viernes, 21 de junio de 2013

Currículum del apóstol Pablo


2Corintios 6:1-10
“Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación. No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado; antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos; en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero, en palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestra y a siniestra; por honra y por deshonra, por mala fama y por buena fama; como engañadores, pero veraces; como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos; 10 como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo”.


Voy a comentar esta porción bajo el título del currículo de un antiguo pastor. Bien extraño para estos hedonistas y modernos tiempos, pero ahí va. Observa primeramente sus preocupaciones. No estando completa la obra de la gracia en ellos, el apóstol teme que ésta se detenga y es como si les dijera: “Si ustedes se pierden y no llegan alcanzar la gracia de Dios, la resurrección de entre los muertos, no miren para nosotros como si tuviéramos la culpa; yo pienso que podemos recomendarnos por el costo que hemos pagado por predicar el evangelio; tengan bien en cuenta que no son los méritos intelectuales los que me recomiendan como ministro para ustedes y ni siquiera la obra que el Espíritu Santo ha operado en sus vidas, sino mucho más que eso, mis padecimientos, mis experiencias amargas y frustrantes, sí, ¿por qué no decirlo?, compendian el catálogo doloroso de nuestro equipo misionero”.

Si lo tuviéramos enfrente y nos hablara notaríamos por dónde comienza su currículo: “Esto lo digo no para gloria mía, o nuestra, sino para que por nuestras calamidades puedan medir la sinceridad de nuestra vocación; porque veo que más que hacer juicios sobre nuestros trabajos y enseñanzas el acento de vuestras críticas recae sobre nuestras personas y sobre la honestidad de propósitos que nos ha movido hacia vosotros. Pero antes de continuar con todo eso quiero que reflexionen en el hecho de que vuestra actitud hostil hacia nosotros abre en mi corazón la sospecha de que vuestra profesión cristiana no será duradera y que no llegarán al final como es requerido, os habréis quedado a mitad del camino, sin alcanzar la consumación de los tiempos. Es verdaderamente una lástima porque nos habíamos hecho muchas ilusiones con vosotros”.

Piensa que han tenido oportunidades de salvación y de crecimiento espiritual y que no duran toda la vida, y es por eso que dice que hay un tiempo cuando se es aceptable y se recibe el socorro de la salvación (vv.1,2). Según avanza en su presentación nos damos cuenta que tiene un impresionante currículum. Inmediatamente extrae de sus experiencias este impresionante catálogo que constituye su currículum, por el cual podemos apreciar la clase de misionero que fue y si algunas de esas cosas constituyen también nuestra experiencia, nos servirán no como desgracias que nos han pasado sino como señales de autenticidad vocacional; para gloriarnos no sólo con el punto de contacto que tengamos con sus triunfos sino también con sus penalidades.

Nota que el apóstol trata de no obstaculizar con su conducta el acceso a la fe y la perseverancia de nadie, "nos damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo" (v.3); porque eso limitaría con razón su progreso ministerial "para que nuestro ministerio no sea vituperado" (v.4). Mira sus recomendaciones para la iglesia que quiere llamar a un pastor. No fanfarronea sobre sí mismo pero no puedes hallarlo con un espíritu deprimido, no piensa de sí mismo como un instrumento sin valor alguno ni méritos cristianos, al contrario, reconoce las gracias recibidas de parte de Dios, porque en él el diablo no logra escondérselas. Y como las percibe alaba a Dios por ellas.

Si una iglesia está considerando llamar a un pastor, debiera pedirle un currículum de sus experiencias pastorales y que contestase sinceramente si es un ministro que tiene "mucha paciencia", que cuente los problemas que ha enfrentado en su ministerio y como los ha solucionado, sus "tribulaciones". Que se refiera a las "necesidades" que ha pasado y si ha aprendido a contentarse cualquiera que sea su situación. Que describa algunas de aquellas cosas que lo han "angustiado" (v.4).

Debe preguntársele si ha tenido alguna clase de confrontación con la ley por causa de la predicación del evangelio, no por entremeterse en lo ajeno ni por hechos socialmente delictivos, si ha recibido "azotes, cárceles"; si sus ideas políticas o teológicas lo han envuelto en revueltas eclesiásticas o sociales, y si puede considerarse como una persona de posición extremista, que provoca "tumultos".

Un aspecto importante para pedir al nuevo ministro es su agenda, en qué emplea su tiempo y si en alguna ocasión ha tenido que trabajar en otra cosa para sufragar sus gastos, "trabajos". Si la iglesia está verdaderamente interesada en hacer un escrutinio sobre la persona y vocación de su nuevo ministro hasta debiera escucharle hablar de sus insomnios o "desvelos"; y no estaría mal si le pide que les diga, si en tiempos de angustias acompaña su oración con "ayunos" (v.5).

Es importante que reciba algún informe sobre su moral, o "pureza"; e invitarlo varias veces a dar estudios bíblicos y responder preguntas para poder medir su "ciencia”, el conocimiento de la Biblia que tiene. Si puede hallar algún testimonio de que es una persona "bondadosa", mucho mejor, y si realmente "anda en el Espíritu Santo", que quiere decir si está capacitado por el Espíritu Santo para realizar su trabajo. Y otro dato que no pudiera la iglesia conocer si no entrevista a algunos hermanos a los cuales haya pastoreado, o conocieran cerca su congregación, y aprender de ellos si ama a la congregación con "amor sincero" (sin hipocresía) (v.6).

Y el currículo del apóstol continúa. Afirma que no miente, que tiene señales del poder de Dios en su ministerio, habiendo hecho las señales de un apóstol y que las armas que siempre ha usado en su defensa son legítimas "armas de justicia (v.7). No ha destruido a nadie con armas carnales. Y desde aquí en adelante todavía su currículo se muestra recomendable para algunas iglesias.

Si una iglesia piensa elegir un pastor debiera hacerle esta engorrosa pregunta: ¿Señor pastor, ¿alguna vez usted ha sido deshonrado y ha tenido que predicar el evangelio en un sitio donde en parte le han robado su buena fama, lo acusaron como engañador? ¿Lo han calumniado? ¿Cómo ha manejado interiormente esa calumnia? Si la respuesta fuera afirmativa se le pediría que se explique y que cuente como ha soportado esos terribles momentos y continuado su ministerio (v.8).

Si se fuera a elegir a un pastor por este extraño currículo habría también que decirle: “Querido pastor, ¿pudiera contarnos  los castigos que usted ha padecido por causa del evangelio? Háblenos de sus tristezas y cómo las ha vencido a través del gozo cristiano y sobre todo, ejemplifíquenos algunas vidas que se hayan enriquecido espiritualmente con sus predicaciones y trabajos. Y además de eso, díganos algo acerca de su inclinación para ayudar a los que no tienen nada y cómo usted ha podido vivir con tan poco y compartir con tantos si oímos que siempre ha tenido un salario tan bajo y a veces ninguno (vv.9,10)”.

Este fue el currículo de un buen pastor, o por extensión, de un misionero foráneo. ¿Por qué nos quejamos tanto cuando vivimos esos momentos si Dios está escribiendo nuestro currículo? ¡Ah, se me olvidaba, no dijo dónde se graduó y los títulos que tenía, ni si es buen predicador! Cosas tan buscadas por las congregaciones de este siglo.