miércoles, 31 de agosto de 2011

Desaliento de los ministros


Isaías 49: 1-4
"Jehová me llamó desde el vientre de mi madre, puso en mi boca espada aguda, me dijo mi siervo eres, pero yo dije por demás he trabajado". 


En este capítulo aparecen los dos desalentados: el profeta (v. 4) e Israel (v. 14). Él se siente frustrado porque en vano ha trabajado, de balde ha consumido sus días predicándoles. 
Pero no duda de su vocación (v. 1). Reconoce que sus predicaciones han sido fuertes (v. 2) y que la mano del Señor ha estado sobre él en cada palabra que ha dicho. El Señor le dijo, "ese es mi pueblo, háblale aunque tengas un ministerio sin fruto". Oh Señor nos hemos sentido así, como si hubiéramos vivido por gusto. El Señor le dice, “yérguete sobre tu desaliento”; y podría decir,  “mi ministerio se halla delante de Jehová y mi recompensa en su mano”. “Mi “justicia”, o sea, “mi conducta, fidelidad, ministerio”. Dios conocía lo que había hecho y su recompensa se hallaba en el cielo. Meditar en 2 Cor. 12: 15, “y yo muy gustosamente gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré por vuestras almas. Si os amo más, ¿seré amado menos?”.

Calvino comenta:

“Aunque no veamos el fruto de nuestros trabajos, podemos estar contentos por esta razón, el testimonio de nuestra conciencia que estamos sirviendo a Dios para quien nuestra obediencia es aceptable. Cristo anima a los piadosos maestros a luchar ardientemente hasta que obtengan la victoria sobre la tentación y que poniendo a un lado la malicia del mundo continúen contentos en el desempeño de su deber y no permitirle al corazón desalentarse. Si al Señor le complace probar nuestra fe y paciencia hasta el punto que no obtengamos ningún provecho de nuestra labor, debemos reposar sobre nuestra conciencia.  

"Si no somos capaces de ser consolados con ese testimonio es que nuestra motivación de servicio a Dios no es pura sino que somos movidos por el mundo y nuestras ambiciones.

“Sin embargo aquí Cristo y la iglesia acusan al mundo de ingratitud porque ella se queja de tal manera que acusa al mundo por no dar fruto ante el evangelio que en sí mismo es eficaz y poderoso. Toda la culpa la cargan los hombres que con obstinación rechazan la gracia de Dios que una y otra vez se les ofrecen, cavando su propia destrucción… son los hombres y no el evangelio los que tienen que ser acusados de improductivo. 

"Los ministros santos que con amargura se quejan que los hombres perecen por sus propios pecados y se sienten mal consigo mismos por no poder evitar tan grande perversidad, deben consolarse y animarse y nunca abandonar la espada y el escudo y no piensen que mejor se ocuparían en otra cosa que predicando el evangelio”.

martes, 30 de agosto de 2011

La única llave de la puerta estrecha



Lucas 13:22-24
(Mt. 7:13-14)
 22 Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén. 23 Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: 24 Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.


Este texto tiene dos porciones unidas en el primer evangelio están desconectadas, pero aquí por un fino hilo temático están juntas (vv. 22-25; 26-30), como si al terminar de hablar sobre la puerta estrecha insertara el otro símil de la salvación, específicamente aplicado a los ministros y predicadores.

Existía entre el pueblo la forma de pensar que todo Israel entraría por elección al reino de Dios, y Jesús claramente evoca esa forma de pensar pero la rechaza, claro, en la segunda parte donde les dice que los privilegios de haber sido descendientes del patriarca Abrahán no le servirán de mucho porque habiendo él sido justificado por medio de la fe, y ellos indignos descendientes de aquel santo varón, serán excluidos (Luc. 3:8), y que sin embargo esa rica herencia espiritual llegará a ser patrimonio de naciones lejanas que se encuentran desconectadas del pacto y de las promesas y que por medio de él heredarán tan rico tesoro (Efe. 2:19,20).

Los discípulos se dieron cuenta que cuando Jesús hablaba sobre los que entraban al reino de Dios, dando a entender que no era la totalidad de la nación sino un remanente escogido por gracia, que comparativamente era indicación que Dios se había agravado de los menos y no de los muchos (Ro. 11:5; 1 Co. 10:5); es por eso que con asombro les preguntan que si son tan pocos los que han de entrar a disfrutar del compañerismo patriarcal. Jesús declina contestarles afirmativa o negativamente sino que más bien les pide que cada uno se ocupe de su propio caso y de su propio interés espiritual y procure entrar, más que andar rondando dentro de cuestiones escatológicas que no son esenciales conocerlas para facilitar la entrada a la salvación.

