miércoles, 31 de marzo de 2010

Los dos ladrones: una sorprendente conversión a Cristo


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 Mateo 27:38-44 (LBLA) 

Entonces fueron crucificados con El dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda. [39] Los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza [40] y diciendo: Tú que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo, si eres el Hijo de Dios, y desciende de la cruz. [41] De igual manera, también los principales sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, burlándose de El, decían: [42] A otros salvó; a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es; que baje ahora de la cruz, y creeremos en El. [43] En Dios confía; que le libre ahora si El le quiere; porque ha dicho: "Yo soy el Hijo de Dios." [44] En la misma forma le injuriaban también los ladrones que habían sido crucificados con El.


Quiero presentar a dos hombres cuyos historiales son idénticos, los dos son ladrones, uno retrata una maravillosa operación de la gracia para la salvación y el otro un caso común de endurecimiento. Un caso de esperanza.
 En Mateo no hay ninguna esperanza porque los dos ladrones son persistentemente presentados como maldiciendo, por eso tenemos cuatro evangelios para que si alguien no halla esperanza en uno la encuentre en el otro y además la propia Biblia tiene 66 documentos para la salvación del pecador. En Lucas 23: 39-43, el Espíritu Santo es más preciso y nos da un relato más exacto para esperanza de los pecadores. Comparando las dos narraciones debemos suponer que al principio los ladrones tenían la misma actitud, o aunque uno de ellos por largo rato permaneció callado reflexionando en su propia vida, en lo que había hecho y como pronto iba a terminar su existencia, no hacía más que mirar a Jesús y pensar en él.


(1) El ladrón convertido da un buen ejemplo de lo que es la verdadera fe, cuando sale de su mutismo, se hace pública y reprocha con indignación la mala conducta de su vecino. Ese fue el único servicio en toda su vida que rindió al reino de Cristo y resultó ser por un lado un esfuerzo evangelístico y por el otro una defensa de Jesús (vv. 40, 41).

¿Qué tipo de fe es esa que puede existir callada para siempre? ¿Qué tipo de fe es esa que se tiene sólo en la vida privada? La gracia hace aparecer la fe en nuestros corazones no sólo para que nos salve sino para que el mundo oiga de ella. La esencia de la nueva fe es misionera. Observa que su fe tiene una característica muy hermosa, me parece ver en sus palabras un brote de indignación, como una cólera santa que convulsionó todo su cuerpo herido. Así es la fe salvadora, por un lado tiene piedad y por el otro indignación. ¿No será eso lo que le falta a la fe de muchos, una ardiente indignación? (2 Co. 11: 29). El mundo sigue campante pecando porque nadie se atreve a reprocharlo, pueden vociferar maldiciones en nuestros rostros que sólo nos asustan pero no calienta el coraje en nuestras venas.

(2) No se reprocha por reprochar sino para evangelizar, por el tono se ve que está indignado pero no explota por explotar, quizás su primera intención sea callar a aquel bocón, bien porque es su deber silenciar a Satanás; pero este hombre piensa en el alma de su compañero porque había estado pensando en la suya. Fíjate que es un creyente fresco, hace sólo unos minutos tan sólo que es cristiano y ya procura atraer a otro a la salvación. En muchos esa es la época de más celo misionero y que en la mayoría por desgracia declina y desaparece.

(3) Fíjate que aún no ha recibido ninguna garantía de vida eterna (Luc. 23: 43) pero ya está activo. Antes de que se le confirme su entrada al cielo ya predica, porque su evangelismo no lo hace porque haya recibido la vida eterna, ni tampoco porque lo espera un lugar muy bonito en el paraíso, no por los goces que disfrutará en el cielo, sino por la condición que ve en su vecino pecador. No es el cielo lo que se le ofrece a los pecadores para que sean salvos. No es la ventaja de dejar una vida peor por una mejor, no es dejar lo feo por lo bonito, lo malo por lo bueno, eso no es evangelismo, es negocio, el evangelismo del ladrón es diferente, le pide a su amigo que cambie porque está en la misma condenación (Lucas 23: 40). Y podemos estar seguros que no se refiere la sentencia de muerte sino a la condenación de Dios, que la incluye también. Le pide a su compañero que tema a Dios porque en unas horas nada más se hallará frente a su tribunal. ¿Qué te digo hoy? ¿Que dejes tus pecados por la belleza del paraíso? Deja tu pecado porque desde aquí a poco también te presentarás frente al tribunal de Dios para recibir sentencia de condenación. Horrenda cosa es caer en las manos Dios vivo.

