sábado, 25 de abril de 2015

No lo desperdicies aunque sea poca su bendición

Isaías 65: 8

"Si alguno hallase mosto en un racimo, y dijese: no lo desperdicies, porque hay bendición en él". 
Aquí no está hablando de la naturaleza humana como si hubiera en ella algo bueno sino de gente. Mira a Lot y desecha a Sodoma, mira el mundo y saca a Noé, mira a Israel y elige a Josué y Caleb. ¿Ves esa fruta? Te parece que está podrida toda, pero no, una parte está buena; corta lo malo y separa lo bueno. Si la tiras toda, pierdes una bendición. El Señor ve su remanente, el que no está enfermo y con ese continuará su obra de gracia y sus propósitos. El ojo del Señor ve bien y cuando hay alguna cosa buena en alguien, la tiene en cuenta (1Re.14:13). Esto es un ejemplo de indulgencia divina. Tratar de mirar el carácter de la gente como el ojo divino, buscar en su interior si tiene alguna, aunque sea pequeña, bendición, y por ella perdonarle las otras. No somos perfectos, somos racimos con frutos buenos y otros amargos o podridos; somos una mezcla, un conjunto de cosas aprobadas y desaprobadas por Dios y los hombres. 

La iglesia debe decir a los más exigentes "no lo desperdicies", usa lo bueno que tiene porque de todos modos para nosotros, es una bendición, y tal vez en el futuro esa bendición sea mayor. Y el susodicho continuó en la membresía y con el tiempo su bendición aumentó. Un poquito que aporte, algo que signifique para otros, algo del Señor. No lo desperdicies porque hay en él o ella, bendición. No desperdicies la compañía de alguien aunque sea poca su bendición.

No mires las cosas con espejo de aumento y la gracia con ojos miopes

Zacarías 4. 6-10
"Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos. ¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura; él sacará la primera piedra con aclamaciones de: Gracia, gracia a ella. Vino palabra de Jehová a mí, diciendo: Las manos de Zorobabel echarán el cimiento de esta casa, y sus manos la acabarán; y conocerás que Jehová de los ejércitos me envió a vosotros. Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alegrarán, y verán la plomada en la mano de Zorobabel. Estos siete son los ojos de Jehová, que recorren toda la tierra”. 


Zorobabel principalmente tiene que ser estimulado en su fe, en la confianza que la gracia cubrirá todas las necesidades a su momento, que la construcción del templo requiera. Este buen hombre miraba el futuro proyecto del templo y sólo veía dificultades, montañas de problemas insalvables (como el profeta Hageo); pero el Señor le quita esos temores pidiéndole que deje la obra a cargo del Espíritu Santo y de la gracia suya. Desde la primera piedra hasta su culminación habrá gracia, y él se maravillaría; pronto se hará la obra que Dios ordena que se haga, él suministrará los medios para hacerlo. Por eso se ora ¡gracia, gracia a ella! (v. 7), porque no se puede convertir un monte en un pequeño promontorio y menos en un liso valle si no es por la gracia de Dios. Es una obra de gracia de punta a cabo, desde sus cimientos hasta su techo.  A veces miramos las dificultades con espejo de aumento y la gracia de Dios con ojos miopes. Por gracia y más gracia, “gracia sobre gracia”, es lo que tiene que pedir el pueblo que es lo mismo que decir “por mi Espíritu”. Si el Señor dice que la acabará ¿quién podrá impedirlo? Si los ojos de Jehová recorren toda tierra, pasan por donde yo estoy, y tú  (v.10).  

Fue de Dios que nos maltrataran

Salmo 105.25
“…cambió el corazón de ellos para que lo aborrecieran”. 

