pareja que no tenga don de continencia si se casa, cierra una puerta a Satanás; que no hay duda que querrá abrirla con proposiciones de infidelidad.

Hay un pero, “pero a causa de las fornicaciones” (v.2); la soltería es un ideal para el servicio especial de ciertos misioneros, porque otros serán más útiles acompañados que solos. El apóstol Pedro por ejemplo difirió de Pablo; estaba casado cuando fue llamado al ministerio y él mismo dice en plural que tiene derecho a llevar en sus viajes una hermana por mujer (1Co.9:5). Los que han estado en países extranjeros saben cómo las angustias se alivian al compartirlas con un cónyuge porque si cayeren el uno levantará a su compañero, pero ¡ay del solo! que cuando cayere no habrá segundo que lo levante (Ecl.4:9,10). Hay misioneros que van solos pero luego encuentran a alguien que los ayude aunque no sea ayuda idónea.

Pero...hay otro aspecto a considerar que también es de beneficio para la obra, el pecado. Si para Adán en su inocencia le hizo falta la varona por causa de su soledad, ¿qué en relación cuando el pecado se metió en la pareja? Entran a colación otros factores ya que no es el mero trabajo, sino que el matrimonio es una lícita protección contra el pecado sexual. Cuando el pecado no exista, en la resurrección, el matrimonio no existirá, porque serán como los ángeles de Dios en el cielo, (Mt.22:30), pero ahora sí porque aún llevamos este cuerpo de muerte y la ley del pecado en los miembros (Ro.7:23).

El medio provisto por Dios contra el pecado sexual es el matrimonio; un hombre casado, una mujer casada, realmente no necesitan la fornicación; biológicamente no les hace falta. El lecho con mancilla es abominable a Dios porque él sabe que no hacía falta pecar. El matrimonio es un escudo contra el pecado, una puerta cerrada hacia esas tentaciones de Satanás.

miércoles, 12 de junio de 2013

Dios no empuja para que se caiga


Romanos 11:11
Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera.

Hay una palabra que viene a la mente en la lectura del pasaje, es contradicción. Un problema que preocupa a muchos es la relación que hay entre la soberanía de Dios y la aherrojada libertad humana. Las dos cosas existen. Otro problema lo es también con la presciencia divina. Cuando lees sobre la predestinación hay aspectos que no puedes ver claro. La Escritura afirma una cosa y luego se defiende de la lógica consecuencia de su afirmación. Es decir, no puedes creer lo que te parece que quiere decir.

Si la predestinación no se entiende bien pudiera parecer una lógica contradicción como es revelada, como es presentada en la Escritura. Por esto hay que entenderla no con el cerebro humano sino con la mente de Cristo, el cerebro de Dios.  Si Pablo hubiera sacado a Romanos de su propia mente podríamos haberle pedido  que corrigiese su escrito porque hallamos en él cosas difíciles de entender (2Pe.3:15,16). Cuando eso ocurre es la hora para creer la Escritura y adorar lo que leemos.  La predestinación completa, la salvación de los elegidos y la perdición de los réprobos, no es imposible entenderla pero cuesta trabajo. Es mucho más fácil la primera que la segunda y por esa razón es que se nos revela más.

Si quieres entenderla tienes que seguir este orden:
(1) Dios: su soberanía, su omnisciencia, su presciencia;
(2) después, el plan de la salvación por gracia y la soberanía de esa gracia, que excluye las buenas obras como medio de salvación y las malas como motivo de reprobación para que la elección de esa gracia sea libre,
(3) luego, llegando al hombre, mirar su actitud con respecto a la proposición evangelizadora de la iglesia y su aceptación o rechazo.