(4) Casi concluyendo es bueno que pensemos en su esperanza (Luc. 23: 42). Este hombre le pide al Señor que se acuerde de él, sabe que si el Señor se acuerda de él cuando regrese será salvo. Cree en la doctrina de la resurrección de entre los muertos, tanto para Jesús como para él mismo; da a entender también que aquella cruz no era el fin de Jesús, que después de ella él establecería su reino. Estaba pidiéndole no que lo salvara de esta muerte, no le pide que lo baje de la cruz sino de la condenación eterna.

Esas palabras de Jesús, "hoy estarás conmigo en el paraíso" son la correcta traducción que literalmente diría "en verdad te digo: hoy estarás conmigo el paraíso". Es cierto que el ladrón se refería la resurrección, pero Jesús le contestó más. El paraíso no es un lugar futuro, de futura creación sino algo que ya está puesto en existencia (2 Co. 12: 4). Jesús se está refiriendo que aquel mismo día su alma entraría por la puerta del paraíso celestial, a la compañía de los espíritus de los justos hechos perfectos y a la presencia del Padre. Dijo el Señor que hay gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, y aunque los ángeles pudieron estar tristes, con esta sorprendente victoria de la gracia de Cristo se pusieron alegres y se prepararon para darle la bienvenida.

lunes, 29 de marzo de 2010

Un cuerpo sin inclinaciones pecaminosas

Mateo 1: 18, 20
Y el nacimiento de Jesucristo fue como sigue. Estando su madre María desposada con José, antes de que se consumara el matrimonio, se halló que había concebido por obra del Espíritu Santo. Pero mientras pensaba en esto, he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor, diciendo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que se ha engendrado en ella es del Espíritu Santo.

Se dice “antes que se consumara el matrimonio” (se juntasen) para enfatizar que su nacimiento fue milagroso y diferente a los de la genealogía anterior. Se aparta genéticamente de ella. Su biología o sistema hormonal habría de funcionar distinto, con inclinaciones diferentes a las de sus ancestros porque el Espíritu Santo es el autor de la naturaleza humana de Jesús; él nace por la intervención divina sin la mediación de hombre alguno, y por ende no hereda el pecado original transmitido por Adán, no nace con una naturaleza “sometida a pasiones semejante a la nuestra” (Sgo. 5:17), sino sin pecado y sin contaminación, como cordero de Dios sin mancha y destinado a morir por su iglesia desde antes de la fundación del mundo.
Es así que Jesús es apropiado, en cuerpo y mente, para morir por los pecados de su pueblo. En ese sentido tiene una naturaleza humana pura y como explica la cristología apostólica lo que ocurrió con la sombra del Espíritu fue la encarnación de la segunda persona de la Trinidad que habita en un cuerpo completamente santo como un templo y lo hace su residencia de salvación. No podía residir en un cuerpo “de muerte” como el nuestro y siempre deseando que Dios lo librara de él. Jesús no pecó contra su propio cuerpo ni éste lo poseía. El Espíritu Santo hizo una creación especial preparándole semejante cuerpo para introducir al Hijo en el mundo y le pudieran adorar todos los ángeles de Dios (He. 1: 6; 2: 9; 10: 5; la palabra preparado en griego también significa “ajustado, arreglado, restaurado”). ¿Cómo le podrían adorar los ángeles si su cuerpo hubiera sido exacto al nuestro? Su cuerpo fue restaurado, ajustado, arreglado, para que se constituyera en el "Segundo Adán", la cabeza de una nueva humanidad.

2 Co. 8:9   
Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros por medio de su pobreza llegarais a ser ricos.

Flp. 2:5-11; Col. 1:15-19; Jn. 1:14; 17:5.
 Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, [6] el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, [7] sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. [8] Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. [9] Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, [10] para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, [11] y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre

Jn. 17:5   
Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera.

Jesús siempre supo eso y por ese motivo en diferentes ocasiones se llamó Hijo de Dios, y como entendió el evangelista, “haciéndose igual a Dios” (Jn. 5:18); e igualmente sus enemigos.
Siendo el cuerpo suyo santo podía iluminarse con celestial gloria en el monte.

