miércoles, 27 de mayo de 2015

Primera lección para un predicador no es el éxito sino el fracaso

Marcos 4:1-8
“Y otras semillas cayeron en buena tierra, y creciendo y desarrollándose, dieron fruto, y produjeron unas a treinta, otras a sesenta y otras a ciento por uno”. 

Jesús comienza hablando sobre el fracaso, la falta de éxito en el trabajo, porque esa es la primera lección que deben aprender, no a tener éxito sino a manejar interiormente el fracaso. No nos preparaba con la ilusión de realizar los sueños y el triunfo que en relación a esto les profetizó, fue que sus logros estarían por debajo de sus deseos y expectativas (v.8). Ese es el ministerio que a partir de esas dos perspectivas se determina el oficio. El éxito viene después de muchos fracasos, se tarda; el "éxito" como tal no es el motivo final de la predicación, por lo menos tiene otros nombres: bendiciones, crecimiento, que no están relacionados con nuestro yo sino con la gloria de Dios y la bendición que reciben con la palabra de Dios. Quítate de ti el sentimiento de culpa; tienes los dones que Dios te dio y si ellos no bastan pídele a Dios que envíe obreros que te ayuden; ten en mente que la falla no se encuentra en la semilla que es buena, ni en los errores del esparcimiento, sino en los terrenos: es en la clase de persona que escucha el mensaje. Cada vez que decimos una palabra del evangelio o repartimos tratados, salimos a sembrar.  No podemos dejarnos derrumbar.


“John Gibson Paton fue misionero en lo que se llamaba en su tiempo las Nuevas Hebridas, islas en el Mar Pacífico Sur. En ese lugar sufrió mucho. Allí enterró a su esposa y a su hijo, abriendo sus tumbas con sus propias manos. En esas islas trabajo por un período de 25 años sin ninguna clase de éxito evangelístico. ¿No hubo tiempo cuando él se sentía desalentado? ¿No hubo tiempo cuando el diablo le dijo que abandonara su ministerio? Algo así como ¡vive tu vida John! ¿Qué fue lo que mantuvo a este misionero predicando en tales situaciones? Paton, un día fue hasta la tumba de su esposa y de su hijo y oró  de este modo “Padre, yo sé que tú has elegido a mucho pueblo de cada tribu y de cada lengua para que sean salvos. Algunos de esos escogidos se encuentran en estas islas, y yo no las dejaré hasta que ellas se encuentren seguras en tu rebaño”. Esto es lo que la enseñanza bíblica de la elección enseñó a evangelistas como él, como Jonathan Edwards, George Whitefield, y fue lo que hizo pastores como Spurgeon, misioneros como William Carey y Adoniram Judson. Y eso también lo que ha mantenido a Keith Underhill todos estos años trabajando en Kenia” (Preaching Like Calvin, Geoffrey Thomas, pag. 185). Ninguno se rindió.

miércoles, 20 de mayo de 2015

La fe no se presta

Mateo 25:1-13

“Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir”. 
 
"Nuestras lámparas se apagan”.  Este es un clamor muy triste y desesperado; cuando uno siente que la gracia merma y no se puede recuperar y el testimonio cristiano deja de brillar e inevitablemente se pondrá como el de otras, con luz mortecina. Y ya es muy tarde en la vida, en el alejamiento. Dios está demasiado lejos. El enfriamiento ha sido por años. Se ha sumido profundo en la indiferencia. Pero da esperanza que ellas se dan cuenta que la llama de la fe no es tan viva como antes y casi humea y quieren hacer algo para salvarse. Pero ese ímpetu y resolución ha llegado tarde y no queda tiempo, Jesús viene en su nube a buscar sus cuerpos. Y el tiempo para pedir a otros ha pasado porque tampoco tienen gracia para compartir. Hubo un tiempo que sí se podía hacer eso, tomar prestada la fe de otros, el espíritu de ellos, la fidelidad de ellos, de esos ejemplares, y con ese préstamo se podía continuar testificando pero en sí tiene un problema que al fin y al cabo esa fe es prestada y se consume pero no se regenera porque es el avivamiento de la llama con un producto ajeno. Ya no sirven las biografías ni los públicos testimonios. Cada cual tuvo que arrodillarse por sí mismo, llorar por sí mismo, alabar por sí mismo, trabajar por su salvación como convenga. Los amigos y los héroes de la fe dijeron a la solicitud: Un rotundo no. Oh Dios, danos fe, donde se halle, nuestras iglesias se apagan.

