domingo, 30 de mayo de 2010

El cuentagotas es tacañería

Mateo 26: 8

"¿Para qué este desperdicio?".


No pienses que desperdicias tu vida y que lo que das a Jesús es un desperdicio. Ni valores lo que haces por lo que consideras un éxito o porque puedes demostrarte tu utilidad. Puedes sentirte inútil y en realidad no serlo. Éxito no es lo mucho o lo poco que has hecho sino lo fiel que has sido. Si el éxito cristiano es algo recibido del Señor y no admite gloriarse, tampoco deprimirse si es poco. El genuino éxito es la gloria del Señor.

Cualquiera que sea la vocación secular, si se hace como para el Señor, no es un desperdicio aunque sea pobremente remunerada o la reciban malagradecidos. Tomar el precio de una vida y darla a los pobres es bastante pero no tanto como darla a Jesús. Si en el caso cabe tal distinción porque el amor a Cristo en los pobres se sublima. No te meta el diablo en la cabeza que si envejeciste sirviendo a Jesús has desperdiciado tus días. Eso te lo susurra Judas en el oído. Si fuera Pablo te habría dicho no estimo mi vida preciosa para mí mismo (Hch. 20: 24).

El fin del dinero y de la vida es Jesús; dar a Jesús lo que más valga de nosotros es un privilegio y es el mejor uso, glorioso, que le podamos dar. Todas las cosas que llegan hasta él están bien usadas. Hay otras cosas que parecen mejor usadas, que son más prácticas que la adoración, sin embargo no es así. El tiempo, los dones, la vocación que se derraman diariamente en el Señor, aparentemente se pierden, se los traga la tierra, el tiempo y la nada. Si así fuera entonces se gana porque la verdadera consagración es perderlo todo por él para ganarlo todo en él. En la historia cristiana se escribirán los nombres de aquellos que no hayan vivido para sí mismos sino para él. Algunos a Jesús, de todo lo que son y tienen, se lo van dando gota a gota. No lo derraman, como esta señora con su perfume. Me refiero a ellas y ellos cuyos nombres merecen la inmortalidad histórica y piensan que usar un cuentagotas sería tacañería.

viernes, 28 de mayo de 2010

¡Una mala exégesis, sí que es una plaga!

Mateo 26:60-61 (LBLA)

“No lo hallaron a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos. Pero más tarde se presentaron dos, [61] que dijeron: Este declaró: "Yo puedo destruir el templo de Dios y en tres días reedificarlo."


Otro aspecto de la humillación de Jesús fueron los falsos testigos. Ellos no habían buscado un traidor, pero falsos testigos sí. ¿Quiénes eran? No eran inventores, ésos no servirían para poder hacerle daño al Señor. Los falsos testigos tenían que haberle oído predicar, eran los que tergiversaran sus palabras, que las citaran tal como él las dijo (con exactitud) pero que las interpretarán mal, que les dieran un significado que no hubo en su mente. Y eso son los mejores falsos testigos. Compara el v. 61 con lo que sucedió.


“Jesús respondió y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. [20] Entonces los judíos dijeron: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú lo levantarás en tres días? [21] Pero El hablaba del templo de su cuerpo. [22] Por eso, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron de que había dicho esto; y creyeron en la Escritura y en la palabra que Jesús había hablado” (Jn. 2: 19-22).


Indudablemente que las palabras del Señor habían sido dichas en un contexto que muy fácil fue relacionarlas con el templo judío (Luc. 23: 2). Con facilidad se equivocaría cualquiera. La interpretación de la Biblia es algo delicado y se necesita la ayuda del Espíritu Santo para no convertirse en un falso testigo. Y Pablo dice que es peligroso si afirmamos algo que se cumplió y no se ha cumplido o que se va a cumplir y no se cumple. Es decir tomar las palabras y explicarlas mal diciendo una cosa por otra.


“Aún más, somos hallados testigos falsos de Dios, porque hemos testificado contra Dios que El resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan” (1 Co. 15: 15).


Cristo mismo dio mucha importancia a la lealtad a un significado de la Escritura.


“Cualquiera, pues, que anule uno solo de estos mandamientos, aun de los más pequeños, y así lo enseñe a otros, será llamado muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que los guarde y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos” (5: 19).