2Pe. 1:17, 18 
Pues cuando El recibió honor y gloria de Dios Padre, la majestuosa Gloria le hizo esta declaración: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido; [18] y nosotros mismos escuchamos esta declaración, hecha desde el cielo cuando estábamos con El en el monte santo.
  
Y además podía pasar entre sus perseguidores sin ser visto (Luc. 4:30). Ese fue el cuerpo que llevó sobre la cruz el pecado de todos nosotros, menos el suyo, porque no lo tenía.

domingo, 28 de marzo de 2010

Después del culto


Malaquías 3: 16

"Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero y Jehová escuchó y oyó y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová y para los que piensan en su nombre".


Sí, la palabra del profeta no volvió vacía y algunos se quedaron hablando con sus compañeros y comentando entre ellos sobre lo que habían oído y sintieron deseos de animar a otros a obedecer la Palabra de Dios, especialmente a esos a los cuales el profeta se dirigió.

Es importante que los piadosos conversen sobre la corrupción del clero y cómo remediarla, sobre el creciente índice de divorcios y adulterios entre ellos y otras carnalidades que han hecho sucumbir sus ministerios, sobre la apatía de la iglesia al palpar de primera mano la infidelidad de sus líderes, los cultos cansones, la situación económica de la iglesia, cuál es su causa y sus posibles remedios, la vida cristiana de los malos patronos y la situación legal, económica y espiritual de los inmigrantes ilegales y cómo extenderles una mano llena de amor para socorrerlos.
Todos esos fueron los temas de conversación que Dios oyó después de los sermones de Malaquías y le agradaron esas pláticas entre hermanos que se distinguían de los otros que se marchaban protestando o hablando sobre cosas insulsas, películas, contándose chismes, o criticando lo que vieron alrededor o escucharon desde el púlpito.
Aunque a veces más que una crítica son lamentaciones porque se van del culto no llevándose en el alma absolutamente nada que les haya podido ayudar. Sienten como si Dios no les hubiera hablado y se preguntan “¿a qué vinimos? No nos llevamos nada”. Dios toma nota de todo lo que hablamos (Mt. 12: 36), y en especial después de los cultos, lo anota en su memoria junto a nuestros nombres como testimonio a favor de los que piensan en el Suyo.

viernes, 26 de marzo de 2010

¿Viejo y divorciado? ¿Estás loco?


Malaquías 2: 10; 13-16
¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué nos portamos deslealmente unos contra otros, profanando el pacto de nuestros padres?   
Y esta otra cosa hacéis: cubrís el altar del Señor de lágrimas, llantos y gemidos, porque El ya no mira la ofrenda ni la acepta con agrado de vuestra mano. [14] Y vosotros decís: "¿Por qué?" Porque el Señor ha sido testigo entre tú y la mujer de tu juventud, contra la cual has obrado deslealmente, aunque ella es tu compañera y la mujer de tu pacto. [15] Pero ninguno que tenga un remanente del Espíritu lo ha hecho así. ¿Y qué hizo éste mientras buscaba una descendencia de parte de Dios? Prestad atención, pues, a vuestro espíritu; no seas desleal con la mujer de tu juventud. [16] Porque yo detesto el divorcio—dice el Señor, Dios de Israel—y al que cubre de iniquidad su vestidura—dice el Señor de los ejércitos—. Prestad atención, pues, a vuestro espíritu y no seáis desleales.

 Esto explica el menosprecio que el pueblo sentía hacia los sacerdotes y hacia la palabra de Dios, y que hubieran cerrado sus manos para no traer sus diezmos y ofrendas al templo porque veían vivir a sus líderes espirituales peor que como ellos vivían La gente no temía a Jehová (1: 6), porque los sacerdotes tampoco le temían y no estaban dispuestos a sostener económicamente a estos hombres corruptos, y menos darle lo mejor de sus vidas y ganancias (lee todo el capítulo anterior; y 3: 8-11).
La calidad de las ofrendas era mala y los diezmos prácticamente no existían y los culpables eran los sacerdotes. Dios les enseña que él estaba contra el adulterio que practicaban, bien a escondidas o por el repudio (divorcio). El Señor piensa en la esposa engañada por su compañero, en la mujer que es víctima del adulterio de su marido, diciendo: "No le hagas eso a quien te dio su juventud". Les hace recordar el pacto que hicieron con ellas.
¿Cómo haremos ya viejos lo que no hicimos jóvenes? ¿Perderemos la familia y la vocación? ¿Le haremos tanto daño al reino de Cristo? Si la sensualidad y el diablo se amigan para tirar del púlpito a un varón, dice el profeta que Jehová le echará el estiércol a la cara, sobre su nombre y reputación, y lo cubrirá con multitud de heces (v.3). Si lees 2: 10, 15, juntos, te das cuenta que Dios nos enseña que todos somos hermanos, una familia, y no debemos dañarnos de ese modo. Está en orden que nos arrepintamos de esa locura y volvamos a ser fieles, cuerdos y santos, buenos cristianos como fuimos. Oh no, adulterio o divorcio pastoral nunca, y en la vejez menos.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Dios no me ama