¡Qué! ¿Dios fue quien les hizo odiar a Israel? ¿Eso es lo que quiere decir? Eso es dicho después que todo hubo pasado, entonces los judíos decían “fue de Dios que nos odiaran, nos maltrataran y nos expulsaran”, porque cuando algo malo es usado para bien por Dios se suele decir que Dios lo hizo, porque incluso el pecado de otros es utilizado en su plan para bendición de sus hijos. En la mente judía no estaba que Dios había engendrado el pecado sino que lo había transformado todo para bien. Dios endureció el corazón de faraón, o lo mismo, “era de Dios que faraón se endureciera y se volviera obstinado”. Ninguna prueba al principio es causa de gozo ni vemos a Dios en ella pero después produce frutos apacibles de justicia (He. 12:11). Deja que te odien y te desprecien, y te echen, que Dios utilizará la maldad de ellos para tu provecho y así te pondrán a tiempo en el camino que Dios quiere que estés, y mientras en tu senda avances, más seguro estarás que Dios lo hizo, aunque él lo permitiera y no estuviera de acuerdo en lo que te estaban haciendo. Paradójico, pero cierto. Para meditar escoge este texto (Ge. 45:4,5).


miércoles, 22 de abril de 2015

El diablo, el sexo y la violencia son populares


Mateo 8:28-34
Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino. Y clamaron diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo? Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos”.

La desnudez y la violencia lo hicieron populares. La desnudez, o sea el sexo, y la violencia, como al cine, lo hicieron populares. Dos ingredientes para hacer a un hombre o a una mujer famosa. Este hombre era un gadareno endemoniado desde hacía muchísimo tiempo (Luc.8:27), y nota su desnudez que lo hacía conocido entre hombres, mujeres y niños. No es una cuestión natural en público despojarse de ropa, fue, antes de introducirse el pecado pero no ahora que sin recato y con descaro se hace. Es más bien un placer endemoniado que dice, “muéstrate sin ropas hasta donde Adán y Eva se ruborizaban”. Fíjate que se regocijaba en la muerte, andando entre las tumbas. ¿No serán también las populares fiestas de brujas, esqueletos y fantasmas una reminiscencia espiritual del ángel caído, cosas que tienen que ver con la muerte y los cementerios? Por otra parte era violento y feroz, con una fuerza descomunal que podía romper cualquier cadena con que se le atara (Luc.8:29), “y lo ataban con cadenas y grillos pero rompiendo las cadenas era impelido por el espíritu a los desiertos”. El texto aquí dice que le pidieron a Jesús que se fuera de la comarca, no le echaron pero se lo pidieron porque había afectado su economía. Aquel negocio se arruinó. Indudablemente que cuando un hombre es librado de la influencia demoníaca, deja el nudismo y la violencia, y entra en su “cabal juicio”, las compañías que comercian con esas cosas preferirían que Jesús se marchara, que se fueran las iglesias que no les permiten ganar más dinero.

La comarca entera se estremeció con la sanidad de uno de los más populares y agresivos pecadores. Las iglesias debieran desarrollar programas de salvación constantemente, hacia donde están los más feroces enemigos de Dios, los nudistas, los creadores de modas voluptuosas, los ladrones de impuestos, las prostitutas, los homosexuales, las cárceles, etc. Hollywood es un caso. Presumo que muchas tienen miedo entrar en esos dominios y llegar como Jesús con su voz reprendiendo la impiedad. Se hace bastante trabajo misionero con aquellos que no son peligrosos para la sociedad, que fueron criados en hogares respetuosos, que no están desnudos, no rompen cadenas ni balaustres, ni nos miran con ojos desorbitados. Nuestro temor estriba, creo, en que sentimos que no tenemos poder espiritual y que arriesgaríamos nuestra seguridad y prestigio si lo intentamos. Pero la misión de la iglesia no es disfrutar de seguridad y prestigio sino salvar a los pecadores.
Observa la osada iniciativa de Jesús al entrar a su contorno. ¿Qué hizo Jesús para salvar a este hombre? Ya hemos dicho que fue hacia él, contactar con él en su misma cueva, en su mundo, dentro de su cementerio, dentro de su medio. Le llevó su gracia a su propio contexto social de diablos y muertos. No envió por él, fue a buscarlo. Nuestra misión es pedirle al Señor que nos guarde del mal pero que no nos saque de este mundo ni nos meta en iglesias que huyen dentro de sus escuelas y programas, escondiendo a sus miembros del diablo social: el ateísmo, la pornografía, las inmoralidades y desviaciones sexuales. El Señor Jesús  fue al grano del problema, atacando el origen, que no era primeramente ético sino teológico. No comenzó moralizando. Le sacó los demonios antes de pedirle que se pusiera ropa porque avergonzaban sus ojos, o que saliera de su sepulcro, o que fuera a la barbería, peluquería, para que le cortaran el pelo, lo afeitaran y le recortaran las largas uñas, o que se calzara y se curara sus heridas hechas por las piedras. A los hospitales deben ir los que están enfermos pero la iglesia a lo que ha producido todo ese mal, el pecado. Lo principal no era quitarle el pus a las heridas, ni vestirlo ni hacerlo aparecer un ciudadano decente. Él dejaría el nudismo, regresaría a la familia, se vestiría sin estridencias cuando el demonio lo dejara. Si el pecado sale, el impacto social es mucho más grande que comenzando por la regeneración social.

