domingo, 30 de agosto de 2009

¿Doble Elección Eterna?

Isaías 14.1

"Tendrá piedad de Jacob, y todavía escogerá a Israel".


Mira qué palabra tan bonita, "escogerá" y uno piensa que se dirige a nosotros tanto como a los judíos cautivos en Babilonia. ¿Es posible eso, que Dios escoja más de una vez a sus escogidos desde la eternidad? (Ef. 1:4). El que ha sido escogido desde la eternidad escogido será siempre. La elección no se puede perder. Dios no se equivoca jamás. Pero estas palabras dichas así son provechosas para hacer que los escogidos tomen esperanza de la doctrina de la elección y piensen que los pecados de los escogidos no frustran la elección, porque dice que "todavía escogerá".

Y ese “todavía” tiene un mundo de significado. Es como si Dios les dijera: “Los volvería a escoger como mi pueblo si eso fuera necesario” “no me arrepiento de haberlos escogido por gracia” (Ro 11:6) “recuerden que los escogí, han vivido como escogidos míos con todos los privilegios que eso significa y lo continuaré haciendo”. ¿Te parece poco eso para ti, escogido de Dios?

Nuestra experiencia en la gracia y con las promesas de Dios le pone el sello de aprobación a todas las doctrinas reveladas, como ciertas y seguras, porque “irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios”(Ro 11:29). La perseverancia en la gracia y la elección eterna son dos hermanas bien llevadas que se saludan con un beso. Pese a todo. Los pecados cometidos por un cristiano pueden despojarlo de honor, gloria, dinero, salud y más, pero no de su elección. Llegará el día en que “vuelto confirme a sus hermanos” (Lc 22:32).

Después de muchas infidelidades y caídas, con tantas intermitencias en la fe, si fuera necesario, Dios volvería a escogernos, a pensar en nosotros desde la eternidad, a escribir nuestro nombre en el libro de la vida, a enviarnos el Espíritu de regeneración, conducirnos al arrepentimiento y darnos fe al oír la Palabra. Y eso quiere decir mucho, que no está decepcionado con nosotros y nos amará siempre, como dijo el profeta, “de pura gracia”. La elección eterna es de pura gracia, no por buenas obras que haya previsto en nosotros, nada de eso lo movió a escogernos, sino su misterioso y glorioso amor, su purísima voluntad. Y tampoco nos pondrá a un lado porque con su ojo infinito haya previsto nuestras desobediencias. Cristo volvería a morir por mí, yo Pedro, aunque le haya negado tres veces.

sábado, 29 de agosto de 2009

Izarán bandera blanca ante Calvino


1 Reyes 13. 2

“Clamó contra el altar por palabra de Jehová”.


¿Por qué el profeta habrá clamado contra el altar y no contra él? ¿No hizo él el altar? ¿No adoraba en él? Porque no se trataba de castigarlo precisamente a él sino de romper la institución impía que había creado. No es la persona del fundador de una religión la que hay que combatir sino su religión, sus ideas. Si bien es importante comprobar si las alucinaciones proféticas de la señora Helen White se debieron en parte a un golpe en la cabeza, lo más importante contra su adventismo es oponerse al contenido de sus visiones hechas doctrinas y a la categoría que sus prosélitos le conceden a sus libros. Discernir entre las sutiles afirmaciones literarias de que somos salvos sólo por gracia y la práctica que le dan a la ley, al séptimo día y a las dietas levíticas. Si se da con amor la medicina bíblica contra su enfermedad de galatanismo es posible que no la escupan.

Tampoco es tan importante descubrir en la biografía del señor José Smith que murió tirando balas contra un grupo que se levantó contra él como decirle a los mormonistas que lo de la aparición del ángel Moroni, el enterramiento de las planchas de oro, su descubrimiento, su traducción del egipcio antiguo y la formación del Libro Mormón, son bobas mentiras. Es mejor rajar en dos el altar que atacar a Jeroboam.

