sábado, 28 de febrero de 2009

Un sicólogo no, llamen a un pastor


Hazme oír gozo y alegría, Y se recrearán los huesos que has abatido. Esconde tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente (Sal.51:8-12).

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Los psiquiatras cuando un paciente sufre perenne melancolía por sus culpas, les ordenan que se divierta, que vaya a alguna fiesta, que camine por el campo y ande entre amigos, que se entretenga hasta que se le olvide lo que ha hecho; le recomiendan un poco de insensibilidad espiritual y evitar los escrúpulos de conciencia. Les recetan un olvido sin arrepentimiento; el pesar hay que quitárselo a la culpa y trabajan duro para hallar justificación a lo mal hecho y curar mentalmente a su cliente. Les recomiendan vacaciones para que recuperen la alegría que algún viejo pecado les quitó.

Pero cuando se trata de un santo, ya es harina de otro costal. Un santo que ha perdido su santidad no se alegra hasta que Dios lo perdona porque no busca quitarse la culpa por sí misma por la tortura a que ella lo somete, anhela perdón y lo que más desea es ser recibido por Dios como antes lo era. Quiere paz, pero no la del olvido, sino la paz del Espíritu Santo, que sobrepasa todo entendimiento, la paz que viene acompañada con gozo, bondad, mansedumbre, etc., la paz que lo pone en la senda que tenía y lo eleva al restablecimiento de la vida cristiana. Un santo necesita más que todo, si su infelicidad es por culpa espiritual, a un ministro del evangelio más que a un doctor en la ciencia de la mente. No es a divertirte a donde tienes que ir sino al trono de Dios.

David podía haber tomado su lira y empezado a cantar, pero no podía cantar, no podía traducir sus sufrimientos en melodías, no era alabanza lo que hubiera arreglado su vida espiritual sino confesión, una amarga y sincera confesión al Señor. No podría abrir su boca hasta que aquel pecado con peso de plomo se le saliera de adentro. El equilibrio de nuestra mente está en Dios y no deseamos una clase de alegría que obvie el remordimiento y que no nos deje llenos del Espíritu Santo. No hay mejores lágrimas ni más convenientemente vertidas que aquellas que se echan a los pies de Jesús y se enjugan con nuestros cabellos. Amén.

¡Sinergista Jamás!

“Escuchando, he oído a Efraín que se lamentaba: Me azotaste, y fui castigado como novillo indómito; conviérteme, y seré convertido, porque tú eres Jehová mi Dios” (Jeremías 31:18).

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¿Es incambiable el hombre? ¿Sucede en todos lo que dice el profeta: “Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?” (Jer.13:23).

Hoy como siempre se necesita enseñar las preciosas doctrinas conocidas como de la gracia, lo que se llama monergismo, interpretación completamente bíblica, donde la gracia de Dios comienza y efectúa la conversión. Lo contrario es sinergismo, evangelio mezclado con un poco de Biblia y un poco de filosofía, donde el hombre hace su parte y el Señor la suya. Escudriña el texto que he puesto y verás que según la experiencia el hombre no se puede convertir a sí mismo por más que lo intente. Adopta algún método, sigue un programa y se reforma, mejora y deja alcohol y otras adicciones; puede cumplir con las formas de una religión pero no puede convertirse a Dios.


Por lo tanto, tiene razón Efraín para lamentarse que los castigos divinos y las consecuencias del pecado no lo hayan convertido. Si lo hubiera castigado diez veces su corazón empedernido seguiría duro y produciendo ídolos y desobediencias. Cuando todo fue destruido y en el exilio, tuvo que admitir que no podía auto convertirse, que era demasiado pedirle a su corazón engañoso que se volviera veraz, que estando muerto resucitara y que siendo incrédulo diera un salto y tuviera fe.


Muchas veces había querido convertirse, con sinceridad se había vuelto a Dios y tenido un tiempo de ilusión de conversión bajo algunos buenos reyes y jueces… y la iglesia a que asistía aplaudía y daba gracias a Dios por su conversión pero le sucedía como al pez volador, salía del agua por un tiempo y todos creían que era para siempre pero volvía a sumergirse.

Entonces se acabó la fiesta y Dios no fue al fin glorificado. La decepción cundió la familia y la congregación. Temporalmente se alivió de su pecado y disfrutó un transitorio poder sobre él, dominándose, se sintió libre y feliz, pero después de un tiempo vino la recaída, continuando igual o peor, padeciendo la misma fragilidad y con ataques similares; caía en pecado y se revolcaba echando espumarajos y deseos por todos lados. Los viejos demonios de la concupiscencia que eran sus antiguos amigos continuaban en su interior y se negaban a dejarlo. Probó con consejeros y doctores de religión y tuvo que desecharlos por ineficaces.


Efraín era el mismo, había incumplido centenares de promesas hechas a sus hijos, a su esposa y a sus amigos. Ya nadie creía en sus reformas y las cosas en casa y en el trabajo seguían de mal en peor. Su perverso corazón amaba el pecado, la gloria de Dios no le importaba, el arrepentimiento no pasaba de ser remordimiento, el miedo a Dios se le pasaba, la fe y el amor a Cristo eran fingidos, y nada de lo que oía le penetraba profundo.


Si he dibujado en parte su retrato no pierda toda la esperanza. Haga lo que hizo Efraín, ore como él, “conviérteme tú oh Dios, elígeme porque falló mi elección, decide tú por mí que no me sirvió mi decisión, soy novillo indómito, conviérteme y seré convertido”. Vaya al trono de la gracia. Efraín no conocía lo que era monergismo ni sinergismo, tal vez usted tampoco, pero si a él se lo hubieran explicado no hubiera sido sinergista, sabeliano o arminiano, jamás.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Alegoría de un Crecimiento


Génesis 30

Voy hacer una alegoría con estas dos mujeres. Pablo hizo una alegoría de Sara y Agar, yo la haré con Raquel y Lea, Pablo dijo que eran dos pactos, la ley y la gracia, yo encuentro que son dos iglesias que compiten por crecer en número, lo cual es desafortunado porque son hermanas y como hermanas debían amarse y no competir sino amarse recíprocamente y darle gracias a Dios por la prosperidad de la otra sin embargo desafortunadamente no sucedió así, la iglesia con prosperidad hizo saltar de envidia a la estéril que no soportaba que aquella tuviera hijos y ella no, y que se hubiera sentido mejor si no los tuviera o si se morían, o les sucedía alguna desgracia, cada parto de ella la hacía sufrir más porque la hacía sentir inferior, quiero decir que cada nuevo miembro que bautizaba, cada número que añadía le producía dolor.

Es decir, la hermana estéril, Raquel, debía esperar en Dios pero no lo hizo, recurrió a una solución social dándole a su sierva al marido para que engendrara hijos que legalmente serían propiedad de ella pero como producto de una fornicación, haciéndolo infiel a él, hijos que fueron naciendo con nombres muy bonitos que reflejaban su situación emocional perturbada pero por los cuales no había “sufrido dolores de parto” (Gálatas 4:19, 27), porque no habían sido formados dentro de ella.