Malaquías 1: 1-5
 “Yo os he amado pero vosotros decís ¿en qué nos has amado? A Israel amé y a Esaú aborrecí”. 

A veces uno ve que a los no cristianos les suceden cosas mejores que a los siervos y siervas de Dios, tienen mejor salud y los guía una mejor fortuna, y dicen para sí: “Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocencia” (Sal. 73: 13). Cuestionan el amor de Dios y descartan la utilidad de la oración, hablan del engaño de la fe, la ilusión de las promesas y las contradicciones de la providencia. La vida espiritual está hecha una ruina.

Israel al mirar a su vecino Edom que prosperaba sin Dios se decía para sí mismo: "permanecen a pesar de sus iniquidades, no importa lo que sus ciudades sean. Ahora son mayores y más hermosas, han mejorado en estos setenta años; han edificado muchas calles y casas nuevas; en contraste con nuestras poblaciones que están ennegrecidas por el fuego y destruidas; ellos permanecen erguidos con más pecados que nosotros, como si haciendo mal le hayan venido bienes", (Ro. 3:8-18).

Entonces Israel es llamado a la reflexión; ¿cómo se engendraron ambos pueblos? Aunque hayan prosperado serán destruidos, "amé a Jacob y a Esaú aborrecí" (Ro. 9: 13). El amor de Dios hay que localizarlo no en las circunstancias sino en la elección y mirarlo con distancia eterna, más allá del tiempo. La elección para la salvación, hecha desde la eternidad, el tener el nombre escrito en el libro de la vida, la suministración del Espíritu Santo, el perdón de los pecados, la esperanza de la resurrección y la entrada al reino de los cielos, valen más que todas las riquezas de las naciones juntas. A la larga la suerte de Lázaro es mucho mejor que la del hombre rico que  elegantemente se banqueteaba día por día. Que Dios nos ignore es la peor mala suerte. La elección es una doctrina de amor.

Es el propósito de Dios con Israel lo que muestra su amor, pero ¿qué propósito y qué elección mostró con Esaú? Ninguna. Si acaso para aborrecerlo. Yo diré hoy al Señor "aunque me matares en ti confiaré" (Job 13:15). "Tú me castigas pero no te apresuras a destruirme" (Pro. 19:18). "No respondes mi oración como quisiera pero tienes de mí clemencia". "A la larga, a la larga permaneceré y seré ayudado, por lo tanto no me apresuraré" (Ro. 9:33). Y si la satisfacción de ser un escogido por Dios no sobrepuja mis dolorcillos propios y continúo con esa chiquillada de que Dios no me ama, mi fe no alcanza ni siquiera el descomunal tamaño de un grano de mostaza.

lunes, 22 de marzo de 2010

¿Dónde queda Jerusalén?

Zacarías 12:6-14
"Y derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén, el Espíritu de gracia y de súplica, y me mirarán a mí, a quien han traspasado. Y se lamentarán por El, como quien se lamenta por un hijo único, y llorarán por El, como se llora por un primogénito. Aquel día habrá gran lamentación en Jerusalén, como la lamentación de Hadad-rimón en la llanura de Meguido. Y se lamentará la tierra, cada familia por su lado: la familia de la casa de David por su lado, y sus mujeres por su lado; la familia de la casa de Natán por su lado, y sus mujeres por su lado; la familia de la casa de Leví por su lado, y sus mujeres por su lado; la familia de los simeítas por su lado, y sus mujeres por su lado; todas las demás familias, cada familia por su lado, y sus mujeres por su lado".