No son técnicos de demonios sino predicadores de la Palabra lo que Gadara necesita. El demonio tampoco sale espantándolo con mímicas apostólicas sin poder alguno sino cuando la palabra de fe entra, y sale el pecado. Excusas diabólicas para quedarse donde está. Al principio del encuentro del hombre con Jesús el diablo muestra resistencia. ¿No resistían los espiritistas a Moisés? Satanás hace resistencia y retarda y obstaculiza la conversión a Cristo. Se puede deducir que la primera y segunda vez el espíritu se defendía resistiendo su palabra. El no cesó. Fíjate que nuestro Señor no se dejó impresionar con las alabanzas satánicas (Luc.8:28), “al ver a Jesús lanzó un gran grito y postrándose a sus pies exclamó: ¿Qué tienes conmigo Jesús, Hijo del Dios Altísimo?”. Como si se identificara con nuestras creencias y no había que hacer ningún cambio. Que era una actitud normal. Le quería decir, “yo te reconozco tus títulos, te llamo como a un doctor, profesor, rabí, Hijo del Dios Altísimo”. Ni siquiera los fariseos lo llamaban así. Decían que era un pecador y Belcebú. Jesús enseñó a sus predicadores y a su iglesia a no buscar los halagos del mundo. Él no se dejó engañar por una declaración teológica verbal. Es cierto que es Hijo del Altísimo, el diablo puede buscar un acuerdo teológico de concordia con tal que lo dejen tranquilo, el mundo se puede perder en la condenación y nosotros estar contentos porque aceptan nuestras doctrinas. Adquirir un credo, declararlo no es suficiente, hay que abandonar la relación con el demonio. Jesús tampoco cedió cuando lo miró en una posición religiosa porque se postró a sus pies confesando aquello. ¿Crees que puedes ser salvo meramente por adoptar una pose religiosa? Aunque estaba de rodillas como un cristiano no era para pensar que ya había ganado la batalla. Las costumbres y actitudes religiosas no pueden sustituir jamás a la conversión a Cristo, postrado, con una confesión teológica en los labios, sigue siendo un endemoniado.

No cedió tampoco al emocionalismo desplegado, el demonio le gritó aquello, llenos los pulmones de aire y emoción. Hay quienes piensan que si gritan están adorando bien y si en un culto no se vocifera sin reverencia alguna no se está adorando como Dios reclama, no se le glorifica. Pero los gritos, las posiciones religiosas, las alabanzas a Jesús pueden no ser más que una máscara con la cual el diablo se nos esconde y disfraza. Es cierto que la religión sin emoción es religión muerta, pero no sólo emoción si el pecado no sale fuera. Si no hay reflexión en la palabra de Dios. Hay otra cosa importante para que no nos dejemos engañar con los que parecen adorar al Señor y aún comulgan con Satanás, la oración contestada. El demonio le pidió ir a los cerdos y Jesús se lo concedió. Una oración contestada no es suficiente para garantizar que se eres salvo, no es una conclusión definitiva. Los demonios recibieron respuesta y fueron a los puercos. Cualesquiera que hayan sido las razones, la inteligencia suprema de Jesús puede estimar que algo conviene a su reino y concedérselo al mismo demonio, las oraciones respondidas son pruebas legítimas que Dios nos tiene como sus hijos, si vivimos como tales, si no vivimos como demonios. Vuelvo al título, el sexo y la violencia son endemoniadamente populares. Se ve en el periódico, el cine y la televisión. Dan mucho rating.

