miércoles, 31 de diciembre de 2014

Paga los impuestos y mantén la familia y la iglesia

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Mateo 15:5
"Cualquiera que diga a su padre o a su madre: 'Es ofrenda a Dios todo lo mío con que pudieras ser ayudado".

Guárdate de poner en oposición lo que tiene que ir juntos; el amor al hombre y el amor a Dios; no podrás adorar mejor a Dios siendo menos humano. El dinero de César es de César, quiero decir, los impuestos ciudadanos, sean abusivos o no; lo que es de Dios, es de Dios, sea el antiguo diezmo o la liberalidad cristiana. Si el de César se lo entregas a Dios y no pagas tus impuestos, te metes en problemas, si lo que es de Dios te lo comes o te lo vistes, haces mal y eres irresponsable; pero lo que es de la familia de ella es y no hay que entregarlo para la obra de Dios, y hacerlo dijo Jesús, es pecado. Más que piedad eso es hipocresía. 

En aquel entonces alguien dio este testimonio  de un grupo de religiosos, “si toda la hipocresía del mundo se dividiera en diez partes, nueve de ella pertenecería a Jerusalén y la otra al resto del mundo”, y ya saben  por qué (Un rabino, citado por Gill) . Se ayuda a la iglesia y a la familia, pero la iglesia no debe sustituir a la familia ni la familia a la iglesia. Tu marido no es Dios ni Dios es tu marido, tú tienes tu marido y tienes a tu Dios; tienes tu casa y tu iglesia, se complementan pero ninguna de las dos sustituye a la otra. Nadie debe  exigirte que abandones tu casa o pedirte que renuncies a tu Dios. Y si quieren hacerlo pues les dices un rotundo no.

lunes, 29 de diciembre de 2014

La violencia del cristiano

Mateo 11:12
"El reino cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan". 

Satanás no dejaba que el reino apareciera en el mundo; creer en Cristo era ciertamente peligroso. Eso está claro, pero ¿hay que ser violento para ser creyente? Mire a los publicanos y las rameras lo valiente que fueron. La actitud de fe y decisión de obrar en contra del mundo es una actitud de fuerza; se necesita poder y cierta violencia del Espíritu Santo para poder derribar y llevar cautiva toda fortaleza que se levante contra el conocimiento de Cristo (2Co.10:5), para derrotar la incredulidad común; decidirse a vivir piadosamente en Cristo Jesús es un desafío al mundo y a los gobernadores de las tinieblas y sólo aquellos que tienen coraje espiritual y han recibido los poderes del siglo venidero pueden atreverse a semejante osadía y a entrar en una guerra implacable donde uno se salva o muere (2Ti.3:12). La conversión a Cristo es un resultado de la violencia divina (Sal.110:3; y no me hablen del timorato libre albedrío), implica un fortalecimiento del carácter, una violencia permitida y animada por el mismo Dios y combatida y opuesta por todos los existentes poderes infernales (Luc.14: 23). Desde el mismo momento que creemos estamos en el ejército de Jehová,  él nos pone la espada del Espíritu en una mano, el escudo de la fe en la  otra, el evangelio de la paz en nuestros pies y el yelmo de la salvación en la frente. Y los temerosos no entrarán al reino de los cielos (Apc.21:8). Nada, "compañeros de milicia" (2Co.10:4; Flp.2:25) ¡tenemos que ser espiritualmente violentos!


viernes, 26 de diciembre de 2014

Oyendo los últimos sermones



Lucas 13:6-9
“El entonces, respondiendo, le dijo: "Señor, déjala por este año todavía, hasta que yo cave alrededor de ella, y le eche abono”.