Aun para las doctrinas que nos parecen pequeñas. Es nuestra obligación entonces estudiar bien sus palabras, una por una, y tratar de averiguar exactamente no sólo lo que dijo sino de qué hablaba, a qué se refería.

El cristianismo desgraciadamente está lleno de falsos testigos de sus palabras porque unos sin recibir enseñanza alguna ni tener don de maestros interpretan y la enseñan cómo a ellos les parece. He ahí una explicación de por qué tantos grupos religiosos. El Señor nos ayude a no interpretar lo que leemos y oímos dándole significado que él no le dio porque si algo daña grandemente al cristianismo fundado por él son las tergiversaciones de la Escritura y sus malas exégesis. Eso sí que es una plaga. (Eduardo lo explica bien, aquí).

jueves, 27 de mayo de 2010

¿Cuántos ángeles quieres? ¿Uno o 72,000?

Mateo 26: 53
“¿O piensas que no puedo rogar a mi Padre, y El pondría a mi disposición ahora mismo más de doce legiones de ángeles?”.

¿Cómo se pueden explicar estas palabras con la oración en los vv. 42-44? Eso indica que Jesús no perdió su confianza en la oración por el hecho que el Padre le negara lo que le había pedido. Si algo no es posible no hay que descorazonarse y perder la fe y la confianza en la oración propia. Ni en la de aquellos que nos acompañan. Aunque sea un silencio por no. Si Dios le envió un ángel para fortalecerle (Luc. 22: 43) podría enviarle 72000 ángeles si la legión la formaban 6000. Algunas veces 4200 ó 5000. Lo que quiere decir es una invencible ayuda.

Tal vez los discípulos vieron al ángel que le visitó o lo supieron después, y usando una especulación, quizás pensaron que ahora un solo ángel no sería suficiente contra todos aquellos y haría falta más ayuda celestial, como si la más pequeña fuerza de Dios no pudiera más que todos juntos, y sólo un dedo (Luc. 11: 20) no fuera bastante para derrotarlos. No subestimemos a Dios. Nuestras oraciones, porque Dios lo quiere, algunas veces logran mucho y otras menos. Siempre logran.

Cuando Dios hace poco no significa que no pudiera hacer más. En realidad nunca es poco, poco es como nos parece pero en realidad un ángel es más que suficiente. Aquel solo ángel fue una representación de Dios, o sea, representaba su presencia y eso fortaleció al Señor. Debemos estar satisfechos cuando no hace más porque eso interferiría su voluntad. La voluntad divina pudiera ser menos y no más. Uno a veces quiere más participación de Dios en nuestros asuntos y no lo logramos porque él no quiere, él sabe hasta dónde debe meterse o interferir. Es mejor no cambiar nuestro destino sino fortalecernos para asumirlo. Conozcamos nuestros límites y los límites de Dios, y que la oración no es omnipotente sino quien la contesta. ¿Cuántos ángeles quieres para estar complacido?

lunes, 24 de mayo de 2010

Muy parecidas, señoritas, pero ustedes no

Mateo 25: 11

“Señor ábrenos”.


Si el grito de alarma de estas señoritas, “nuestras lámparas se apagan” fue triste oírlo, más todavía cuando se sienten recuperadas y piden admisión en el cielo, aunque en realidad no lo están, y Cristo no les abre porque llegaron tarde. Se sentían recuperadas, como si hubieran recibido la fe que les faltaba, la gracia que se les extinguía, pero no era así. El Señor abrió la puerta, las miró de arriba abajo y no las reconoció. Aquí se enseña un poco más que llegar tarde y no estar a punto cuando el Señor vino. Yo no sé que el Señor les vio pero dijo que eran irreconocibles como cristianas. Para mí la luz era la misma y el aceite el mismo pero algo ante los ojos del Señor las delató como una falsificación y él sólo es capaz de distinguir entre lo verdadero y lo espurio.

O dicho de otro modo, aquellas señoritas eran una pretensión y una ficción, no real o sea otras con todas las apariencias evangélicas que uno podría notar o pedir: aceptación, arrepentimiento, fe, confesión. Y con todo, esas cosas no debieron ser auténticas por cuanto las rechazaron. Hay fe fingida, remordimientos que pasan como arrepentimientos, culpabilidad sin perdón y confesiones que son catarsis y desahogos. Posiblemente tenían mucho de lo verdadero, lo necesario para confundirme. Y a cualquiera. Pero eso yo no lo sabría y no sé si alguien que no fuera Jesús hubiera podido. Y el Señor les dijo: “No os reconozco ni en fe ni en práctica, no sois hijas de Abraham ni pertenecéis al Israel de Dios”.