Debió esperar el día que Dios se acordara de ella y le diera a José, y con José debió conformarse, con un hijo de esa magnitud era más que suficiente, que valía por mil hijos ordinarios, pero esa palabra ella la desconocía, y quiso otro más, y lo tuvo, Benjamín, y éste le provocó la muerte, una grieta enorme que la llevó a desaparecer, un símbolo de lo que es una división en una iglesia, que le produce una herida mortal.

Y la iglesia próspera, sin tener necesidad de caer en lo mismo que la estéril llegó al punto de tampoco conformarse con un límite en su membresía y se desvió hacia la superstición y usó las mandrágoras para tener otro hijo; un nuevo método que realmente no servía para nada pero ella lo tuvo como si fuera efectivo, supongo que eso es sombra de los pañuelos ungidos, aceites, bautismos, autoayudas, confesiones, y otras cosas a las cuales se les da un poder milagroso de engendrar hijos cuando es mentira.

Y Jacob ¿es un tipo de Cristo el esposo de la iglesia? No. Es un tipo del pastor de la iglesia, una clase de pastor muy trabajador, que ama la iglesia pero socialmente adaptado que engendra hijos con sus esposas y con sus siervas, de su matrimonio y de fornicación, y hasta se alquila, no le importa que lo usen, ese no es su problema sino el de ellas, no se mete y se adapta a sus iglesias y hace lo que ellas quieran con tal de que el número aumente, ellas estén contentas, y ser él el autor de tan tremendo crecimiento, disputado por una congregación y por otra porque es capaz de hacerlas crecer y darle nombre a ellas y orgullo, y un nombre famoso.

lunes, 23 de febrero de 2009

Ayúdame que soy incrédulo



E inmediatamente el padre del muchacho clamó diciendo: ¡Creo! ¡Ayuda mi incredulidad!
(Mr.9:24).

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¿Quieres estar seguro de las cosas que has aprendido y tener una fe firme? Haz lo mismo que hizo este hombre. Nota su resolución de no guardar en su interior aquellas dudas que tenía, sino que inmediatamente se las confesó al Señor. Hay creyentes que por años han sufrido con sus dudas y han tratado de olvidarse de ellas, las han ignorado, las han compartido con otros o las han escrito en libros pero nunca las han confesado al Señor. Este hombre inmediatamente que se le propuso algo sobre lo que dudaba lo confesó al Señor.

Observa el medio por el cual se libró de sus dudas, la oración. Tú pudieras tratar de curarte de tu incredulidad mediante el estudio de libros sobre el tema o con comentarios sobre la Escritura. Esto aunque es bueno y tiene su lugar es secundario. Uno puede leer mucho sobre un asunto para creerlo y lo que lee ser convincente y convencerse por un tiempo pero la duda renace cuando se deja de estar bajo la influencia del autor de libro. El Señor puede bendecir un buen libro y la lectura de la Escritura, pero es mejor que antes de hacer eso acudir al “Autor y Consumador de la fe” (He.12:2).

Este hombre nos enseña a quién hay que confesarle nuestra incredulidad. Mejor que confesarse una duda, lo cual es útil porque implica una aceptación de la situación, es confesarla al Señor y pedirle ayuda a él. El Señor nos conduce con la reflexión adecuada para adquirir el conocimiento adecuado que muestre lo inconsistente de la duda y lo estrambótica que es.

Si uno la saca como en una catarsis, se alivia pero sucede como aquel demonio que salió de una casa y aunque la limpiaron y quedó bonita, quiero decir curada la mente, se quedó vacía y trajo a otros con él y el caso se empeoró. Si usas la sicología te mejoras pero no te curas, la duda vuelve y trae con ella otras más feas y brutales y tu condición se vuelve peor.

Jesús posee todo el material de fe que hace falta y permite que se piense espiritualmente sobre el caso, y además su contacto mismo, su comunión transmite poder sobre la incredulidad. Oh Señor, me pides fe, dámela, necesito tu ayuda para poder creer lo que me pides que crea, y lo que quieres que yo crea lo quiero creer, sin ti no podré creer ni purificar mi fe de tanta incredulidad.

La Tarea de Predicar Bien


Las palabras de los sabios son como aguijones y como clavos hundidos las que dicen los maestros de las colecciones, dadas por un pastor (Ecl.12:9-11).

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Esta es una breve exhortación para mis compañeros jóvenes calvinistas, que por amor de Dios prediquen doctrina práctica no teología abstracta que es buena para el despacho y la universidad o el colegio, no para el púlpito. Combinen esos vaporosos conceptos celestiales y mostrad en la atmósfera del culto el arcoíris de la multiforme gracia de Dios, de modo que los que la miran den gracias a Dios y salgan del servicio contentos de saber que ya Dios ha hecho un pacto y que por causa de él no los va a destruir.

He visto casi vacías a iglesias donde se predica la elección particular, la expiación limitada, la sola Escritura y sola gracia, la segunda venida amilenaria de Jesús y el juicio final. ¿Por qué no se puede predicar eso, con pasión pastoral? Pablo no escribió sus epístolas para la universidad de Tarso o el colegio de escribas en Jerusalén sino para las iglesias donde no había muchos sabios. Incluyo Las Pastorales. Pero podía entrelazar la alta doctrina con todas las circunstancias y vivencias de la iglesia, y a la altura del tamaño y la talla de todos ellos.

Si lees todo el texto bíblico miras que el predicador busca hacer su discurso agradable, eso no quiere decir chabacano como si fuera un bufón ungido para que la gente se desternille de risas. Sino con palabras importantes y penetrantes como clavos. Los maestros y pastores son los que dominan todas las colecciones (una mejor traducción que “congregaciones”), versiones sagradas, libros importantes, manuscritos, porque son “escribas diestros en el reino de los cielos”, que “trinchan bien la palabra de verdad”.

Sin embargo toda esa ciclópea labor y sabiduría debe canalizarse hacia la iglesia por medio de un espíritu pastoral. Las palabras de los pastores se distinguen de las que dicen los comentaristas y maestros, en que son teológicamente prácticas, para el pueblo, interpretan la Biblia, sacan las doctrinas, las machacan en mortero como olivas, y las ponen a brillar en el candelero sagrado que es la iglesia, ante las almas. Los buenos pastores elaboran su teología, ¡claro que predican teología y sin ella no hablan!, pero no como un conferencista abstracto que enseña la doctrina académicamente como si estuviera hablando para estoicos y epicúreos en el areópago y no en un púlpito cristiano. Para mí los mejores comentarios son los que escriben los pastores. Por amor de Dios aunque prediquemos como ángeles recordemos que ellos están puestos para servir a los que serán herederos “de la salvación”.

Su pan puede ser sustancioso como el de Aser, y profundo y a la vez prácticamente espiritual, tocando las vidas de los oyentes con las grandezas de Dios. El Gran Maestro de todas las colecciones es nuestro amado Rabí, Jesús, el mejor de todos los buenos pastores, el Príncipe de los pastores (1Pe.5:4), el Pastor de las ovejas.


sábado, 21 de febrero de 2009

Los milagros de Jesús son examinables


Jesús les dijo: Llenad de agua las tinajas. Y las llenaron hasta el borde. [8] Entonces les dijo: Sacad ahora un poco y llevadlo al maestresala (Juan 1:7-8).