Fija tu atención en los que rechazan a Cristo y no te quedará duda que lo hacen porque quieren. Se percibe que lo rechazan por su propia voluntad. Pablo podía haberlo dejado ahí pero no lo hace, no le concede al rechazo una independencia de la voluntad humana que la soberanía divina no permite. Explica en relación con la soberanía de Dios que los excluyó por alguna razón que él conoce, pero que aceptaron aquellos que seleccionó del total. Así se forma el embrollo, va desde la claridad para el entendimiento hacia la oscuridad de los propósitos divinos, como si no le importase que sus lectores llegaran a entenderlo bien sino  que creyeran y exaltaran a Dios.

Pablo mira al hombre a través de Dios, no al hombre directamente sino como por un espejo. En la predestinación puedes ver la grandeza del Dios de Pablo. Si Pablo no tuviera el concepto de Dios que tenía, soberano, omnisciente, si su plan de salvación no fuera por elección y por gracia y si no intentara explicar la salvación y perdición de los pecadores en relación con quién es Dios y con su gracioso y electivo medio de salvación,  no habría ningún problema. Para poder entender todo eso en sus más mínimos detalles con la mente chica del hombre hay que deshacer ese complejo divino- humano, fraccionarlo e independizar una cosa de la otra. Habría que afirmar que él no es soberano, que no es omnisciente, que no elige y que la última palabra él no la tiene sino el hombre.   
Para explicar la predestinación sin confundirse en algo, sin que tenga contradicción, hay que achicar a Dios y desprenderle de su esencia, de  algunos de sus atributos o cambiarle la forma que ha escogido para salvar a los pecadores.

Veamos sus contradicciones. No he escrito “confusiones” porque Pablo no está confundido, estará según tu criterio contradiciéndose, pero no confundiéndose. Él entiende bien lo que está escribiendo, considera que está dando buenas explicaciones y espera que sean creídas y aceptadas. Parece que Dios es el culpable de los pecados de los reprobados pero no lo es, que endurece pero no endurece, que es su voluntad que se pierdan pero no es su voluntad. Si queremos enseñar la predestinación bíblica hay que usar su forma de expresarse. A primera vista contradictoria e ilógica.

La predestinación, para que no caiga en el reino de los hombres tiene que exponerse bíblicamente. Eso es lo que vemos en Pablo como escritor bíblico, como si se contradijera casi inmediatamente en una misma página. Como maestros de ella seremos tenidos como contradictorios. Discutir sobre ella es la de nunca acabar y lo que más podemos hacer es predicarla y pedir a los hombres que rindan su lógica a la revelación de quién es Dios.

Volviendo sobre lo que es Dios. Para entenderla correctamente hay que conocer lo que es la presciencia divina que corre un papel muy importante en la predestinación. Esa palabra la hallamos en 1Pe.1:2. El texto escrito por Pedro dice, “elegidos según la presciencia de Dios”. Presciencia es “prognosin” que significa tener un “preconocimiento” de algo. Conocerlo de antemano. Dios nos conoció de antemano. No nuestras futuras buenas obras para sobre la base de ellas elegirnos, no, nos conoció a nosotros. La previsión de obras es imposible porque el asiento de la elección jamás son las obras. La obediencia es el resultado de la elección no su causa, bien dice el texto: para obedecer no porque obedecemos. Como dice B.H. Caroll sobre este texto, la palabra prognosco y predestinación es más o menos lo mismo. Y Pablo mismo afirma que a los que antes conoció también los predestinó (Ro.8:29). Hay una inseparable relación entre el conocimiento de Dios de los que se van a salvar y de los que se van a perder. Sin embargo, la previsión de buenas o malas obras queda excluida (Ro.9:11). La elección y la reprobación no contemplan un previo conocimiento de las buenas o malas obras. La elección es hija de la gracia y una forma de expresarse.

