lunes, 29 de noviembre de 2010

Los que no ven al Invisible están ciegos


2 Reyes 6:18,19

“Y luego que los sirios descendieron a él, oró Eliseo a Jehová, y dijo: Te ruego que hieras con ceguera a esta gente. Y los hirió con ceguera, conforme a la petición de Eliseo. Después les dijo Eliseo: No es este el camino, ni es esta la ciudad; seguidme, y yo os guiaré al hombre que buscáis. Y los guió a Samaria”. “Hirió con ceguera… seguidme y yo os guiaré al hombre que buscáis”.


¿Qué te parece, los sirios tienen a Eliseo enfrente, quieren capturarlo, hablan con él pero no lo reconocen? ¿Cómo pueden seguirlo si supuestamente están ciegos? ¿Porque tienen los ojos abiertos y no ven? Voy a explicar con este caso lo que ocurre a toda la gente que no cree en Dios. La ceguera de ellos no está precisamente en el globo del ojo o en la retina sino donde se envían los pensamientos y las imágenes y se razonan las cosas. En el cerebro.


A los sirios el Señor los hirió con ceguera y aunque se le llama así no quiere decir que estaban en completa oscuridad porque no hubieran podido seguir a Eliseo a ninguna parte. No era un problema ocular. Tenían los ojos abiertos y podían andar detrás de una persona, actuar como personas normales. La ceguera de ellos era mental como dice un comentarista “es una ceguera mental, similar al caso mencionado en Ge. 19:11, o sea, que aunque un hombre mantenga sus ojos abiertos no puede ver correctamente” (Keil & Delitzsch commentary). Como los sonámbulos. En buena teología se puede decir que como castigo “Dios los entregó a una mente reprobada para hacer cosas que no convienen” y que la ceguera que les envía consiste en que los abandona al príncipe de este mundo que no les permite que les resplandezca la luz de Cristo.


Los que no ven al Invisible están ciegos. Están poseídos por un sueño muy profundo y sufren sonambulismo, una especie de entretenimiento hipnótico con el mundo. Las luces de la Revelación están encendidas y no las ven. Confunden los hombres con árboles que andan (Mr. 8:24), porque Darwin les enseñó que tienen un tronco común.


Los hombres que querían romper la puerta de la casa de Lot y violar a los ocupantes ninguno dijo “ay mis ojos, no veo, he perdido la vista”. Actuaban como si vieran pero no veían. Tenían la puerta estrecha enfrente y no daban con ella ni “palpando” (Hch. 17:27). Quiero decir que fue como si Dios se las hubiera escondido y ellos no percibían la realidad que tenían al alcance de los ojos y de la investigación. Es que la existencia de aquella realidad escondida tenía que discernirse espiritualmente (1Co. 2:14; He. 11:3,7). Otro caso similar. El de los nazarenos que querían despeñar a Jesús y él pasó por en medio de ellos y escapó (Luc. 4:30). No que se hubiera hecho invisible sino que Jesús se convirtió en una irrealidad para ellos y casi topándoselos pasó como si no existiera y en un momento, por incrédulos, se les volvió ficción.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Enderezar Nuestro Camino Duele Mucho


1 Reyes 12:15, 22-24

15 Y no oyó el rey al pueblo; porque era designio de Jehová para confirmar la palabra que Jehová había hablado por medio de Ahías silonita a Jeroboam hijo de Nabat. 22 Pero vino palabra de Jehová a Semaías varón de Dios, diciendo: 23 Habla a Roboam hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá y de Benjamín, y a los demás del pueblo, diciendo: 24 Así ha dicho Jehová: No vayáis, ni peleéis contra vuestros hermanos los hijos de Israel; volveos cada uno a su casa, porque esto lo he hecho yo. Y ellos oyeron la palabra de Dios, y volvieron y se fueron, conforme a la palabra de Jehová.”.


“Porque era designio de Jehová” “Era del Señor”. ¿Cómo puede ser eso, que Roboam peque para que se cumpla la profecía? Ya he dicho que dentro de la historia hay profecía. Los acontecimientos del mundo se hallan predestinados, sin embargo, sus ejecutores ignoran que se hallan haciendo la voluntad de Dios y los realizan libremente sin ninguna opresión por la parte divina. Roboam quiso corregir con la guerra su error político pero Dios se lo prohibió afirmando que la división del reino la había hecho él. La intención de la Escritura no es quitarle la responsabilidad al rey, sino más bien enseñarle otras cosas sobre el misterio de la relación entre la conducta humana y la voluntad divina, las consecuencias del pecado y el inútil derramamiento de sangre.


