lunes, 30 de agosto de 2010

Competencia entre dos Iglesias, y su famoso pastor


Génesis 30:1-43 (todo el capítulo)

Y ella dijo: Aquí está mi sierva Bilha; llégate a ella para que dé a luz sobre mis rodillas, para que por medio de ella yo también tenga hijos”.


Voy hacer una alegoría con estas dos mujeres. Pablo hizo una alegoría de Sara y Agar, yo la haré con Raquel y Lea, Pablo dijo que eran dos pactos, la ley y la gracia, yo encuentro que son dos iglesias que compiten por crecer en número, lo cual es desafortunado porque son hermanas y como hermanas debían amarse y no competir sino amarse recíprocamente y darle gracias a Dios por la prosperidad de la otra.

Sin embargo desafortunadamente no sucedió así, la iglesia con prosperidad hizo saltar de envidia a la estéril que no soportaba que aquella tuviera hijos y ella no, y que se hubiera sentido mejor si no los tuviera o si se morían, o les sucedía alguna desgracia. Cada parto de ella la hacía sufrir porque la hacía sentir inferior, quiero decir que cada nuevo miembro que bautizaba, cada número que añadía le producía dolor.

La hermana estéril debía esperar en Dios pero no lo hizo, recurrió a una solución social dándole a su sierva al marido para que engendrara hijos que legalmente serían propiedad de ella pero como producto de una fornicación, haciéndolo infiel a él, hijos que fueron naciendo con nombres muy bonitos que reflejaban su situación emocional perturbada pero por los cuales no había “sufrido dolores de parto” porque no habían sido formados dentro de ella.

Debió esperar el día que Dios se acordara de ella y le diera a José, y con José debió conformarse pero esa palabra ella la desconocía, y quiso otro más, y lo tuvo, Benjamín, y éste le provocó la muerte, una grieta enorme que la llevó a desaparecer, un símbolo de lo que es una división en una iglesia, que le produce una herida mortal.

Y la iglesia próspera, sin tener necesidad de caer en lo mismo que la estéril llegó al punto de tampoco conformarse con un límite en su membrecía y se desvió hacia la superstición y usó las mandrágoras para tener otro hijo; un nuevo método de evangelización que realmente no servía para nada pero ella lo tuvo como si fuera efectivo; supongo que eso es sombra de los pañuelos ungidos, aceites, últimos cursos de cómo tener éxito, y otras cosas a las cuales se les da un poder milagroso de engendrar hijos cuando es mentira.

Y Jacob ¿es un tipo de Cristo el esposo de la iglesia? No. Es un tipo del pastor de la iglesia, una clase de pastor muy trabajador, que ama la iglesia pero socialmente adaptado que engendra hijos con sus esposas y con sus siervas, de su matrimonio y de fornicación, y ¡hasta se alquila!, no le importa que lo usen, ese no es su problema sino el de ellas. Se adapta a sus iglesias y hace lo que ellas quieran con tal que el número aumente y ser él el autor de tan tremendo crecimiento, disputado por una congregación y por otra porque es capaz de hacerlas crecer y darle nombre a ellas y orgullo, y un nombre famoso. Disgusting.

jueves, 26 de agosto de 2010

Un bastón para Papá Jacob


Cuando vio que no había prevalecido contra Jacob, lo tocó en la coyuntura del muslo, y se dislocó la coyuntura del muslo de Jacob mientras luchaba con él” (Génesis 32:24-32).

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¿Cómo decir eso, que un hombre luche con un ángel? ¿Cómo se pueden abrazar un espíritu y un hombre de carne y huesos? No conocemos casi nada sobre las propiedades de los ángeles, pero sabemos que cuando adoptan la forma humana también adoptan las características de un ser humano y pueden incluso ingerir alimentos como aquellos tres que visitaron a Abraham. Se hacen sólidos como la materia sin serlo, se convierten físicamente en hombres de modo que se les llama varón, sin poder distinguir entre un ser humano nacido de una mujer y un ángel en forma humana, por eso “algunos sin saberlo, hospedaron ángeles” (He. 13:2).

El mismo Señor Jesús resucitado dijo que no era un espíritu porque era tocable (Luc. 24:39) sin embargo podía penetrar las paredes y con su nuevo cuerpo ¡conservaba aún los huecos de los clavos y la herida en el costado! ¿Cómo se entiende eso? (Jn. 20:19,20,27). Muy poco conocemos del más allá. Puede imaginar a un ángel flotando en el aire o volando ¿pero sentado sobre una piedra? Pues sí y sé de dos sentados sobre una tumba (Jn.20:12). Volviendo al pugilato de uno de ellos con Jacob.