Esta pequeña parábola trata tanto de la continuada esterilidad espiritual como de la prolongación de la misericordia divina; fue construida principalmente para Israel y también para todos aquellos que como este pueblo “reciben en vano la gracia de Dios” (2Co.6:1), a los cuales por muchos años consecutivos el Señor ha favorecido de diversas maneras enviándoles profetas, apóstoles, pastores, evangelistas, maestros, escritores, cantantes y una pléyade mayor de ayudadores; sin embargo, no ha habido proporción entre el trabajo del Señor y los frutos que ha querido recoger. Han fallado los estudios bíblicos, los ardorosos sermones, la sabiduría celestial, el poder del siglo venidero y el amor generoso con el cual el pueblo santo los ha acogido.

Puede que te halles, como Israel en la parábola, al límite mismo de la prolongación de la misericordia, en las últimas intercesiones de Jesús por ti, oyendo los últimos sermones, los últimos estudios, las últimas clases, enviándote los últimos invitadores de la salvación, y después de eso, tu nombre ha de ser borrado del libro de los que tuvieron oportunidad. Si te has endurecido por muchos años, sea este el último de tu insensibilidad, recibe con gratitud la mano que bondadosamente rompe la tierra alrededor tuyo, te abona, te riega, y te mira con esperanza de que de tu interior brote la fuerza de vida para producir algún fruto que justifique la atención que te han dado y llene la expectativa divina. Dios quiere ver sus hermosos frutos en ti. No fuiste creado para producir espinos y malos granos sino los dulces frutos de tu Creador.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Cuando los sucesos de navidad son un entretenimiento sin fruto


Marcos 3:21
“Cuando sus parientes oyeron esto, fueron para hacerse cargo de Él, porque decían: Está fuera de sí”.

Una cosa es que los hermanos, o parientes,  o los “cercanos” que es lo que la palabra significa, una cosa es que ellos no creyesen en él y otra que lo tuvieran por un demente, o un loco. Amado, eso suele ocurrir cuando la persona en cuestión tiene una gran experiencia espiritual que revoluciona su vida y se convierte en otra. No se nota que Jesús gradualmente fuese dando señales de aumento de su religiosidad, motivado por la edad porque era joven o por las circunstancias, porque se infiere que dentro de la familia no había ocurrido algo que le encaminara en un sentido mesiánico.

Por lo que se deduce en la familia del Señor, incluyéndolos a todos, por el número de hijos mayores, varones y hembras, no había ningún tipo de problema económico. Desde el principio del ministerio de Jesús tampoco se descubre alguna crisis social dentro de su espíritu, las autoridades políticas son prácticamente ignoradas y las acometidas que hace contra los líderes religiosos son más bien tardías que tempranas. El énfasis mesiánico de Jesús tiene que ver con la ley y aparece abruptamente sin que haya alguna historia corta o larga como el peregrinaje de un reformador. Cuando llegó su tiempo salió de la obscuridad histórica. En ese momento su mensaje ya está concebido, su posición tomada, su decisión hecha; apareció en tiempo y medida como lo conocemos; no fue un descubrimiento que él hizo de su vocación, ni en relación con el mal cumplimiento de la ley y la hipocresía de aquellos señores fariseos. 

Emerge con una percepción completa de la situación y la aborda. No parece haber compartido ninguna inquietud con sus hermanos o hermanas, o primas si quiere, ni hacerlos partícipes de una en forma y dando giros en su elaboración. No porque fuera un hombre reservado, tímido, porque su ministerio lo desmentiría. No comparte con ellos lo que es hasta su momento, cuando de acuerdo al plan divino ha de revelarse al mundo, porque sus familiares como todo el mundo, habían de creer en él por revelación y no según la carne. Cuando se manifiesta los dejó atónitos, ocurrió de un día para otro y pensaron que se habían perturbado sus facultades mentales. Los sucesos de navidad no parecen haberse repetido y contado por María continuamente, dentro de la familia, parecen  más bien ignorarlos o haberlos olvidado; no veían en él un niño con una misión ni estaban atentos a su desarrollo. Vivió por espacio de 30 años normalmente como otro cualquiera sin destacarse entre sus hermanos por ser un niño inteligente, un genio con sabiduría y poder. Los poderes de Jesús empiezan a mostrarse con la unción del Espíritu Santo en su bautismo y su sabiduría, por precoz que hubiera sido a los doce años, comienza con un instante por la manifestación divina y no en una escuela rabínica; y por eso los maestros se consternaban sin saber de dónde había sacado lo uno o lo otro. 