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Observa cómo Jesús toma medidas para que el milagro sea creíble. Jesús no cargó el agua sino los discípulos ni tampoco la sacó convertida en vino, ni la llevó a donde el maestresala para que diera su opinión sobre el vino (v.8). ¿Por qué cree que lo hizo? Mi explicación es para que nadie sospechara que era un truco, que vertió el vino en las tinajas y luego lo sacó. O que llevó vino en una copa y fingió sacar agua. Si Jesús hubiera metido la mano en las tinajas hubiera dado motivo a incrédulas habladurías. Con todo y tomar esas preocupaciones los malos hombres regaban el rumor que engañaba al pueblo, “y unos decían: Es bueno; pero otros decían: No, sino que engaña al pueblo” (Jn.7:12). Y esa acusación persistió hasta su resurrección, “nos acordamos que aquel engañador dijo, resucitaré” (Mt.27:63).

Todos los milagros de Jesús son examinables o comprobables. El animaba el escrutinio de los mismos. Al leproso cuando lo sanó le dijo que fuera para que el sacerdote lo viera y testificara que estaba curado y le diera un certificado de purificación. Al oficial del rey que se le moría un hijo le preguntó, para que todos lo oyeran, a qué hora había empezado a mejorarse el muchacho, “y le respondieron: Ayer a la hora séptima se le quitó la fiebre. Y creyó él y toda su casa” (Jn.4:52-53). Creían cosas comprobables. No sagradas mentiras sino sublimes verdades.

Hoy en día no es incredulidad examinar un milagro, una oración contestada, para estar seguros que Dios fue quien lo hizo. Dios no quiere que se le de gloria por un milagro inexistente. El que protege sus milagros del examen escéptico, levanta sospechas. Jesús no fue de esos que no quieren dar informes de la salud de los enfermos que anotan como sanados, ni sus direcciones, y menos los libros financieros donde esos pícaros han anotado las ofrendas de gratitud que han recibido. Jesús no era así. Sus milagros son creíbles.


Carta a un Publicano


El publicano estando lejos se golpeaba el pecho diciendo: Dios, se propicio a mí, pecador (Lc.18:13).

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Me he decidido a escribirte publicano, porque te he oído orar, “sé propicio a mí, pecador”. No pude estar seguro en qué palabra hiciste el énfasis si en propicio o en pecador. Yo lo he hecho en ambas, unas veces como tú en mi pecho he sentido la fuerza de la palabra “pecador”. Cuán indeseable me he sentido en el templo, lleno de vergüenza, sentado lejos del Verbo de Vida y del predicador que casi no he querido mirarle los ojos para que no me mire a mí, sin alzar mi rostro al cielo para invocar a Dios. Y he orado tan corto como tú.

He oído a otros orar bellamente, puestos de pie al frente y al lado mío. Para qué te diré, me han parecido lindas las oraciones de esos fariseos, yo hubiera querido hacerlas como ellos, pero no he podido. No he sido capaz de dar gracias a Dios porque no soy como los demás hombres porque yo sí me he sentido como los demás hombres, no he pensado que hubiera mucha diferencia entre yo y cualquier inconverso, mi convicción de pecado han sido tan grande que si algún alguacil hubiera entrado preguntando que alzara su mano si se encontraba allí algún ladrón, injusto, adúltero, yo hubiera inmediatamente “dado testimonio” alzando la mía. Iría preso.

No había ayunado jamás ni orado con tantas palabras como esos creyentes de largas filacterias que diezman hasta el eneldo y el comino. Yo viví sin ley. También en mi escueta oración hice énfasis en la otra palabra, propicio, y Dios ha sido propicio a mis pecados y me los ha perdonado todos. Ha oído la oración de un ser villano como yo y ha concedido el perdón que le he pedido.

¿Puedes imaginar cómo ahora ama a Cristo un ex convicto pecador, un injusto hecho equitativo, un adúltero limpiado? ¡Imagínate cómo salí del templo, yo un ex publicano recién justificado y los abrazos y besos que le di a mi mujer y a mis hijos!

jueves, 19 de febrero de 2009

Aunque baje yo, suba El



El les dijo: A la verdad, Elías viene primero y restaurará todas las cosas (Mr.9:12).

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El ministerio de Juan fue corto, no duró muchos años y terminó decapitado salvajemente por los caprichos de una mujer. Su vida duró poco y su servicio fue meteórico. No vino al mundo para hacer muchas cosas. El volumen de su trabajo no fue grande y no necesitaba de muchos años para hacerlas, sin embargo se dice que el restauró “todas las cosas”. Juan cumplió la voluntad del Señor haciendo aquellas obras que Dios le había dicho que hiciera, no hizo ninguna menos ni una sola más. Los ministros llamados por Dios harán aquello que el Señor quiere que haga. El dispone la cantidad de cosas que cada uno de ellos debe realizar, fija el número de ovejas que tiene que cuidar, el lugar donde ellas estén y el tiempo que pasará junto a ese rebaño.

Juan en poco tiempo vio su ministerio prosperado y en poco tiempo también comenzó a percibir que perdía influencia y que otro mucho mejor que él se llevaba sus discípulos y bautizaba más gente (Jn.4:1-2; 3:30).

Estaba consciente de esa merma en su público y se sentía satisfecho con lo que ocurría, no había venido al mundo para conducir una gran congregación ni para hacer milagros sino para presentar el Mesías (Jn.10:41). Nació para eso.

Restauró todas las cosas y esa categorización no provino de una encuesta pública o valoración humana de su ministerio sino de Dios. Cuando uno hace “todo” lo que Dios quiere que haga puede que al final haya hecho más que otro que tuvo un ministerio más largo, pero no hizo todo lo que se le dispuso.

Dios nos conceda el estar satisfechos con la parte que tengamos que hacer, con el tiempo que se nos de para hacerlo y con el resultado que obtengamos. No busquemos el propósito de nuestras vidas en las muchas cosas que podemos hacer porque unas cuantas solamente pueden explicar porqué estamos en este mundo. El Señor nos prepare para soportar confiadamente la disminución de nuestra audiencia y la reducción del número de bautismos, con tal que por otra parte, al menguar nosotros suba él.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Su don de lenguas ¿tiene verbos y predicados?

Aun las cosas inanimadas como la flauta o el arpa, cuando producen sonido, si no hacen clara distinción de tonos, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o se tañe con el arpa? También, si la trompeta produce un sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla? Así también vosotros, si mediante la lengua no producís palabras comprensibles, ¿cómo se entenderá lo que se dice? Hay, por ejemplo, tanta diversidad de idiomas en el mundo; y ninguno carece de significado. Por eso, si yo desconozco el significado del idioma, seré como extranjero al que habla, y el que habla será como extranjero para mí. (1Corintios 14.6-25).

1. Si usted lee la Biblia comparando lo espiritual a lo espiritual, notará que en su argumentación el apóstol compara el don de lenguas a la música, a ordenados sonidos musicales dados por la flauta, el arpa y la trompeta.

