miércoles, 12 de junio de 2013

Dios no empuja para que se caiga


Romanos 11:11
Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera.

Hay una palabra que viene a la mente en la lectura del pasaje, es contradicción. Un problema que preocupa a muchos es la relación que hay entre la soberanía de Dios y la aherrojada libertad humana. Las dos cosas existen. Otro problema lo es también con la presciencia divina. Cuando lees sobre la predestinación hay aspectos que no puedes ver claro. La Escritura afirma una cosa y luego se defiende de la lógica consecuencia de su afirmación. Es decir, no puedes creer lo que te parece que quiere decir.

Si la predestinación no se entiende bien pudiera parecer una lógica contradicción como es revelada, como es presentada en la Escritura. Por esto hay que entenderla no con el cerebro humano sino con la mente de Cristo, el cerebro de Dios.  Si Pablo hubiera sacado a Romanos de su propia mente podríamos haberle pedido  que corrigiese su escrito porque hallamos en él cosas difíciles de entender (2Pe.3:15,16). Cuando eso ocurre es la hora para creer la Escritura y adorar lo que leemos.  La predestinación completa, la salvación de los elegidos y la perdición de los réprobos, no es imposible entenderla pero cuesta trabajo. Es mucho más fácil la primera que la segunda y por esa razón es que se nos revela más.

Si quieres entenderla tienes que seguir este orden:
(1) Dios: su soberanía, su omnisciencia, su presciencia;
(2) después, el plan de la salvación por gracia y la soberanía de esa gracia, que excluye las buenas obras como medio de salvación y las malas como motivo de reprobación para que la elección de esa gracia sea libre,
(3) luego, llegando al hombre, mirar su actitud con respecto a la proposición evangelizadora de la iglesia y su aceptación o rechazo.

Fija tu atención en los que rechazan a Cristo y no te quedará duda que lo hacen porque quieren. Se percibe que lo rechazan por su propia voluntad. Pablo podía haberlo dejado ahí pero no lo hace, no le concede al rechazo una independencia de la voluntad humana que la soberanía divina no permite. Explica en relación con la soberanía de Dios que los excluyó por alguna razón que él conoce, pero que aceptaron aquellos que seleccionó del total. Así se forma el embrollo, va desde la claridad para el entendimiento hacia la oscuridad de los propósitos divinos, como si no le importase que sus lectores llegaran a entenderlo bien sino  que creyeran y exaltaran a Dios.

Pablo mira al hombre a través de Dios, no al hombre directamente sino como por un espejo. En la predestinación puedes ver la grandeza del Dios de Pablo. Si Pablo no tuviera el concepto de Dios que tenía, soberano, omnisciente, si su plan de salvación no fuera por elección y por gracia y si no intentara explicar la salvación y perdición de los pecadores en relación con quién es Dios y con su gracioso y electivo medio de salvación,  no habría ningún problema. Para poder entender todo eso en sus más mínimos detalles con la mente chica del hombre hay que deshacer ese complejo divino- humano, fraccionarlo e independizar una cosa de la otra. Habría que afirmar que él no es soberano, que no es omnisciente, que no elige y que la última palabra él no la tiene sino el hombre.   
Para explicar la predestinación sin confundirse en algo, sin que tenga contradicción, hay que achicar a Dios y desprenderle de su esencia, de  algunos de sus atributos o cambiarle la forma que ha escogido para salvar a los pecadores.

Veamos sus contradicciones. No he escrito “confusiones” porque Pablo no está confundido, estará según tu criterio contradiciéndose, pero no confundiéndose. Él entiende bien lo que está escribiendo, considera que está dando buenas explicaciones y espera que sean creídas y aceptadas. Parece que Dios es el culpable de los pecados de los reprobados pero no lo es, que endurece pero no endurece, que es su voluntad que se pierdan pero no es su voluntad. Si queremos enseñar la predestinación bíblica hay que usar su forma de expresarse. A primera vista contradictoria e ilógica.