El nacimiento virginal de Jesús, la aparición del ángel a María, las huestes espirituales a los pastores, el viaje de los magos a Belén, el sueño de José, la profecía de Simeón, el viaje a casa de Elizabeth en la montaña; toman importancia años después cuando se conoció su vida, cuanto dijo e hizo, sus sermones, resurrección y ascensión. Es un entretenimiento sin fruto espiritual alguno de esta sociedad comercial, detenerse en los acontecimientos navideños sólo como una reunión familiar alrededor de una mesa bien surtida, con villancicos de la época, sin proseguir al conocimiento de la biografía  con una Biblia abierta, de aquel hombre extraño, notable, único, que Dios envió al mundo como Salvador nuestro, cargando sobre su cuerpo toda nuestra basura espiritual, y lo entronó a su diestra como Señor que ha de venir un día para juzgar a los vivos y los muertos.



viernes, 19 de diciembre de 2014

No es lo mismo decir Miguel que Jesús

Hebreos 1:4
"...siendo mucho mejor que los ángeles, por cuanto ha heredado un nombre más excelente que ellos".

"Hecho" no quiere decir que Jesús fue "creado" porque de lo que habla es de su purificación, de su gloria, de su Nombre; la palabra está relacionada con una posición y no con una esencia. Estando por encima de todos los ángeles (o "en forma de Dios", diría Pablo) se puso por debajo de ellos por causa de su misión salvadora para luego volver a ascender y situarse junto a Dios.
No es lo mismo decir: Gabriel, Miguel, o María, o Guadalupe, o San Lázaro, que decir ¡Jesús!; ellos son criaturas, venidos al mundo por cópula entre un hombre y una mujer, Jesus no, por medio de los ángeles Dios ejerce su providencia, pero Jesús es la Providencia misma, él es el único mediador entre Dios y los hombres, ellos no, y a ninguno otro se debe orar, o rezar. Jesús es el único sumo sacerdote para siempre, ellos no, él es el Salvador, ellos no.
Él es la imagen misma de la sustancia divina y sustenta todas las cosas con la palabra de poder (Col.1:15), ellos no. La diferencia es infinita. Mejore su cristianismo con estas verdades.


María y la espada de Simeón

 Mateo 1:21
“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

 Este comentario puede ser llamado “Jesús, María y la espada de Simeón” porque le dijo a ella el dolor que sufriría al verlo clavado en una cruz (Luc.2:35). Así se llamó porque para eso vino; y en eso estuvo empeñado tres años y medio, y la eternidad. Ese nombre es sobre todo nombre como dice el apóstol (Flp.2:5-11); un nombre muy sencillo que hasta cualquiera lo lleva; pero debemos entender que vino al mundo con una misión, “salvar” a su pueblo de sus pecados, eso quiere decir darle justificación por la fe en su muerte por lo cual el nacimiento es solo de lo primero que hace pero su destino es la cruz. Y salvarlo del dominio del pecado de modo que el pecado no se “enseñoreará” más de él (Ro.6:14); y como eso sucede por medio de una muerte por gracia porque salió de él, implica unión por fe a Dios de modo que se reciba el poder necesario para resistir el pecado y combatirlo. Jesús es el “autor” de la salvación por gracia (He.2:10). Desde el mismo momento cuando se le puso el nombre al Niño se le marcó su destino, morir en una cruz, y justificar a “muchos” (He.2:10).

sábado, 13 de diciembre de 2014

Una gran fe impulsa peticiones muy lejos

Mateo 8:5-13
“Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos;  mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora”.