Convenció al portero

Mateo 22:11-14

“Amigo, ¿cómo entraste aquí sin traje de boda? Y él enmudeció”.  

Esto habla de un falso cristiano que logra introducirse en la iglesia y llegar hasta las bodas de Cristo con su iglesia. Es una parábola del orden de la escatología. Se enmudeció. Quedó sin palabras y no dio una sola contestación porque no tenía excusas y sabe que en ese momento no se admiten. Dice que en la puerta se le daba un traje de bodas a cada invitado que participaba y aquel convenció al portero que lo dejaran entrar con la ropa que llevaba pero no pudo convencer  al rey. Convenció al evangelista que su traje era muy similar, casi idéntico al que usaban los otros y lo dejaron pasar porque nadie lo notaría por su enorme parecido, menos el Rey, Dios. Aquel hombre no podía participar de las Bodas del Hijo de Dios porque el Señor sí se dio cuenta la diferencia porque Jesús conoce su justicia, de qué está hecha, sus medidas y sus olores porque él la hizo. Y aquel invitado traía su propia justicia, muy similar a la de Cristo porque estaba hecha con la imagen y semejanza natural que todo hombre tiene con Dios, una justicia natural y hecha de gracia común con buenas obras. 

Y ¿qué más le daba a aquel hombre recibir la justicia que se le ofrecía, sin dinero y sin precio? Pues quería usar la suya, los méritos de la cual se lo debía a él mismo. Era una gran imitación de Jesucristo por cuanto pudo pasar, pero la imitación de la conducta de Cristo no es la justicia que salva. La justicia que salva es imputada, una ropa con la cual Dios viste a sus escogidos, y él no la tenía. Y la orden fue terminante, la condenación. Este hombre se asociaba con cristianos y participaba de la esperanza de ellos, obtuvo su membresía por conversión y por bautismo. Pero eso no le sirvió porque  cuando fue juzgado por el inicio de la salvación, fue hallado falto. Estaba en la iglesia sin ser justificado por medio de la fe, y de dentro de ella fue echado a la condenación, un sitio de remordimientos y culpas. Antes de hablar a un hombre de nuevo nacimiento hay que explicarle cómo se justifica un hombre de sus pecados, y después de eso sobre la fe, el arrepentimiento, bautismo, etc.

Prosélito no es lo mismo que discípulo

Mateo 23:15

“Porque recorréis el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros”. 

La palabra prosélito significa uno que viene de tierra extraña, o que accede o se convierte al judaísmo; y no es la misma que discípulo. Estos fariseos, sin el poder de Dios, hacían un esfuerzo increíble para ganar a un solo prosélito y cada vez que ganaban uno se disminuía su calidad, le exigían menos y le daban más oportunidades, y lo volvían peores, porque tenían la vista fija en hacer prosélitos y no en salvar vidas; y así por esta clase de crecimiento farisaico se disminuía la calidad de la religión. Y entre tanto detrás de Jesús y de los apóstoles venía el pueblo en andas. Evangelización no es lo mismo que proselitismo. Nicolás era prosélito de Antioquía (Hch.6:5); prosélito del judaísmo no del cristianismo. De pagano a judío y del judaísmo a la fe, y de ahí a diácono. Y no aseguro que él haya sido el completo culpable de aquella posterior secta tenida como “nicolaítas” (Apc.2:6,15). Nosotros queremos hacer discípulos del Señor, no prosélitos de nuestra iglesia.

lunes, 18 de mayo de 2015

No mire con malos ojos la doctrina de la predestinación

Hechos 13:48
"Oyendo esto los gentiles, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor; y creyeron cuantos estaban ordenados a vida eterna". 

