viernes, 22 de septiembre de 2017

Antes de hablar de doctrinas hablemos de ética cristiana

GENESIS 3:7
“Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; y cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales”.

¿Se les abrieron o se les cerraron? (2:25). Se les cerraron para Dios y se abrieron para el pecado. No dice que se sintieron espiritualmente mal, que tuvieran alguna crisis nerviosa o se asustaran; mentalmente parece que el pecado los dejó intactos viéndose afectada solamente la moral sexual; no es muy sabio determinar y concluir si hemos hecho bien o mal por nuestro estado de ánimo o nuestra conciencia de relación con Dios; uno puede sentirse bien tras haber pecado, es mejor atender a la actuación externa y a cómo se mira el sexo propio y el otro. Un poco más adelante la pareja se esconde porque se siente desnuda (vv.8-11). Dios "andaba recorriendo el jardín"; el dueño del jardín y de ellos.
Después de esto Dios mató a algún inocente cordero, o algún becerro, para utilizar su piel y cubrir la desnudez humana. Eso es un acto de justificación, según lo entendemos por el Nuevo Testamento. El inocente Cordero de Dios muere por el pecado del hombre. El sexo se convirtió en la madriguera, la Ciudadela del mal. El sexo tuvo que ser justificado, y fue lo primero que Dios cubrió con su justicia, antes que la envidia, que el homicidio, que el hurto, que las blasfemias y la incredulidad. Si queremos conocer si una persona está convertida hay que buscar primeramente su justificación en su vida sexual; si es desorganizada, y es sexualmente desobediente a Dios, eso indica que no ha sido cubierto su pecado por la justicia de Jesús y que su sangre no lo ha limpiado y que no heredara el reino de Dios. Martín Lutero, defendiendo el derecho de los monjes a casarse, y no fornicar con las monjas, afirmaba que el acto matrimonial entre esposos es santo, y podría venir el Señor Jesucristo en ese momento, y ellos no sentir miedo ni vergüenza por ser encontrados amándose.
Ahora una exhortación para predicar de modo efectivo el evangelio. En la lista que, de pecados, Pablo pone el adulterio, la fornicación, las inmundicias y lascivias preceden a los errores doctrinales como la idolatría, hechicerías, los vicios como el alcohol, etc. (Ga. 5:19-21). Por eso decimos, “bien, antes de hablar de credos, religiones falsas y verdaderas, de arminianismo y calvinismo, de mormones y Testigos de Jehová y de alabanzas y músicas ¿por qué no hablamos de ética cristiana, quiero decir de las obras de la carne?”. 
 Pastor, Humberto Pérez

jueves, 21 de septiembre de 2017

Levanta tus ojos al cielo a ver si puedes ver a Dios




SALMO 95:6
“…arrodillémonos ante nuestro Hacedor”.

 Oh alma orgullosa, corazón endurecido, que Dios sea tu creador ¿no es suficiente motivo para postrarte ante él? No sólo que es inmensamente superior a ti, sino que tú le debes tanto. ¿Por qué te pide Dios adoración? ¿No es por lo orgulloso y endurecido que eres? Porque el centro de tu infelicidad eres tú. Si no fueras tú, tu propio ídolo, serías dichoso. Pero, no es por gratitud que te pida la alabanza sino porque es tu único remedio, la renuncia a creerte un dios, un señor, el dueño y amo de la creación. Hombre ¿no ves que estás descentrado? Has hecho alrededor de ti tu órbita, y como ya desfalleciste de intentar ser bueno, has puesto aparte la moral y te juzgas a ti mismo por lo que puedes hacer. Ese es el problema para adorar a tu Hacedor, la soberbia que te hincha por tu posición en la creación, y eres tú quien quiere que seas adorado y no otro que te hizo. Tu más grande idolatría eres tú. ¿No sabes que lo que tienes lo recibiste? ¿Por qué te glorías? Por eso no quieres otra religión que no sea tu humanismo, tu hedonismo, tu narcisismo (1 Co. 4:7; Efe. 2:8,9). Levanta tus ojos al cielo a ver si puedes ver a Dios.

domingo, 17 de septiembre de 2017

La predestinación no es para polemizar sino para consuelo y tranquilidad


ROMANOS 8:28-30
“A los que antes conoció también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo” Y a los que predestinó también llamó y a los que llamó también los justificó, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”.

Cuando el apóstol escribe estas palabras el cristianismo está siendo acicateado por los enemigos, los hermanos están siendo juzgados y muriendo por la fe. Ser cristiano no era un privilegio sino socialmente una desventaja, que se les miraba con malos ojos, en especial los judíos. Esta carta principalmente es para consolar a los creyentes en el Mesías de esa misma nación, que se hallaban en la capital del imperio. Algunos de ellos fueron a recibir al apóstol cuando encadenado lo llevaban para que se presentara delante del César. El apóstol les dice a sus conciudadanos judíos-cristianos, los que padecen a manos de los de su propia nación, no que la situación social adversa cambiará, sino que el rechazo a la vida cristiana de ellos les servirá para bien. El oro se purifica con fuego. La escoria tiene que desprenderse de la plata (Je. 6:29). Cuando la fe es genuina es más útil el rechazo social que la sonrisa y el aplauso. Generalmente las iglesias cristianas son más auténticas en esos momentos, que en los de libertad y de respeto a los derechos humanos. Se oye a los ministros aplicar esas palabras, que todas las cosas ayudan a bien, a cualquier circunstancia. Y pudiera ser válida la aplicación tan general, fuera, en otro contexto más amable y en relación con las vicisitudes y contratiempos cotidianos porque el llamamiento de Dios, su propósito, de conformar al creyente a la imagen de su Hijo, Jesús, continúa hacia delante en cualquier clase de adversidad o bienaventuranza. El apóstol quiere asegurarlos en la fe y les dice, para que no piensen que alguna cosa extraña, y con despropósito (Job 1:22), les está pasando, sino que cada detalle, aceptación o rechazo, amor u odio, pobreza, riqueza, salud o enfermedad siguen siendo manejados y guiados con algún propósito eterno. Dios sabe quiénes son sus “llamados”, sus “escogidos”, sus “predestinados”, “los que conoció” antes de crear el sol y que la tierra rutilara a su alrededor.