La fe a disposición de la obediencia. Vamos a dividir este estudio en partes. Quién era este hombre. Un centurión romano que tenía bajo sus órdenes a cien soldados que hacían su completa voluntad; y si le decía a uno “ve”, iba; y a otro “ven” “haz esto”, sin protestar venían y hacían. Era el soberano de ellos dentro del régimen militar y le habían jurado total obediencia (v.9). Su palabra tenía autoridad y tenían que obedecerla sin que les diera explicaciones por qué los llamaba o les pedía que hicieran algo. Era su cerebro. Lo de ellos no era preguntar sino obedecer las órdenes que venían “de arriba”. Así están organizados los militares, y del mismo modo están organizados los soldados de Cristo de quienes él es el rey y jefe.
Si le dice a uno ven, tiene que venir, si le dice que vaya a cualquier posición o a cualquiera misión tiene que ir, aunque no le guste, no entienda o corra peligro. Para eso se “alistó como soldado” (2 Ti. 2:4). Si la misión se prolonga, si el trabajo es duro, no tiene derecho a renunciar o rebelarse. No pueden desertar. Eso sería traición y podría ser condenado a muerte. Los soldados de Cristo tienen que poner en riesgo todo. No pueden actuar por sus gustos, y deben pensar que sus vidas son más rigurosas que la de los civiles.

Una fe ejemplar con un asiento único. Jesús reconoció que la fe de este hombre no se encontraba dondequiera y que era excepcional, (1) pues únicamente se asentaba en su Palabra y ella era lo mismo como si estuviera localmente presente. La oración de fe toca los deseos de Jesús. Había oído cómo sanó al leproso y otros enfermos. Cómo convirtió el agua en vino. Y se dio cuenta que con sólo usar su Palabra era suficiente y que de los demás medios se podía prescindir, (2) reconoció que “toda potestad le es dada en el cielo y en la tierra” antes de su resurrección y ascensión al Padre. Y Jesús reconoció que la fe de él era grande a pesar de las desventajas que poseía. No era judío y aunque amaba la religión judía y el estudio de ella por cuanto costeó la fabricación de una sinagoga (Luc.7:5), que amaba a los judíos y sus tradiciones, no estaba incluido en el pacto hecho entre Dios y Abraham. Los judíos con más ventajas que él, tenían menos fe o ninguna.

La fe grande abrevia la espera. Y algo más que noto es que mientras más grande sea una fe más rápido el Señor contesta sus oraciones (vv.7-8,13). Le pidió que sanara al pobre enfermo. Jesús entendió que le pedía que lo hiciera según su costumbre, yendo donde el enfermo y le dijera “yo iré y le sanaré” (v.7). Podría ir en una hora o dos o al día siguiente. El centurión pensando quizás que el enfermo podría agravarse, o que sufría demasiado para esperar, le dice que no era necesario que fuera, que si lo deseaba podía pronunciar la palabra y el siervo se sanaría. Y si usted lee más abajo se dice que “el criado fue sanado esa misma hora” (v.13), como él quería. Y eso lo enseñó el Señor, que es posible acortar el tiempo (Mt. 24:22).
A veces las respuestas a nuestras oraciones toman el curso tradicional, el Señor nos dice que sí, que lo hará pero no sabemos cuándo y aunque queremos que sea ahora, e insistimos en ahora, no llegan pronto porque la fe pequeña que las acompaña no puede exigir tanto. Y lo mismo pasa con nuestros trabajos, nuestros enfermos no se sanan ahora ni los muertos resucitan ahora por causa de nuestra fe. No es por falta de oraciones, que son numerosas y desesperadas, sino porque debiéramos confiar un poco más en las palabras del Señor y comenzar pidiéndole el incremento de nuestra fe. Y si así fuera dejaríamos de estar impacientes.