Por eso les dice "esforzaos" a entrar (v. 24). No aclara cuáles son las razones por las que tantos intentan ser cristianos y nunca lo logran, pero sí es un hecho que no es una exigua minoría sino un grupo grande; y de ese modo les contesta como por otro costado la pregunta que les hicieron que si eran pocos los que se salvaban y él les dijo que son muchos los que no se salvan, y que por lo tanto no sean ustedes uno de ellos. Y no siguieron preguntando sobre el asunto sino que cada uno empezó a examinarse a sí mismos si estaba en la fe (2 Co. 13:5), si iba andando por el camino verdadero, y si tenía en su mano la llave, la del conocimiento, llamada también de mucha información, (sin conocimiento no hay fe salvadora) la que abre la puerta estrecha que va a la gloria (Luc. 11:52).

viernes, 26 de agosto de 2011

Iglesias que se deslíen


 Oseas 8:10
“Comenzarán a debilitarse”.

Es una mejor traducción que “comenzarán a entristecerse”; y me parece que es aún mejor si se traduce “comenzarán a disminuirse o disolverse”; que por supuesto siempre lleva la idea que por la opresión del rey de Asiria y sus impuestos, serán “heridos”, en número, económica y moralmente, haciéndose a la vista de todos un pueblito insignificante; y eso ocurrió durante el reinado asirio de Pul primero y Tiglat-pileser después.

Y la desgracia les ocurrió cuando alquilaron a los egipcios y otras naciones para desligarse de Asiria. Fue una mala cosa enamorarse de esa clase de fuerza humana, arcos, flechas, vigorosos músculos y ágiles pies. Un dinero mal invertido o una renta pecaminosa que no era de fe.

Así se defienden las naciones, así se hacen las guerras de los hombres, pero es una estúpida equivocación hacer lo mismo que hacen ellos cuando se trata de golpear al diablo en la cabeza y combatir a los principados y potestades del aire. Las cadenas hechas por Satanás no se quiebran con fuerzas de hombres. Nunca serían libres ellos ni harían libres a nadie haciendo la guerra de un modo equivocado. En la debilidad de ellos estaba la fuerza divina, el auxilio celestial cuando alzando los ojos arriba pidieran socorro al Trono de la Gracia.

Andan hoy los campamentos de los israelitas en todas las denominaciones cristianas haciendo lo mismo, gastando bolsas llenas de dinero en alquilar coros, solistas, directores de música y grupos famosos, para ganar almas para Cristo y el diablo sentado en las nubes se sonríe satisfecho por haberlos embaucado. El público viene y se deleita, aplaude y compra CD’s y retorna igual excepto con más alegría. Y contratan jóvenes destacados para que guíen a quienes no tienen experiencia, y sacan a los grupos, y los llevan aquí y allá, y les dan programas de virtudes sexuales, y recreaciones aéreas y acuáticas, en piscinas, juegos de bolos, billares, bailes y campeonatos deportivos. Y la pasan bien, el compañerismo ayuda algo  pero no es suficiente para deshacerse de los poderosos pecados sino con filosas exposiciones bíblicas, poderosos mazazos teológicos, y mucha valentía evangelística. 

Y a pesar de la espumosa fama y el vertiginoso crecimiento numérico en algunos poblados de Israel, medularmente la iglesia se deslíe como el caracol, se debilita, porque los medios humanos no sirven para su eterno triunfo.

lunes, 22 de agosto de 2011

Un prisionero salta la cerca de espinos


Oseas 2:6-7
“Cercaré su camino con espinos, levantaré muros para que no encuentre sus senderos. Buscará a sus amantes pero no los hallará. Dirá: Volveré a mi primer marido porque mejor me iba entonces que ahora”.


Es delicioso pensar por medio de estas palabras en la perseverancia de los santos que es igual a la renuencia de la gracia a abandonarnos. En la providencia de Dios que juega un papel sabio en nuestras vidas, misterioso e indescifrable, haciendo surgir impedimentos en frente nuestro para evitar que abandonemos la fe en Dios. Y la santificación que sinceramente dicho y ante todo es más  una separación del acto pecaminoso y no una pureza interna.

Es un texto riquísimo que habla de la benevolencia divina en el cuidado de nuestra salvación, porque “a los que antes conoció también los predestinó”, y enseña que el Salvador no falla en “llevar muchos hijos a la gloria”, porque “es poderoso para guardarnos sin caídas ni manchas” (Jud. 1:24). El profeta afirma que la seguridad de nuestra salvación está completamente en las manos de Dios. Esa es la más grande verdad que sobresale. Que sin ese supremo interés divino en nosotros todos terminaríamos dejándolo.

La otra y triste verdad que se muestra aquí es nuestra persistencia en pecar. Nacemos para pecar. Nuestro instinto es pecar. No podemos dejar de hacerlo. El pecado por naturaleza nos domina y somos “vendidos al pecado” e insistentes y persistentes en hacerlo. Todo lo que hacemos por naturaleza es desobedecer a Dios, ignorarlo por completo y abandonarlo.

