miércoles, 20 de mayo de 2015

Convenció al portero

Mateo 22:11-14

“Amigo, ¿cómo entraste aquí sin traje de boda? Y él enmudeció”.  

Esto habla de un falso cristiano que logra introducirse en la iglesia y llegar hasta las bodas de Cristo con su iglesia. Es una parábola del orden de la escatología. Se enmudeció. Quedó sin palabras y no dio una sola contestación porque no tenía excusas y sabe que en ese momento no se admiten. Dice que en la puerta se le daba un traje de bodas a cada invitado que participaba y aquel convenció al portero que lo dejaran entrar con la ropa que llevaba pero no pudo convencer  al rey. Convenció al evangelista que su traje era muy similar, casi idéntico al que usaban los otros y lo dejaron pasar porque nadie lo notaría por su enorme parecido, menos el Rey, Dios. Aquel hombre no podía participar de las Bodas del Hijo de Dios porque el Señor sí se dio cuenta la diferencia porque Jesús conoce su justicia, de qué está hecha, sus medidas y sus olores porque él la hizo. Y aquel invitado traía su propia justicia, muy similar a la de Cristo porque estaba hecha con la imagen y semejanza natural que todo hombre tiene con Dios, una justicia natural y hecha de gracia común con buenas obras. 

Y ¿qué más le daba a aquel hombre recibir la justicia que se le ofrecía, sin dinero y sin precio? Pues quería usar la suya, los méritos de la cual se lo debía a él mismo. Era una gran imitación de Jesucristo por cuanto pudo pasar, pero la imitación de la conducta de Cristo no es la justicia que salva. La justicia que salva es imputada, una ropa con la cual Dios viste a sus escogidos, y él no la tenía. Y la orden fue terminante, la condenación. Este hombre se asociaba con cristianos y participaba de la esperanza de ellos, obtuvo su membresía por conversión y por bautismo. Pero eso no le sirvió porque  cuando fue juzgado por el inicio de la salvación, fue hallado falto. Estaba en la iglesia sin ser justificado por medio de la fe, y de dentro de ella fue echado a la condenación, un sitio de remordimientos y culpas. Antes de hablar a un hombre de nuevo nacimiento hay que explicarle cómo se justifica un hombre de sus pecados, y después de eso sobre la fe, el arrepentimiento, bautismo, etc.