No es exactamente todos los que quisieron, que aceptaron la palabra, sino los "ordenados". Esto no se dice como algo previo a la predicación: "Creerán los que Dios haya ordenado" sino posterior como para explicar el rechazo de muchos y preservarse del desaliento, aunque eso no cambia lo que ha dicho puesto que la palabra significa que creyeron solamente los que Dios había  “asignado” “señalado” “determinado”, que es lo que la palabra “ordenado” significa. Los que miran con malos ojos la doctrina de la predestinación se defraudan mucho, se lamentan demasiado, no se pueden enjugar ninguna lágrima de los ojos cuando no le hacen caso al mensaje del evangelio, a no ser con el luctuoso pañuelo de la conformidad.
Después de casi 40 años (¡se dice fácil, Dios mío!) estudiando la Biblia, predicándola, pastoreando y formando iglesias, y viviendo mi vida cristiana puedo afirmar con inamovible convicción que nadie puede salvarse por medio de su temperamento, tener fe de modo natural, ni ser fiel a Cristo por su propio esfuerzo y ganas, sino porque Dios da la orden que tenga fe y el evangelio obediente la transmite; desde la mollera (si no sabe lo que es eso, es la parte más alta del casco de la cabeza) hasta el calcañar somos salvos por gracia, la fe desde la cabeza hasta la cola pertenece a Dios. He aprendido con el Apóstol a luchar más con Dios por la salvación de otros que con ellos mismos para que la reciban. Si Jesús no dice “quiero” no valen mis ganas. He visto con la ecuanimidad con que Jesús dice a algunos incrédulos “no creéis porque no sois de mis ovejas” (Jn.10:26), y como les aconseja a sus discípulos que si les cierran algunas puertas se sacudan las sandalias y se vayan para otro lado (Mt.10:13,14).

Volviendo al pasaje, no te desanimes si no todos los que tú querías que creyeran no creyeron. Creerán algunos, los que Dios haya ordenado para que se salven. Reposa y labora. Si alguien desecha su oportunidad otro la toma; eso pasó con la audiencia judía a la que predicaba Pablo, no se consideraban "dignos" de la vida eterna (v.46), no que se consideraran o se sintieran indignos del evangelio sino lo contrario, que eran "demasiado dignos" para tomar la vida eterna, o fingían indignidad, lo cual no es improbable, de todos modos por ese juicio de ellos mismos se excluyeron. Y los gentiles oyendo que Pablo dedicaría su ministerio a ellos y que había una profecía que les garantizaba esa oportunidad se regocijaron y muchos la aprovecharon y “creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna”. Cuando me graduaron en el seminario teológico Bautista de la Habana unos profesores me dijeron que me estarían vigilando, supongo para ver si yo me sentaba con los brazos cruzados y no procuraba convencer a los ateos de mi país que había un Dios creador del cielo y de la tierra, es decir que mal aconsejado por mi doctrina de la predestinación iba a esperar que a ellos les diera ganas de visitar el templo. Y lo que vieron fue lo contrario, los policías varias veces frente a mi casa para llevarme a la estación, por imprimir en un antiquísimo mimeógrafo, y distribuir tratados bíblicos e invitaciones. Y eso continúo haciendo ahora independiente de la iglesia americana, trabajando sólo bajo la supervisión de Dios, con más teología reformada que la que esos hermanos oyen cada domingo.