"Y Jerusalén será otra vez habitada en su lugar, en Jerusalén". Estos son los pasos para la restauración divina de la iglesia.  Lo que aquí se dice para la vieja Jerusalén se dice mayormente para la nueva Jerusalén, la iglesia cristiana. Nota primero el lugar de Jerusalén; ¿dónde? En Jerusalén (v. 6). Jerusalén no puede estar en otro sitio sino donde Dios la fundó, sobre el monte de Sión y rodeada de ellos, en el lugar donde Abraham dispuso un altar para sacrificar a su hijo. No en Egipto, sitio de servidumbre sino donde fue conquistada por Dios, en lugar de libertad, en una posición de redención. No en Babilonia, en cautiverio, en deportación, sino en Jerusalén, en su propia tierra, no en Atenas, fundada sobre filosofías de hombres sino en la sabiduría del Espíritu. La iglesia tiene que ocupar su lugar, desde Dan hasta Beerseba, en los límites de las promesas, con sus fronteras y límites bien señalados para que no se disuelva en las costumbres de los pueblos del mundo, con sus murallas bien altas, con sus torres para atalayar, en santidad. Si la iglesia es sal de la tierra, luz del mundo, columna y apoyo de la verdad, ocupa el lugar que Dios le ha mandado.

Después de un interludio de cómo llegará a ser triunfante (vv.7-9), continúa para decirles que la restauración divina de la iglesia está en las manos del Espíritu Santo (vv.10-14).Primero en la abundancia del Espíritu porque dice que "derramaré"; yo no dudo que haya muchas iglesias que estén funcionando con algunas gotas del Espíritu, pero no con la "plenitud" del Espíritu, aún no han experimentado esa celestial abundancia. Y por eso entiendo varias cosas. La disposición y solicitud por el Señor la sigue un profundo interés en la vida espiritual propia; no primero los de afuera sino de los de adentro, de uno mismo, una restauración profunda porque hay mucho lamento por la condición pasada y presente de uno, muchas cosas que lamentar y por las cuales llorar, tanto tiempo perdido, tantas cosas mal hechas, tantas oportunidades desaprovechadas, tantas decisiones  equivocadas, rumbos insensatos, pensamientos errados. No con algún suspiro y cierto remordimiento sino con muchas lágrimas. No con conciertos musicales, obras de teatro y pantomimas. Sin bufonadas señores, sin payasos.

No se puede recuperar la iglesia sin llorar; o de un modo frío y desinteresado. Los pastores llorando por ellos mismos (por su lado), las esposas de los pastores llorando por ellas mismas, los hijos de los pastores llorando por ellos mismos, los diáconos llorando por ellos mismos con sus familias, cada joven llorando, lo ancianos llorando por ellos mismos; cada uno preocupado por su propia vida espiritual; entonces y solamente entonces la iglesia estará capacitada para poder predicar el evangelio en el mundo, para tener un mensaje de salvación no culturizado; para salir a buscar las almas perdidas. Una iglesia poderosa: reformada, avivada y evangelizadora. El lugar de Jerusalén es en el Espíritu donde el Señor la fundó, un lugar de mucha seriedad y solemnidad, y si no es así y no llora, Jesús llorará sobre ella.

sábado, 20 de marzo de 2010

Páguenle lo menos posible al pastor


Zacarías 11: 12, 13
"Y les dije: Si les parece bien, denme mi salario y si no, déjenlo; y pesaron por mi salario treinta piezas de plata".

Si la parte más sensible de su cuerpo es el bolsillo no lea este comentario. Quien lo escribe nunca ha pedido un salario por su trabajo sino lo que la iglesia ha estimado conveniente, y que él de buena gana lo ha recibido porque siempre ha deseado no ser carga para su rebaño.
Es como si el profeta quisiera decirles: “Tengo derecho a un salario, me pesa tener que hablarles de dinero, pero si no quieren, no me den nada”. En el texto el profeta por orden de Jehová le pide al pueblo que le paguen un salario por su pastoreo y ellos como lo subestiman le pagan el precio de un esclavo y dicen: ¿para qué más? ¿Acaso vale más? Hay una Biblia anotada que dice que en el código de Hammurabi ese era el salario por dos años y medio de trabajo de un jornalero. En la Escritura era el precio de un esclavo (Ex. 21: 32). Casa del alfarero no había en el templo.

