lunes, 9 de junio de 2014

Si comes sólo lo que te gusta, lee esto


Salmo 103: 5
“…el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila”.   

Se puede traducir, que “tu juventud sea renovada”. La función básica de comer consiste que mantenernos vivos. El principal móvil nutricional, esto es, para llevarnos algo a la boca, debe ser tener en cuenta la vida y no el placer. El disfrute de los alimentos es un medio, el placer de comerlos es el incentivo secundario, el incentivo gustativo para deglutirlos: sazones, condimentos, el arte culinario en la calidad de la preparación, la fama del restaurante, la alta cocina, todo eso tiene que ver con el placer glandular y no necesariamente con la función básica de la nutrición: vivir.

Ignoro mucho sobre esto, pero me parece que el envejecimiento de una persona está relacionado con la clase de alimentos que ingiere, después de los genes. La principal preocupación sobre el cuerpo ha de ser mantenerlo saludable, después de la santificación. Si los médicos nos lo han enseñado ¿comeremos sólo por placer, grasas y bebidas azucaradas y pintadas que sustituyen al agua fresca? Pero esto no es una religión. Es una misericordia de Dios comer bien y saber comer bien, no echarle basuras al estómago, pero la religión cristiana no es una religión de comidas, como lo fue en su tiempo el judaísmo simbólico en cuanto a dietas y alimentos se refería, como una enseñanza velada acerca de las cosas celestiales futuras. Hay alimentos que no son sanos, y hacemos bien aquí leer el “nutrition facts” antes de comprarlos;  pero que comerlos o no comerlos nada tiene que ver con la salvación (Mr. 7: 18,19; Ro. 14: 1-3; Col. 2: 16,17, 23). Si comes lo que sea sin “preguntar nada por causa de la conciencia” haces bien, Pablo te lo dijo, pero si comes cualquier cosa sin preguntarle al cuerpo si lo nutre o lo daña, ¿en qué siglo y en qué país tú vives?