martes, 13 de junio de 2017

No hagas una réplica del Espíritu Santo

EXODO 30:22-31
“Habló más Jehová a Moisés, diciendo: Tomarás especias finas: de mirra excelente quinientos siclos, y de canela aromática la mitad, esto es, doscientos cincuenta, de cálamo aromático doscientos cincuenta, de casia quinientos, según el siclo del santuario, y de aceite de olivas un hin. Y harás de ello el aceite de la santa unción; superior ungüento, según el arte del perfumador, será el aceite de la unción santa. Con él ungirás el tabernáculo de reunión, el arca del testimonio, la mesa con todos sus utensilios, el candelero con todos sus utensilios, el altar del incienso, el altar del holocausto con todos sus utensilios, y la fuente y su base. Así los consagrarás, y serán cosas santísimas; todo lo que tocare en ellos, será santificado. Ungirás también a Aarón y a sus hijos, y los consagrarás para que sean mis sacerdotes. Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Este será mi aceite de la santa unción por vuestras generaciones”.

Esto como yo lo veo, tiene que ser una figura del Espíritu Santo. La santa unción que consagra las cosas más santas de nuestro culto a Dios; cualquiera cosa puede estar bien hecha, primorosa y de oro, expiada con sangre, perdonada, pero aún necesita la unción del Espíritu Santo. No podía ser reproducido ni imitado (vv.32,33). Oh Señor, aunque nos hayas perdonado, ayúdanos a andar en el Espíritu. Eso de imitación ¿no tendrá que ver con dos cosas: “fe no fingida” y “amor sin fingimientos”? (Ro.12:9; 1Ti.1:5; 2Ti.1:5).

Y puede que, con la imitación emocional de las obras del Espíritu, lenguas, éxtasis y cosillas parecidas, que pudiera Dios darlas porque es soberano, y que no deben ser fingidas, haciéndole mímica a fulano o mengano, que son líderes que parecen tenerlas. Debía haber diferencia entre lo santo y lo profano y que cuando se respirara el ambiente, especialmente el cuerpo, se notara la diferencia; y que un cuerpo pecaminoso no oliera a sagrado. Era casi obsceno que una dama perfumada oliera a aceite sacerdotal, y que un cualquiera, digamos, ignorante o fanático, haga una réplica, una copia espuria del Espíritu Santo y engañe al resto de sus simplones hermanos.