Y por supuesto si es música eso implica una organización de sonidos agradables opuesto a lo que llamaríamos ruido. La Real academia de la Lengua Española define la música como “melodía, ritmo y armonía combinados” “sucesión de sonidos modulados para recrear el oído”. Si el flautista toca su canción, o el de la cítara la suya, los oyentes reconocen la música y pueden cantarla, silbarla o bailarla, no así si fuera bulla. Esos hermosos sonidos implican una inteligente y elaborada estructura musical contrario a lo que se oiría si no ocupan su propio lugar en lo que hoy llamamos pentagrama, siendo“sonidos inciertos” (14:8).
Se llama melodía a una organización musical en diferentes líneas no a sonidos disparejos, disonantes y neurasténicos. Note que en la mente de Pablo hay íntima similitud entre lo que dice de la música y lo que escribe sobre el don de lenguas en Corinto. Si compara el don de lenguas con la música, hay que esperar que esté pensando que ese don debe tener como ella una estructura. Veamos eso.

2. En estos tiempos para mí la evidencia mayor del bautismo del Espíritu Santo no es que una persona hable en lenguas sino la santidad de su vida.

El secularismo estadounidense se ha interesado por este fenómeno espiritual. Leí en alguna parte hace años que un departamento de estudios lingüísticos del gobierno de Estados Unidos ordenó investigar el fenómeno carismático de las lenguas y grabó miles de ellas encontrando que no se correspondían con ninguno de los más de seis mil idiomas y dialectos que hay en el mundo y ni siquiera con lenguas muertas, y sobre todo que no contenían la estructura de idiomas.

Mi renuencia a recibir las que he oído no es lo que dijeron los norteamericanos, ni tampoco que no sean bautistas, reformadas o calvinistas sino que los trocitos que articulan (nunca es un sermón completo ni un diálogo) me suenan menos auténticas que las originales y temo que se traten de supercherías. Entonces lo que está en orden no es saber si Dios retiró ese don o lo concede sino si las que hablan son reales o un colosal y monumental fraude.
Usted puede estar seguro, que uno sabe que una persona es o no cristiana, no por el divino don de las lenguas sino por la santidad de su vida y eso sí impacta a los incrédulos. ¿Cómo puedo creer en la autenticidad de una lengua extraña si el comportamiento del bilingüe es más extraño todavía?

           3. Fíjese en qué pensaba Pablo cuando escribe sobre el don de lenguas

El apóstol dice que hay muchas clases de idiomas en el mundo (14:10). La palabra que usa significa sonido o voz, y la versión siria dice idiomas, por implicación. Por favor lea 14:21, junto con la referencia a Isaías 28:11-12, y observe que está citando los sonidos de labios de los caldeos, los medos y los persas, el idioma persa, el medo y el caldeo. La referencia bíblica que busca Pablo es de idiomas. Eso obliga a pensar que Pablo halló equivalencia entre estos idiomas y las lenguas de los corintios. A mi entender lo que hablaban los corintios, sin sospechar de algún escandaloso mimetismo, lo mismo que hablaron otros hermanos en el libro de Hechos, eran idiomas, tenían la estructura de un idioma desconocido para el que hablaba. No podían ser “sonidos inciertos”.

Con respecto a lo que dice en el v.18 que habla más lenguas que todos ellos, le invitaré a que comparta su disgusto conmigo también con otro autor, “el apóstol le dice eso para que no piensen que menosprecia el don de lenguas: ni quiere humillarlos o persuadirlos a que no lo tengan, o mostrarle envidia como si no lo poseyera también, porque tiene este don en una forma muy eminente, y algunas veces lo usaba cuando las circunstancias lo demandaban, podía hablar más lenguas que cualquiera de ellos y con más frecuencia. Y esto por la ocasión que tenía para viajar mucho en otros países donde desconocía la lengua y tenía que predicarles el evangelio; de esto hace mención no para enorgullecerse sino para darle gracias a Dios y reconocer que él es el autor de este don” (John Gill. Comentario a 1Corintios; fue predecesor de Spurgeon). (Énfasis mío). Si no son idiomas ¿qué son? ¿Qué música es esa?

4. Ahora bien, si usted habla en lenguas verdaderas le suplico que ponga su don al servicio de La Gran Comisión.

Las lenguas en el NT tuvieron varios usos pero el mejor de todos fue testificar en su propio idioma a los incrédulos. Yo sé que hay quienes afirman que han oído hablar en múltiples idiomas en el templo. Pudiera ser. Aun así, si fueron idiomas fue un desperdicio si no lo hablaron enfrente a nacionalidades que los entendieran. Y si todos hablan una misma lengua ¿qué sentido tiene que Dios traiga un mensaje en otra diferente si cuando él se comunicó con los hombres siempre lo hizo en el idioma de ellos? A veces la interpretación de esas lenguas se convierte en un sustituto de la exégesis bíblica.

Por otra parte, en cuanto a los corintios ¿lo usaron como Pablo porque estuvieron predicando desde el Ponto hasta Ilírico, les hablaron a los cretenses y romanos? No leí eso. Lo que hicieron fue traer confusión en los cultos. Las lenguas serían muy útiles para evangelizar a los moscovitas, los mandarines, o para meter en cinturas y pacificar a los vascos en su milenaria lengua. Los corintios hablaban en lenguas en sus cultos, ¡Pablo nunca!, y generalmente conocía los idiomas más hablados en el imperio, hebreo, griego y latín. Pero para los bárbaros y los escitas, el Dios bendito le daba los idiomas. El mejor uso que encontró a las lenguas fue el que le dieron los apóstoles en Pentecostés, para predicar.

Hay otros casos donde se manifestó el don de lenguas y sin embargo se omite la predicación en otros idiomas pero no el hecho que fueran lenguajes con estructura lingüística. Los efesios conjuntamente con las lenguas “profetizaban” o sea predicaban, sea en el griego común o en algún dialecto del Asia Menor. Ambos exigen que las lenguas sean idiomas (Hch.19:6). Y en cuanto a las amistades de Cornelio (10:46), la construcción de la frase “hablaban en lenguas y magnificaban a Dios” es tan suave y corrida que la mejor suposición es que las alabanzas a Dios se hicieron en lenguas y por supuesto con palabras extrañas que tenían sentidos. O sea, idiomas.

En aquel entonces rara vez entraba un incrédulo a una reunión cristiana. El don de lenguas en una reunión de la iglesia está tolerado (es una concesión paulina) pero fuera de su sitio. Su uso para edificación del creyente es secundario, si es que alguien se edifica con lo que no entiende.  Sería muy lindo ver a los hermanos carismáticos bajando al barrio chino y predicándoles el evangelio en chino, o yendo a Hong Kong a los japoneses, o en Corea del Norte a los coreanos. Abriendo misiones allí y plantando milagrosas iglesias en las calles y plazas en ultramar. Oh señores, allí, no dentro de un templo. ¡Qué belleza, el don de lenguas usado para ir por el mundo y predicar el evangelio a toda criatura!

Conclusión
Si los corintios hablaban en lenguas, entonces hablaban en diferentes idiomas. Podían tener conversaciones y mantener instructivos diálogos. Si las suyas, hermano, son como aquellas entonces son verdaderas, y no balbuceos ni sonidos guturales sin significado alguno. Las lenguas genuinas tienen palabras desconocidas. Tienen oraciones desconocidas y por lo tanto tienen verbos, predicados, adjetivos, adverbios, vocales (exceptuando algunos), consonantes o sea, tienen la composición y estructura de un idioma que se puede escribir y por supuesto hablar y traducir aunque sean tres palabras “ mene, mene, tekel, uparsin”, vocablos no celestiales sino humanos, sacados de un viejo idioma semítico caldeo.

