jueves, 19 de junio de 2014

Toda la gloria del mundo cabe en un bolsillo


Eclesiastés 9:13-16
“También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual me parece grande: una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y viene contra ella un gran rey, y la asedia y levanta contra ella grandes baluartes;  y se halla en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra a la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel hombre pobre. Entonces dije yo: Mejor es la sabiduría que la fuerza, aunque la ciencia del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras”. 

“Había una ciudad con pocos hombres en ella…”. Mira que respiro y liberación pueden venir de donde menos lo esperamos y quien no había sido notable y vivió anónimamente de repente salta al frente, como un David, y se constituye en un aclamado héroe. Nota que dice “pobre, sabio…libra la ciudad”; o sea, que nunca se es tan pobre que no se tenga para comprar un libro o leerlos prestados, para estudiar. Un hombre pobre y culto y con un profundo sentido de patriotismo y amor a su ciudad. El dinero no trae virtudes. Sin embargo la historia no recogió su nombre y desapareció en el anonimato, después de vítores, reconocimientos y aplausos. ¡Qué ingrata es la historia, qué pronto los hombres nos olvidan! Todo lo que Dios hace es perpetuo (3:14), pero no lo que nosotros hacemos. Toda la gloria del mundo cabe en un bolsillo. Dios ha dispuesto que seamos figuras intrascendentes, pero eso no significa que él no sepa quiénes somos y nos haya usado conforme a su voluntad. Murió ignorado, eso no le importó porque murió contento, disfrutando el recuerdo de su majestuosa labor.