jueves, 22 de junio de 2017

La Biblia, un libro hecho con martillo, plumas y tinta

ÉXODO 36:9-38
“Y Bezaleel, Aholiab y toda persona hábil en quien el Señor ha puesto sabiduría e inteligencia para saber hacer toda la obra de construcción del santuario, harán todo conforme a lo que el Señor ha ordenado” (36:1). 

Una casa apropiada para el desierto, transportable, preciosa, bella y sagrada. El pueblo sabía que fue diseñada por Dios, que miraban un modelo divino, no algo bajado del cielo sino fabricado por ellos, por hombres muy dotados por el Señor y estrictamente ajustados a los diseños de él; pero ellos también habían tenido participación en su construcción. Pasando por enfrente quizás podrían reconocer algo de lo que habían dado o hecho, oro, telas, madera, etc. El tabernáculo se parece a la formación de la Biblia. ¿Qué, es un libro escrito por hombres? Sí, ¿y qué? El diseño de ella es divino pero muchos hombres y mujeres han trabajado primorosamente en su construcción. ¿Quieres hallar la verdad? Escudriña la Escritura, inclusive lo que cantaron Moisés y Miriam. Estúdialos a ellos, la experiencia cristiana que tuvieron, la fe o carencia de ella, lo acertados y desacertados que estuvieron, sus fidelidades y pecados, cómo se rebelaron y fueron perdonados. Fíjate y piensa en Caín, en la serpiente antigua, en Balaán el falso profeta, en Anás, Caifás y Judas Iscariote. Ponlos en la mirilla de tu estudio y descubre lo que el Espíritu Santo nos dijo por medio de sus vidas. Escucha a Satanás cuando habla con Jesús, y óyelo a él en el huerto y en la cruz. En la Biblia siempre hallarás huellas de hombres y huellas de Dios, mensajes labrados, palabras primorosas, la gloria y presencia de Dios en ella. Tiene las huellas de Moisés, de Josué, de Esdras, Nehemías, Pablo, Juan, Pedro. Y también de vidas que no escribieron nada en ella sino sus historias como Rut la moabita, Timoteo, Tito y Epafrodito, Evodia, Síntique y Priscila. Dios contando la verdad sobre la experiencia humana, escribiendo su revelación por manos de hombres. Es un libro para mí, el mejor de cuantos los hombres hayan escrito.


Como el tabernáculo, es una obra de Dios y de hombres, para los hombres; de hombres para los hombres; la revelación celestial, el mensaje divino, fundido y martillado, esculpido, labrado, tejido y teñido, por manos de hombres capacitados y santos. “Aquellos varones hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”, con martillo, plumas, pergaminos y tinta (2 Pe.1:21).

miércoles, 21 de junio de 2017

Golpes de martillo

ÉXODO 25:31-40

“Harás además un candelabro de oro puro. El candelabro, su base y su caña han de hacerse labrados a martillo”. 

Este candelero, si sigo a Juan en su visión en Apocalipsis (Apc.1:12,13), debe representar a la iglesia de Dios en la cual brilla su presencia, y alumbra en toda la tierra. Oh hermano, la iglesia es un instrumento sagrado, y su luz, la del Espíritu, es la más brillante y hermosa que ojos humanos han visto. Es significativo y además curioso que el candelabro no debió hacerse en algún molde, sino por medio de golpes de martillos; no quedaría tan perfecto como si se fundiera como ya he dicho, en un recipiente con su forma, pero ese no era el propósito, que pareciera perfecto sino que sufriera los golpes, y sus golpes precisamente le dieran su forma y fueran visibles y quedaran como constancia, que los malos momentos y circunstancias vividas por la iglesia forman parte intrínseca y son realmente los que le dan forma. Una Iglesia, concretamente una vida cristiana, donde los golpes de martillo no sean visibles y que sólo se aprecie regocijo, buen humor y la marcha de las cosas buenas, es dudoso que esa vida o esa iglesia tengan una formación sagrada. La vida del creyente en Cristo no es tanto una obra de arte sino más bien el ejercicio de un orfebre instruido por Dios que golpea la forma y el fondo de ella hasta que aparezca el emblema de Cristo desde una punta hasta la otra.