Hay doctrinas muy parecidas al evangelio, que son casi el evangelio mismo y forman hijas muy parecidas a las doncellas de Israel, y son capaces de conducirlas hasta la misma puerta del cielo, pero no logran que sean admitidas. Tienen “reputación de ser algo” y “sabiduría en la adoración voluntaria” (Col. 2: 23). Pero a pesar de su honor, prestigio y reputación, no son suficientes para formar vidas que tengan del Señor el visto bueno. La exactitud doctrinal es importante. La diferencia entre una herejía y la ortodoxia pudiera consistir en una sola letra, la i (iota, en gr.); homoousion, es la verdad de Atanasio y de Nicea (325d.C.), de la misma sustancia el Hijo y el Padre, consustancial, pero los arrianos, herejes, afirmaban homoiousion. una vocal más y ya, es falso.Lo de ellos es casi verdad y lo que sea parecido a la verdad, semejante a la verdad, es mentira. Y en cuanto al final a estas señoritas, alumbrando igual que las que pasaron, les cerraron la puerta.

sábado, 22 de mayo de 2010

¡Hablé como Pedro, no como Pablo! ¡Ups!

Mateo 24: 4 ,5

“Mirad que nadie os engañe”.


En lo tocante a la segunda venida de Cristo, no se deje engañar. Los evangelios ignoran el tiempo de la segunda venida de Jesús. Por lo tanto: nadie la sabe. No se los dijo porque no lo sabía (Mr. 13: 32), conocía que la ruina estaba próxima pero el día, hora y año dependía de la voluntad de Dios y dentro de ella muchas circunstancias. De la historia (vv. 7-13) y de la evangelización y persecución de la iglesia (v. 14).

Tendrán que venir guerras, no se sabe cuántas ni su duración, terremotos, no se sabe dónde ni cuántos, y los daños que dejarán; es decir tienen que pasar muchas cosas, y además de la historia y la evangelización del mundo queda algo más, la santidad de la iglesia porque Dios no quiere que ninguno de sus escogidos perezca sino que se arrepienta (2 Pe. 3: 9). Eso es lo último que está en orden y tal vez ha llegado la hora cuando la iglesia incluya entre sus prioridades, misionara, evangelítica, humanitaria, su propia santificación y los pastores, misioneros y evangelistas pongan ahínco en ello, y los sermones cambien y sean predicados en relación con la santidad de Dios y no tanto en relación con su amor.

Si sus ministros siguen coqueteando con la sicología y la contemporización y no purgando sus vidas y las de los suyos de todo lo que no huela al conocimiento de Cristo, el Señor seguirá en el paraíso recibiendo almas redimidas sin atender los gemidos de toda la creación ni las oraciones de los que dicen “sí, ven Señor Jesús” pero no “santificado sea tu nombre porque tuyo es el poder y la gloria”.

No hay bodas entre el Cordero y su Esposa, la Señora Elegida, mientras ella no se vista como él, elegantemente sin mancha ni arrugas ni cosas semejantes. Déjese de mirar tanto el periodismo amarillista y de decir “helo aquí, helo allí”, baje un poco el ardor de su carismatismo, eso es preferible, y mire sus vestiduras cristianas si son de bodas no sea que pidiendo que venga entre a las bodas sin estar vestido para ellas. Y no valdrá que haya estado echando demonios hasta el último minuto (si se dejan echar por usted) y haciendo milagros (si no fueron engañosos), y no le de tiempo a ir al cuarto y cerrada la puerta con Dios que ve en secreto (como se hace cuando uno se cambia de ropas y confiesa lo que nadie sabe) para bañarse en el agua viva (que no es sólo para tomarla) y vestirse como debió haberlo hecho, como un escogido de Dios. Si Dios sigue posponiendo la segunda venida de Cristo, mire usted no tenga que ver en eso. ¡Hablé como Pedro, no como Pablo! ¡Ups!