lunes, 3 de junio de 2013

Una Teología al Servicio de la Gran Comisión


Hechos 11:1-18  
1 Oyeron los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. 2 Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los que eran de la circuncisión, 3 diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos? 4 Entonces comenzó Pedro a contarles por orden lo sucedido, diciendo: 5 Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y vi en éxtasis una visión; algo semejante a un gran lienzo que descendía, que por las cuatro puntas era bajado del cielo y venía hasta mí. 6 Cuando fijé en él los ojos, consideré y vi cuadrúpedos terrestres, y fieras, y reptiles, y aves del cielo.  7 Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come.  8 Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás en mi boca.  9 Entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común.  10 Y esto se hizo tres veces, y volvió todo a ser llevado arriba al cielo.  11 Y he aquí, luego llegaron tres hombres a la casa donde yo estaba, enviados a mí desde Cesarea.  12 Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varón, 13 quien nos contó cómo había visto en su casa un ángel, que se puso en pie y le dijo: Envía hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro; 14 él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa.  15 Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. 16 Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. 17 Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios? 18 Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!”.  

Al principio a uno le parece raro que Pedro cuente su éxtasis e incluya las veces que le dijo no al Señor; supongo que lo hace para excusarse completamente ante sus hermanos por haber entrado en la casa de un hombre gentil, como si les quisiera decir: "fui allí porque Dios me mandó; yo nunca hubiese hecho eso si él no me lo hubiera pedido, no me culpen a mí, fui obediente a la visión celestial". Así el apóstol quedaba limpio; la experiencia había sido la autoridad para incumplir la ley ceremonial, una experiencia espiritual; y los hermanos conociendo al Señor y a Pedro aceptaron su explicación. Lo había dicho el Maestro.

En esto vemos al Señor ampliando el ministerio de Pedro, ampliándolo primeramente sobre exégesis bíblica, en tercer lugar usando la exégesis bíblica para salvar almas, cuarto quitándose con oración los prejuicios raciales que impiden la efectividad misionera.

Fíjate que la intención del Señor es la ampliación de la visión misionera del ministerio de Pedro. El Señor se dijo: “Quiero salvar más almas, que el reino se amplíe y para eso  la Interpretación de la visión. Es interesante notar que ninguna de las tres veces que bajó el lienzo desde el cielo el Señor le dio alguna explicación, sólo le ordenaba que matara y comiera; dejando que Pedro hiciera la interpretación o (exégesis) que Dios no se la dijo; Pedro tuvo que pensar mucho sobre ella y llegar a la conclusión que se trataba de judíos y gentiles y no precisamente de la violación de una dieta levítica. Eso es equivalente al estudio de un pasaje de nuestras Biblias. Así es como se encuentran las verdades bíblicas, a través de la interpretación y del mucho meditar en los textos de la Biblia. La exégesis o interpretación, o teología, son trabajos humanos, una tarea impuesta con la palabra de Dios a través de la experiencia personal con el Espíritu Santo. La revelación necesita de la exégesis humana, para llegar justo como mensaje al pueblo. Es necesario tener un espíritu abierto a la palabra de Señor y estar dispuestos a exponer nuestra religión a la reflexión de la palabra de Dios.

Nuestra formación religiosa y teológica puede presentar un freno, y transformarse en prejuicio contra el mensaje de Dios. Sin esa interpretación Pedro se hubiese quedado siempre dentro de su secta; hasta que una brecha fuera abierta en una de las paredes por un golpe teológico de interpretación. Para que una persona abandone una secta tiene que pensar, tiene que reflexionar sobre la palabra de Dios y rendir sus costumbres y formación teológica a la verdad que el mensaje  comunica. La experiencia cristiana con el Espíritu Santo iba interpretando correctamente la ley y ceremonias del Antiguo Testamento. Nunca se les dijo a estos maestros, esto sí y aquello no; la ley, los salmos y los profetas, eran interpretados por las palabras de Jesús y la intención del Espíritu Santo. Los hermanos judíos aceptaron como revelación divina aquella experiencia que Pedro había tenido; y aceptaron al menos en este caso, como una excepción, la violación de la ley ceremonial.