Más Palabra de Dios y Menos Ceremonias


Jehová habló a Moisés diciendo: "Toma a los levitas de entre los hijos de Israel y purifícalos. Así harás con ellos para purificarlos: Rocía sobre ellos el agua para la purificación; luego haz que pasen la navaja sobre todo su cuerpo y que laven sus vestiduras. Así serán purificados (Núm.8:5-7).

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¡Qué simbolismo tan extraño éste!, se hacían la idea de que si se afeitaban se santificarían. Si algún levita, ayudado por el Espíritu Santo examinaba su corazón y la ceremonia, se daría cuenta que su espíritu había quedado intacto, que el cuerpo había estaba limpio pero su persona y corazón seguían siendo los mismos. Sabría que Dios tenía que considerarlo justo por su fe, y purificado en realidad no lo estaba. La ceremonia estaba dada para que leyera algo más en ella, no era por sí misma el fin sino un medio de instrucción. Todo aquel culto era como una enciclopedia de instrucciones espirituales. El hombre frente a ella podía volverse un ser ceremonioso, privado de total libertad o situarse enfrente de la letra, buscar el espíritu, y preguntarse el significado que tenía, la razón del porqué de tales mandamientos, y según fuera comparando lo que hacía con lo que era se le revelara la ley como un medio para conocer su pecado.

Siglos después el Espíritu nos enseñó que el fin de la ley es Cristo (Ro.10:4) y cuando el Nuevo Testamento se terminaba de escribir ya los hermanos habían aprendido que esas ceremonias eran algo obsoleto (He.8:13) y caduco. El hombre pecador para purificarse ante Dios no necesita más que lavarse en agua por la palabra (Ef.5:26). Cristo dijo: “vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado” (Jn.15:3). Y por el Espíritu, “mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1Co.6:11). Mientras más Espíritu tenga nuestra religión, más conocimiento del corazón tendrá y menos ceremonias necesitará, porque ellas son sombras de cosas mejores que habrían de venir. Complica tu religión con ceremonias y menos Espíritu Santo habrá en ella.

martes, 17 de febrero de 2009

Yo no digo que se ruegue


Tú, pues, no ores por este pueblo. No levantes por ellos clamor ni oración; no intercedas ante mí, porque no te escucharé. ¿No ves lo que hacen éstos en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén? (Jer.7:16-17).

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¿Te asombra que se ore por la iglesia y Dios deseche las intercesiones? Se hace ayuno, se forman grupos de oración y nada pasa. Todo sigue igual. No se mueve. Estancamiento. La esposa ora por su marido incrédulo, le predica con palabras y sin palabras, y nada pasa. Los hijos copian la conducta de él y todos viven en el mundo, menos ella.

¿Cómo se siente un santo cuando se da cuenta que está orando en vano? Quizás piensa que no obtiene lo que quiere por su falta de fe y se sentirá culpable registrando en su conciencia para hallar pecados que expliquen su frustración.

Por ese revés espiritual que sufrimos cuando Dios nos niega algo, es una razón buena para que Dios le diga al profeta que no ore por su pueblo porque sus oraciones no serán respondidas. La pregunta que se le hace indica la pauta para mantenernos orando o dar énfasis a otra cosa: ¿“No ves lo que estos hacen en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén”? Cuando un intercesor ve que sus oraciones no tienen respuestas, más que hacerse reproches e injustas recriminaciones lo que tiene que hacer es mirar la conducta del pueblo por el cual ora, abrir sus ojos a sus vidas y contemplar cómo están viviendo. Juan dice: “Hay pecado de muerte por el cual yo no digo que se pida” (1Jn. 5:16). ¿No dijo Jesús “yo no ruego por el mundo”? Si alguien como el pueblo de Judá, persiste en hacer lo malo ante los ojos del Señor, si son oidores olvidadizos y no hacedores de la palabra, no vale que se ruegue por ellos.

El Señor le quiso decir: “Si no han cambiado con tus sermones no serán bendecidos con tus oraciones. No los salvarán tus oraciones si no los salvan tus predicaciones” (Eze.14:14,20). Si una buena proporción de predicaciones no da resultado ¿qué esperanza tiene que Dios oiga sus oraciones y mire sus ayunos? Se pierden los que respaldados por muchas oraciones desoyen la palabra de Dios. Dios le ordena a Jeremías que pare de orar, que hacerlo ya es inútil porque los que desechan la palabra de Dios anulan la bendición que podrían traerle las oraciones de otros. Pero sólo Dios sabe cuándo y con quién es inútil continuar orando, por lo tanto tal vez prefiramos decir como Samuel le dijo al pueblo “lejos esté de mí que peque contra Jehová cesando de orar por vosotros” (1Sa.12:23).

domingo, 15 de febrero de 2009

Ninguna como ella; dámela


(Notas de mi diario)

P.P., octubre 20008.

“Hoy fuimos, Walky yo, (Ifdy está en Pensilvania en asuntos del trabajo), fuimos a visitar la iglesia que pastorea G.S. Cuando llegamos nos recibió su esposa R. Walky y yo no estábamos muy decididos a visitarlos. Necesitábamos oír un buen mensaje del evangelio.

El culto comenzó a las 12:20 pm y terminó a las 2:30. En la apertura entraron danzando un grupo de niñas y jovencitas, vestidas con ropas judías y zapatillas de allá. Así estuvieron moviéndose los 45 minutos que a nosotros nos obligaron a estar de pie, ellas danzando y los que podían y se sabían los coros, repetidos y repetidos, cantando.

“Un hermano con sendas astas y banderas las movía en el aire, no sé para qué. La batería, las dos guitarras eléctricas, los tambores y la voz alta del cantante principal, se combinaron haciendo un ruido espantoso. A Walky le dolió la cabeza y a los 40 minutos de pie la invité a que tomara asiento, y yo la acompañé y me puse a leer mientras ellos continuaban sus inspiradas repeticiones.

“Las sillas estaban cómodas. Supongo que arrancadas de algún cine o algo similar, o fabricadas a propósito de los cambios en el culto, porque tenían los hoyos donde se suele poner un vaso de café, soda o de “palomitas” de maíz. Eso y la amplia plataforma moderna con equipos de sonidos y luces, se parecía a cualquiera otra cosa menos a un templo.

“Me sentí ajeno en la adoración y me quedé mudo, no pude rendir ni un poco de honor a Dios en el trayecto de aquella música. Enfrente me entretuve leyendo carteles escritos en hebreo y español y un póster con el arca judía del pacto. También leí una propaganda a “Una Iglesia con Propósito”. Varias personas, hombres y mujeres tomaron parte en el desarrollo del servicio. A una especialmente se le pidió que hiciera una oración contra la guerra espiritual y a otros que oraran porque pasara algo sobrenatural en ese momento. Todos querían que pasara un milagro y lo esperaban. No había muchos. Unos 40 o quizás 50.

