lunes, 30 de junio de 2014

Un reloj que da unos pasos atrás


Isaías 38: 7, 8
“Atrasaré diez grados el reloj de sombra de Acaz”. 

Cuando Ezequías estaba en las últimas Dios se le acercó y pudo haber pensado para sí: “Ezequías tú no sabes lo que eso significa porque no te envié al mundo en el siglo XXI después de mi Hijo; cuando esas fechas lleguen, los estudiantes de mi Palabra sabrán cómo explicar mejor esta señal, que lo que estoy haciendo es detener el movimiento de la tierra sobre su imaginario eje (que supongamos que sea la punta de mi dedo), pero no me importa que mueras teniendo errores científicos si tienes fe en mí.
“Yo hice la tierra y está bajo mi control, quien la hace rutilar soy yo, la ley de ella está en mi mano, y puedo incluso hacerla mover en sentido inverso si quisiera o hacerla flotar en cualquiera otra parte y llevármela para otro sitio y hacerla girar alrededor de otra estrella, o dejarla sin sol ni luna que la alumbre.
“Ni tú, ni los más modernos que tú  me podrán medir, ni siquiera imaginar de lo que soy capaz, ni soñando conmigo podrán suponer cuánto poder tengo. Por el momento eso es todo lo que te puedo decir, detendré la tierra y luego le ordenaré dar unos pasos atrás. Algún día la verdadera ciencia, quiero decir la que no sea agnóstica ni reciba órdenes de alguna filosofía o política, descubrirá la profundidad de mis milagros y cómo los hice, y no le quedará otra opción que reconocer que mi poder no radica en eso que conocen como cerebro y llaman músculos sino en mi gloria”.

"Ezequías fue un reformador y un teólogo, pero todo lo que aprendió no le servía para perderle el miedo a la muerte y estar conforme y hasta alegre cuando le llegara. El Señor le dio esa señal por su causa primero y por nosotros, gente muy similar, que al saber su historia nos avergonzáramos si al expirar el último suspiro lagrimeamos porque tenemos la misma famélica fe. Sí, ¡vaya qué clase de creyentes somos y lo que tiene que hacer Dios para quitarnos los miedos y sobresaltos, hombres y mujeres de poca fe, estirpes de incrédulos, defensores de la sana doctrina, ágiles apologistas, virtuosos predicadores, leídos escritores, pescadores de hombres, que presumimos en el púlpito y el escritorio de la fe en la resurrección de los muertos y la supervivencia del alma y lloramos contra la pared si francamente el médico nos comunica un mal diagnóstico! 

domingo, 29 de junio de 2014

Cierto que han matado muchos dioses pero queda Jehová, invicto


Isaías 36:13-20
"Entonces el Rabsaces se puso en pie y gritó a gran voz en lengua de Judá,  diciendo: Oíd las palabras del gran rey,  el rey de Asiria. El rey dice así: No os engañe Ezequías,  porque no os podrá librar. Ni os haga Ezequías confiar en Jehová,  diciendo: Ciertamente Jehová nos librará;  no será entregada esta ciudad en manos del rey de Asiria. No escuchéis a Ezequías,  porque así dice el rey de Asiria: Haced conmigo paz,  y salid a mí;  y coma cada uno de su viña,  y cada uno de su higuera,  y beba cada cual las aguas de su pozo, hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra,  tierra de grano y de vino,  tierra de pan y de viñas. Mirad que no os engañe Ezequías diciendo: Jehová nos librará. ¿Acaso libraron los dioses de las naciones cada uno su tierra de la mano del rey de Asiria? ¿Dónde está el dios de Hamat y de Arfad?   ¿Dónde está el dios de Sefarvaim? ¿Libraron a Samaria de mi mano? ¿Qué dios hay entre los dioses de estas tierras que haya librado su tierra de mi mano,  para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?".