Cuando yo era joven y tenía menos pecados perdonados que ahora, y mi experiencia con la misericordia de Dios era poca, cuando iba aprendiendo la verdad y comparándola con el error, mi púlpito estaba lleno de impaciencia doctrinal, y flamígeros eran mis sermones, y agrupaba jóvenes a mi alrededor como cabrahígos de la Shefela. Un día un viejo profesor me dijo: “Siembra la verdad y el error se marchitará”.

Hay misericordia divina cuando Dios no mata de un golpe a Caín por adorarlo con productos no cruentos o sin fe, y cuando le preserva la vida a Jeroboam. Así le dio una señal para que se arrepintiera y destruyera lo que había edificado. Hubiera sido bueno que el mismo que creó ese sistema idolátrico lo desarmara, que quien hizo pecar a Israel se pusiera en pie y lo llamara a Jehová. ¿No contemplaron sus mismos ojos el altar roto por la palabra de Dios? Y se fue de allí no ofendido en su persona sino desconcertado en su religión.

No tuvo éxito personal el profeta pero su forma de hacer apología fue buena. Así los fundadores de religiones han tenido señal de que sus grupos son falsos, que se han equivocado en sus doctrinas y predicciones, pero las sanan con alguna explicación, la reparan y siguen adorando con una mentira. Le da filo el amor fraternal a la espada del Espíritu y penetra hasta los tuétanos sin que duela. Se puede ser un buen apologista con amorosos argumentos. Las victorias no consisten sólo en defender la verdad del evangelio sino ganar almas para ella; y es difícil completar el triunfo si los acorralados con argumentos se rinden sin postrarse ante Jesucristo aunque icen bandera blanca ante Agustín o Calvino, porque sienten conjuntamente con las verdades que los han abatido, el orgullo de los triunfadores y el menosprecio que les tienen. Somos salvos no sólo por conocer la verdad y defenderla sino por amarla, y nos sacaron del error no dándonos empellones sino a ramalazos de luz. Los enemigos de la verdad del evangelio no deben ser capturados y torturados, sino adoctrinados. Joven profeta, te será siempre más fácil destruir que construir.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Culpan al gobierno y a Dios

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Isaías 8.21,22

“Y pasarán por la tierra oprimidos y hambrientos, se enojarán y maldecirán a su rey y a su Dios”.


Estas palabras expresan desesperación, producto del asedio, toma y destrucción de la nación, y la deportación. Son similares a las halladas en Apc 16.11. ¿Enojados por qué? Por la situación social, económica y política de la nación. La opresión no tanto política sino interior, mental; y hambrientos por la cuestión económica. Faltaba el pan, la leche, la carne, cualquier cosa de lo que llamaríamos canasta básica para poder subsistir. ¿Quiénes eran los culpables? Dos.

El pueblo pensaba que el gobierno, representado por el rey, sus consejeros, sus cancilleres, sus militares; eran culpables por no haber sabido conducir la nación a la seguridad civil, y producto de la guerra ahora todos pagaban con la muerte, la opresión y el desastre económico. Estaban derrotados. Sin embargo ese era el rey que ellos habían querido y en el cual pusieron su confianza, en detrimento de Dios; un rey que no temía a Dios, y ellos lo aceptaron sin importarles que condujera a la nación al caos moral, familiar y espiritual. Y ahora, sufriendo las consecuencias de la mala voluntad que tuvieron hacia la iglesia, miran al cielo buscando con los ojos a Dios, pidiéndole que se asome a la puerta, lo blasfeman y lo culpan de todas las desgracias que les han venido. Ese es el segundo culpable.

Un Dios que adoraban de labios y menospreciaban con sus vidas. Se cumple aquello que dejo el jefe de un gobierno mejor que el actual, “la insensatez del hombre corrompe su camino y luego contra Jehová se irrita su corazón”. (Salomón, Proverbios 19:3). Si se murió un hijo ¿de quién es la culpa que no lo sanó aunque se le pidió curación? De Dios. ¿Perdieron las casas? ¿De quién fue la culpa? De Dios. ¿No había empleo para ganarse el pan? ¿Quiénes eran los culpables? La culpabilidad la repartían entre el gobierno y Dios, sin embargo, ellos igual que el gobierno eran los legítimos responsables de la pérdida de la libertad civil, “de prensa”, de pensamiento, política y de religión.

