viernes, 17 de abril de 2015

Por tu justicia no te salvas pero triunfas

Salmo 18:20-24
“Jehová me ha premiado conforme a mi justicia; conforme a la limpieza de mis manos me ha recompensado”. 

“El Señor me ha recompensado conforme a mi justicia”. Ten por seguro que la piedad tiene promesa para esta vida presente; si en tu trabajo y vocación eres fiel a Dios, él te recompensará. Esa palabra aparece repetida (vv.20,24). La obediencia y fidelidad a Dios son básicas para obtener el triunfo. Fíjate que este salmo lo escribe David el día que Dios lo libró de "todos" sus enemigos, en el apogeo de su carrera. Sufrió mucho, lloró mucho, suspiró, a veces perdió pero siempre retuvo su integridad (Job 2:3). Aquí David no está hablando de su salvación, como si se ganara por méritos sino para explicar por qué triunfó, y lo asegura: porque fue fiel, y  para animar a otros a vivir del mismo modo. Nota los vv. 6-15 en lenguaje de los poetas y la actuación de Dios en el conflicto; es una combinación de momentos espirituales divinos y reacciones naturales de la creación a su favor. No narra sus estrategias humanas, emboscadas, las armas que usó, no se gloría en el valor de sus hombres, como si por ellos obtuviera el triunfo. El éxito de los santos en sus carreras es espiritual, Dios baja, se pone al lado de ellos, los apoya, los protege, los anima. Se fiel hasta la muerte y tendrás una corona en esta vida (vv. 32-35). Por tu justicia no te salvas, no tienes la vida eterna, pero eres mejor cristiano y triunfas. ¿O es que el mal comportamiento no tiene que ver con las derrotas y la integridad con ganar, y ser “más que vencedor”? David se miró las manos y dijo, están limpias, no tanto como para construir un templo pero sí para triunfar (1Cro.22:8).