lunes, 19 de junio de 2017

La verdadera “revitalización” de las iglesias

HECHOS 18:18-28 
“18 Mas Pablo, habiéndose detenido aún muchos días allí, después se despidió de los hermanos y navegó a Siria, y con él Priscila y Aquila, habiéndose rapado la cabeza en Cencrea, porque tenía hecho voto. 19 Y llegó a Efeso, y los dejó allí; y entrando en la sinagoga, discutía con los judíos, 20 los cuales le rogaban que se quedase con ellos por más tiempo; mas no accedió, 21 sino que se despidió de ellos, diciendo: Es necesario que en todo caso yo guarde en Jerusalén la fiesta que viene; pero otra vez volveré a vosotros, si Dios quiere. Y zarpó de Efeso. 22 Habiendo arribado a Cesarea, subió para saludar a la iglesia, y luego descendió a Antioquía. 23 Y después de estar allí algún tiempo, salió, recorriendo por orden la región de Galacia y de Frigia, confirmando a todos los discípulos. 24 Llegó entonces a Efeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. 25 Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan. 26 Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios. 27 Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; 28 porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo”.


El pasaje tiene dos partes. La primera el uso que pueden hacer de la Ley mosaica los que han sido salvos por la gracia de Dios, y la segunda lo que pueden hacer los creyentes en Jesús que no están doctrinalmente completos. Observa la forma de la ley y Pablo. Pablo utiliza la ley ceremonial para su consagración a Cristo. Eso se sabe por el voto que hizo. Tal vez en respuesta a la misericordia de Dios mostrada en su fructífero ministerio en Corinto, y a pesar de encontrar tantos enemigos no sufrir ningún daño. No escogió cantar tantos salmos, hacer algunas donaciones filtantrópicas o alguna especie de castigo corporal; no hizo un voto nacido de su propia elección sino uno de aquellos que se podían hacer por medio de la Ley y con los cuales estaba familiarizado, declararse nazareo por un tiempo, un voto de más consagración, utilizando aquellos mandamientos dados por Moisés para separarse más de todo y acercarse a Dios (Num.6).

La Ley moral era para Pablo un medio para “conocer el pecado” (Ro.7:7); la legal estaba dada principalmente para las cuestiones civiles y el ciudadano (1Ti.1:9,10) y por eso la predicaba juntamente con su evangelio, y la ley ceremonial se la aplicaba para acercarse al Señor y separarse del mundo. Después de una gran bendición debiéramos hacer algunas temporales renuncias que nos permitan consagrarnos más al Señor, si tomamos a Pablo como un ejemplo de dedicación espiritual.
La frase “es necesario que yo guarde en Jerusalén la fiesta (Pentecostés)...” (v.21) no aparece en algunos manuscritos y muchas versiones la omiten. Para algunos lo que hizo es un acto gentilmente incomprensible de Pablo, que habiendo enseñado y sostenido que no es necesario guardar la ley, él precisamente se someta voluntariamente a un rito de ella. Es parecido a lo que hizo cuando circuncidó a Timoteo (16:3) y cuando se purificó y pagó los votos de aquellos judíos (21:24); todo en concordancia con “hacerse todo para ganar algunos” (1Co.9:20-22); el mismo espíritu que le hizo estar de acuerdo con las mínimas condiciones legales que sus compañeros aprobaron en el concilio en Jerusalén (15:20,29). Esta primera porción sirve de introducción al asunto de Apolos.  
En esta otra porción, mira cómo unos creyentes aprenden de otros. Para algunos, especialmente en Corinto, un líder competidor de Pablo (1 Co. 1:12; 3:4-6; 3:22), pero que era más bien su colaborador con mucha independencia mental (1 Co. 16:22). No se escribió específicamente para rebajar la altura de Apolos, que por el contrario se exalta bastante, sino para la instrucción de sus seguidores y que supieran de la colaboración doctrinal que existía entre los convertidos por Pablo y el mismo Apolos y que éstos debían, como su líder humildemente lo hizo, rectificar sus doctrinas con las enseñanzas de Pablo; es una forma discretísima de Lucas para invitar a los convertidos con Apolos a tomar una actitud semejante a la de su líder máximo. Si así lo hacen, aprendiendo “más exactamente el camino del Señor (Jesús)” (vv.25,26), con el espíritu fervoroso de él, podrían ser de mucho más beneficio a la iglesia del Señor.

