miércoles, 31 de diciembre de 2014

Paga los impuestos y mantén la familia y la iglesia

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Mateo 15:5
"Cualquiera que diga a su padre o a su madre: 'Es ofrenda a Dios todo lo mío con que pudieras ser ayudado".

Guárdate de poner en oposición lo que tiene que ir juntos; el amor al hombre y el amor a Dios; no podrás adorar mejor a Dios siendo menos humano. El dinero de César es de César, quiero decir, los impuestos ciudadanos, sean abusivos o no; lo que es de Dios, es de Dios, sea el antiguo diezmo o la liberalidad cristiana. Si el de César se lo entregas a Dios y no pagas tus impuestos, te metes en problemas, si lo que es de Dios te lo comes o te lo vistes, haces mal y eres irresponsable; pero lo que es de la familia de ella es y no hay que entregarlo para la obra de Dios, y hacerlo dijo Jesús, es pecado. Más que piedad eso es hipocresía. 

En aquel entonces alguien dio este testimonio  de un grupo de religiosos, “si toda la hipocresía del mundo se dividiera en diez partes, nueve de ella pertenecería a Jerusalén y la otra al resto del mundo”, y ya saben  por qué (Un rabino, citado por Gill) . Se ayuda a la iglesia y a la familia, pero la iglesia no debe sustituir a la familia ni la familia a la iglesia. Tu marido no es Dios ni Dios es tu marido, tú tienes tu marido y tienes a tu Dios; tienes tu casa y tu iglesia, se complementan pero ninguna de las dos sustituye a la otra. Nadie debe  exigirte que abandones tu casa o pedirte que renuncies a tu Dios. Y si quieren hacerlo pues les dices un rotundo no.