Roboam nunca pensó de este modo: “No fue mi culpa sino de Dios, él lo hizo y no yo.” Más bien lo que pudo haber dicho fue: “Me equivoqué, ya no puedo echarme atrás, fui predestinado hacer esto pero no obligado”. Los hombres son libres para actuar como quieran. La Escritura no presenta una filosofía para salvar a Dios de la responsabilidad de los malos actos humanos que lo ponga independiente o ignorante de lo malo que se hace en el mundo. Al contrario, siempre leemos que él está involucrado tanto en lo bueno que los hombres hacen como en lo malo. Y nunca tiene la culpa.


La historia de Roboam es instructiva en dos sentidos. Primero, que aunque pequemos Dios no pierde el control de nuestras vidas y por ser así nuestra existencia no quedará sujeta al caos y al desorden. Dios no pierde su soberanía cuando los hombres pecan. Obrando nosotros mal no tendrá él menos control sobre nuestras vidas que cuando hacemos las cosas bien hechas.


Lo segundo tiene que ver con el cauce que tome nuestra vida a partir de un error o de un pecado. No necesariamente tiene que seguirnos la ruina y la desgracia, ni estamos condenados a continuar errando y pecando de la misma manera; porque todavía Dios hace su voluntad lo mismo cuando pecamos que cuando hacemos el bien, él sabe como corregir lo malo que hicimos y encauzarlo todo para bien, para su gloria, lo mismo cuando decidimos guiados por la carne, mal aconsejados, que si lo hubiéramos hecho por el Espíritu Santo. Pero no tomes esto para desobedecer a Dios porque enderezar nuestro camino duele mucho, toma tiempo y se llora bastante.

domingo, 21 de noviembre de 2010

¿Cristo murió por cada persona o por su Iglesia?

"Me parece escuchar a alguien decir, "¿usted nos está queriendo decir que ese sacrificio que ha predicado lo ha tomado en forma literal? Solemnemente afirmo que así es. De veras que hay en el mundo muchas teorías acerca del sacrificio de Cristo. Pero realmente no puedo ver sacrificio alguno, excepto en la doctrina de la sustitución. Muchos autores de la Biblia dicen que Cristo hizo algo en la cruz para permitirle a Dios ser justo, y además el justificador de los impíos. Esta personas creen que el sacrificio de Cristo fue hecho para todo el mundo; y de esta forma solamente es un sacrificio justo. Creen que Judas pudo haberse beneficiado de ese sacrificio tanto como el apóstol Pedro; creen que los condenados en el infierno también recibieron en vida la satisfacción del sacrificio de Jesucristo como lo salvados que se encuentra en el cielo. Y aunque no lo dicen a pesar de que Cristo murió por ellas están condenadas en el infierno. Esta clase de sacrificio yo lo rechazo completamente. Quizás me pudieran tildar de antinomiano o de calvinista por predicar desde el púlpito sobre un sacrificio limitado, una expiación limitada, pero prefiero creer en esa clase de sacrificio con una expiación limitada que es eficaz para todos aquellos por los cuales se hizo que creer que su eficacia depende de la voluntad humana.... Y aunque se le llame limitado se dice que el sacrificio de Cristo ha servido para redimir, y eso lo dice en el libro de Apocalipsis, donde han sido salvadas multitudes que nadie puede contar".

(Charles Spurgeon, Sermons, vol. 4; pag. 70).


miércoles, 17 de noviembre de 2010

Malas Opiniones


1 Samuel 29: 6

“Y Aquis llamó a David y le dijo: Vive Jehová, que tú has sido recto, y que me ha parecido bien tu salida y tu entrada en el campamento conmigo, y que ninguna cosa mala he hallado en ti desde el día que viniste a mí hasta hoy; mas a los ojos de los príncipes no agradas”.


“Vive Jehová que tú has sido recto”. Si David no agradaba a todos siendo perfectos sus caminos ante Dios, si algunos hombres lo tenían “como un ángel de Dios” (v.9), ¿piensas que tú lo harás? Si el Señor Jesucristo mismo tuvo que sufrir “tal contradicción de pecadores” y siendo el Maestro lo llamaron “Beelzebub”, ¿a ti y a mí no? Fíjate que a quienes no les cae bien son los adversarios de Dios no a los santos del Altísimo.

