martes, 27 de enero de 2015

Tenemos más hermanos que los que contamos



Marcos 9:36-41
"Maestro, vimos a uno echando fuera demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no nos seguía. Pero Jesús dijo: No se lo impidáis, porque no hay nadie que haga un milagro en mi nombre, y que pueda enseguida hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, por nosotros está". 

Esto parece ocurrir en el contexto de una gira misionera. Se encuentran a alguien que por alguna razón trabaja independiente de los otros (un caso raro; puede ser uno de esos a los que se refiere Jesús en Mt.12:27 y que los fariseos reconocían como el poder de Dios; o de los discípulos de Juan). Los discípulos se exceden en su autoridad y quieren controlar, por una razón eclesiástica, la soberanía del Espíritu. La iglesia no tiene dominio sobre el Espíritu, ni sobre la Biblia. La iglesia no manda a Dios. Jesús es el Señor de la iglesia y no la iglesia el Señor de Jesús. El Espíritu Santo es incontrolable. Es contra el Espíritu Santo la dictadura eclesiástica, la formación de partidos religiosos que excluyan a otros. No podemos supervisar la influencia del Espíritu. Jesús les enseña que el cristianismo no debe ser centralizado, o mejor dicho, que está centralizado en el cielo y debemos dar la bienvenida a quien haga algo por él, independiente o en otro grupo, sea bautista, metodista, presbiteriano, etc., teniendo el espíritu de Jesús y el de Pablo (Flp.1:18). Debemos ser amables y llamar hermanos, y agradecer a Dios, la vida y obra de los que pertenecen a una denominación cristiana que no es la nuestra. Por las palabras de v.39  parece que los discípulos tenían dudas de la sinceridad religiosa de aquella persona, que luego se volviera enemiga o quizás, que diga mal, que enseñe sobre él falsedades. Jesús lo autorizó a seguir extendiendo el reino separado del grupo apostólico. Hay una palabra que la Reina-Valera no introduce y está en el original: rápidamente o pronto. El Señor quiso decir que podemos esperar que persevere por mucho tiempo. En fin, tenemos más hermanos que los que contamos.