viernes, 17 de abril de 2015

Por tu justicia no te salvas pero triunfas

Salmo 18:20-24
“Jehová me ha premiado conforme a mi justicia; conforme a la limpieza de mis manos me ha recompensado”. 

“El Señor me ha recompensado conforme a mi justicia”. Ten por seguro que la piedad tiene promesa para esta vida presente; si en tu trabajo y vocación eres fiel a Dios, él te recompensará. Esa palabra aparece repetida (vv.20,24). La obediencia y fidelidad a Dios son básicas para obtener el triunfo. Fíjate que este salmo lo escribe David el día que Dios lo libró de "todos" sus enemigos, en el apogeo de su carrera. Sufrió mucho, lloró mucho, suspiró, a veces perdió pero siempre retuvo su integridad (Job 2:3). Aquí David no está hablando de su salvación, como si se ganara por méritos sino para explicar por qué triunfó, y lo asegura: porque fue fiel, y  para animar a otros a vivir del mismo modo. Nota los vv. 6-15 en lenguaje de los poetas y la actuación de Dios en el conflicto; es una combinación de momentos espirituales divinos y reacciones naturales de la creación a su favor. No narra sus estrategias humanas, emboscadas, las armas que usó, no se gloría en el valor de sus hombres, como si por ellos obtuviera el triunfo. El éxito de los santos en sus carreras es espiritual, Dios baja, se pone al lado de ellos, los apoya, los protege, los anima. Se fiel hasta la muerte y tendrás una corona en esta vida (vv. 32-35). Por tu justicia no te salvas, no tienes la vida eterna, pero eres mejor cristiano y triunfas. ¿O es que el mal comportamiento no tiene que ver con las derrotas y la integridad con ganar, y ser “más que vencedor”? David se miró las manos y dijo, están limpias, no tanto como para construir un templo pero sí para triunfar (1Cro.22:8).


martes, 14 de abril de 2015

Ojalá me hubiera quedado al otro lado del río

                                            Josué 7:7
“Y Josué dijo: ¡Ah, Señor Jehová! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos en las manos de los amorreos, para que nos destruyan? ¡Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán!”. 

¿No has tenido esa experiencia, haber lamentado el paso que diste y dices: ¡ojalá me hubiera quedado allá en aquel lugar, al otro lado del Rio Bravo, del Mar Caribe o del Atlántico,  y no haber venido a éste!? Tal vez has dicho, ojalá no me hubiera mudado para este lugar, si me hubiera quedado en mi país mis hijos no se hubieran perdido como hoy los veo, viviendo licenciosamente, usando drogas y menospreciando los estudios; allá hubieran estudiado, los hubiera criado en la antigua moral de mis padres y no serían así como veo que se han puesto, hubiéramos tenido menos pero mi matrimonio estaría mejor; tenemos más pero no somos más felices por eso, hemos cometido muchos errores y no sé cómo salir de ellos y si algunos tienen todavía arreglo. Otro dice: Ojalá no me hubiera casado con este señor o esta señora, lo hice sin pensarlo bien. Oh amado, Josué se quejaba con ese tono pero se equivocaba; no hubiera sido mejor que se quedara allá al otro lado del río porque Dios le había dicho que pasara y lo había ayudado a pasar. Si Dios lo ayudó, ¿cómo hubiera sido mejor que no hiciera lo que hizo? No, lo que hubiera sido mejor es no haber pecado, la decisión fue buena, los proyectos buenos, lo que no había sido bueno es el pecado que se había cometido. Mejor hubiera dicho: “Ojalá no hubiera yo pecado contra Dios de este modo o del otro, ojalá hubiera estudiado más la Biblia, ojalá hubiera enseñado a mis hijos a caminar con Dios”.