Tocante a Israel que es el asunto que nos ocupa esta noche,  “¿fue la intención de Dios que Israel se comportara así y cayera? Pablo niega rotundamente. Aquí el apóstol resulta casi incomprensible. Se muestra como si se diera cuenta que ha caído en una contradicción, que se puede acusar a Dios de la perdición intencional de Israel, y no es así. No corrige sus palabras, no vuelve sobre sus pasos, hace la afirmación contraria sin negar lo anterior. Así quedaría que Dios los ha endurecido, menos a los elegidos, y sin embargo no lo ha hecho con esa intención sino que ellos libremente han dispuesto sus corazones para rechazar el evangelio. Eso ocurre cuando la predestinación es mirada desde el lado de la presciencia divina que prevé que los judíos habrían de rechazar el evangelio lo cual ocurrió y debía ocurrir porque estaba ya previsto y  significaba que tendría cumplimiento. Dios no predestina a nadie a la condenación sin consultar su omnisciencia.

Donde la presciencia no está activa como si Dios previera la aceptación de su palabra es en los elegidos. Dios no previó que habríamos de creer porque si creyésemos eso negaríamos la elección. Pero está activa en el preconocimiento de sus nombres.  La predestinación para salvación es la que mayormente enseña la Escritura, cuando Dios es quien produce el querer como el hacer por su buena voluntad. 

Israel no fue predestinado para que rechazara a Cristo pero la presciencia previó que sería así y Dios le dio el visto bueno, a la incrédula actitud de ellos. ¿Dos predestinaciones absolutas? No. Una sola, la de los escogidos. La predestinación de los impíos es un misterio que le da la razón a Dios que ellos son los culpables. Toca la voluntad divina en el hecho de que son pasados por alto por alguna razón que corresponde a su soberanía, pero Dios no ha hecho que Israel cayera para que los gentiles fueran salvados, no está activo sino inactivo. La reprobación es por un lado la inactividad divina.  No los empujó a ellos para que otros ocupasen su asiento. Dios, como no se agradó de los más, se enojó con ellos y los entregó a una mente reprobada para que hicieran cosas que no convienen, pero no los empujó para que  rechazaran la oferta que les venía haciendo. Señor, adoramos la profundidad de tu sabiduría y te damos gracias por nuestra salvación.

lunes, 10 de junio de 2013

Lutero, un estudiante de San Agustín y San Pablo


"... La justificación por la fe sola, aparte de las obras de la ley, fue el triunfo de la gracia de Dios en la vida de Martín Lutero. El podría decir, que se paraba de cabeza de gozo, con esa doctrina y con él todo el mundo también hizo lo mismo. Pero según pasaron los años se fue convenciendo más y más, que el asunto era más profundo que combatir las obras meritorias que se pregonaban con las indulgencias, o la promoción que se le hacía al purgatorio. O sea el verdadero problema no se hallaba en las ventas de indulgencia de Johaan Tetzel ni en la promoción del purgatorio por Johaan Eck, sino luchar por la omnipotente gracia de Dios y en contra de la doctrina del libre albedrío enseñada por Desiderio Erasmo.

“Erasmo fue para Lutero lo que Pelagio fue para Agustín, o sea la defensa de que el hombre delante de Dios no tiene ningún poder, y eso fue central para él en su lucha por la fe cristiana. El libro de Lutero La Esclavitud de la Voluntad fue como él mismo lo dijo "el mejor libro teológico, y el más digno de publicación". Eso fue así porque el corazón de la teología de Lutero fue la dependencia total del hombre sobre la omnipotente y libre gracia de Dios para rescatar a ese hombre sin poder alguno de la cautividad de su voluntad. Éstas fueron sus palabras, "el hombre no puede por sí mismo purificar su corazón ni traer dentro de él  los dones de la gracia, tales cuales como arrepentimiento de sus pecados, y que no tuviese nada de fingimiento, una fe real, un sincero amor dado por Dios".

“La exaltación de las enseñanzas de Erasmo con respecto al libre albedrío para triunfar sobre sus propios pecados y su esclavitud, para Lutero eso era como un asalto a la libertad de la gracia de Dios y por lo tanto un ataque al evangelio mismo y últimamente a la gloria de Dios. Así Lutero daba pruebas de que era fiel estudiante de San Agustín y San Pablo, y esto hasta el final de su vida” (El Legado del Gozo Soberano, John Piper, páginas 21,22).