Y si hubieran tenido un poco de gracia y sabiduría como el ladrón arrepentido sobre la cruz, habrían dicho que estaban así, colgados en un mal destino, por sus malos hechos, que César no era tan culpable como él y que el Dios que habían crucificado, y escupían, era un total inocente.

lunes, 24 de agosto de 2009

Consulta a los Muertos

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“Y cuando os dicen: "Consultad a los que evocan a los muertos y a los adivinos que susurran y murmuran al hablar", responded: "¿Acaso no consultará un pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos a favor de los vivos? ¡A la ley y al testimonio! Si ellos no hablan de acuerdo con esta palabra, es que no les ha amanecido” (Isa 8.19,20).


Siempre los espiritistas, santeros, adivinos, han sido una alternativa sugerida por el diablo y afirmada por hombres ignorantes, que a la verdad revelada por Dios le oponen resistencia y le hacen competencia. Hombres y mujeres infatuados que pretenden hacer lo mismo que los siervos de Dios pero de forma fraudulenta y mentirosa. Como Janes y Jambres, los hechiceros egipcios, resistieron a Moisés, así ellos resisten a la verdad, inventan de sus propios corazones y hacen señales perversas para atraer detrás de sí a todos los que oyeron la palabra de verdad pero no la amaron para ser salvos. Dios les ha dado a esos hombres un poder engañoso para que crean sus mentiras por cuanto sus discípulos no amaron la verdad revelada cuando la oyeron.

En nuestro texto el Señor nos anima a rechazar la superstición de los espiritistas, psíquicos, santeros y adivinos, por esa misma razón, son supersticiones y a lo sumo engaños sutiles y muchas veces sofisticados. Un ejemplo de eso es la consulta a los muertos. El pueblo, privado sus ojos de la verdad y guiado, como dice Jesús, por guías ciegos, caía en ese hoyo de superstición; estando ausentes de la verdad limpia y luminosa bajada del cielo, se entregaba a todo esas prácticas obscurantistas paganas, sin una gota de verdad ni la más mínima posibilidad de comprobación.

Nota cómo fingen aun al hablar, “susurran y murmuran al hablar” fingiendo piedad y espiritualidad, haciéndose santos y pretendiendo ser superiores en espíritu y en capacidad al resto de la gente; como si al conversar con sus ingenuos interlocutores ya estuvieran en comunicación con los solicitados seres del otro mundo, cuchicheando mensajes para y desde ultratumba; y extendiendo la mano para recibir la paga de la consulta.

El profeta reafirma la suficiencia de Dios en estas materias. Si alguno quiere conocer algo, si desea conocer la verdad sobre cualquier cuestión o desea alguna ayuda espiritual no tiene que interrogar a los muertos, ni ir a dejar dinero a una casa de adivino o espiritista, le basta con la ley y el testimonio, con la palabra revelada de Dios. Nos advierte que si alguien se opone y dice lo contrario, “no le ha amanecido”, no tiene luz espiritual, es un ignorante. Dios es suficiente para los vivos y para los muertos. Si lo que escribieron los profetas, los apóstoles y los evangelistas no fuera suficiente Dios no hubiera tenido reparo en darnos algo más. Pero la Biblia está completa, cualquier cosa que desees saber ella tiene la respuesta.

¿Qué puede hacer pensar que los muertos sepan más que los vivos? Por otra parte, seguramente que la sabiduría que tenía un muerto si se busca se pudiera hallar en alguna persona viva con la cual hablar sin caer en supersticiones, ni que el dinero vaya a los bolsillos de estafadores y ofender a Dios. Hay vivos, gente santa que conoce muy bien la ley y el testimonio, son a ellos a quienes debemos acudir para consultarlos y como ellos han sido enseñados por Dios pueden aconsejarnos sabiamente. Es la sabiduría del Espíritu que debemos buscar no la de personas muertas, que si tuvieron alguna sabiduría la sacaron de donde mismo Dios nos dice que la saquemos nosotros.