Hace poco tiempo expulsaron de ese mismo seminario a casi una docena de estudiantes por creer la predestinación. Parece que la actitud de ellos ante los profesores tuvo que ver. Gracias a Dios ninguno de ellos se llamaba Carlos Spurgeon ni Jorge Whitefield, porque hubieran privado al reino de los cielos a dos celosos ganadores de almas. Dentro de los reproches que algunos fanáticos hicieron fue mencionarles mi nombre, como peligroso recuerdo, más de 40 años desde mi graduación, como si la lamentaran. Los libros de sermones de Spurgeon siguen en aquella biblioteca, los de Mateo Henry, predestinistas, ninguno hipercalvinista, y para gloria de Dios han llevado algunos de los míos que están ahora a disposición de los estudiantes de ese seminario. Y las iglesias donde he sido pastor son testigos de como Dios nos bendijo y que con tanto amor aceptó mis oraciones y trabajo multiplicándose todo, amor, fe, el número de discípulos y las finanzas, para gloria del Señor. No mire de reojos la doctrina de la predestinación que no es un obstáculo para el evangelismo y abrácela como un fortísimo consuelo.

martes, 12 de mayo de 2015

¡Cómo pudieron vivir sin el internet ni Facebook!

Eclesiastés 3:1-8
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz”.


En ninguno de esos tiempos dice: tiempo para orar y tiempo para adorar a Dios, tampoco dice tiempo para meditar en Su ley, ni tiempo para el espíritu. Aquéllos son los tiempos que se suceden en la vida cotidiana de una persona; algunas ocupaciones intrascendentes ocupan tiempo: tiempo de comer, romper, conocer, herir y sanar; algunos tienen relativa importancia, endechar, plantar, etc. Y otros parecen tiempos casi perdidos, esparcir y recoger piedras, para la construcción de una casa, una cerca, un pozo, etc. Tampoco menciona el tiempo para el estudio o la preparación mental. Este hombre sabio parece desencantado de sus investigaciones, y de andar dentro de exitosos descubrimientos a los cuales se les esfuman pronto la alegría. ¿Cómo ocupas tu  tiempo? ¿En cosas importantes o intrascendentes, en fruslerías, o matando el tiempo, suicidándote a plazos? Trabaja, construye una familia y cultiva tu fe. La vida en aquellos tiempos del Eclesiastés tenia veinticuatro horas diarias como la nuestra, y doce meses igual, y puede que con menos entretenimientos, quiero decir sin cines ni televisor, ni radio ni ordenadores o computadoras, y  ¡cómo les fue posible vivir sin la internet,  ni Facebook, ni correo electrónico, ni teléfono móvil! La vida hace milenios era menos complicada,  más sencilla que la de ahora, a nadie se le veía sobre su asno enviando un texto sin atender el tráfico,  pero fue para muchos igualmente sin sentido como hoy; que huyen del aburrimiento por dentro de las “redes sociales”, si es que otrora por las muchas cosas en aquel entonces, en ella no cupo Dios ni hubo tiempo para “escoger la buena parte”, sentarse sin distracción a oír a Jesús (Luc. 10:42).

viernes, 8 de mayo de 2015

Cuándo decirle adiós a la salvación de tu marido

Génesis 20:13
“Y sucedió que cuando Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre, yo le dije a ella: "Este es el favor que me harás: a cualquier lugar que vayamos, dirás de mí: Es mi hermano”.


Sara no debió aceptar esa proposición; tal vez pensaba que no era tan hermosa como su joven marido pensaba o que tal cosa nunca ocurriría; y ocurrió. De veras que cuando la Escritura dice que ella le llamaba “señor”, así lo era, estaba tan sujeta a su marido como al “Señor”, era su completa sierva. El Espíritu Santo alaba a Sara por esa dependencia de su esposo; pero si se me permite un poco juzgar su obediencia con los ojos de un gentil salvado por la gracia de Cristo y en el siglo XXI, a mí me parece, que aunque no pudo por el siglo en que vivió su matrimonio, ella no debió haber aceptado tal proposición, diciendo una mentira por causa del miedo de su marido. Una mujer nunca debe aceptar una proposición de su marido que la conduzca a pecar contra Dios. Tal vez pueda aceptar que él le prohíba que vaya a la iglesia y que los hermanos la visiten en su hogar porque él no quiere verlos allí, es el dueño de la casa, pero lo que sí no puede aceptar, aunque esté sujeta a él como su esposa, es que él le prohíba que lea la Biblia, que ore y que lo trate cristianamente. No debe aceptar acompañarlo a lugares pecaminosos para recrearse juntos con alegrías carnales delante de los ojos de todos, porque eso va en contra de sus principios cristianos, contra Dios y contra la salvación de su esposo. Aunque ella le llame “señor”, él no es su Señor o su Dios, puede obligar su cuerpo pero no su espíritu y manchar su alma. 

