miércoles, 20 de mayo de 2015

La fe no se presta

Mateo 25:1-13

“Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir”. 
 
"Nuestras lámparas se apagan”.  Este es un clamor muy triste y desesperado; cuando uno siente que la gracia merma y no se puede recuperar y el testimonio cristiano deja de brillar e inevitablemente se pondrá como el de otras, con luz mortecina. Y ya es muy tarde en la vida, en el alejamiento. Dios está demasiado lejos. El enfriamiento ha sido por años. Se ha sumido profundo en la indiferencia. Pero da esperanza que ellas se dan cuenta que la llama de la fe no es tan viva como antes y casi humea y quieren hacer algo para salvarse. Pero ese ímpetu y resolución ha llegado tarde y no queda tiempo, Jesús viene en su nube a buscar sus cuerpos. Y el tiempo para pedir a otros ha pasado porque tampoco tienen gracia para compartir. Hubo un tiempo que sí se podía hacer eso, tomar prestada la fe de otros, el espíritu de ellos, la fidelidad de ellos, de esos ejemplares, y con ese préstamo se podía continuar testificando pero en sí tiene un problema que al fin y al cabo esa fe es prestada y se consume pero no se regenera porque es el avivamiento de la llama con un producto ajeno. Ya no sirven las biografías ni los públicos testimonios. Cada cual tuvo que arrodillarse por sí mismo, llorar por sí mismo, alabar por sí mismo, trabajar por su salvación como convenga. Los amigos y los héroes de la fe dijeron a la solicitud: Un rotundo no. Oh Dios, danos fe, donde se halle, nuestras iglesias se apagan.