sábado, 10 de enero de 2015

La Biblia no la entiende todo el mundo

                                          Apocalipsis 5: 1-7

“¿quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra y debajo de la tierra podía abrir el libro ni aun mirarlo. Y lloraba yo mucho porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro ni de leerlo, ni de mirarlo… He aquí que el León de la tribu de Judá ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos”.

La Biblia no es un libro cualquiera; es el más misterioso del mundo porque para leerlo uno tiene que hacerlo con la ayuda de su mismo Autor o no lo entiende. Con ningún otro pasa eso. Es porque lo escribió no para que nos apropiemos de él, no para que lo dominemos, no para hacernos teólogos, no para que lo enseñemos, sino para que nos relacionemos con él. Esto dicho de forma absoluta porque todas esas cosas las practicamos. Cuando Dios despierta el interés de alguno para escudriñar la Biblia lo hace para que por medio de su lectura empiece tratos con él. El fin de ella no es una cátedra sino Dios.

Juan, aunque sabe que digno no hay ni uno, llora, porque no hay nadie que pueda darnos el mensaje de Dios, llora porque la revelación llegó a un punto aparentemente final, ya no habría más mensajes divinos para la salvación del hombre; llora porque Dios se guarda los secretos que pudieran alertar al mundo y a la iglesia para que sean salvos. La gente llora por muchas cosas, algunas importantes, pero por las más importantes no llora. María Magdalena lloraba porque según ella le habían robado a Cristo. Eso es un motivo importante para llorar, que a uno le roben la fe en Cristo, que le roben su comunión, que le hurten la riqueza espiritual y la esperanza que por el Espíritu y el Nuevo Testamento ha adquirido. Los creyentes deben llorar cuando abren sus Biblias y la leen, saben lo que el texto dice, pero no les surte ningún efecto espiritual, no hallan la verdad celestial, no encuentran ningún mensaje al alma que les edifique, el libro se parece al que vio Juan, está sellado, no entrega su contenido. Hay quien piensa que porque “lee” la Biblia o la “estudia” ya puede llegar al contenido de ella misma. No puedes leer la Escritura y beneficiarte de ella sin el Espíritu de Cristo, sin su santo ministerio de enseñanza. Es un libro sellado para millones y abierto sólo por su divino Autor. La Biblia no la entiende todo el mundo sino aquellos que son del Espíritu Santo.