El que es nacido de Dios no practica el pecado “porque la simiente de Dios está en él”, o sea la gracia del Señor. No porque no lo intente sino porque no puede. Debe recordar que el primer significado que tiene la palabra santificación es separación y no pureza. La pureza es algo obligatorio. Ningún hombre natural es santo porque voluntariamente lo desee, todo lo contrario. Desprecia la santificación. Claramente ahí lo dice el Señor que si no le pone barreras a su pueblo él se prostituiría. No confía que él le sea fiel porque le ama y desea obedecerle. Le interpone impedimentos que no pueda cruzar, cercas con espinas que le desgarren si lo intenta y paredes que les sean imposibles saltar.

Si no fuera por esos obstáculos que Dios nos pone, ninguno llegaría fiel al final. Un sermón lo para, una protesta de la familia, la protección de un buen amigo, el pecado se aleja sin decir adiós, o no se llega a tiempo para cometerlo, todo se trastorna, un espíritu de miedo venido de Jehová o un ángel se interpuso con la espada en la mano y la mula lo vio y el apretón del zapato contra la cerca hizo que gritara y desistiera.

Sin embargo con todo lo que les cueste saltar esas cercas de púas de vez en cuando algún “prisionero de esperanza” la salta, pero entonces paga las consecuencias de su extravío y le va mal con sus amantes que le dan de bofetadas y se le ríen en la cara. Entonces haciendo cuentas concluye que le iba mejor con Dios, con el evangelio, con el Espíritu Santo y con la iglesia que sin todo eso. Y comienza el doloroso vuelta atrás, humillado, pobre y avergonzado, pidiendo perdón a todos los que ofendió y a su conciencia, y mojando con lágrimas y besos el camino estrecho desde donde planeó su huída.

sábado, 20 de agosto de 2011

Una precursora de las heroicas mujeres cristianas


17 Porque este hecho de la reina llegará a oídos de todas las mujeres, y ellas tendrán en poca estima a sus maridos, diciendo: El rey Asuero mandó traer delante de sí a la reina Vasti, y ella no vino. 18 Y entonces dirán esto las señoras de Persia y de Media que oigan el hecho de la reina, a todos los príncipes del rey; y habrá mucho menosprecio y enojo. 19 Si parece bien al rey, salga un decreto real de vuestra majestad y se escriba entre las leyes de Persia y de Media, para que no sea quebrantado: Que Vasti no venga más delante del rey Asuero; y el rey haga reina a otra que sea mejor que ella. 20 Y el decreto que dicte el rey será oído en todo su reino, aunque es grande, y todas las mujeres darán honra a sus maridos, desde el mayor hasta el menor. 21 Agradó esta palabra a los ojos del rey y de los príncipes, e hizo el rey conforme al dicho de Memucán; 22 pues envió cartas a todas las provincias del rey, a cada provincia conforme a su escritura, y a cada pueblo conforme a su lenguaje, diciendo que todo hombre afirmase su autoridad en su casa; y que se publicase esto en la lengua de su pueblo” (Ester 1:17-22).


Estos hombres lo único que vieron fue que la rebeldía de la reina Vasti provocaría un caos en la familia y el hombre perdería su autoridad doméstica por su mal ejemplo. Vasti no puede actualmente ser declarada una heroína del movimiento feminista porque ella no tuvo el propósito de destronar a los hombres de su autoridad en las decisiones de la familia, partió de la defensa de un principio mayor que el derecho de igualdad, de un principio moral, que la mujer no debe ser usada como un objeto sexual, o dicho suavemente, utilizar su belleza para acrecentar la codicia o el rating entre los espectadores masculinos.

Si la liberación de la mujer trae su disolución moral, su llamada "liberación sexual", Vasti no tuvo nada que ver con eso, desobedeció porque se infamaba como mujer y como reina, perdía dignidad; para ella el derecho era ser moralmente mejor, mejor esposa, mejor madre, más fiel a Dios, y por eso sacrificó su corona y su buena vida.

El NT no es de los medo-persas, aunque también atribuye al hombre la autoridad en la familia. Afirma la igualdad moral del hombre y de la mujer, igualdad espiritual, social, y además prohíbe al hombre tratarla como un déspota. La mujer es exaltada conjuntamente en valores (Efe. 5: 21-33). Vasti fue una mujer moralmente liberada, pudorosa, y protestó contra el tren que llevaba la sociedad asentando un ejemplo que la santidad matrimonial, y la unión con respeto el uno por el otro es mucho mejor que un libertinaje libidinoso. No se rindió ante los deseos corruptos de su marido ni aceptó el consenso popular de hombres fuertes que dominaban su nación. Su verdadera libertad consistió en respetarse a sí misma costara lo que costara. Vasti es una heroína de la castidad matrimonial, precursora de las heroicas mujeres cristianas que juntas con sus varones desafiaron el machismo de un imperio, dándoles a sus esposos la estima que sin ellas carecerían.