La predestinación, para que no caiga en el reino de los hombres tiene que exponerse bíblicamente. Eso es lo que vemos en Pablo como escritor bíblico, como si se contradijera casi inmediatamente en una misma página. Como maestros de ella seremos tenidos como contradictorios. Discutir sobre ella es la de nunca acabar y lo que más podemos hacer es predicarla y pedir a los hombres que rindan su lógica a la revelación de quién es Dios.

Volviendo sobre lo que es Dios. Para entenderla correctamente hay que conocer lo que es la presciencia divina que corre un papel muy importante en la predestinación. Esa palabra la hallamos en 1Pe.1:2. El texto escrito por Pedro dice, “elegidos según la presciencia de Dios”. Presciencia es “prognosin” que significa tener un “preconocimiento” de algo. Conocerlo de antemano. Dios nos conoció de antemano. No nuestras futuras buenas obras para sobre la base de ellas elegirnos, no, nos conoció a nosotros. La previsión de obras es imposible porque el asiento de la elección jamás son las obras. La obediencia es el resultado de la elección no su causa, bien dice el texto: para obedecer no porque obedecemos. Como dice B.H. Caroll sobre este texto, la palabra prognosco y predestinación es más o menos lo mismo. Y Pablo mismo afirma que a los que antes conoció también los predestinó (Ro.8:29). Hay una inseparable relación entre el conocimiento de Dios de los que se van a salvar y de los que se van a perder. Sin embargo, la previsión de buenas o malas obras queda excluida (Ro.9:11). La elección y la reprobación no contemplan un previo conocimiento de las buenas o malas obras. La elección es hija de la gracia y una forma de expresarse.

Tocante a Israel que es el asunto que nos ocupa esta noche,  “¿fue la intención de Dios que Israel se comportara así y cayera? Pablo niega rotundamente. Aquí el apóstol resulta casi incomprensible. Se muestra como si se diera cuenta que ha caído en una contradicción, que se puede acusar a Dios de la perdición intencional de Israel, y no es así. No corrige sus palabras, no vuelve sobre sus pasos, hace la afirmación contraria sin negar lo anterior. Así quedaría que Dios los ha endurecido, menos a los elegidos, y sin embargo no lo ha hecho con esa intención sino que ellos libremente han dispuesto sus corazones para rechazar el evangelio. Eso ocurre cuando la predestinación es mirada desde el lado de la presciencia divina que prevé que los judíos habrían de rechazar el evangelio lo cual ocurrió y debía ocurrir porque estaba ya previsto y  significaba que tendría cumplimiento. Dios no predestina a nadie a la condenación sin consultar su omnisciencia.

Donde la presciencia no está activa como si Dios previera la aceptación de su palabra es en los elegidos. Dios no previó que habríamos de creer porque si creyésemos eso negaríamos la elección. Pero está activa en el preconocimiento de sus nombres.  La predestinación para salvación es la que mayormente enseña la Escritura, cuando Dios es quien produce el querer como el hacer por su buena voluntad. 

Israel no fue predestinado para que rechazara a Cristo pero la presciencia previó que sería así y Dios le dio el visto bueno, a la incrédula actitud de ellos. ¿Dos predestinaciones absolutas? No. Una sola, la de los escogidos. La predestinación de los impíos es un misterio que le da la razón a Dios que ellos son los culpables. Toca la voluntad divina en el hecho de que son pasados por alto por alguna razón que corresponde a su soberanía, pero Dios no ha hecho que Israel cayera para que los gentiles fueran salvados, no está activo sino inactivo. La reprobación es por un lado la inactividad divina.  No los empujó a ellos para que otros ocupasen su asiento. Dios, como no se agradó de los más, se enojó con ellos y los entregó a una mente reprobada para que hicieran cosas que no convienen, pero no los empujó para que  rechazaran la oferta que les venía haciendo. Señor, adoramos la profundidad de tu sabiduría y te damos gracias por nuestra salvación.