Encógete de hombros y deja de lado la culpa

                                            Josué 7:10
“Y Jehová dijo a Josué: Levántate; ¿por qué te postras así sobre tu rostro?”.

Jehová quiso decirle a Josué, “no eres tú el que ha pecado, es Israel el que ha pecado. No quiero que te humilles más ni te sientas culpable de esa derrota, no se ha perdido por culpa tuya sino de ellos, no te hagas responsable de lo que no eres, y ya has orado y te has quejado bastante, estás metido en un círculo vicioso, sale de él, pon en marcha un mecanismo de justicia que me glorifique y resuelva la situación de retroceso (o estancamiento) que permita sacar a la luz el pecado y que se elimine, levántate y deja la conciencia culpable que te desmorona y destruye”. Entre líneas y en el fondo eso fue lo que quiso decirle a Josué después de aquél escándalo y derrota. Así pudiera ocurrirnos. Que oramos desesperadamente y nos quejamos de los fracasos que hemos tenido, pecados o imprudencias cometidas, decisiones mal hechas, movimientos equivocados, en fin algo que perdura en la memoria y sale a flote por cualquier cosa y le produce remordimientos. 

Nos volvemos puros lamentos, descendemos dentro de la situación acusándonos sin salir de ahí, y llega el momento que Dios no quiere vernos más postrados sino accionando si ya sabemos cómo resolver el asunto; hay que localizar el mal que nos dañó y nos quitó la influencia divina, arrepentirnos y santificarnos, y si ya lo confesamos, entonces tomar medidas, y después de esto todo cambiará y veremos que Dios fue fiel y lo es todavía. Desde los vv.10-13 se plantea el problema y se dice cómo resolverlo. Los vv.14,15 añaden al asunto y muestran el veredicto de antemano. Y desde allí hasta el final del capítulo, Dios conduciendo la investigación y el ajusticiamiento del culpable y los cómplices. No eres tú sino ellos, de eso estoy convencido, no te merecen pero debes servirlos, por el momento encógete de hombros y deja de lado la culpa y sigue trabajando.

sábado, 4 de abril de 2015

La tierra guardará como sagrado nuestro polvo

  Isaías 26:19-21
 “Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán”. 

Es difícil pensar que aquí sólo se trata de la renovación de una esperanza fracturada, del regreso del pueblo a su tierra, del cambio de condiciones; es cierto que este texto tiene que ver con todo eso y, que ya lo profetizó Ezequiel sobre los huesos secos, pero aun así, la esperanza cristiana en la resurrección está latente ahí.
Si eres cristiano y conoces la forma de hablar del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento por medio de los profetas, y entras al mundo de ellos con Cristo que es la llave maestra de la Escritura, te regocijarás al descubrir la esperanza de la resurrección de entre los muertos; y como al Espíritu se le salía de la boca, como quien dice se le saltaba, esa maravillosa promesa (Hch. 13: 30-32). Nuestros cadáveres cobrarán vida y al despertar, lo primero que haremos es cantar (v. 19); la tierra no podrá negarse a entregar el polvo de los santos.