“En eso llegó el pastor que había ido a predicar a una iglesia vecina. El título del mensaje fue El Llamado al Ministerio y el Deber de la Iglesia hacia su Pastor (1Ti 3:1-7; 5:17,18; Mt 10:10). Comenzó a exponer los textos e ilustrarlos con su experiencia pastoral y su madurez cristiana, con su estilo, gritón, humilde, jocoso y severo. Todo junto. Bajaba de la plataforma, se dirigía a todos, me enfocaba a mí y llegaba hasta mi silla, me hacía preguntas y volvía a encaramarse en el púlpito. Una vez, ilustrando algo se arrodilló, otra se sentó y contó algo muy patético. Me llamó al frente, me abrazó y al final me pidió que orara por el grupo de viejos, viejas viejísimas, jóvenes y juveniles que venían queriendo enrolarse en el santo ministerio o pidiendo bautismo y salvación. El mismo estaba asombrado de la respuesta a su prédica. Y yo no menos.

“Dijo cosas como éstas: “El oficio más grande del mundo es el de pastor” “A Billy Graham cuando era joven le pidieron que se postulara como presidente de USA por el partido republicano, y declinó diciendo que no podía abandonar lo que era superior por lo que era inferior” “El llamamiento al ministerio es tan grande que Jesús pasó toda una noche orando para escoger a sus doce” “La iglesia llama a sus diáconos y líderes pero no al pastor, quien llama al pastor es Dios” “Abraham salió sin saber a dónde iba pero Dios sí sabía donde lo llevaba” “Dios no deja “embarcado” (abandonado) a ningún pastor”. Y dijo otras muchas cosas hermosas que caían en mi corazón como agua bendita.

“Disfruté enormemente sus exposiciones que fueron muchas. Aun el paralelo que hizo con el texto del llamamiento de Ezequiel, violando la exégesis, donde dijo que el carro era una carreta y que ella representaba a la iglesia que era tirada por el pastor que tenía que ser como un león, un buey, un águila, siendo un mero hombre.

“Con esa clase de predicación sobran las iniciativas culturales del Sr. Waren y la bobería de las danzarinas con panderos. Con esa Palabra y con el Espíritu, no necesita más para duplicar el número de sus oyentes. No hubiera esperado eso. Fui a ver un culto judaico, y en parte lo era. Ruidoso, simple, muy limitado, pero con todo, con la voz de Dios. A pesar mío, a pesar de todo, Dios estaba allí y lo que busqué en congregaciones mayores y de pastores con más nombre que él, no lo encontré.

“La música no determina que Dios entre o se vaya. Sea que a mí me guste o no. Clásica, popular o gregoriana. La adoración es una expresión espiritual, cultural y psicológica, depende de la formación del alma. El que se va de una reunión por el ruido de los platillos, el estrépito de los tambores, los desafinados gritos del director y las despiadadas guitarras eléctricas soy yo. No Dios. Si pudiera, de un plumazo barrería con esas banderillas y ordenaría a las niñas que se sentaran. De hallarme en la puerta y oír ese escándalo no entraría. Pero si se predica bien, expositivamente, con gracia, el evangelio, entra Dios. Parece que sus oídos son más fuertes que los míos y por el interés del púlpito se mete entre ellos. Supongo que le diría al de las banderas “sal y empina eso allá afuera”; y le diría a las danzarinas, “niñas siéntense que ustedes son del nuevo pacto y esas son cosas del que yo quité”.

“Si aquella adoración ni siquiera me rozó el espíritu, la predicación fue otra cosa. Lo que no se puede alterar es el evangelio y el que lo predica tiene que ser un siervo con unción, con la unción del Santo, no porque vocifere y chille, no por el sudor que de un trapazo se quite de la frente el orador. Sino porque tiene entendimiento de la palabra del Señor, la ama, la enseña, vive por ella y la predica con el corazón.

Por supuesto que mejor estaría el culto si se limpia de toda esa levadura que desvía la atención de lo espiritual hacia las ceremonias de la carne. Los cambios musicales, de sillas, de luces, de técnicas, no convierten ningún alma ni atraen a los pecadores a los pies del Señor. Esas son ilusiones vanas y ridículas tonterías. Lo que es poderoso para salvar y cautivante es la predicación del evangelio. Uno la oye y la Palabra te envuelve, te mete dentro de ella, te toca el corazón y te habla poderosamente. Es grande para salvar. Y no vuelve vacía. Como dijo David de la espada de Goliat, “ninguna como ella; dámela” (1Sa 21:9).

viernes, 13 de febrero de 2009

Elija una mujer de la genealogía de Jesucristo


Entonces Booz dijo a su siervo que estaba a cargo de los segadores: ¿De quién es esta joven? Y el siervo dijo: Es la joven moabita que volvió con Noemí de la tierra de Moab (Rut 2:5-16).

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Si quieres leer una bonita historia de amor, en Booz y Rut la tienes; el Espíritu Santo ha hecho que este libro se llame Rut. Aparentemente la mala suerte (la buena providencia) la persiguió en su juventud, sin embargo un día todo cambió y halló la felicidad cuando pensaba que ya para ella eso no existía, que la prematura muerte de su marido la había borrado para siempre de su futuro y de su rostro. Dios le puso en su camino un hombre verdaderamente excelente que le dio posición, mimos y cuidados por el resto de sus días, un varón que aunque con mucho dinero, tampoco había hallado una mujer para su felicidad y permanecía soltero a pesar de sus años. Donde menos él se imaginaba encontró el amor de su vida y ella el hombre que se merecía. En el campo.

Lo que oyó decir de ella fue su historia triste y abnegada y le empezó a mostrar una excepcional bondad, como si se sintiera obligado a pagar con cortesías el precio que ella había contraído con dolor a la vida. Sus primeros gestos de admiración fueron los sentimientos de un amor que comenzaba a nacer. Se conocieron en el trabajo y no se olvidaron nunca. Dios hace cosas muy bonitas y buenas por los hombres; y esta joven viuda llegó a ser una de las antecesoras de nuestro Señor Jesucristo. Los nombres de las mujeres virtuosas puede hallarlos en la genealogía de Jesucristo tan larga como la iglesia cristiana, solteras o viudas, y admirables. ¿Cómo se le puede ocurrir a usted joven, elegir una moabita que no se haya convertido a Cristo? ¿Quiere casarse sin que medie la providencia? Pregúntele a Dios que conoce el corazón de todas las mujeres, cuál le recomienda y a cuál le da el visto bueno. Y sea feliz.

Si el Altar es Antiguo, Antiguo se Quede


Mirad el símil del altar de Jehová, el cual hicieron nuestros padres para que fuese testimonio entre nosotros y vosotros (Jos.22:28).

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¿Quién le ha dicho a usted que tiene que endulzar el evangelio y azucararlo con postmodernismo para que la gente lo paladee? ¿Usted no sabe que no hay que endulzar nada porque en los antiguos sacrificios la miel estaba prohibida usarla? (Lev.2:11), pero no la sal (2. 13); la miel en es la adulación, que también está prohibida (Judas 16); pero la sal la acompaña no la carne sino la gracia (Colosenses 4 .6). Cristo no dijo "vosotros sois la miel de la tierra" sino "la sal de la tierra". La sal es el evangelio; jamás falte esta sal.

Las dos tribus y media que se quedaron al oriente del Jordán dijeron estas palabras. La edificación de aquel altar fue muy noble y bonita, querían decirle a sus hijos y nietos: “Somos de allí, pertenecemos al mismo pueblo, creemos lo mismo, iremos a adorar allá. La religión de ellos es la nuestra, su ley es de nosotros también”.