Una gran fe impulsa peticiones muy lejos. Una gran fe acompañando una petición puede ser de bendición a alguien muy distante. El enfermo estaba lejos y hasta allá por su petición le llegó del Señor la bendición. Esto nos sirve para aumentar las peticiones por seres muy queridos que no están con nosotros y rogar a miles de millas que el Señor los bendiga, al mencionarlos en nuestras oraciones. Confiemos en todos los alcances que tienen las peticiones con fe y no dejemos de interceder por ellos, y no olvidemos delante del Señor sus nombres. Y por nosotros, pidámosles a otros que intercedan, especialmente a los que suponemos que tienen mucha fe. Nuestras propias oraciones pudieran no ser suficientes, no porque sean pocas sino por la calidad de fe de ellas. Con un solo intercesor con grande fe basta para recibir las bendiciones solicitadas. Todos los creyentes no tienen la misma cantidad de fe y quizás nosotros mismos no somos de los que más poseen; y en ese caso, complementemos nuestra escasez con abundancia de otros. Debemos orar especialmente por “todos los santos” de la misma congregación y de otras, en especial por el ministro y sus colegas. Los ministros necesitan la ayuda de fe de sus hermanos, por eso Pablo dijo “y por a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra” (Efe. 6:18-19). Aunque usted sea como el apóstol Pablo.

Una gran fe es la esperanza del cristianismo moderno. Jesús afirmó que habría muchos convertidos entre los gentiles y se puede suponer semejante en fe en éste, que es lo que me parece que quiere decir el v. 11, “vendrán muchos del oriente y del occidente” creyendo en él y en su palabra y debemos acoger esas palabras como un estímulo en estos días de tanta esterilidad espiritual e incrédulo pragmatismo cuando la mayoría de las iglesias son pequeñas porque hacen pocos discípulos.
“…Ya sea en la tierra de Judea los creyentes huirán y serían  dispersos entre los gentiles y no se hallaría ninguno al menos en Jerusalén que tuviera fe en Jesús como el Mesías. También en el mundo en los últimos días. Habrá poca fe en la tierra porque habrá poca doctrina de fe y menos de la gracia de la fe, del ejercicio de la fe particularmente en la oración y especialmente en la venida de Cristo”  (ver Luc. 18:8; J.Gill).
Les estaba diciendo que sabía que muchos otros como él se convertirían y que la iglesia gentil en contraste con la judía sería más numerosa. Que esos se aprovecharían más de las promesas hechas a Abraham que sus descendientes. Jesús miraba el futuro del cristianismo con mucha esperanza y seguridad, conociendo que Dios daría el don de la fe a muchos y los traería a él. Y la declaración que “los hijos del reino” serían echados al infierno es motivo para que oremos por Israel y para que no se abandone la predicación aunque tenga menos resultado que entre los gentiles. Dios multiplique por su bondad esa clase de fe entre nosotros con tan magníficos resultados en la oración y predicación, que la palabra de Dios con oración hace un largo recorrido, no entiende de distancias ni de circunstancias. Ore por mí.


viernes, 12 de diciembre de 2014

Tenían a Dios viviendo bajo el mismo techo sin saberlo

Lucas 2:48-50

"Y su madre le dijo: Hijo, ¿por qué nos has tratado de esta manera? Mira, tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia". 

Por lo que veo María no tuvo una visión completa de punta a cabo sobre el ministerio de su Hijo; cualquier creyente de ahora entendería lo que el niño dijo; pero ellos no. Sabía mucho pero ignoraba mucho (Jn.2:4); quizás por eso sus hermanos no creyeron al principio, sin culparla (Mr.3:21; Jn.7:5). María no tenía una idea completa de la función mesiánica de su Hijo y mucho más cuando el niño crecía como otro cualquiera. El relato de Lucas lo presenta como inteligente y eso es todo (2:39). No hay ningún detalle de algo sobrenatural o divino, ni aquel niño misteriosamente concebido hiciera que sus hermanos cifraran alguna esperanza en él. María no había concebido a Dios, ni sus hermanos eran hermanos de la Deidad. Desconocían tanto de él como cualquiera otro judío. Cuando Jesús habló de su deidad y de su viaje al mundo los sorprendió a todos. Conocían al hombre Jesús pero no al Hijo de Dios. Nunca antes de la resurrección supieron que tenían a Dios viviendo bajo el mismo techo. En cuanto a María ¿por qué adorarla? (v.33).