Apolos fue ante todo un edificador de la iglesia (“yo planté Apolos regó 1 Co.3:6), de “los que por la gracia habían creído” (v.27). No es que no tuviera nuevos convertidos porque si refutaba a los judíos algunos de ellos se convertirían, sino que no “abría obra nueva”, no era un evangelista o misionero, sino un líder muy útil a la iglesia ya establecida; y tiene su mérito.
Antes de hablar con Aquila y Priscila Apolos sólo conocía hasta el bautismo de Juan, esto incluye el ministerio de Jesús, porque en la versión Reina-Valera donde dice que “enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor” (v. 26) debería decir “lo concerniente a Jesús”. Lo que sí al menos puedo estar casi seguro, por los discípulos que se encontraron en Éfeso (19:1-7).
Es que Apolos en esa época desconocía el testimonio del Espíritu Santo. Ya desde los tiempos del ministerio de Jesús había algunos creyentes en Jesús que no andaban con el grupo (Mr. 9:38-40). Se sabe que por mucho tiempo existieron grupos que no testificaban de la existencia del Espíritu Santo en sus comunidades. Sabían hasta la resurrección del Señor, pero no del derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés.
Cualquiera de estas observaciones son suposiciones. Lo importante es que eran de bendición para la iglesia a pesar de su deficiencia doctrinal; y no es ésta una excusa para perpetuarla habiendo otros hermanos que conocen más y están dispuestos a compartir con nosotros sus libros, seminarios y conocimientos. No se trata de decidir entre perfección doctrinal y “espíritu fervoroso” y “gran vehemencia” (vv.25,28) puesto que el pasaje muestra que es posible y una necesidad la unión de todas esas cualidades para que ese poder en el conocimiento, manejo y argumentación escritural sea definitivamente santificado y utilizado con más provecho dentro de las iglesias por la gracia de Dios constituidas (vv.24, 27).
Los líderes de la iglesia primitiva querían incluir dentro de un solo cuerpo, la iglesia, a todos los creyentes con más o menos conocimiento de Jesús, los “débiles y fuertes”, para usar palabras de Pablo; formar una unidad no por la fuerza o contratos sino para la conveniencia en la transmisión del evangelio auténtico. Esta es la verdadera “revitalización” de las iglesias, que no consiste en una reestructuración eclesiástica y la creación de modernos métodos y estilos de evangelización, sino en la perfección de sus enseñanzas y la unción sobre sus doctrinas. Esto es lo que pueden hacer con la ley mosaica los que por la gracia de Dios han creído en Jesús.



martes, 13 de junio de 2017

No hagas una réplica del Espíritu Santo

EXODO 30:22-31
“Habló más Jehová a Moisés, diciendo: Tomarás especias finas: de mirra excelente quinientos siclos, y de canela aromática la mitad, esto es, doscientos cincuenta, de cálamo aromático doscientos cincuenta, de casia quinientos, según el siclo del santuario, y de aceite de olivas un hin. Y harás de ello el aceite de la santa unción; superior ungüento, según el arte del perfumador, será el aceite de la unción santa. Con él ungirás el tabernáculo de reunión, el arca del testimonio, la mesa con todos sus utensilios, el candelero con todos sus utensilios, el altar del incienso, el altar del holocausto con todos sus utensilios, y la fuente y su base. Así los consagrarás, y serán cosas santísimas; todo lo que tocare en ellos, será santificado. Ungirás también a Aarón y a sus hijos, y los consagrarás para que sean mis sacerdotes. Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Este será mi aceite de la santa unción por vuestras generaciones”.

Esto como yo lo veo, tiene que ser una figura del Espíritu Santo. La santa unción que consagra las cosas más santas de nuestro culto a Dios; cualquiera cosa puede estar bien hecha, primorosa y de oro, expiada con sangre, perdonada, pero aún necesita la unción del Espíritu Santo. No podía ser reproducido ni imitado (vv.32,33). Oh Señor, aunque nos hayas perdonado, ayúdanos a andar en el Espíritu. Eso de imitación ¿no tendrá que ver con dos cosas: “fe no fingida” y “amor sin fingimientos”? (Ro.12:9; 1Ti.1:5; 2Ti.1:5).