A nadie podemos dar la obediencia que damos a Dios ni ser incondicionales a ninguna persona como lo somos a Dios. “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”.  Si una mujer acepta una proposición pecaminosa que le hace su marido, que le diga adiós a sus deseos que él se convierta a Cristo, que se despida de la salvación de él y de los hijos. El marido incrédulo debe “ser santificado en la mujer” y ¿cómo le podrá reprochar un pecado que ella misma cometió? Si el marido la obliga a pecar y ella por más que opuso resistencia no pudo, entonces él debe darse cuenta que no lo disfrutó, que tiene remordimientos de conciencia, que se siente triste y enlutada, y que vierte lágrimas por la miseria en que ha caído. Así él se dará cuenta que tienen dos conciencias distintas, que una es leal a Dios y la otra no y que ningún pecado hará feliz a su buena esposa. Si un esposo propone a su compañera que vaya con él a pecar y si se niega irá acompañado con otra persona, ella debe dejarlo ir solo y orar por él, por su matrimonio y por sus hijos y pedir el auxilio de las oraciones de sus hermanas en la congregación. El pecado que él cometa sin ella no lo hará dichoso, y pudiera repetirlo, pero se cansará y se aborrecerá a sí mismo. Y hay otra forma de pararlo que no es orar sino hablar sobre la posibilidad de la separación si no refrena sus gustos adulterinos. Excepción que Jesús aprobó.

Bancarrota, desalojo, expropiación

Miqueas 2. 9
A las mujeres de mi pueblo echasteis fuera de las casas que eran su delicia; a sus niños quitasteis mi perpetua alabanza”.

Toda mujer debe tener derecho a tener comida y una casa. Sustento y un techo. Y por supuesto, un buen marido e hijos triunfadores. Vea cómo el profeta protesta porque les quitaban sus casas quizás porque no podían pagar sus deudas; las compraron con toda la buena intención del mundo con la esperanza de pagarlas en 30 años, pero vino la recesión y se quedó sin trabajo el marido que traía el mejor sueldo y no hubo más remedio que llenar un formulario de bancarrota. Las que más lloraron fueron las amas de casa, y los niños detrás de ellas. Poniéndolo  en actualidad,
Volviendo a la antigüedad. Nota el daño que les hacían a las mujeres que amaban tanto sus casas. El Señor se las dio y la sociedad se las quitó, sin piedad ninguna y tal vez por medios fraudulentos. Además por implicación los niños pasarían trabajo, serían hundidos en la pobreza por el desalojo y se les vería harapientos; el texto hebreo no contiene eso de “perpetua alabanza” sino que la palabra significa gloria, ornamentos, majestad; quiere decir sus ropas bonitas, bien vestidos; y eso es lo que quiere Dios, que las mujeres tengan sus casas y ¡cómo las disfrutan! (el deleite de ellas, su hogar) y en los niños se note el cuidado de ellas y la prosperidad de la familia. Amén. Todo eso quedaba atrás por el pecado de los gobernantes, o jueces codiciosos.
Pero no sólo se puede acusar de robo a los malos capitalistas sino a otros individuos que trabajan con la hoz y el martillo, ¡no, ellos no!, ellos ordenan, reparten y quitan, sino los otros cuya única posesión es su prole; triunfan por los tiros o por el voto del engaño, les quitan las casas a los que con negocios limpios y trabajo duro las han comprado y se las entregan a holgazanes o pobres honrados que no saben cómo mantenerlas; y así las distribuyen entre ilegítimos propietarios que a cambio les van entregando los pensamientos y la libertad, y que a la postre nominalmente se quedarán en sus mansiones pero los completos propietarios son los que se las dieron, y además hay que añadir que ellos mismos serán propiedad del gobierno. En este mundo hay de todo, señores, y sepa usted que si juzga esto como intromisión en lo que no corresponde, que Dios se interesa por la economía, la política, el desalojo y lo que mentirosamente llaman “reforma urbana” “reforma agraria” o “cambios”. Y no llevan razón los que disienten de esto por filosofías sociales, libros de economía y bonitas  teorías, pues yo lo conozco por más de medio siglo de experiencia. Y ¿no es ella la madre del conocimiento? !FELIZ DÍA DE LAS MADRES!