Quiere decir que es natural y comprensible que así suceda, que los que no aman a Dios tampoco amen a los hijos suyos, que los que aborrecen las virtudes del Señor también detesten a los que las tienen. La gente carnal no ama a la espiritual, las tinieblas no se fascinan con la luz, más bien huyen de ella. ¿Llorarás porque no agradas a los adversarios de tu Amo Celestial? ¿Es que te amas tanto a ti mismo que te consideras ofendido porque los filisteos no te amen? ¿Qué tristeza es esa porque los filisteos te aborrecen?

Oh no, alma, sobreponte a ti misma, echa tu tristeza y preocupación a un lado que los que creen en Jesús y predican el evangelio no deben buscar agradar a los hombres porque no serían siervos de Cristo. Puedes estar seguro que el hecho de que no les caigamos bien a todos es un plan sabio concebido por Dios.

Son convenientes tantos nuestros amigos como los que no nos aman, los que le caemos bien como los que les caemos mal. Imagínate la desgracia tan grande que le hubiera caído encima a David si hubiera agradado a aquellos príncipes filisteos que se oponían a que los acompañara a la guerra contra Israel; el buen santo se hubiera visto en un gran aprieto teniendo que pelear contra sus propios hermanos y ayudar a derrotar y debilitar el reino de Dios.

No, si hubiera sido amigo de aquellos príncipes habría tenido que luchar contra su propio futuro, contra su propio bienestar, contribuir con sus manos a la ruina de su carrera. Pero Dios que es sabio, por medio de aquella mala opinión que los príncipes tenían de él lo puso afuera alejándolo de cometer semejante crimen. No te preocupes de la mala opinión de la gente, si “dicen toda clase de mal contra ti mintiendo” (Mt. 5:11); de la lengua engañosa y del labio mentiroso, que sobre todos reina Dios; y son tan provechosas a tu carrera como aquellas que te bendicen y colaboran contigo. Hacen falta que hayan malas opiniones.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Si ella no tiene vergüenza en Gabaa tampoco la tiene en Belén


Jueces 19:22-27
Pero cuando estaban gozosos, he aquí que los hombres de aquella ciudad, hombres perversos, rodearon la casa, golpeando a la puerta; y hablaron al anciano, dueño de la casa, diciendo: Saca al hombre que ha entrado en tu casa, para que lo conozcamos. Y salió a ellos el dueño de la casa y les dijo: No, hermanos míos, os ruego que no cometáis este mal; ya que este hombre ha entrado en mi casa, no hagáis esta maldad. He aquí mi hija virgen, y la concubina de él; yo os las sacaré ahora; humilladlas y haced con ellas como os parezca, y no hagáis a este hombre cosa tan infame. Mas aquellos hombres no le quisieron oír; por lo que tomando aquel hombre a su concubina, la sacó; y entraron a ella, y abusaron de ella toda la noche hasta la mañana, y la dejaron cuando apuntaba el alba. Y cuando ya amanecía, vino la mujer, y cayó delante de la puerta de la casa de aquel hombre donde su señor estaba, hasta que fue de día. Y se levantó por la mañana su señor, y abrió las puertas de la casa, y salió para seguir su camino; y he aquí la mujer su concubina estaba tendida delante de la puerta de la casa, con las manos sobre el umbral”. 

Si lees la historia de esta joven verás cómo su pasada concupiscencia le había hecho traicionar a su marido siéndole infiel (v. 2). Lee luego como el levita, demasiado santo para ella, se humilla, trata de reconciliarse y le perdona su inmundicia. Aunque reconciliada con su marido no estaba perdonada por Dios; y aquellos perversos que la violaron fueron la justicia divina para castigarla. ¡Oh Señor, cómo castigas estas abominaciones! ¿Tienes problemas con tu pareja, das pasos para salvar tu matrimonio? Está bien, pero los pecados que tú perdonas, ¿los ha perdonado Dios?

