viernes, 20 de junio de 2014

No queremos gobiernos que nos programen la vida

Eclesiastés 10:20
“Ni en tu pensamiento digas mal del rey”. 

Sé que cuando los tiempos son peligrosos el prudente se calla la boca y no manifiesta su desacuerdo con el gobierno (Am. 5:13); pero no siempre. Es peor la mordaza en la boca que el cuchillo en el corazón. Si uno no protesta y procura hacerse libre, más será la opresión. El que no ama su libertad y la de sus hijos ni la procura, no la merece. De quien único no se puede pensar mal es de Dios. Si el rey es malo, quiero decir el gobierno, hay que cambiarlo.  Como se pueda. Si no con pólvora entonces con gritos. Hoy hay medios para hacer que un grito llegue muy lejos. Y que lo oigan los compinches de los abusadores, dentro y fuera de su reino. Siempre los que tienen dinero tienen el poder. A veces se rodean de canallas y delatores que por un bajo precio descubren disidentes, subversiones y patriotas. Mas no son omnipotentes ni omniscientes, y sí pensaremos cómo derribarlos o cómo huir de sus dominios y ponernos fuera del alcance de sus tiranías y donde hablemos alto nuestras verdades para que la opinión pública la oiga.  Exigiremos ser libres, decir lo que pensamos, escribir lo que opinamos, viajar donde queramos, poseer lo que podamos, vestirnos como seamos capaces y comer lo que nos guste. No queremos reyes que  vilmente llevan la espada, ni gobiernos que nos programen la vida. Señor, gracias por nuestra libertad, gracias por nuestra democracia, a pesar de ser defectuosa y con políticos corruptos.