martes, 12 de mayo de 2015

¡Cómo pudieron vivir sin el internet ni Facebook!

Eclesiastés 3:1-8
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz”.


En ninguno de esos tiempos dice: tiempo para orar y tiempo para adorar a Dios, tampoco dice tiempo para meditar en Su ley, ni tiempo para el espíritu. Aquéllos son los tiempos que se suceden en la vida cotidiana de una persona; algunas ocupaciones intrascendentes ocupan tiempo: tiempo de comer, romper, conocer, herir y sanar; algunos tienen relativa importancia, endechar, plantar, etc. Y otros parecen tiempos casi perdidos, esparcir y recoger piedras, para la construcción de una casa, una cerca, un pozo, etc. Tampoco menciona el tiempo para el estudio o la preparación mental. Este hombre sabio parece desencantado de sus investigaciones, y de andar dentro de exitosos descubrimientos a los cuales se les esfuman pronto la alegría. ¿Cómo ocupas tu  tiempo? ¿En cosas importantes o intrascendentes, en fruslerías, o matando el tiempo, suicidándote a plazos? Trabaja, construye una familia y cultiva tu fe. La vida en aquellos tiempos del Eclesiastés tenia veinticuatro horas diarias como la nuestra, y doce meses igual, y puede que con menos entretenimientos, quiero decir sin cines ni televisor, ni radio ni ordenadores o computadoras, y  ¡cómo les fue posible vivir sin la internet,  ni Facebook, ni correo electrónico, ni teléfono móvil! La vida hace milenios era menos complicada,  más sencilla que la de ahora, a nadie se le veía sobre su asno enviando un texto sin atender el tráfico,  pero fue para muchos igualmente sin sentido como hoy; que huyen del aburrimiento por dentro de las “redes sociales”, si es que otrora por las muchas cosas en aquel entonces, en ella no cupo Dios ni hubo tiempo para “escoger la buena parte”, sentarse sin distracción a oír a Jesús (Luc. 10:42).