domingo, 3 de mayo de 2015

El entra-y-sale del templo

 Nehemias 8:5

"Abrió Esdras el libro a ojos de todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo estuvo atento"; literalmente quiere decir que se puso de pie, por supuesto para prestar atención y reverencia. Nadie quería perderse ni una sola palabra porque en una partícula de ella podía hallarse la vida eterna (Mt.5:18). Debiera evitarse por todos los medios que se entre y salga del templo, a la hora del sermón, porque la atención es la primera obra del Espíritu Santo sobre la mente (Hch.16:14), y Satanás trata que no se halle a Cristo en ella (vv.7,8); que no se entienda (Mt.13:19); ver también (He.8:10-12). En épocas de gran avivamiento espiritual la palabra de Dios ocupa el primer lugar. Jesús dijo que los escribas escudriñaban la Escritura porque estaban avisados que en sus letras hallarían la vida eterna; y les dijo que procuraran encontrarlo a él en sus lecturas (Jn.5:39). Una partícula de la Biblia, un adjetivo, un artículo, una buena traducción, un énfasis especial, pueden comunicar palabras de vida eterna. Súplase sus necesidades antes de sentarse a oír la palabra de Dios.

El reino de la gracia es similar al mundo de las fantasías

2Reyes 6:5,6
“Y aconteció que mientras uno derribaba un árbol, se le cayó el hacha en el agua; y gritó diciendo: ¡Ah, señor mío, era prestada! El varón de Dios preguntó: ¿Dónde cayó? Y él le mostró el lugar. Entonces cortó él un palo, y lo echó allí; e hizo flotar el hierro”. “E hizo flotar el hierro”.
Si esto lo leyeras en otro libro dirías que es un mito, pero como lo lees en la Biblia lo tienes como un hecho histórico. ¿Por qué? ¿Porque es un libro sagrado, o mejor aún, porque es el libro sagrado  del judaísmo y cristianismo? Entonces ¿quiere decir que el consenso y la popularidad de estas religiones son las que le han impartido historicidad al suceso? No, si un relato es mítico o histórico no depende del libro donde se encuentre ni de la religión que lo respalde.  

Para mostrar la historicidad de ese relato habría primero que asentar la historicidad de quién lo hizo, si la persona es histórica y no un mito el relato pudiera ser histórico o mítico. La clase de hombre que era Eliseo es lo primero que hay que mirar. Los milagros de la Biblia no son mitos aunque sean iguales o parecidos a los que se leen en la literatura pagana porque fueron hechos por varones de Dios. No es la Biblia la que le da autenticidad a un relato dentro de su contenido, porque ella es una colección inspirada pero hecha por los hombres,  sino el Dios de ella. Los hechos de un dios son mitos si ese dios es un mito, pero si de alguna manera puede probarse que ese Dios no es un mito, sus hechos tampoco lo son.
Los profetas de la Biblia han dejado suficientes evidencias para probar que son figuras históricas y han recibido la credibilidad profética por sus mensajes y sus hechos. La vida de Eliseo explica por qué pudo históricamente hacer flotar el hacha, y es porque recibió “una doble porción” del Espíritu de Elías, lo que lo convirtió en un doble profeta, algo extraordinario, inusual dentro de la profecía. Su ministerio, en vida y muerte parece un mito. Tal fue su vida, que aún después de muerto sus huesos operaron un  milagro.