Le dijo: “Mi experiencia con las religiones y los dioses es la misma; estoy sobre ellos, tu Dios es igual que los que ya he derrotado, no es más que una invención, un mito, y si existe, yo y mi ciencia lo derrotaremos y no existirá más”. Oh, mentiras y más mentiras. Hoy los descendientes del Rabsaces dicen: “Tenemos la artillería de la ciencia, la investigación científica, la crítica bíblica, torturadores de doctrinas, teólogos librepensadores a nuestro servicio, todo el progreso humano y la tecnología; por lo tanto, el hombre moderno acabará con los dioses antiguos, purificará de dioses su historia, hará un mundo nuevo y sin religión. Este mundo es del hombre, sólo para el hombre, el hombre será su dueño absoluto, todo el bien y el mal está en el hombre y no queremos ni admitimos una opinión más allá del hombre; formaremos un hombre nuevo, ateo, secular y postmodernista”.

Así habla actualmente el Rabsaces de la ciencia que como “hombre de pecado” se cree Dios y se sienta en el templo del universo como si fuera Dios y se opone a todo lo que se nombre divino o sea objeto de culto (2 Te. 2:4). Todas son mentiras y pretensiones de estos Rabsaces que se creen Dios porque han hecho morir unas cuantas religiones con sus investigaciones arqueológicas y bajo la rueda del avance científico. Cierto es que han matado los dioses de Hamat, Arfad, de Sefarvain, pero no matarán al Inmortal, Invisible, Dios de Israel y del Señor Jesucristo. Dura cosa es dar coces contra el aguijón, y algún día el Hijo del Hombre descenderá en las nubes del cielo y matará a este anticristo científico, a esa “falsamente llamada ciencia” con el resplandor de su venida y con el espíritu de su boca, y toda lengua confesará que Jesús es el Señor para gloria de Dios, y probará que la ciencia no era tan anticristiana como ellos deseaban ni la fe tan anticientífica como pretendían (Flp. 2:9-11). Amén.

sábado, 28 de junio de 2014

Homenaje al Dr. Rafael Alberto Ocaña, casi medio siglo después


Isaías 32:20
"Dichosos vosotros que sembraréis junto a todas las aguas y dejáis libres al buey y al asno". 

Ese tiempo de mucha bendición después del juicio por el pecado del pueblo; es un panorama paradisíaco; muy parecido al reinado del Mesías dibujado en el capítulo 11, donde no hay necesidad del uso de los animales, porque el pueblo "ha entrado en su reposo". Cuando el Espíritu Santo se derrame sobre el pueblo, la prosperidad no tendrá límites. Tendrán recreo y reposo (v. 18), tiempo para la familia y para descansar porque prosperarán con la bendición del Señor; y los animales participarán de esa bendición, ellos también reposarán (los dejarán libres); Dios bendecirá vuestra siembra y se reproducirá a cien por ciento; vuestros graneros estarán llenos y no tendrán que laborar tanto. Amoroso Dios, bendícenos con tu Espíritu (Sal. 127:1, 2). Hoy recuerdo que este texto lo anunció el Dr. Rafael A. Ocaña, pastor de la primera iglesia bautista en La Habana, “El Calvario”,  cuando predicó un sermón la noche dedicada al seminario bautista de esa ciudad. Quizás hace un poco más de 40 años. Los sermones bíblicos no se olvidan, completamente. Nos daba ánimo a los sembradores de la palabra de Dios. El templo estaba lleno hasta  desbordarse en los balcones, y gente de pie. Quizás con mil atentos oyentes. Murió relativamente joven. Mi profesor de teología. Su hijo del mismo nombre es predicador como su padre.  Su mujer una firme esposa y líder. Su hija, es mujer de un pastor de éxito. Todos, hasta las canas, continúan sembrando la Palabra de Dios junto a todas las aguas como predicaba el amado rector del Seminario.