Cuando una pareja tiene problemas de esta índole, no son los intereses recíprocos los que deben buscarse y no valen las bondadosas intervenciones para arreglar la dificultad como hizo el buen suegro, que lo colmó con atenciones y le hizo banquete sobre banquete. Lo que importa es la reconciliación con Dios. El levita no quería romper su matrimonio, ni siquiera por infidelidad. Bueno, no era un matrimonio, era un concubinato porque no estaban casados, vivían juntos “como pareja”, no como un matrimonio santificado por Dios. Ella corría una aventura con el levita que quizás era mayor, y sentía por dentro que no debía esclavizar su juventud a un viejo, y buscaba a los otros jóvenes, insatisfecha e insaciable con su compañero. 

En realidad él tampoco parece que la amaba tanto, sino que la deseaba más. Aunque dice que cuando llegó a donde ella estaba le habló amorosamente, ese “amor” es deseo de volverla a tener. Cuando su vida estuvo en peligro dejó que la violaran y la maltrataran, y al salir por la mañana y verla tirada en el umbral ni siquiera le extendió la mano para levantarla, sólo le dijo, “levántate y vamos”. Y ella no respondió, estaba muerta.

El levita la perdonaba. El hombre puede perdonar a su esposa o viceversa, y Dios no. En relación con Dios es como deben arreglar sus dificultades, con un sincero arrepentimiento. Por infidelidad un hombre o una mujer puede divorciarse de la pareja, pero el que cometió la traición tiene que curarse. Las causas que provocaron su desliz tienen que hallarse y eliminarse, no es simplemente decirle, “bueno mi amor, ven, yo te perdono”, tomarla por la mano, darle un beso y regresarla a casa como si nada hubiera pasado, esperando que las consecuencias de su pecado le hayan adoctrinado y quitado la concupiscencia de la carne.

Las debilidades de la carne muy poco se sanan con las consecuencias que trae aparejado el mal. Se podrá separar de aquel con quien cometió la falta pero buscará cometerla con otro con quien tenga alguna mejor esperanza. ¿Con qué entonces? No, por favor, la religión no. La religión no cura las tendencias pecaminosas de un pecador o una pecadora. Un hombre adúltero aunque se vuelva religioso seguirá deseando ser infiel. Después de bautizado y adoctrinado seguirá siendo el mismo que antes. Las ceremonias ni los ritos cristianos, ¡ni siquiera las doctrinas calvinistas! Si a ellas les falta el poder de Dios no son efectivas para convertir en nuevas criaturas a la pareja. Se puede oír cada domingo predicar al apóstol Pablo sobre la predestinación, de la elección, la total depravación del hombre, la gracia y la sola fe, salir del culto hinchado por creer esas verdades, y continuar amando este mundo y con deseos de irse a Tesalónica. Él dijo:

“Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne (Col 2.20-23).

Esta jovencita le fue infiel al levita por su corazón carnal, estaba dominada por pasiones juveniles. En vez de casarse con un hombre mayor que ella debió haber formado el matrimonio con uno de su edad, alocado como ella, que le satisficiera mejor sus deseos corporales. El levita era muy serio para ella. Muy solemne, tenía mucha religión. A ella él con un poco más de sensualidad le hubiera gustado más. Era un matrimonio desigual. El hombre pertenecía a una familia noble y tenía una tradición espiritual mejor que la de ella. Por edad y por principios eran distintos y no podían combinarse. En vez de dejarlo y volverse no lo hizo, lo quería en algún sentido, tal vez por dinero y por la imagen, pero no podía evitar traicionarlo. Le parecía que se gastaba inútilmente a su lado.

La violaron y la dejaron medio muerta, y se murió. Pasaron muchos hombres por encima de ella en una noche. La golpearon. La humillaron. El último que la quiso la dejó cadáver. Sí, se murió. ¿La influencia religiosa la cambió? Nunca. Ni Génesis, ni Éxodo, ni Levítico, ni Deuteronomio, ni Las Batallas de Josué. Su Biblia no le sirvió para nada, ni la compañía de un hombre distinto. El matrimonio terminó mal. Los dos tenían que haber cambiado. El levita también. Ambos debieron haberse reconciliado con Dios y experimentar el poder del Señor. Arrepentirse cada uno de lo suyo. No continuar el matrimonio sino constituir otro. Si ella no se convertía en otra criatura seguiría siendo “genio y figura hasta la sepultura”. Y lo fue, pero no la sepultaron porque la cortaron en pedazos y los repartieron por todo Israel. No metieron a Dios dentro de los dos. El, no vivía dignamente como un hijo de Leví y ella no acabó de sentar cabeza ni dejó de ser esclava de su sexo. Ambos se portaron como inconversos y en eso consistió que hayan hecho las cosas mal.