El relato se vuelve más enigmático cuando se lee que lo venció. ¿Cómo puede un hombre vencer a un ángel tan poderoso si con un simple toque lo deja cojo? (v.32). Sin embargo toda la noche estuvieron luchando sin que el ángel le hiciera algún daño, hasta que se declara vencido al rayar el alba (v.26). El ángel le dijo “me has vencido” y vencer aquí es sinónimo de convencer porque las fuerzas contrarias a Jacob se hallan dentro de la voluntad de Dios; por tramposo y mal hermano. Dios lo bendijo por medio de Isaac pero cada músculo de su voluntad estaba en contra de lo que hizo. La oposición angelical no es otra que las mil fortísimas razones que tiene Dios para rehusarnos las bendiciones que nos da y no merecemos y que son por “el puro afecto de su voluntad”, de su musculosa voluntad. Fíjese que el ángel no dijo que lo había vencido a él sino a Dios quien le ordenó que le entregara la bendición.

Jacob le pidió una bendición, el ángel le dijo un rotundo no, “ni lo sueñes”, y entonces Jacob le vio en la mirada los reproches divinos por lo que había hecho y se le colgó al cuello a Dios, lo abrazó para impedir que se fuera y mientras forcejeaba le decía: “No te dejaré si no me bendices con mi hermano (v.26); no te dejaré ir si no aceptas mi arrepentimiento y me das tu perdón”.

Esa experiencia tiene resonancia en las palabras del apóstol “mirad cuán gran lucha sostengo por vosotros y por los que están en Laodicea y por los que no han visto mi rostro” (Colosenses 2:1), y que muy bien John Gill explica así “…quiere decir, sus fervientes oraciones y luchas con Dios, los conflictos que tiene dentro de su mente, con su espíritu por el bien de las iglesias de Cristo, y el cuidado que tiene con ellas incluyendo aquellos hermanos que les son desconocidos”. O sea, la lucha de Jacob con el ángel es la esencia misma de lo que conocemos como oración.

Y eso de la cojera estoy seguro que sus hijos lo interpretaron bien, regalándole algún bastón, acomodando lo espiritual a lo espiritual y comiendo de todo sin supersticiones. Nunca olvidaron el ejemplo paterno que las cosas hay que hacerlas bien hechas aunque se tengan las bendiciones predestinadas en los lugares celestiales porque si no, hay que pelear mucho por ellas.

lunes, 23 de agosto de 2010

Bendíceme después, pero bendíceme


Génesis 27:34-38

“Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclamación, y le dijo: Bendíceme también a mí, padre mío. Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición. Y Esaú respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición. Y dijo: ¿No has guardado bendición para mí? Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí yo le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y de vino le he provisto; ¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío? Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró”.


Aunque le parezca una sorpresa, tomo las palabras dichas por un reprobado a su padre, como buenas para orar a Dios cuando se necesita una bendición. Esaú suplicó a Isaac, “bendíceme también a mí, padre mío” (v.34) y repitió lo mismo en el v.38 pero añadiendo a su súplica lágrimas, pues “lloró”. La pregunta no deja de ser conmovedora, “¿no tienes más que una sola bendición?” (v.38), y era una lástima que el viejo tuviera sólo dos y la segunda fuera inferior. Y donde este cazador muestra sumisa y conmovedora desesperación es cuando dice “bendíceme también a mí, padre mío”.

Quiere decirle: “Bendíceme “después” pero aunque sea después, que sea después; si a él lo bendijiste primero, bendíceme a mí aunque sea el segundo, después que termines de bendecirlo a él bendíceme a mí si te queda alguna bendición”. Y si eso fuera poco le añadió un “padre mío”, como quien dice “también eres mi padre porque yo también soy tu hijo”. Esaú era mejor hijo que Jacob, terrenal, profano y velludo pero no suplantador.

En nuestro caso, no hemos vendido nuestra primogenitura y somos elegidos por Dios que es mejor padre que Isaac y tiene más de dos bendiciones, y cuando rogamos a él no lo hacemos como bastardos ni reprobados sino como hijos legítimos de la promesa. Sin embargo, con humildad cristiana tenemos que reconocer que Dios tiene hijos mejores que lo que nosotros somos o por lo menos hay otros hijos que necesitan tanta bendición como nosotros la necesitamos o quizás necesitan más bendición que la que nos hace falta.

Conscientes de eso podemos con humildad pedir a nuestro común Padre que después que haya bendecido a otros, cuando haya repartido importantes bendiciones, que por favor nos bendiga también. Esaú nunca alcanzó la promesa aunque la procuró con lágrimas pero sí una bendición. Como él le pidió a Isaac nosotros podemos pedirle a Dios. Cuando veamos que Dios bendice a otro no lo envidiemos sino pidamos que después que lo haya bendecido, cuando lo haya hecho prosperar, también lo haga con nosotros. Si usted ve que Dios está bendiciendo otra iglesia dígale: “Señor después que la hayas bendecido bendice también la mía”. ¿Acaso tiene Dios sólo una bendición? No. ¿No tiene otra y otra y están guardadas? Seguro. Señor, después que hayas bendecido a otro bendíceme también a mí.