martes, 2 de diciembre de 2014

La virgen María dijo déjenme pensarlo

Lucas 2:18-20

"Y todos los que lo oyeron se maravillaron de las cosas que les fueron dichas por los pastores. Pero María atesoraba todas estas cosas, reflexionando sobre ellas en su corazón". 

María se quedó callada, pensando. Sabía que había concebido milagrosamente a su Hijo, pero acoge reflexivamente las noticias que traen los pastores; decide para sí misma reprimir sus emociones y no  añadir aquellas apariciones sobrenaturales inmediatamente a su experiencia sobrenatural sin antes pensarlas bien para gozarse dentro de su alma en caso de que fueran  ciertas. No hay indicación de que ella dudara lo que oía, eso no lo afirmo, lo que encomio es su discreción y su espíritu de comedimiento; el no publicar noticias de esa naturaleza sin antes que pasasen por un proceso interno de meditación y acomodamiento espiritual. No se lanzó como una loca, a los cuatro vientos, a publicar lo que pasaba, dejó que fuera Dios y no ella, quien reuniera los acontecimientos alrededor de su Hijo. 

Oh, amado, de quienquiera que sean los testimonios y experiencias que nos cuenten, antes de darles crédito y hacerlos públicos hay que pensarlos, porque el diablo pudiera estar fabricando una propaganda fatal para Jesús; inverosímil, mítica más que real, más nociva que beneficiosa. ¿Qué esperabas ver, a María, loca de emoción contando a todos las noticias más frescas? En los personajes protagonistas en el NT siempre hallamos ese espíritu de comedimiento, cauteloso, exigente de la verdad y hasta escéptico para esas supercherías. Las cosas espirituales son muy serias para tomar por verdad cualquier experiencia que oigamos. ¿Por qué crees que los primeros escritores hermanos hallaron muy difícil escribir un evangelio? (Luc.1:1-4); bien por la abundancia de material religioso en torno al asunto y porque no era fácil comprobar mucho de lo que se decía, no sabiéndose en muchos casos si eran historias o fantasías. Oh, que necesitamos más del espíritu de María para no comentar, relatar, escribir, ni siquiera emocionarnos con algo que no hayamos tenido tiempo para reflexionarlo. María no dijo: "No, no lo creo"; pero su actitud revelaba que les estaba diciendo: "Me gozo en que todo haya ocurrido, pero déjenme pensarlo" (v.51).