El historiador Josefo dice que ella caminaba al lado de su amante por las calles de Galbaa mirando a todos los hombres que pasaban, con semblante descarado. En Proverbios (7: 13) hay una mujer que la R.V. traduce con “semblante descarado” pero una traducción literal sería “con cara dura”. Esta otra aunque se haya ido para casa de su padre cuando la sorprendieron en adulterio, allá en Belén seguiría siendo una descarada como en Gabaa. Es el descaro el que tiene que curarse mirando a cara descubierta la gloria de Dios brillando en la faz de Jesucristo; y salir a la calle y mirar a los hombres con más vergüenza. Si no tiene vergüenza en Gabaa y aparece en la televisión contando cómo y con quién traicionó a su marido tampoco la tendrá en Belén, si hubiera podido contar cómo un grupo de hombres la violaron y la dejaron tendida en el umbral de su casa, y cómo su marido la cortó en doce pedazos. Todas esas tragedias por unos minutos de fama.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Sanación Mental

Jueces 11:1-4

Jefté galaadita era esforzado y valeroso; era hijo de una mujer ramera, y el padre de Jefté era Galaad” (Núm. 26: 29).


La traducción “ramera” ha sido un poco discutida. Dícese que la palabra hebrea זונה zonah, debe traducirse “anfitriona” porque tiene la misma raíz que la traducción ramera en Josué 2:1; y que significa una mujer encargada en un “hotel” “hostal” para atender a los viajeros (Clarke). Pero esa traducción iría en contra de la mayoría.


Otros proponen que se traduzca concubina y el argumento es que los hermanos lo echaron conforme hizo Abram con Cetura y sus hijos. El Targum dice que era una mujer cananita y que lo echaron por esa razón para no compartir la herencia, y por eso se fue a tierra de Tob.

Quieren hacerle un favor a la madre de Jefté pero es difícil contra la traducción histórica, que era una ramera.


Sería difícil para él no sentirse avergonzado de su madre si cuando pequeño los otros niños enojados con él se lo gritaran en la cara. Tal vez les escondía a los hijos que la abuela había sido una prostituta. No hay informe que ella haya dejado su mala vida como lo hizo Rahab la de Jericó. Por lo tanto Jefté se crió viendo entrando y saliendo hombres en su casa hasta que ella murió o él se fue.


La “suerte” de todo el mundo no es igual. Jefté es una obra de la gracia de Dios, del puro afecto de su voluntad que lo eligió para la fe y el liderazgo de su pueblo y lo formó como un hombre virtuoso que sobrellevaba malos recuerdos. No digo que “arrastraba” esos recuerdos porque la gracia exalta e independiza la mente del pasado. Los recuerdos son históricos y no dolores sicológicos. Jefté podría decir, “soy una nueva criatura, soy un elegido por Dios, las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas”. Ahora viviría en un nuevo plano, superior, con una perspectiva maravillosa, con recuerdos nuevos y bonitos que habrían formado su juventud y adultez y empequeñeciendo saludablemente los traumas de la niñez.


Jefté podría leer su historia y sentir lástima por su madre y compasión por ella pero no por él porque lo que es ya superaba a lo que fue, lo que tiene a lo que tuvo. La gracia de Dios y las doctrinas del cristianismo, y las bendiciones del Señor, son suficientes para tener una adultez, formar una familia y ser útil en la sociedad sin tener que pasar por la oficina de un psiquiatra. La gracia de Dios penetra la personalidad y se allega a lo más hondo de ella y corrige lo que encuentre lastimado; y esto sin la ayuda de un experto secular que haya estudiado la mente sin Cristo.

Si sigues leyendo en el texto te enteras que andando el tiempo los hermanos le pidieron un favor y él les recordó lo que le habían hecho, pero triunfó sobre esos rencores pues aceptó ayudarlos, pero además les pidió que después del providencial triunfo lo recibieran como líder. Ellos aceptaron y ocupando Jefté esa elevada posición completó su sanación mental. No por una reflexión sobre su complejo pasado, un entendimiento de sus vivencias, un enfrentamiento de lo que huía sino por el aprovechamiento de una nueva oportunidad que lo pondría en una posición superior a la que le produjeron los daños, porque la historia de su vida, desde el hijo de una ramera hasta un hombre exitoso, fue arreglada por la providencia de Dios.