Es un deber nuestro hacer un símil del evangelio en nuestro credo y vida. Creerlo como lo hemos recibido, predicarlo como se nos ha enseñado y pasar la antorcha ardiente a las generaciones venideras; así cumpliremos con el propósito de haber venido al mundo y nuestro papel en la historia cristiana.

Pablo dijo que “Si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Ga.1:8,9). Y dijo a los efesios que no “seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error” (Ef.4:14).

Si no hacemos eso los hombres no podrán ser salvos con doctrinas que no sean aquellas que describen correctamente a Dios y que no sirven para la fe. Si el altar es antiguo, antiguo se quede. Si el modelo no es conforme a las formas del mundo y no le gusta a muchos, que no sacrifiquen en él, pero es el modelo que Dios ha diseñado. No hay que preocuparse por agradar el gusto de la gente. Si los hombres se salvan por gracia sola no es con gracia y obras. Si es por medio de la fe, no es por la fe y las obras. Si nadie conoce al Hijo sino el Padre y aquel a quien el Hijo lo quiere revelar, no enseñemos el veleidoso libre albedrío y si algún epicúreo o estoico protesta contestémosles “porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado” (1Co.11:23).

Descuartiza el pecado y verás



Y su concubina estaba tendida delante de la puerta de la casa, entonces el hombre tomó un cuchillo y la desmembró en doce pedazos y los envió por todo el territorio de Israel. Y sucedió que todo el que lo veía, decía: --Jamás se ha hecho ni visto cosa semejante (Jue. 19:27-30).

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La gente apreciaría mejor lo que es un pecado y el daño que hace si les enviáramos en un paquete un trozo del mal que ha ocasionado. Generalmente el pecado se comete y se oculta porque da vergüenza hablar de lo que ellos hacen en secreto (Ef.5:12). Pero si el pecado se hiciera público, se manifestarían en oposición. El pecado recibe aprobación porque no se revela como un misterio de iniquidad.

Los pedazos de su concubina que envió el levita descuartizador por todo Israel indignaron el país. Unos recibieron la cabeza con los ojos aún suplicantes, la boca contraída por el dolor, los labios morados, hinchados por cochinos besos, y los brazos con las huellas de las ansias equinas de aquellas bestias. Las piernas y los muslos mordidos, y todo ensangrentado en mísero dolor, como si gritaran: ¡Miren lo que le han hecho a mi mujer!

Enardecería la opinión pública si enviaran el video y audio de los pecados de los hombres, y se estremecería avergonzada de sí misma la humanidad, la película de una violación, los gritos desesperados de la víctima, de la dama que se revuelca en el suelo y aprieta sus piernas defendiendo el espacio de su honor, y se muerde los labios para contener la rabia de no poder defenderse de sus agresores ni detener a los infames.

Si se les enviara el film a los hijos y a la señora del padre infiel envuelto en su deseo bestial con la adúltera, lo despreciarían permanentemente. Si alguien tomara con su cámara una película donde filmó un aborto y el feto casi completo es echado a un lado para que muera sin chillar ni atención ¿no le llamarían cruel?

Si a los padres de un homosexual se les enviara el reportaje de su hijo haciendo de mujer delante de otro hombre ¿habría alguna persona decente en el mundo que apruebe esa unión, algún pastor que santifique eso como matrimonio? ¿No llorarían los padres viendo a su hijo obrando sexualmente como mujer con otro hombre? Filma a un borracho hablando sandeces, dando traspiés, golpeando a su mujer y llorando haberse bebido su salario, ¿da eso risa y sirve para hacer reír? Los comediantes no tendrían chistes de doble sentido que contar porque ni uno solo de la audiencia se reiría de villanías, crímenes, obscenidades y vulgaridades.

lunes, 9 de febrero de 2009

Reescriben el Nuevo Testamento



Cuando estaban cerca de la casa de Micaía, reconocieron la voz del joven levita; y ellos le dijeron: Pregunta a Dios para que sepamos si ha de prosperar este viaje que hacemos (Jue 18.3-6).

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Hay correspondencia entre el tiempo de estos jueces de Israel y la demencia religiosa de hoy, donde “escasea la palabra de Jehová” (1Sa.3:1) y “cada cual hace lo que bien le parece” (Jueces 17:6;21:25). ¿Qué credulidad es esa, consultar a un ministro teológicamente incorrecto? Si tiene un altar con íconos ¿cómo crees tú que Dios hablará por medio suyo?

Cuando quieras oír a un predicador entérate cuáles son sus doctrinas. Si afirma que es un sacerdote de Jehová pero venera ídolos, no lo consultes; es idólatra y los idólatras no entrarán al reino de los cielos (Ef 5.5; Apc 21.8). Si un sacerdote está excluido él mismo del cielo ¿cómo crees que podrá darte la buena palabra de Jehová? ¿Cómo le desgranarás uno a uno tus pecadillos y le implorarás el perdón divino si besa sus terafines? Si lees en 18.18-20, verás que aceptó la cátedra y se llevó sus íconos a cuestas como si fuera indispensable cargar con ellos para llevarse a Dios.

Los que vinieron por el levita no les importaban sus doctrinas, aceptarían como sacerdote a cualquiera que se haya cosido un efod y predicara en nombre de Jehová. Recibirían todos los currículos que les enviasen porque estos efrainitas no son escrupulosos con su púlpito y votarían para desmantelar cualquier objeción contra el levita, el falso efod y los terafines o contra la ilícita ordenación al ministerio que lo consagró.

Si hay escasez vocacional para sacerdotes, ancianos y obispos, piensan los efraimitas, no se puede andar con mucho remilgo y pulidez exagerada, poniendo las cosas difíciles con eso del llamamiento de Dios. Que continúen los seminarios y universidades graduando muchachos y muchachas sin llamamiento celestial. Y ¿por qué no ellas? No hay que estar de acuerdo con San Pablo en todo, dice ese loco Efraín, aunque casi el Nuevo Testamento completo sea obra del apóstol. Y si se pone pesado, grita, que lo reescriba.

Una buena pérdida



El respondió: Tomasteis mis dioses que yo hice y al sacerdote, y os vais; ¿qué más me queda? ¿Por qué, pues, me decís: ¿Qué tienes? (Jue.
18:24).

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Hay hombres que son como éste, si le arrancan su religión falsa, si le quitan sus mentiras y pecados en vez de estar agradecidos a quien se los haya quitado lo que hacen es enojarse y pensar que le han arrebatado la vida. Piensan que nada les queda; sufren una dependencia del pecado de modo que no pueden vivir sin él; hacen del pecado su todo y si llegan a perderlo se ven sin ese todo. Se deprimen emocionalmente y ya no quieren vivir, no miran, no cuentan nada más; todo se ha ido con el pecado que le han arrebatado. Sin embargo, si el Espíritu los alumbrara dirían como Pablo: “todo lo tengo por basura” (Flp.3:7-8). ¿Correrías detrás de tus ídolos como Micaía para darle alcance en algún punto y volver a levantar el altar que te arrebataron? No corras más en ese desenfreno (1Pe 4:4); si el pecado ha pasado a otros no los persigas, deja que se lo lleven, ni te encolerices con ellos ni los amenaces, Dios te ha librado de él y ha traspasado tu maldición a otros, que creyendo que lo que tú tenías era grande, divino y valioso te lo robaron. Se han engañado, lo que te quitaron fue lo malo, lo que era tu maldición. Bendice a los que con violencia te despojaron de tu idolatría, dale gracias a Dios.