Si Dios, está con su iglesia, las persecuciones no la extinguen, los juicios humanos tampoco; lo que acaba con la iglesia es el pecado no el mal humor y las injusticias, porque su fe, sus doctrinas, su esperanza, son invencibles. Cada cristiano, cada cristiana, siendo una nueva criatura, preparada para el otro mundo, vence a este, creado para Adán y Eva, pero que también Dios oye los gemidos, como si toda la creación estuviera de parto, como si toda ella se uniera en oración a Jesús, pidiendo la transformación, un nuevo mundo. Mire usted, que la doctrina de la predestinación no es enunciada para polemizar teológicamente sino para vivirla, para consuelo y tranquilidad. Y con poco espacio la menciona el apóstol, y en la Institución de la Religión Cristiana, escrita por Juan Calvino, también ocupa poco espacio. Menos del que yo, defendiéndola de sus adversarios.

Pastor, Humberto Pérez
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lunes, 11 de septiembre de 2017

La iglesia refugio de los pecadores



SALMO 48:1-14

“Los príncipes de los pueblos se reunieron como pueblo del Dios de Abraham; porque de Dios son los escudos de la tierra; él es muy exaltado. Cántico. Salmo de los hijos de Coré. Grande es Jehová, y digno de ser en gran manera alabado en la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo. Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra, es el monte de Sion, a los lados del norte, la ciudad del gran Rey. En sus palacios Dios es conocido por refugio. Porque he aquí los reyes de la tierra se reunieron; pasaron todos. Y viéndola ellos así, se maravillaron, se turbaron, se apresuraron a huir. Les tomó allí temblor; dolor como de mujer que da a luz. Con viento solano quiebras tú las naves de Tarsis. Como lo oímos, así lo hemos visto en la ciudad de Jehová de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios; la afirmará Dios para siempre. Nos acordamos de tu misericordia, oh Dios, en medio de tu templo. Conforme a tu nombre, oh Dios, así es tu loor hasta los fines de la tierra; de justicia está llena tu diestra. Se alegrará el monte de Sion; se gozarán las hijas de Judá por tus juicios. Andad alrededor de Sion, y rodeadla; contad sus torres. Considerad atentamente su antemuro, mirad sus palacios; para que lo contéis a la generación venidera. Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; él nos guiará aún más allá de la muerte”.

Los judíos soñaban con una Jerusalén eterna, victoriosa, inexpugnable, y fracasó porque era terrenal. Si leyeras este salmo sólo como un documento histórico, notarías que se trata de un himno a Jerusalén donde su autor, un judío piadoso, canta su fe en Dios con alabanzas hacia la ciudad amada y su hermosura. No es precisamente a la patria a quien le canta sino a la ciudad de Dios que para nosotros es la iglesia. Jerusalén e Israel son una misma cosa y ambos la iglesia. No es patriotismo lo que se nota en este salmo y en otros como él, es devoción, es piedad, amor hacia aquellas cosas que fueron “figuras de lo verdadero” (He. 9: 23,24). Mucho más verdadera que la Jerusalén terrenal es la Celestial, y más que el templo, Jesucristo (He.9:11). Los sentimientos que el salmista experimenta por Jerusalén son los que el cristiano siente por la iglesia y su Señor; que es hermosa. No hay otra como ella; acapara su admiración y pide a los que le oyen que rodeen la ciudad, que cuenten sus torres y consideren con atención sus muros, sus antemuros y miren sus hermosos palacios. Es una gran obra de arquitectura (vv.12,13). Pero más que su hermosura el tema del salmo es su no expugnable fortaleza; en la mente judía no cabía la posibilidad que Jerusalén fuera hollada por los gentiles; no, la amaban y admiraban mucho para concebir eso. Sería como el fin del mundo si de aquello no quedara “piedra sobre piedra”. Y así fue porque el pecado la hizo vulnerable. Y se hace necesario que descienda del cielo la nueva Jerusalén, esto es la iglesia, cuyo Arquitecto y Constructor es Dios, cuyo fundamento son los patriarcas y los doce apóstoles, o sea sus doctrinas. Aquella es la vieja Jerusalén y la iglesia es la nueva, la inmensa, la que está hecha cada piedra con la palabra del Señor. Los creyentes morimos, pero la iglesia continúa con Dios “aún más allá de la muerte” (v.14), o “hasta la muerte”, sin escatología, que es una mejor traducción. “La muerte” o Mut-labén, se corresponde al título del salmo 9, no como interjección ni para descender a un tono lúgubre sino una forma musical. Los cristianos pasan, la iglesia no, las funestas dictaduras, la iglesia sigue, las sociedades cambian, el evangelio no. La traducción “eternamente” se acoge con gusto, pero el salmista dijo “siempre y siempre” habrá iglesia.