Y puede que, con la imitación emocional de las obras del Espíritu, lenguas, éxtasis y cosillas parecidas, que pudiera Dios darlas porque es soberano, y que no deben ser fingidas, haciéndole mímica a fulano o mengano, que son líderes que parecen tenerlas. Debía haber diferencia entre lo santo y lo profano y que cuando se respirara el ambiente, especialmente el cuerpo, se notara la diferencia; y que un cuerpo pecaminoso no oliera a sagrado. Era casi obsceno que una dama perfumada oliera a aceite sacerdotal, y que un cualquiera, digamos, ignorante o fanático, haga una réplica, una copia espuria del Espíritu Santo y engañe al resto de sus simplones hermanos.

lunes, 5 de junio de 2017

Pablo, empieza a evangelizar en Atenas

HECHOS 17:16-21 
   
“[16] Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía dentro de él al contemplar la ciudad llena de ídolos. [17] Así que discutía en la sinagoga con los judíos y con los gentiles temerosos de Dios, y diariamente en la plaza con los que estuvieran presentes. [18] También disputaban con él algunos de los filósofos epicúreos y estoicos. Y algunos decían: ¿Qué quiere decir este palabrero? Y otros: Parece ser un predicador de divinidades extrañas—porque les predicaba a Jesús y la resurrección. [19] Lo tomaron y lo llevaron al Areópago, diciendo: ¿Podemos saber qué es esta nueva enseñanza que proclamas? [20] Porque te oímos decir cosas extrañas; por tanto, queremos saber qué significan. [21] (Pues todos los atenienses y los extranjeros de visita allí, no pasaban el tiempo en otra cosa sino en decir o en oír algo nuevo)”.

Observa la impresión que le produce la capital griega al apóstol. Se “enardecía” o más bien “exasperaba”; se mostraba disgustado e impaciente con los muchos ídolos que miraba por todos lados. ¿En todas las ciudades no era lo mismo? En Éfeso, en Tesalónica, en Corinto, era igual. En cada esquina había un ídolo y en cada plaza un altar. Entonces ¿por qué tanta emoción con Atenas? ¡Porque era la Atenas del mundo, el intelecto del imperio! Para el apóstol era increíble que donde había tanta cultura existiera tanta gente idólatra. A nosotros cuando vemos lo lejos que están de Dios las universidades nos pasa lo mismo. Una cultura tan grande como la de occidente y religiosamente tan equivocada. Atenas nos enseña que una ciudad además de universidades necesita iglesias.
En el relato la discusión con los judíos atenienses ocupa poco interés en relación con la predicación en el areópago con los filósofos epicúreos (cuya finalidad era encontrar la felicidad, “comamos y bebamos, hagamos cualquier cosa que nos guste”) y los estoicos, (“hay que suprimir los deseos y ser guiados por la conciencia, eliminar los miedos y cualquiera otra emoción”).

Permíteme por unos minutos reflexionar sobre los lugares para la evangelización. El apóstol se dirige a predicar, en esa época y en esa sociedad, al lugar adecuado, en “la plaza” “calle” “mercado” donde se reunía la gente para comprar o estar. No comenzó alquilando una casa e invitando al pueblo que viniera (eso lo hizo cuando estaba preso). La casa, como la de Jasón, después aparecería (17: 5). Primero la formación del grupo y más tarde habría tiempo, ideas y medios para conseguir un local para reunirse.
Es en esos lugares públicos donde, si se nos permite, repartimos tratados y procuramos hablar con la presurosa gente que es diferente de aquella otra. Los atenienses pasaban mucho tiempo en esos sitios, la vida de ellos era lenta y deseaban tener alguien para hablar de algo nuevo porque se aburrían muchísimo. Aquellas personas con su apetito por lo novedoso sí son parecidas a la gente de hoy pero la vida de ellos era menos agitada que la actual, que cuando las personas van al mercado van corriendo y quieren irse pronto y generalmente no quiere platicar con extraños. Los mercados y sitios públicos modernos son excelentes para la propaganda comercial pero no para sostener una seria y reflexiva discusión, teniendo ellos tantas ganas de irse. Además, ese campo para la evangelización ha sido religiosamente maleado por el exceso de uso. Proselitistas de todas las religiones lo usan continuamente, cansándolo más bien que otra cosa.