Cada madre cristiana es una profetisa en su casa

Lucas 2:36-38
“Y había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Ella era de edad muy avanzada, y había vivido con su marido siete años después de su matrimonio, y después de viuda, hasta los ochenta y cuatro años. Nunca se alejaba del templo, sirviendo noche y día con ayunos y oraciones. Y llegando ella en ese preciso momento, daba gracias a Dios, y hablaba de Él (Jesús) a todos los que esperaban la redención de Jerusalén”.

No son personajes de renombres sino gente insignificante para el mundo. Hija de Fanuel o Peniel (1Cro.4:4). No que se pasara noche y día en el templo porque acababa de llegar. Los ayunos dos veces a la semana, posiblemente. Estaba bien preparada para hallarse con el Mesías. De la tribu de Aser, en Galilea. ¿Cómo decían que no había profetas de allí? (Jn.7:52). Profetiza, oficio que hacía 300 años que había cesado  y se reactiva con la venida del Mesías. Una mujer profetiza es un caso raro. Hubo algunas, Miriam, la hermana de Moisés y Aarón, Débora la esposa de Lapidot, Hulda la esposa de Salum, ella y las cuatro hijas de Felipe el evangelista. Su trabajo habría sido no predecir el futuro porque como usted ve no dijo nada como lo hizo Simeón, que hablaba del Niño a los que esperaban la redención de Israel y tiene que ver más con el cumplimiento de una profecía que con otra nueva. Las profetizas como las diaconisas, se dedicaban a enseñar a las más jóvenes (1Ti.5:5-sigs.; Tit.2:4). Las hijas de Felipe no sé la edad que tendrían, supongo que eran mayores, pero de ellas tampoco se dice que predijeran algo, sabrían más  del Señor más que las otras porque el Espíritu las distinguía dándoles sabiduría y conocimientos. Y recuerdo que igual se dice de la madre del rey Lemuel, hallada al final de los Proverbios, cuya profecía consistió no en eventos futuros sino enseñarle a su hijo a ser prudente con el uso del vino y a no dejarse engañar por malas mujeres (Pro.31). De cierto modo cada madre cristiana que educa en el Señor a sus hijos, es una profetisa en su casa, donde más la familia moderna necesita de ellas.


domingo, 7 de diciembre de 2014

Tragando los mismos amargos sorbos

Mateo 7:1-5
“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano”.

Lo que ahora sigue nada tiene que ver con lo anterior. Lo primero es como un mensaje de ánimo para depositar la fe en los cuidados del Señor para la vida, pero lo segundo es más bien la condenación de esa mala costumbre que por inclinación natural llevan a los propios cristianos a enjuiciarse salvajemente los unos a vosotros y a despedazarse sin piedad dándose tirones de piel con la lengua. Parece increíble que el Señor se dirija de esa forma a sus discípulos, pero lo hace.
Nota que les llama hipócritas a aquellos que so pretexto de hacer bien a otros y con aparente buena intención critican a sus hermanos (v. 5). Les llama hipócritas porque por dos cosas al menos la crítica es inadmisible: (1) porque la falta que critican y quieren corregir es pequeña y tal vez por ser tan microscópica podría haber sido muy bien comprendida, tolerada o pasada por alto, bajo un manto de amor. Los hipócritas siempre tienen una lupa en la mano y tratando de ponerle el lente sobre las vidas de sus prójimos.