Y no sólo yo y tú, porque dice “tus muertos” vivirán. Los venerables cadáveres de los santos ancianos, mis abuelos salvados, aquellas luces mortecinas que cuando conocí parpadeaban para extinguirse. Mi hermano, que me dejó roto el corazón con su partida. Mi linda hermanita, que como una pequeña flor fue arrancada de súbito del pecho de nuestra madre, que aún la llora. Y mi compañero querido que servía al Señor con lo mejor de su juventud. Un día enfermó cuando todos nos reuníamos en el ministerio. Y él no estaba allí. Fue a la reunión pero no llegó. Lo llevaron con dolor al hospital y cuando su joven mujer llegó junto a su cama, él le entregó su última sonrisa, le devolvió el anillo de matrimonio y le dijo: “La muerte nos separa”. Mi vieja madre, que a última hora oyó el llamado de Cristo y se dispuso a leer la Biblia que le di, y arreglar su marcha, resucitará con un cuerpo glorioso, como el de Jesús, un inmerecido regalo de él para ella.
Señor que al acercarme a mi muerte no tenga miedo, que recuerde en ese momento que allí no estaré por la eternidad, que la tierra guardará como sagrado mi polvo y cuando el Creador lo ordene devolverá mi cuerpo; y como resucitan las hortalizas con el rocío así resucitaré yo al mandato del Señor, y ¡Dios mío!, el Señor me recodará porque nos conocemos y al volver preguntará por mí, por este, por el otro, a la tierra del olvido y ella le responderá “aquí lo tienes”.


viernes, 3 de abril de 2015

Muertos invaden a Jerusalén

Mateo 27.52,53
“Y los sepulcros se abrieron, y los cuerpos de muchos santos que habían dormido resucitaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de Jesús, entraron en la santa ciudad y se aparecieron a muchos”.

No hay “domingo de resurrección” si no hay “viernes santo”. Ojalá hubiera dicho que se les aparecieron a toda la ciudad, pero ese no fue el caso, no fue a todos sino a muchos, posiblemente aquellos que los resucitados recordaban con cariño, especialmente sus familiares y amigos, a unos para consolarlos y a otros para exhortarlos a la salvación. Muertos que invaden a Jerusalén, la ciudad cruel, incrédula y sanguinaria, a la cual se le llama “santa ciudad”. No dudo que los muertos en el cielo intercedan por los que recuerdan en la tierra, lo que sí niego es que puedan oír a los que pretenden dirigirse a ellos. No hay comunicación entre esos dos mundos.

Fíjese que el proceso de la resurrección de ellos comienza con la cruz. No resucitaron sino hasta después de la resurrección de Jesús, por cuestión de orden y “preeminencia”, pero las piedras de sus lápidas se partieron antes de que Cristo resucitara, lo cual indica que la esperanza cristiana de la resurrección del cuerpo tiene como precedente la muerte legal de Jesús por los pecados de muchos; y que nadie puede imaginar salir de su sepulcro en victoria si no han sido perdonados sus pecados por la muerte de Jesús. Estas palabras son un regalo de Dios para nuestra esperanza cristiana; aquel terremoto partió las lápidas de los sepulcros y dejaron sus profundas cavidades abiertas para que su temporal residente saliese. El sismo, como por orden divina, con violencia abrió las puertas de la eternidad,  para demostrar que la muerte de la Vida acababa de quitarle el poder al pecado. No que aquellos cuerpos fueran momias que hubieran preservado sus formas; cualquiera que haya sido el estado de corrupción que estuvieran sufriendo, estaban muertos, y la muerte de Jesús los devolvía a la vida.

Dios que sabe dónde se halla sepultado cada santo, eligió aquellos para que retornaran a la vida, testificaran del acontecimiento teológico que los había resucitado, y sus amigos y familiares creyeran en la expiación del pecado hecha por Jesús en la cruz, la completa satisfacción que sirvió su muerte ante la justicia divina y el origen de una nueva esperanza por medio de aquel suceso. Recibían esperanza todos aquellos que habían sido enterrados en santidad, o sea, los que habían vivido en santidad antes de su sacrificio; o sea, que aquellos santos pertenecían a los símbolos y sombras de Cristo en el Antiguo Testamento. Con ese portento se les demostraba la conexión con la historia de la salvación que tenía el sacrificio y la sangre de Jesús. El portento menciona que fueron “muchos” los que resucitaron, que es equivalente a innumerables en términos finales, para dar a entender que Jesús daba su vida por muchos, y que en realidad no serían pocos los que se salven, sino que como hay muchas moradas preparadas por él, así serían muchos los destinados a ocuparlas.