Los trabajos de un pastor tienen gran valor y si lo hace bien nunca es demasiado, aunque él no pida aumento y esté conforme, como es su deber. En nada estoy de acuerdo con esos descomunales salarios que embaucando a los inocentes se han asignado algunos pillos predicadores, a los cuales no les importan el rebaño del Señor, que esquilman sin remordimientos. Hablo de los genuinos profetas de Dios que aman la iglesia más que a ellos mismos, como al mismo Dios.
Por otra parte, hay malos y carnales como estos que aquí el texto trata, que no le dan mucho valor a lo espiritual, ni tampoco al trabajo pastoral que se hace (con o sin defectos) para rescatarlos y reconciliarlos, ni a las visitas que de cuando en cuando les hace el mismo Señor para que sean salvos.  Y si pudieran juntar todos los sermones oídos, las visitas en casas, hospitales y cementerios, oraciones, consejos solicitados y gratuitos, estudios bíblicos, y los llantos acumulados en la redoma de su oficina o platicando con la que duerme a su lado, estimarían que no dejando ni un suspiro afuera, un buen sueldo sería un puñado de monedas que iguale al que menos gane en la iglesia. Pero toda esa profecía no queda lúcida hasta que a Judas Iscariote le paguen su salario.

También es verdad que hay pastores insensatos que no llevan esos aperos mencionados, y no merecen ni siquiera que se les pague con la dracma perdida. ¡Ay de aquellos infelices donde les caiga uno! A continuación el Señor habla de un "pastor insensato que no visitará las perdidas ni buscará la pequeña, ni curará la perniquebrada" (11: 15-17). Es un retrato de cierto pastor despreocupado  y holgazán que sólo piensa en quitarles lo que pueda a los hermanos. Es un castigo que les profetiza, dándoles malos pastores que ocupen los púlpitos que tenían los genuinos siervos. Así castiga Dios a las iglesias que desprecian sus buenos pastores, enviándoles auto nombrados apóstoles que los despojen, les quiten lo que tengan, y por añadidura los maltrate, les crispe los puños y los abofetee (2 Co. 11: 19-21).

jueves, 18 de marzo de 2010

Gracia y Amarres


Zacarías 11: 7-14
"Y tomé para mí dos cayados: al uno puse por nombre Gracia (belleza) y al otro Ataduras (cuerdas)”.

Esta palabra contiene una desgracia muy grande para el pueblo de Dios. La ruptura del pacto y el testimonio de la hermandad entre Israel y Judá. No te detengas a discutir conmigo si el Pacto se puede romper o no; yo creo en la perseverancia de los santos. No obstante el Señor tiene razones y derecho para romper este pacto fundado sobre las obras.
Es increíble en el NT que el pacto de gracia sea roto. Sin embargo el texto mirado desde un ángulo distinto, cuando el creyente se porta mal con Dios, nos suple de mucho beneficio. Sin que se rompa el Pacto que los creyentes han hecho con Dios en Cristo, cuando pecan las cosas no pueden seguir igual. Algo pasa. Se frustra la relación. La "belleza", o "esplendor y gracia" se dañan. Al quebrarse la relación con Dios vendrá el caos y el abandono, como fue el caso con Israel y Judá.
Cuando los creyentes fracturan su relación con Dios, se rompe la belleza de la comunión, la belleza que se mira de él, la belleza de la gracia, la belleza de la unión entre los hermanos, y toda su belleza manifestada en la persona de Jesucristo; la belleza del Espíritu Santo, la belleza de la Biblia; la belleza de la santidad y su hermosura. Todo se rompe cuando el Pacto con Dios se rompe (no el de la salvación) y nos olvidamos de la purificación de nuestros "antiguos pecados" y tenemos "por inmunda la sangre del pacto". Que nos guarde Dios de que se rompan esas dos cosas con nosotros, la belleza y las ataduras, que son las cuerdas de amor que nos unen con Dios, los compromisos y las decisiones santas que hemos hecho un día con él.
No busques el rompimiento de esas ataduras, al contrario, trata de hacer nuevos amarres para que en el día malo los vientos de malas doctrinas y las tempestades de la carne no te separen nunca de él. En vez de tener menos compromisos con Dios ten más compromisos, más obligaciones (si tu tiempo lo permite), para que le sea al diablo más difícil desatarte aquí en la tierra, y nunca en el cielo como pretende. Por supuesto, amárrate con cordón de tres dobleces a la cruz de Cristo, y no abandones tu familia, el trabajo y otras obligaciones.

martes, 16 de marzo de 2010

Si alguno desea Obispado


Amós 2: 11
“Levanté de vuestros hijos para profetas y de los jóvenes para nazareos”.