Muchas veces usan los conocimientos extraídos de textos de psicología o de la experiencia de introspección propia, y mientras van descubriendo brechas y grietas dolorosas en las vidas ajenas, los descubrimientos que con placer compilan los enferman a ellos mismos y les matan la alegría y la comunión: los amargan. Estos cazadores de moscas o fiscales de nimiedades que Dios no nombró, Jesús les llama hipócritas (2) es inadmisible porque ignoran completamente el defecto propio que suele ser colosalmente mayor en comparación con el que están condenando. Generalmente las personas que ven sus propias malas inclinaciones y no olvidan sus errores son benignas al juzgar a otros y los miran con misericordia y compasión. Los hipócritas tienen el ojo bien abierto para las faltas de los demás y muy cerrado para las propias. Se puede ser sicológicamente muy perspicaz pero espiritualmente ciego. Hermanos, si no caemos fulminados por el juicio de Jesús es mejor que dediquemos más tiempo en corregirnos a nosotros mismos que a querer hacer prefectos a los demás.
Hay algo que todavía hace que la crítica sea más monstruosa: el vocablo hermano (v. 3). ¿A quién está buscando con los ojos el criticón? ¿A quién fiscaliza? No a un enemigo, no un mundano con los cuales posiblemente se muestra más indulgente y tolerante, sino a su propio hermano en la fe, al que Dios ha puesto a su lado, el que se le parece más que ningún otro, porque ha sido hecho como él según la imagen de Cristo. ¿No debiera más bien regocijarse en ser parecidos? ¿No debiera más bien en las muchas cosas que llevan en común, que los une, los atrae como miembros de una sola familia? ¡Cuidado no critiques a quienes se parecen más a ti y seas hallado injusto y te condenes a ti mismo! Cuidado no critiques el trabajo que a Dios le falta por hacer. ¿No son nuestros defectos aquel trabajo que Dios no ha terminado? Puedes estar juzgando la obra de Dios. Deja que el Señor le de gracia y lo perfeccione. ¿No debieras más bien pedirle al Señor que no se detenga y prosiga su obra en él?
Si el Señor se ha detenido ¿no debieras más bien pedirle perdón y suplicarle que prosiga? Piensa que estás desechando por una paja una gran obra de gracia. Echas al menosprecio a alguien que antes era peor y que ahora no lo es. Ya no es lo que era. ¿Es ladrón? ¿Es fornicario, idólatra, borracho? Pero criticas a alguien que sirve al Señor, que lee la Biblia, que canta en tu mismo culto, que también como tú escribe cheques para la obra del Señor. ¿No debieras más bien detener tus juicios condenatorios y exaltar con acciones de gracia la obra preciosa que nuestro Señor está haciendo con ese hermano o hermana?

Esa actitud canibalesca y atropelladora el Señor no lo dejará sin corrección o sin su merecido (vv. 1, 2). No pienso que se trata de recibir el pago en el otro mundo aunque sin duda el día del juicio final eso se traerá a cuenta. Nuestro Señor se refiere a que los que calumnian a los demás serán ellos también calumniados, los que dicen mentiras también serán víctimas de falsos rumores. Los que detractan y atacan la reputación de los otros se verán también difamados, tragarán los mismos sorbos amargos, serán heridos con el mismo filo, azotados con el mismo látigo.
Quiero que pienses que esto no será una consecuencia natural de nuestros actos como quien siembra espinas y recoge espinas, sino más bien lo veo como un decreto moral de la providencia que no está ajena a ese cotilleo y chismografía que practican los hipócritas. El v. 2 claramente se ve que es enfático. Es así porque la crítica viola las leyes morales de Dios y ataca su sistema de piedad y perdón. Como es un pecado contra el chisme que se levanta, castiga a sus hijos del mismo modo para corregirles esa falta y  purificarles.

Un hijo de Dios puede ser calumniado inocentemente, pero aquí no se trata de eso, sino de los que son mordidos con los mismos dientes que mordieron. Esto es provechoso porque nos llena de temor a padecer lo mismo y también nos desarrolla nuestro sistema de comprensión para colocarnos humanamente y por un instante en el mismo pellejo de los otros. ¿Me gustaría estar en su caso? ¿Qué haría yo? (Jue.1: 5-7). Quiera el Señor no tenernos por culpables en este sentido y él nos ayude a comportarnos con la actitud realmente filial y no fiscal, y si hemos ofendido, esta exposición nos llene de temor y nos humille para ser perdonados. Amén.