viernes, 19 de diciembre de 2014

María y la espada de Simeón

 Mateo 1:21
“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

 Este comentario puede ser llamado “Jesús, María y la espada de Simeón” porque le dijo a ella el dolor que sufriría al verlo clavado en una cruz (Luc.2:35). Así se llamó porque para eso vino; y en eso estuvo empeñado tres años y medio, y la eternidad. Ese nombre es sobre todo nombre como dice el apóstol (Flp.2:5-11); un nombre muy sencillo que hasta cualquiera lo lleva; pero debemos entender que vino al mundo con una misión, “salvar” a su pueblo de sus pecados, eso quiere decir darle justificación por la fe en su muerte por lo cual el nacimiento es solo de lo primero que hace pero su destino es la cruz. Y salvarlo del dominio del pecado de modo que el pecado no se “enseñoreará” más de él (Ro.6:14); y como eso sucede por medio de una muerte por gracia porque salió de él, implica unión por fe a Dios de modo que se reciba el poder necesario para resistir el pecado y combatirlo. Jesús es el “autor” de la salvación por gracia (He.2:10). Desde el mismo momento cuando se le puso el nombre al Niño se le marcó su destino, morir en una cruz, y justificar a “muchos” (He.2:10).