Desmiéntanme si pueden. La falta de vocación ministerial es una indicación de que las cosas no están bien con Dios. Generalmente, con excepciones, los hijos de los ministros no sienten la vocación de sus padres, los maestros no tienen hijos ministros y los hijos de los misioneros estudian otra cosa. Cuando Dios quiere bendecir a un país levanta profetas, pastores y misioneros que anuncia el evangelio, hombres consagrados de plano a su Palabra: el estudio de ella y su exposición. Es bellísima cosa oír a una familia hablar con orgullo cómo su hijo ha dejado todo para cursar estudios teológicos y prepararse para servir a Dios. No hay carrera más noble que esa, y descansa precisamente en llevar el sello del divino llamamiento sobre la frente, la seguridad de querer con alma en llamas, anunciar el evangelio del Señor Jesucristo. Noble por la pasión que muestra, por las pérdidas y sacrificios que pasa, por la perseverancia que muestra y por la altura de su mirada.
Un ministro de Dios es un personaje, aunque anónimo sea, heroico, y el más importante del mundo porque está encargado de enseñar a los hombres el suceso más importante bajo el cielo, la crucifixión y resurrección de Jesús de Nazaret; de atraer las masas hacia allí y reconciliarlas con Dios. Es una vocación trascendente porque todos sus negocios con la Palabra de Dios sobrepasan este mundo hasta la eternidad. Aunque un ministro pase 120 años predicando como Noé y sólo logre atraer a la salvación a su pequeña familia, y muera sin ganar a otros como es su deseo, valió la pena haber vivido para predicar lo que predicó sin importar su éxito o derrota ante los ojos de los hombres.
Los colegios y universidades preparan a esos hombres, los llaman a clases pero ellos son llamados por Dios. El profeta dijo que Dios los llamó. El seminario los educa pero Dios los llama. Entrar a un seminario teológico sin ese requisito indispensable pensando estudiar teología como se estudia cualquiera otra carrera, es un gran error, y mayor todavía si después de su graduación es admitido como pastor en una iglesia. Los colegios, ávidos de recursos, casi no comprueban eso y admiten ligeramente a todo el que llene sus formularios y haga los pagos. Se le miran los talentos que tiene, los dones que luce, su apariencia y educación casi pasando por alto si desde el cielo lo han comisionado para ese oficio.
A veces el estudiante afirma que Dios lo ha llamado pero en su carácter, sus negocios o en su familia da señales inapropiadas que contradicen su supuesto llamamiento divino. Pero el centro educativo no se entera de eso ya porque el joven no reside en él, o cerca, o porque el claustro no tiene particular interés en ese aspecto. Termina sus estudios y le ofrecen trabajo en una iglesia, y es ahí donde en realidad se va a graduar y probar que es un nazareo de Dios, porque el Espíritu Santo será su principal colaborador; y éste tiene compromiso único con los que el Padre ha llamado a su servicio y no con suplantadores. Y las áreas de trabajo disponibles a la iglesia para corroborar su llamamiento son muchas y más temprano que tarde lo aprueba o lo descarta. La Unción de Dios es indispensable y sin ella no hay ministerio que valga. Ni en los sermones ni en el cuidado de la iglesia. Y por otra parte, los enemigos espirituales suyos, de su trabajo y de la iglesia, también tienen la diabólica misión de reducirlo a nada y corromperlo, sino con alcohol, con dinero, poder, o con sexo (v.12), y eso no por un día o dos, sino por toda la vida, al principio, a la mitad y al final de su encomienda.
Varones, oigan bien si la voz que oyen es la de Dios, porque si es sublime ser convertido en un nazareo de Cristo, es el peor oficio que puede tener otro que gasta dinero, tiempo y familia en una obra que no cuenta con la colaboración del Soberano Dueño de ella. Si alguno anhela obispado buena obra desea.