Es mejor el testimonio individual de amigo a amigo, vecino a vecino, hermano a hermano y compañero a compañero. Un conocido habla a otro conocido en el tiempo y el lugar adecuado y deja esa otra forma de evangelización para los productos comerciales. La visitación en las casas tiene algún resultado si se visitan muchas, si se hacen citas previas, pero a rumbo o a la suerte es menos fructífero.
Pablo, se hallaba preparado teológicamente para predicar el evangelio a estos fríos hombres de letras. Si sigues con tu vista verás que les predicaba “a Jesús y la resurrección”. Los filósofos entendieron que les hablaba “de religión” (otros dioses). El apóstol no tuvo interés en ser abstracto o discutir acerca de “la felicidad” y ni siquiera del “dominio propio”. Y si tocó esos asuntos fue desde la predicación de Cristo y su resurrección, o sea, la felicidad en el testimonio y los padecimientos de Cristo y el Espíritu Santo como Espíritu de control de los apetitos, etc. No fue una discusión para conocer quién sabía más, quién era más culto que quién. Nada de eso. Se limitó a contarles la historia de Jesús, su muerte y resurrección abriendo para esos filósofos una esperanza que era lo que verdaderamente ellos no tenían y en el fondo más querían, la continuidad más allá de la muerte, no tanto la felicidad o el control del cuerpo sino una mejor explicación para vivir.
Por último, en esta sección, los filósofos juzgaban que Pablo era un charlatán o un “palabrero” “uno que se gana la vida recogiendo desperdicios” (nota en la BDA). Como quiera que sea, tenían una inicial mala opinión de él. Posiblemente un individuo sin ideas propias sino recogidas de aquí y de allá, sin una preparación consistente. Alguien que no estudia, sino que repite lo que oye. Era una forma de burlarse. De antemano no lo tomaban en serio ni tomarían en serio lo que dijera, pero de todos modos querían oírlo. Y a pesar de tan desfavorable opinión, predicó y algunos creyeron al evangelio.


El Legado de Martin Lutero (parte II)

-->
“En diciembre de 1525, Lutero publicó su obra magna la Esclavitud de la Voluntad (libre albedrío). Esta obra fue tan significante que el gran teólogo de Princeton, Benjamín Warfield la saludó como “el Manifiesto de la Reforma Protestante”. Packer también le dio un saludo cordial diciendo “una brillante y vigorosa ejecución, una obra maestra”, y “la más grande pieza teológica que brotó de la pluma de Lutero”. Sobre La esclavitud de la Voluntad, Packer concluye “ninguna de las obras de Lutero excede a esta”.
“Esta brillante obra trata sobre la inhabilidad de una persona no regenerada para creer el evangelio de Cristo. En el prefacio, Lutero da gracias a Erasmo por el hecho de “ir a la raíz de la controversia”. En lugar de molestarlo como otros tratando asuntos periféricos acerca de “el papado, purgatorio, indulgencias, y otras tonterías”, Erasmo desafió a Lutero en el asunto central: tú has atacado en cuanto al papado el punto clave y esencial”. Erasmo había atacado el nervio central del asunto, la cuestión de la salvación, y Lutero lo había enfatizado contundentemente que la salvación es completamente por la gracia de Dios. La doctrina de la justificación por fe solamente ha sido llamada “artículo sobre el cual se levanta o cae la iglesia”. Pero un asunto mucho más profundo que la mera superficie. ¿Dónde está la fuente de la fe que justifica? O puesto de otra forma ¿la fe salvadora se origina dentro del hombre natural? ¿Acaso puede un hombre que no está regenerado por el espíritu Santo, muerto en delitos y pecados, cegado por satanás, tener la capacidad para creer en Cristo por sí mismo? O ¿debe la fe salvadora ser dada por Dios primero como un don soberano de su gracia? Lutero fue convencido de esto último asunto. Lutero aseguraba que la fe salvadora requiere al ser explicada, que ningún hombre la tiene, ni puede hacer nada por sí mismo para tenerla.
“Ninguna persona no regenerada puede creer en Cristo aparte de la soberana gracia de Dios. La capacidad para confiar en Cristo, argumentaba Lutero, viene solamente de Dios: y estas fueron sus palabras “ningún hombre ha sido suficientemente humillado hasta que se dé cuenta que la salvación está completamente fuera de sus poderes, de sus medios, de sus esfuerzos, de su voluntad, y de sus obras, y que depende completamente de la elección, voluntad, y la obra de otro, principalmente de Dios solamente. Porque mientras él no se ha persuadido que por sí mismo no puede hacer la más mínima cosa acerca su salvación, entonces retiene algo de su auto confianza y nunca desespera de sí mismo, y por lo tanto no está humillado delante de Dios, pero presume que hay, o al menos espera o desea que debe haber, algún lugar, tiempo, y obra que él pueda hacer y que de esa manera pueda obtener la salvación. Pero cuando un hombre no tiene duda alguna y depende completamente de la voluntad de Dios, entonces el completamente se convence por sí mismo, de sus esfuerzos, y decide no hacer ya nada por sí mismo, sino que espera en Dios y que Dios trabaje, entonces es cuando únicamente viene la gracia de Dios y puede ser salvo” (pags.42,43, Steven J. Lawson, pags; editado. por R.C. Sproul y Stephen J. Nichols, The Legacy Of Luther ).  