Observa que hubo una apertura transcultural. Pedro había cruzado desde una cultura para otra, sufriendo cambios que le permitieran llegar hasta aquella gente distinta, única y dolorosa forma para hablarles palabras de salvación. Los hermanos judíos pudieron constatar que la experiencia espiritual de conversión a Cristo que habían tenido aquellos gentiles era igual que la que habían tenido ellos. No había diferencia alguna, se convertían de la misma manera y con un mismo mensaje. Se callaron.

Todo esto ocurría para que la iglesia se abriera teológicamente a otras razas, para que comenzara a tener una forma cosmopolita. En este pasaje hallamos: éxtasis espiritual, texto bíblico, ángeles, Espíritu Santo y seres humanos; la iglesia judía iba cambiando no sólo por interpretación privada de sus textos sagrados sino por la experiencia en el Espíritu Santo que estaban teniendo sus miembros. No exégesis solamente, no éxtasis solamente; era una combinación del Agente divino y referencias bíblicas. Aquellos cambios no son propulsados por una fuerza intelectual, que con el poder de la razón extraía la verdad sepultada en los pasajes oscuros del pasado; era la grande experiencia espiritual de la comunidad creyente, con un esfuerzo del pensamiento que interpretaba aquellas letras que les eran tan familiares. Puede decirse que era una exégesis viva, en movimiento, que tenía como punto de origen a Jesucristo pero quedaba abierta sin poder definir el límite de un horizonte escatológico; sabían dónde empezaba pero no podían definir dónde terminarían, la verdad podría irse descubriendo y no alcanzar nunca a completarla, hasta el infinito, dentro de las profundidades de Dios. Por esta hermosa combinación la iglesia tomaba el cauce que hoy tenemos.

Y ¿qué pasará hoy? ¿Nos atendremos apegados solamente a la forma verbal del texto original, yaciendo en el pasado, analizando sus formas gramaticales, la frecuencia de sus vocablos, sus usos lingüísticos en diferentes regiones, o saldremos de debajo de esa montaña literaria, enfatizando junto con el valor del pensamiento la experiencia de oración cristiana de la iglesia? Las posibilidades intelectuales en Jesucristo son inconmensurables. La teología apostólica debe continuar en expansión, con vistas a salvar el mundo; tampoco podemos quedarnos en el primer siglo sin las aplicaciones pertinentes, ni en el segundo, entre manuscritos neo testamentarios.

No he dicho que la verdad evoluciona sino que se expande, se irradia. ¿Qué nos falta como iglesia? Éxtasis. Este fue el punto de partida para deshacer el confinamiento sectario judío, tanto dentro de la iglesia representada por Cornelio, como dentro del ministerio representado por Pedro y sus consiervos. Tenemos que ponernos más de rodillas,  alargar nuestras horas de oración; y así postrados el Señor nos mostrará en qué puntos de nuestro Libro sagrado debemos corregir nuestra interpretación, para quitar de en medio nuestros prejuicios y allegarnos a la verdad que todavía no hemos sido capaces de entender. Esto es experiencia espiritual, no con nuestra literatura solamente, sino con el Dios Infinito, que se mueve hacia nosotros dejando de ser un objeto de estudio para convertirse en un maestro activo y luminoso en las páginas de la Biblia.

En realidad, la iglesia lo que necesita es arrodillarse; y luego pensar en lo que vio y sintió cuando estaba postrada; “si otra cosa sentís esto os lo revelará Dios”. Así saldrá una fina exégesis, fresca, una teología misionera que romperá nuestros moldes transformando nuestro ministerio y sacando la iglesia de su marasmo espiritual.

El problema actual es que tenemos muchas experiencias que nada tienen que ver con la Biblia, superfluas, si es que son en realidad genuinas, o si son bíblicas carecen de reflexión aguda y persistente, por lo tanto, de poco valen. La iglesia tiene que caminar por un rumbo nuevo que no es herético, aunque lo parezca, que es contradictorio, liberal,  no ortodoxo, pero sin embargo Cristo céntrico. La reactivación de nuestra iglesia no es sólo regresar al pasado teológico sino regresar viva, con el fin de hacer una teología, que no se confunda con el mundo, que lo rete, que lo postre, que esté al servicio de la Gran Comisión.