Primero termina de limpiar la casa de todo vestigio de pecado, purificarla, que no quede recuerdo ni olor de aquello que perjudicó tu alma. Echa afuera todo lo que te lo traiga a la memoria. Luego, anuncia que ya no pecas, que los que antiguamente compartían contigo la adoración a esos ídolos, sepan que ya no les adoras y que lamentas haberlos servido por tanto tiempo, que ahora no usas drogas ni tomas alcohol y menos que haces uso de una costumbre sexual pecaminosa. Dile que eres otra criatura, cambiada por Dios.

¿Qué Es Vuestra Vida?

…¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece (Sgo.4:14).

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Los lectores ricos de Santiago pudieron pensar que su argumento les daba la razón, y dirían, “la vida hay que aprovecharla porque es corta, hay que ganar y gastar todo lo que uno pueda, comer y beber porque “mañana moriremos”, es una y no se repite, hay que hacer lo que a más le guste, sin prejuicios religiosos y sin límites”. La brevedad de la vida no sería un argumento convincente para los que viven en opulencia y con pingües fortunas, si no hubiera un juicio después de la muerte.

Hace poco fui al entierro de un viudo. A su esposa la enterraron cuarenta días antes. El no pudo durar más. No quiso. En el momento que ella murió dijo, “está muerta, se murió”, y ocultó sus sentimientos, se tragó entero el dolor. Se dijo: “Me es imposible admitirlo, la he tenido por muchos años, no puedo creer que ya no la tendré más, no la veré cada mañana, no oiré su voz ni la sentiré dormida a mi lado”. Y lo mató más pronto su nostalgia y soledad. Se necesitaban para vivir. En casa dijo “es un misterio”. Su nieto comentó en el cementerio que él se refería al misterio de la muerte. Su padre y yo pensamos que se refería a la vida, particularmente a la providencia; quiso decir, “es un misterio, yo pensaba que me iba primero y se fue ella”.

La vida es un misterio, que aclara la providencia. Un misterio el nacimiento, la educación, el matrimonio, los hijos, las enfermedades, los pecados, los perdones y la gracia de Dios. Hay que haberla vivido casi toda para estar seguro que es un misterio divino.

Lo elogiaron, dijeron alguna que otra anécdota y lo depositaron en la misma fosa que su querida vieja. Yo miré dentro y me pareció profunda. Los dos cuerpos juntos, sepultados en un mismo lugar para que se acompañen y no tengan miedo a la muerte. Ni al juicio final. Dos puras gotas de rocío, dos puñados de neblina que recogió Dios.



viernes, 6 de febrero de 2009

Una Mujer que Pudo Tener Otra Historia


Acordaos de la mujer de Lot (Lc.17:32).

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La mujer de Lot perdió un futuro brillante por una mirada. Ojalá nunca se hubiera vuelto “del santo mandamiento que le fue dado” (2Pe.2:21). Su historia hubiera sido otra si no hubiera vuelto sus ojos hacia el pasado, a sus antiguos placeres, sus vecinas, la conformidad, tolerancia y admisión de la vida de aquella gente corrupta. Oh, no prives a la gente de la bendición de inspirarse con la lectura de la historia de tu vida. Ella misma puso punto final a su carrera de fe, terminó con el adelanto espiritual que llevaba y perdió su familia. Se quedó atrás y petrificada.

Ojalá no hubiera mirado nunca. Sus dos hijas no hubieran practicado el incesto si ella hubiera vivido, y dos naciones enemigas del reino de Dios no hubieran existido si no hubiera mirado atrás. Su historia hubiera sido otra. La historia del mundo hubiera cambiado un tanto. Hoy leeríamos lo que Dios habría hecho con su vida, las misericordias suyas, lo que aprendió entre los muros de Sodoma. Tendría muchos y valiosos consejos que dar a favor del hogar y la corrupción que lo circula. Centenares de mujeres a través de la historia hubieran recibido inspiración al conocer su caso, ella hubiera sido la cita frecuente de los predicadores en el púlpito, un modelo de virtudes y perfecciones, una mujer sin vicios ni maldades. Dirían “acordaos de la mujer de Lot”, pero con diferente sentido, una santa, una que huyó con sus dos hijas y esposo de la condenación de la ciudad de destrucción.

Di que no al mundo y un no absoluto a novios sodomitas que quieren casar a tus hijas. ¡Cuántas experiencias espirituales has tenido!, has dado alojamiento a ángeles bajo tu techo, has cocido alimento para ellos, has visto la ceguera de los que intentaban derribar la puerta de tu hogar, has sentido la cálida mano celestial ayudándote a salir de la perversión y has oído la voz angelical dándote prisa para que huyas de la condenación. Preserva tus experiencias espirituales en el cofre de tu fidelidad a Dios.


No Vaya tan Deprisa Señor Arminiano



Jesús vio venir a Natanael y dijo de él: He aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño. Natanael le dijo: ¿Cómo es que me conoces? Jesús le respondió y le dijo: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi (Juan 1:47-49)

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Seguro que algún arminiano al leer esto sale muy contento y dice “ya lo tengo, Jesús creía en la bondad del corazón de hombre. Nadie me lo puede negar por lo que le dijo a Natanael. Si Jesús hubiera creído en la doctrina de “la depravación total” no le hubiera dicho a Natanael lo que le dijo. ¿Qué más textos quieren?”. No vaya tan deprisa señor arminiano que cuando Jesús dijo lo que dijo no estaba mirando a Natanel por dentro sino por fuera; no le miraba la naturaleza humana sino su carácter, especialmente la sinceridad y honestidad de su profesión religiosa.

Natanael “tomó el rábano por las hojas” puesto que con gran satisfacción preguntó “¿cómo es que me conoces?” (v.48), que si estoy leyendo bien equivale a “¡gracias Rabí, tú me conoces bien, así soy yo, un verdadero israelita y un hombre sin engaño!”. ¿No cree que le faltó un poquitín de humildad? Pudo haber dicho “gracias Señor, me miras con amor y me juzgas mejor de lo que soy, no siempre me he comportado como un verdadero cristiano ni he podido ser tan sincero como hubiera querido”.

Yo no sé lo que hacía Natanael debajo de una higuera pero fue por lo que estaba haciendo allí que le dijeron que eraun verdadero israelita en quien no hay engaño (v.47), aunque supongo que no estaba tomando una siesta puesto que por dormir al medio día a nadie le dicen que es una persona sincera y honesta. Me imagino que tampoco se fue allí a comerse escondido algunos higos, porque por eso tampoco se recibe un aplauso sino una reprimenda.

Era algo privado porque él se asombró que Jesús lo hubiera visto. Lo que se me ocurre es que estaba orando, dando una señal diferente a la hipocresía farisaica de practicar la religión para ser visto por los hombres (Mt.6:5). Lo que Jesús reconoció que era verdadera y sin fingimiento fue su profesión religiosa y si usted encuentra respaldo para su teología arminiana en las palabras de Jesús, lo dejo, es un oyente entretenido, porque más arminianismo hay en la satisfacción de Natanael que en las palabras de amor de Jesús. No vaya tan deprisa señor arminiano.