sábado, 15 de mayo de 2010

Ciegos en el areópago universitario en Wisconsin

Eduardo en su blog Sujetos a la Roca citó un artículo del Washington Post donde Kathleen Parker queriendo igualar todas las religiones y negar que Cristo sea el único camino a Dios se apoyó en un estudio hecho por una reportera de radio dentro de una comunidad científica compuesta de neurocentíficos, en la Universidad de Wisconsin. Llamaron a ese estudio “El Yelmo de Dios” donde según ella y ellos, cerebral y científicamente no hay diferencia entre un hindú y un cristiano. Leer la cita de Eduardo aquí.

El reportaje de Bárbara Bradley Hagerty, según ella, revela los secretos de las oraciones y posiblemente de Dios, y que las oraciones de los cristianos pesan en el cerebro igual que las meditaciones de los que no lo son.


“Su investigación condujo a asombrosas conclusiones que causaron no poco revuelo entre aquellos que creen que hay un solo camino para Dios. Encontró que ya sea que se trate de un Sikh, una monja católica, monje budista o un musulmán, el cerebro de todos en el acto de la oración o la meditación, reaccionan iguales. Las mismas regiones se iluminan y se apagan durante una profunda meditación. Aparentemente hemos hallado “el sitio de Dios” y los “genes de Dios”. Y aunque unos están mejor dotados que otros la experiencia espiritual es un fenómeno humano y no religioso. Tienen diferentes rutas para la misma meditación”


¿Hay un estudio científico más necio que ése? ¿Cómo es posible pesar una oración con un sube y baja de sustancias químicas e impulsos eléctricos? La oración es algo más que un ejercicio síquico o una postura del cuerpo. ¿Entonces la fe también es un producto de “la materia altamente organizada”? Eso querría decir que la comunión con Dios se puede pesar, medir y quién sabe si algún día envasar, distribuir y vender y si es un impulso eléctrico tal vez sirva para electroshock o encender un foco.

Los atributos, dones y virtudes no se miden. Las cualidades no tienen dimensiones. Que el ejercicio mental de un síquico, un budista o un meditador trascendental, como ejercicio mental sean parecidos al ejercicio de la oración cristiana no prueba nada. Que se gaste la misma energía cerebral en todos los casos, la de unos se revierte en sí mismos, en la imaginación y en la nada, la de los otros sube hacia Dios. Una tiene perdón y las otras no. Ese no es el camino para probar que todas las religiones son iguales porque no es un asunto de culto y cerebro sino de verdad y engaño. No son los neurocientíficos los que pueden opinar sobre religión sino los estudiosos de la Biblia y los teólogos. Es un asunto de teología, sabelotodo.

¿Cuál es el sitio de Dios, caballeros? ¿En qué hemisferio está? ¿Cuántas células tiene el cerebro para alojar al infinito o al menos la religión? ¿Qué hace que esas células sean religiosas? Y los genes divinos, it is a complet nonsense (disparate). ¿El infinito creador del mundo diluido en un protoplasma o encerrado en un núcleo celular? Y ahora, un fulano de tal le puso un dedo encima y lo localizó en un escáner.

Pero hay más, piensan que si hay o no Dios puede saberse haciendo una encuesta. Claro lo que ellos hacen es descubrir que la religión en algunos países va en retroceso no que Dios se está esfumando del mundo, y como eso es lo que quisieran deciden lo que es verdad y mentira por lo que la gente opine.


“Pero tal opinión está confinada sólo a la vieja generación. Los evangélicos menores de 30 años creen que hay muchos caminos para llegar a Dios y no sólo por medio de Jesucristo. David Campbell condujo una encuesta y mostró que dos tercios de los evangélicos menores de 35 años creen que los no creyentes pueden ir al cielo contra 39 % de los que tienen 65 o más años”.


Eso es en USA y quizás sean más en UK, en Alemania o Francia. Y ni aunque lo fuera en el mismísimo Israel, la encuesta no vale para otra cosa que para una lágrima eclesiástica. Y mientras la verdad viva, y vivirá porque nada se puede contra ella y al fin se impondrá, y si nunca se impone siempre habrá un remanente escogido por gracia que dará testimonio que hay un Dios creador del cielo y de la tierra y un único camino hacia él, una única verdad con esperanza de resurrección y una vida perdurable: Jesucristo. Y por mi parte no le hago mucho caso a lo que dicen esos epicúreos y estoicos ciegos en los areópagos universitarios en Wisconsin, Yale o Harvard.