No ganas nada con impacientarte


Isaías 28:16
“El que creyere no se apresure” (Ro. 9:33); dice “no será avergonzado”; vivir en ansiedad e inquietud, abalanzarse en la vida, es sustancialmente incredulidad; y ser avergonzado es equivalente a ser rechazado, a perder y fallar. Si crees en Cristo no te apresures, ten paciencia y espera que a su tiempo llegará la palabra de Jehová. El apresurarse es contrario a esperar; la fe tiene paciencia y aguarda. El profeta no habla como Pedro, “apresuradamente” (2 Pe. 3:12), sino aguardando o mirando con deseos que la promesa se cumpla, la de su advenimiento o cualquiera otra. No te apresures ¿qué ganarás con eso? ¿Llegarás más pronto? Recuerda que Saúl se apuró y ofreció sacrificio pensando que ya era tiempo y no lo era, y fue desechado por su temeridad. “Corre con paciencia la carrera que tienes por delante puestos los ojos en Jesús el Autor y Consumador de la fe” (He. 12:2). Ni vivas en “ansiosa inquietud” (Luc.12:29).

jueves, 26 de junio de 2014

Despierta y espabila a tus colegas


Isaías 21:11,12
“Centinela ¿qué hora es de la noche?”. 

O ¿Guarda, qué de la noche? ¿Qué tiempo de calamidad les queda a los judíos en Babilonia? O ¿qué tiempo de dolor le queda a Edom? La noche son las aflicciones. ¿Qué queda de la noche, mucho? ¿Cómo va la noche? ¿Algo nuevo? ¿Algún percance? ¿Falta mucho para que amanezca? Veo aquí un buen compañerismo, una relación de unión entre dos centinelas. Uno a otro se habla para no dormirse porque cuando los centinelas de Dios conversan sobre sus experiencias, cuando la noche los cubre, se mantendrán despiertos. Los apóstoles se durmieron por la tristeza. Y fue triste que Aquel varón no tuviera a nadie, sino un ángel para fortalecerlo, que velara con él una hora.

Y el uno le repite la pregunta porque quizás llevaba mucho tiempo sin decir nada, no asistía a las reuniones de centinelas, como si una raíz de amargura estuviera deteriorando su carácter; o quizás notó desde lejos que no se movía de su lugar, o lo vio en la sombra cabeceando. Se alarmó el compañero porque si se duerme un colega, peligra lo que cuida, el territorio que se le ha asignado y la gente que reposa confiada que él estará vigilante. La vida de muchos depende de que él no se duerma. Pudiera ser que aquella noche le resultara más larga que otras y había llegado mentalmente turbado con las preocupaciones de su familia y por eso, desalentado y melancólico se dormía.

El compañero que se halla cerca no le dice “Juan ¿cómo va la noche?, o “Pedro ¿qué de la noche?”.  Sino “guarda ¿qué de la noche?”. Debió decirle su nombre, o no lo sabía porque era un nuevo ministro recién ocupando la almena de aquella iglesia, un nuevo ocupante del púlpito, un relevo que habían traído por el que se retiró. Lo llama por su oficio. Recordándole su militancia espiritual.

De todos modos llámese Apolos, Pablo o Pedro, lo cierto es que cualquiera que sea el obispo, es un sobreveedor (1Ti.3:2) y debe vigilar con cuidado por su rebaño. Por eso a su amigo le parece que está cabeceando y lo llama (¿por teléfono, a un almuerzo,  a una reunión?) para darle una conversación que lo despierte y lo refresque (o lo caliente un poco, como despabilándolo, o espabilándolo, Ex.25:38) un poco y se saque esa preocupación de la cabeza, haciéndole saber que lo llama para contarle sus confidencias en las labores y porque tampoco él quiere dormirse, y recordarle que todos  los vigilantes del Señor tienen sus propias oscuridades. Aun Jesús en un momento de humana debilidad recibió un ángel que lo fortaleciera (Luc.22:43). Guarda ¿cómo va la noche?