Y en esos muchos, pienso, la fe de ellos sería un desafío a las mentiras de los sacerdotes y de los romanos, que el cadáver había sido robado por los discípulos; desafiarían la versión autorizada del gobierno; y desafiarían la teología de los fariseos que afirmaba que aquel no era Hijo de Dios sino de Beelzebub; y ellos serían muchos para servir como evidencias de la resurrección de Jesús y de la extensión de esa esperanza; podrían decir como los apóstoles, “lo que hemos visto y oído, lo que hemos palpado, lo que hemos contemplado”. La verdad de la resurrección se esparcía por todos lados, no dejando ni género de dudas que había ocurrido y que no era posible la resurrección de entre los muertos. De aquí en adelante muchos morirían pensando saldré de ese sepulcro, no me quedaré ahí eternamente, no podrá retenerme indefinidamente; hoy entro en él y algún día saldré, lleno de vida y con un cuerpo espiritual y glorioso”. Servían para quitar la sonrisa incrédula del rostro de los escépticos y burladores que la negaban y servían para resolver el complicado dilema de la desintegración del cuerpo y su única solución: La muerte de Jesús en la cruz. No puede haber para nadie “domingo de resurrección” si no tiene su “viernes santo”.


jueves, 2 de abril de 2015

La verdad y la mentira sobre la resurrección, brotaron juntas

Mateo 28:12-15
“Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados, diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos. Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo. Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy”

¿Cómo pudieron pensar vanamente que apilando todas las cosas sobre un hecho tan grande podrían esconderlo definitivamente? La corrupción de dos testigos no podía impedir, ni impidió el conocimiento de un hecho "indubitable, certísimo" (Luc.1:1; Hch.1:3). Como puedes ver, Mateo no dedica mucho espacio para darnos evidencias de la resurrección; si quisiéramos reunir más pruebas hay que consultar a los otros evangelistas y a las epístolas de Pablo; pero su trabajo está bien hecho porque trata sobre un rumor calumnioso que se dispersó por aquellos días: El informe de la guardia que custodiaba la tumba. Esas pruebas indubitables, si se hubieran convertido en discípulos y hubieran dado sus testimonios al mundo entero hubiera sido hermoso. Pudieran haber dado testimonio de la verdad pero no lo hicieron, les pasó lo mismo que a Judas, vendieron la verdad, aceptaron soborno; el dinero y la codicia les cegó los ojos no sólo para silenciar la verdad sino para invertirla dispersando mentiras donde debían haber dicho lo que pasó. ¿Es que no se daban cuenta aquellos hombres que estaban tratando de tapar no un suceso aislado, la muerte de un criminal, los errores de ellos, sino del hombre más extraordinario de todos los tiempos? Jamás ha habido gente con menos amor por la verdad que estos líderes religiosos (2 Te. 2: 10-12). Alma, si no amas la verdad no serás salva. Desde entonces millares de judíos basaban su incredulidad y rechazo de Jesús refiriéndose al testimonio de los soldados y así los que no tuvieron forma de entrevistarlos a ellos ni conocer de cerca sus declaraciones, fueron confirmados en el escepticismo. ¿Es válido un testimonio por antiguo que sea? ¿No hubo un abogado que los investigara? No. A ellos no les interesan esas cosas ni los discípulos tenían dinero para aclarar la verdad de los hechos. La verdad y la mentira brotaron paralelamente, unos creían una cosa y otros otra, la versión oficial del gobierno o el testimonio de la iglesia. Tú decides, y de esa decisión depende la vida eterna. Tienes dos historias (Te.2:10-12), una secular y otra religiosa, una oscura y otra clara, una falsa y otra verídica, una escrita por gente indiferente y enemiga y otra por amigos amados. Opta por la mejor.