domingo, 16 de junio de 2013

Un hombre casado no necesita la fornicación

1Corintios 7:1,2
“En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer; pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer y cada una tenga su propio marido”.

I. La literatura sobre pecados matrimoniales
1. Nota que los hermanos piden ayuda a la persona adecuada. Supongo que en Corinto habría otros que podrían ayudar; quizás filósofos o lo que hoy llamamos sicólogos. Pero ellos se dirigieron al Apóstol. Muchos hermanos hierran por pedir ayuda matrimonial a quienes no deben. El ministro de Dios o un especialista cristiano son los mejores consejeros porque los otros no aprobaron tener en cuenta a Dios. Quizás haya que estar de acuerdo con alguien que objete que no es digno de un apóstol tratar estos asuntos de manera pública; sin embargo la iglesia necesita una orientación pública sobre estas materias y pide la opinión apostólica que sin pensarlo dos veces les ayuda con su inspirada pluma. Había sido interrogado; por su respuesta supongo que sobre estas cuestiones del matrimonio, “en cuanto a las cosas que me escribisteis” (v.1).

Las preguntas pudieron ser más o menos: “¿Es bueno quedarse soltero o casarse? ¿Peca uno si se queda soltero o peca si se casa? ¿Qué hay de los que apoyan el celibato porque dicen que el sexo es algo sucio? ¿Qué pasa con los hermanos que quieren divorciarse para dedicarse por entero a la obra? ¿Qué hacemos con las doncellas que quieren casarse pero sus padres quieren que no lo hagan?

2. El excelente medio que es utilizado; la literatura cristiana, en este caso una epístola. Entrevistas de consejería y libros de orientación.  No obstante su respuesta es literaria; y eso quiere decir  que apenas formó parte de sus sermones cuando ellos le piden algún consejo. Pienso que tales materias mejor se tratan literariamente, hay libros excelentemente escritos por especialistas y pastores aficionados en esos temas que si son consultados corresponderán con gran ayuda a los que les interesen. Por un poco de dinero cualquier librería los tiene y así se deja el espacio en la locura de la predicación, para otras enseñanzas relacionadas con la salvación y la edificación. Los jóvenes que se piensan casar, o que no se quieren casar, los casados que tienen problemas, etc., pudieran hablar con el pastor y como no hace falta que él les escriba una carta puede referirlos a esos volúmenes o prestarles alguno.

3. La forma en que pidieron la ayuda y les fue dada puede ser clasificada de confidencial, aunque se dirigiera como una carta abierta a la congregación. Incluso, como la epístola es un medio de comunicación privado; me parece bueno que estos problemas sean contestados y resueltos a un nivel de privacidad excluyendo a curiosos o libidinosos inclinados siempre a esas investigaciones. Quizás los círculos de varios donde todos hablan de sus tragedias rinda algún servicio; sin embargo ¿cómo podrá hacerse eso sin sentir lo mismo que quien se quita las ropas que tapan su vergüenza? ¿Cómo exponer a la vista de otros las enfermedades y crisis de un matrimonio mal llevado o de hijos pródigos fugados?

II. Una puerta cerrada al diablo
1. La soltería con un posible propósito, “bueno le sería al hombre no tocar mujer” (v.1), palabras dichas cuando se está pensando en la dedicación al ministerio o en la consagración al servicio del reino. El apóstol nunca pudo prohibir el matrimonio porque eso lo identifica como enseñanzas de los apóstatas (1Ti.4:3). Si lees todo el capítulo, al final verás que eso es lo que está pensando; no que el sexo sea malo en sí mismo, ni que promueva el celibato porque el intercambio sexual es impuro. El sexo fue creado por Dios, como los otros instintos; y no es malo, lo que es impuro es su mal uso. Si un hombre o una mujer pudiera permanecer célibe por causa del reino, haciéndose eunuco por causa del reino de los cielos (Mt.19:12), que permanezca; estará libre para dedicar todo su tiempo para agradar al Señor y carecerá de compromisos que lo limiten. Es en este sentido que el apóstol piensa que no es bueno que el hombre toque la mujer porque no ignorará que no es bueno que el hombre esté solo (Ge.2:18). Pablo habla por su propia experiencia y aunque la recomienda, se cuida de no hacerla una regla para todos. El matrimonio es algo bueno y necesario, no solo por cuestiones laborales, económicas, sino psicológicas, espirituales; sino que es imposible para algunos por el pecado del mundo.

2. Una puerta cerrada a Satanás: El matrimonio. Desde que uno tiene uso de razón tiene que estar huyendo del diablo o resistiéndolo para que huya; conocer sus maquinaciones es algo muy útil. Preservarse de los ataques satánicos a través del sexo no es la única razón para formar un matrimonio; el sexo por el sexo mismo, ni para ser santos, son los únicos motivos, pero sí es bueno conocer que una pareja que no tenga don de continencia si se casa, cierra una puerta a Satanás; que no hay duda que querrá abrirla con proposiciones de infidelidad.

Hay un pero, “pero a causa de las fornicaciones” (v.2); la soltería es un ideal para el servicio especial de ciertos misioneros, porque otros serán más útiles acompañados que solos. El apóstol Pedro por ejemplo difirió de Pablo; estaba casado cuando fue llamado al ministerio y él mismo dice en plural que tiene derecho a llevar en sus viajes una hermana por mujer (1Co.9:5). Los que han estado en países extranjeros saben cómo las angustias se alivian al compartirlas con un cónyuge porque si cayeren el uno levantará a su compañero, pero ¡ay del solo! que cuando cayere no habrá segundo que lo levante (Ecl.4:9,10). Hay misioneros que van solos pero luego encuentran a alguien que los ayude aunque no sea ayuda idónea.

Pero...hay otro aspecto a considerar que también es de beneficio para la obra, el pecado. Si para Adán en su inocencia le hizo falta la varona por causa de su soledad, ¿qué en relación cuando el pecado se metió en la pareja? Entran a colación otros factores ya que no es el mero trabajo, sino que el matrimonio es una lícita protección contra el pecado sexual. Cuando el pecado no exista, en la resurrección, el matrimonio no existirá, porque serán como los ángeles de Dios en el cielo, (Mt.22:30), pero ahora sí porque aún llevamos este cuerpo de muerte y la ley del pecado en los miembros (Ro.7:23).

El medio provisto por Dios contra el pecado sexual es el matrimonio; un hombre casado, una mujer casada, realmente no necesitan la fornicación; biológicamente no les hace falta. El lecho con mancilla es abominable a Dios porque él sabe que no hacía falta pecar. El matrimonio es un escudo contra el pecado, una puerta cerrada hacia esas tentaciones de Satanás.