Además Dios no ha graduado algún muerto como maestro de los vivos. Si fueron maestros de los vivos cuando vivían, lo podrán ser sólo por sus escritos, no solicitando al alma alguna audiencia. Cuando Dios constituye a una persona como maestro de su palabra lo nombra hasta su muerte, no más allá de la muerte. Cuando se muere levanta a otro que lo substituya. Perseguir a un muerto es una forma de idolatría. El Espíritu Santo continúa enseñándonos en este mundo. Cuando un santo y sabio ha muerto ha entrado en su reposo, dice Hebreos, y por lo tanto no puede ser inquietado con preguntas de ninguna índole, ya dejó sus obras y reposa en el seno de Abrahán. Los muertos hablan con los muertos no con los vivos. Cuando Moisés y Elías bajaron al monte de la transfiguración hablaban con Jesús y no le dirigieron la palabra a Pedro, Jacobo o Juan. Los muertos no están autorizados a recibir audiencias ni a dejar sus moradas como enseñó Jesús en la parábola del rico y Lázaro. Por eso se puede afirmar, con el respaldo de toda la Biblia, que los que oyen las voces de sus muertos son engañados, por los mediums que consultan o por algún demonio, pero jamás que un muerto conceda una consulta a ningún ser humano, ni siquiera porque hayan sido parientes, porque la relación familiar con la muerte se quiebra, es temporal, para dar paso a la unión espiritual con Dios en Cristo.

Y ¿para qué se puede consultar a un muerto? ¿Para saber que está vivo, o sea, oír su voz de nuevo, escucharle, preguntarle cómo se siente? Para saber que un muerto está vivo no hay que oír su voz desde el más allá, la Biblia dice que Dios nos es Dios de muertos sino de vivos. Pablo dice que el que muere gana y que entre estar vivo y muerto es mejor morirse porque se está con el Señor. Por lo tanto, los que no se conforman con lo que dice la Biblia y consultan a los muertos es porque son incrédulos, no creen la Palabra de Dios, no tienen fe. Lo que Dios quiere no es que se consuele con oír al muerto sino con la esperanza celestial, sabiendo que la Biblia dice que irá a él y que estaremos juntos cuando crucemos el río de la muerte; que habiendo creído en Cristo estaremos juntos al Señor. Además oír la voz de un ser amado que ha muerto no consuela, y si consuela algo el consuelo es muy dudoso porque la persona viva se vuelve dependiente de la muerta y va y viene constantemente a los centros donde le hacen esa señal y paga por ella. En vez de conformarse y olvidar no se consuela, se desespera y quiere estar en continuo contacto con ella. Probablemente esto llegue a significar un abandono de los demás seres vivos para quienes su incurable dolor hará que su amor se enfríe y no le muestre afectos y atenciones. Y sin duda, eso significará también la ruina económica porque los espiritistas cobran para sacarle el pasaje a algún muerto desde el cielo o del infierno.

Hay gente que consulta a los muertos para conocer el futuro y para que le de soluciones a un conflicto de amor o de dinero. Los muertos, suponiendo que puedan venir, ignoran el futuro de cualquiera. Quien único conoce el futuro de una persona es Dios, nadie más. La Biblia no revela el futuro de ninguna persona porque el futuro dependerá en gran medida del presente, y lo que ella quiere es que agrademos a Dios en tiempo presente. No habrá un futuro brillante si se vive en un presente ocioso, ignorante, equivocado y pecaminoso. En cuando a obtener algún favor para alguna relación amorosa, pregunto: ¿no es algo macabro atraer a un muerto para que aconseje en algo tan bello y sublime? No son los muertos los que hay que consultar ni pedir favores en ese sentido sino a los vivos. Por otro lado, si en una relación amorosa hay que pedirle un favor al muerto, no vale la pena mantener esa relación que no es capaz de inspirar amor al ver y oír a la otra persona. Me temo que tales temas no sean muy atractivos para los muertos, a no ser para el diablo y para los bobos. Volvamos a la ley y los profetas, a la Biblia, a ella sola y a Cristo, que es el único camino, la única verdad y la vida eterna.