Pastor, Humberto Pérez____________________________________________
Si desea recibir MIS NOTAS Y EXPOSICIONES  BÍBLICAS,  oprima el enlace y escriba SUSCRIPCIÓN

sábado, 3 de junio de 2017

No vinimos a este mundo por un salto cualitativo de una ostra

SALMO 104:30
“…envías tu espíritu y son creados”.

Cada uno de nosotros puede gustosamente ser llamado un “creacionista” porque entendemos que el mundo fue hecho por Dios y no nos vino como un resultado de la casualidad ciega. Fue hecho por Dios por medio de Cristo, para Cristo y a él lo ha encomendado para que lo sustente (Col. 1:16,17). Nuestro Señor, el que murió en una cruz para salvar la iglesia es quien tiene toda la potestad tanto en el cielo como en la tierra, quien mantiene encendido el sol y la luna girando alrededor de la tierra.  Y ¿cómo Cristo sustenta el mundo? Por medio de las leyes a las cuales él destinó. Sabemos que este mundo está gobernado por leyes, eso es lo que la ciencia nos dice, pero no menciona el hecho de por qué esas leyes existen, y por qué funcionan; y las mencionan sin un legislador.
En nuestro texto hallamos una forma particular de ejercer su control sobre el mundo, cuando dice que Dios se mantiene renovando la faz de la tierra. Y eso ¿por qué? Porque inexorablemente lo que vive tiene que envejecerse y morir. Los ríos, los montes, las aves, los animales y los seres humanos. Los mismos cielos se dice que se envejecerán y serán mudados. Dios no espera que se acabe un mundo para crear otro, sino que va constantemente manteniendo el equilibrio biológico y entre muertes y nacimientos mantiene el mundo poblado.

La hierba que es hoy mañana no será, nosotros hemos reemplazado a los que murieron hasta que también nosotros seamos reemplazados por otros que a su vez también serán substituidos sobre la faz de la tierra. Es el Señor quien nos envió para renovar con nuestro nacimiento la faz de la tierra y cuando lloraban algún ser querido nuestros padres se regocijaban con nuestro nacimiento; hasta que un día será a la inversa y mientras lamenten nuestra salida del mundo un niño o una niña habrá sido elegida por Dios para sustituir el vacío que habremos dejado, que pudieran ser nuestros hijos y nietos.


Quiero además que notes la forma exacta de hablar sobre la repoblación del mundo. El salmista, aunque conoce bien cómo se reproducen los seres vivos, no habla en lenguaje científico diciendo: “ciclos de vida” “índice de natalidad” “explosión demográfica” “control de las especies”, etc. Cuando un ave empolla sus huevos es que Dios está creando, cuando una oveja se halla en estado de gestación, cuando una mujer sale encinta, es que Dios envió su Espíritu a su vientre y está creando, de modo natural, un ser humano en su vientre. Prescinde por completo del proceso natural de reproducción, no menciona ninguno, aunque la vida sea un producto que se transmite. La creación de esta manera no es como la inicial, pero Dios por estos medios naturales se mantiene creando, manteniendo por medio de su Espíritu las leyes genéticas que permiten la reproducción. La intención del salmista es afirmar que el hálito de vida proviene de Dios, sea en germen, en cada célula, es una creación suya. El hombre elige la forma de vida, natural o artificial pero no puede hacer la vida misma. Es Dios quien repuebla el mundo y el que dice quien ha de nacer y morir, cualquiera que sea el medio para reproducirse que esa persona escoja. Usted y yo vinimos a este mundo porque Dios nos creó por medio de nuestros padres, porque el origen de la vida es Dios mismo, no un imposible salto cualitativo. Hay que tener más fe para afirmar que la materia inorgánica se vuelva orgánica, y lo que está muerto adquiera vida, simple o muy complicada vida, que para pensar en un Creador y en uno que resucitó, dando esperanza a los condenados a muerte. El uso de la teoría de la evolución, propuesta por Carlos Roberto Darwin, quien murió con una Biblia sobre el pecho, ha sido utilizada por los ideólogos agnósticos, para explicar suposiciones de aberrada incredulidad.