miércoles, 20 de febrero de 2019

Cuando se espera en Dios no se está perdiendo el tiempo

  NUMEROS 9:15-23
“El día que el tabernáculo fue erigido, la nube cubrió el tabernáculo sobre la tienda del testimonio; y a la tarde había sobre el tabernáculo como una apariencia de fuego, hasta la mañana. Así era continuamente: la nube lo cubría de día, y de noche la apariencia de fuego. Cuando se alzaba la nube del tabernáculo, los hijos de Israel partían; y en el lugar donde la nube paraba, allí acampaban los hijos de Israel. Al mandato de Jehová los hijos de Israel partían, y al mandato de Jehová acampaban; todos los días que la nube estaba sobre el tabernáculo, permanecían acampados. Cuando la nube se detenía sobre el tabernáculo muchos días, entonces los hijos de Israel guardaban la ordenanza de Jehová, y no partían. Y cuando la nube estaba sobre el tabernáculo pocos días, al mandato de Jehová acampaban, y al mandato de Jehová partían. Y cuando la nube se detenía desde la tarde hasta la mañana, o cuando a la mañana la nube se levantaba, ellos partían; o si había estado un día, y a la noche la nube se levantaba, entonces partían. O si dos días, o un mes, o un año, mientras la nube se detenía sobre el tabernáculo permaneciendo sobre él, los hijos de Israel seguían acampados, y no se movían; mas cuando ella se alzaba, ellos partían. Al mandato de Jehová acampaban, y al mandato de Jehová partían, guardando la ordenanza de Jehová como Jehová lo había dicho por medio de Moisés”.

Esto se llama ser dirigido por el Señor. Dios enseñaba a su pueblo a ser obediente y adorarle. En cuanto a la obediencia (1) que tuviera paciencia y no hiciera ningún movimiento desautorizado, que aprendiera a no trazar su ruta sino a dejársela trazar por Dios, aprender a esperar la voluntad de Dios y que cuando se espera en Dios no se está perdiendo el tiempo. No es tiempo perdido solicitarle su guía, aguardar su respuesta, esperar que amanezca para ver las cosas más claro, solicitar y aguardar algún cambio, y (2) mostrar fe en la obediencia cuando la actuación divina parece arbitraria y da movimientos erráticos, va y vuelve, o es molesta, descansando de día y andando toda la noche. Israel aprendió que la inactividad y la contemplación formaban una parte esencial de seguir a Dios. Quería un pueblo absolutamente a disposición suya y de sus iniciativas. Oh Señor, danos tu gracia para obedecer así, sin refunfuñar, molestos, hacer de nuestra vida un andar contigo como si no tuviéramos más nada que hacer sino seguirte, como si el mundo afuera no existiera (1Co.7: 29). Esperar en ti, Señor, no es perder el tiempo.Amén.

viernes, 15 de febrero de 2019

Tres declaraciones de amor


JUAN 21:15-19
15 Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. 16 Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. 17 Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. 18 De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. 19 Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme”.

Resulta interesante y hasta cristianamente intrigante el por qué Juan habiendo omitido la negación de Pedro, como no lo hacen los tres sinópticos, sin embargo, es el único que de esta manera informa sobre la continuidad ministerial del apóstol, y su rescate al oficio. Más de treinta años ya habían pasados y el apóstol para ese entonces era considerado, junto con él y con Jacobo como una "columna" de la iglesia (Ga. 2:9). Y eso explica el misterio del silencio. Lo diré así, quiso olvidar aquello y lo olvidó, y si no lo olvidó no quiso decir nada, porque lo que pasó ya pasó, y el Pedro de ahora vigoroso y con tanto prestigio y bendición en la iglesia, sería una traición ministerial hacer la más pequeña insinuación a lo que pasó en el patio de la casa de Anás, o Caifás. Las antiguas faltas de los compañeros jamás se mencionan, y menos escribirlas.
Si por la mente de este autor pasó, aquello nunca llegó hasta su pluma, sino más bien los tres énfasis de amor que le pidió el Señor para dejarlo en su puesto apostólico y en contacto con sus rebaños, de ovejas y corderos. Si alguien hubiera entrevistado a Juan y le preguntara que cómo es posible que Pedro pudiera continuar como apóstol y pastor si había negado tres veces al Señor, la inmediata respuesta habría sido ésta: "porque ama a Jesús más que todos nosotros". Y si eso fue lo único que Jesús le preguntó y le exigió para que tuviera acceso al púlpito de la iglesia, nadie podría interponerse. Nuestro amado Señor por cada negación, sin mencionárselas, le pidió una confesión de amor que las borrara, y con eso se quedó satisfecho, y con lo que Jesús se quede satisfecho ninguno debe dejar de estarlo.
Ni el mismo Pedro dijo "Señor yo te he negado por tres veces, el descrédito y la culpa me impiden seguir predicando", sino que le dijo "tú lo sabes todo", "tú sabes más de lo que los otros saben, tú conoces más defectos míos que todos ellos juntos, me has perdonado más pecados que a todos ellos, y yo tengo tres veces más perdones que ellos, por lo tanto, te amo tres veces más". Un predicador que conozca tanto de arrepentimiento, de vergüenza y de perdón, de amor a Dios, y no sufre por sensualidades, no debe quedarse en silencio. Y si él no había podido ser fiel en esta ocasión, Aquel que tiene el futuro y la gracia en sus manos, y que le había dicho que una vez vuelto confirmara a sus hermanos, ahora le dijo que cuando fuera viejo no esperara el retiro porque la ofrecería en crucifixión con toda la modestia y la gloria a Dios con que vivió y quiso morir.
Su hermano Juan, escritor de este evangelio y compañero en la lid, que lo sobrevivió, supo de la victoria espiritual de su querido compañero Pedro, y de cómo siguió los pasos de Jesús, no en Jerusalén sino en Roma, y es por eso que aquello que supo de primera mano porque él estaba allí, y fue quien pidió que lo dejaran entrar (18:16), y tal vez sintiendo pesar por haberlo hecho, borró lo que sucedió tanto de su memoria, su biografía, como de su evangelio. Leí todo su escrito y no lo hallé, para Juan eso no pasó nunca. Intencionalmente nunca lo oyó, nunca lo supo, jamás lo vio. Olvido no porque tenga mala memoria sino porque la tengo sana.

jueves, 7 de febrero de 2019

Los pecados contra lo que se predica


LEVÍTICO 4:3
“Si el sacerdote ungido pecare según el pecado del pueblo, ofrecerá a Jehová, por su pecado que habrá cometido, un becerro sin defecto para expiación”.

Señor, yo también suelo hacer los pecados de ellos, y me exhorto y me consuelo como lo hago en mis sermones. Se supone, y no debería ocurrir con frecuencia, que el siervo de Dios peque con los mismos pecados que comete su pueblo. Él tiene más conocimiento; lleva sobre su frente la santa unción que ha de  honrar, puede extraviar a muchos, y no debiera cometer aquellos pecados que ha orientado al pueblo que no cometa porque, “mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá” (Luc.12:48). ¿No debemos ser más santo y fiel que los santos y fieles? ¿Y los frutos del Espíritu más frescos y maduros? ¿Pecaremos con los pecados contra los cuales hemos clamado y hasta disciplinado? ¿Cómo amar aquello que dijimos que aborrecemos? Sin embargo, la solución es la misma: Ofrecer un becerro sin defecto para expiación, y “la sangre de su Hijo nos limpia de todo pecado”. Eso sí, pero ¿cómo queda el testimonio ante los ojos de los hombres? El pueblo de Dios perdona, pero no olvida.