lunes, 9 de junio de 2014

Los locales no son más hermosos que los que viven santamente

Salmo 93: 5
“…la santidad conviene a tu casa”. 

En realidad  es más que una conveniencia la santidad para la casa del Señor; lo que el salmista quiso decir fue que la santidad se convierte en su casa, Dios habita donde se halle lo santo, no lo profano ni lo inmundo. Dios no habita en templos de ladrillos y cementos. Los templos del Señor son los hombres y las mujeres santas. Si conviene eso es lo que conviene a la obra, las vidas de los que le adoran en espíritu y verdad. Lo opuesto es destructivo.
También que la santidad convierte en algo agradable, bello y atractivo (otras acepciones) la casa del Señor. Nada es más hermoso en la casa de Dios que su gloria brillando en la vida de los que adoran, (comprobarlo con 1 Cro. 16: 29). A no ser que quienes contemplan amen y tengan gusto por lo feo, sucio y dañino. Por muy bonito que se ponga el local donde se reúnen los que adoran a Dios no podrá exceder en belleza la vida misma de ellos, y ninguna cosa tendrá más atractivo a los simples oyentes, un magneto más fuerte, que la conducta de los que los han invitado a la adoración.