Conteniendo la Biblia relatos similares a éste ¿podrías llegar a creer en Dios? El milagro de hacer flotar una pieza de hierro desborda tu razón pero es que la existencia de Dios también desborda los límites de la razón; y la vida y obra de Jesucristo y sus apóstoles, sin dudas históricas, exceden con creces a “las cosas que ojo vio o han subido a corazón de hombre”, donde los hierros flotan, las serpientes y mulas hablan y los hombres caminan sobre el agua. Jesucristo excede la imaginación. El reino de la gracia es similar al mundo de las fantasías. Es un enorme fiasco la vida humana sin esos “cuentos, mitos y leyendas” que necesitamos creer, y sin que realmente exista ese “mundo de maravilla y fantasía”. Sin esos “ingenuos inventos” la vida  humana sería la más cruel de las invenciones. Una soledad desesperante cuya última opción sería el suicidio.

Una ayuda emocional para un pastor solitario

Éxodo 4.14
“Entonces se encendió la ira del Señor contra Moisés, y dijo: ¿No está allí tu hermano Aarón, el levita? Yo sé que él habla bien”. 

¿Cómo la notó, por qué  no lo castigó? Quizás por el tono de su voz. Dios le da la solución pero enojado, y supongo porque eran muchas las excusas de Moisés y porque para su trabajo no necesitaba un segundo que le disminuiría su gloria y sería un parcial sustituto de su dependencia divina. Si Dios cree que podemos hacer un trabajo solos no le pidamos colaboradores. ¿Y si el colaborador se convierte en un obstáculo y su compañía se vuelve incómoda? ¿Y si no está conforme con el segundo puesto y apetece el primero y el diablo le fomenta la envidia? Si nos hiciera falta algún colaborador porque la obra lo requiere, Dios será el primero que lo envíe, pero si incluso nos quita los que teníamos ¿para qué pedirle alguno más? Viendo Dios que su colaborador podría a la larga perjudicarlo más que beneficiarlo le envió a su hermano biológico, no un buen hermano “en la fe”. Aarón nunca le sirvió de intérprete a no ser delante del pueblo pero no era imprescindible. 

Sí, estuvo junto a Moisés frente a Faraón con los ancianos representando al pueblo (3:18), sin que ellos necesariamente dijeran algo. Hablaba bien, Jehová le dijo, pero no era determinante su ayuda. Siendo su hermano querido seguro que el líder se sentiría bien teniéndolo a su lado. Era más bien una ayuda emocional que pedía aquel pastor solitario, una ayuda más sicológica que pastoral. Moisés no necesitaba vencer su soledad porque por cuarenta años se acostumbró a estar solo; y quizás  por timidez o consciente de su insignificancia; y aun siendo así Dios piensa que si no necesitamos esa clase de compañía, no le cae bien que andemos detrás de él pidiéndole una. La obra de Dios es de un solo hombre, dijo Spurgeon, y aunque tenía a su hermano como co-pastor, la obra era suya y de Dios. Tanto con Aarón como con María la hermana, andando el tiempo Moisés tuvo problemas (Num.12:5-10; Ex. 32:21); y los problemas que le causaron no trascendieron más ni se volvieron peores porque Dios intervino a favor de él y se encargó de ellos dos, y además porque eran familiares. Dios tenía un lugar para cada uno de esos dos colaboradores de Moisés pero un poco más alejados de Moisés que lo que éste quería. Que sea Dios quien coloque nuestros ayudantes, pastores o diáconos, a la distancia que él quiera y que ellos reconozcan que son nuestros voceros y que estamos nosotros y no ellos  “en lugar de Dios” (v.16).