martes, 30 de diciembre de 2008

Ataques Contra la Segunda Venida de Cristo

2Tesalonicenses 2:1-2

Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y nuestra reunión con él, os rogamos hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar ni os conturbéis ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca.

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Parousía o parusía significa la presencia física de Cristo. Nuestro apóstol habiendo entusiasmado y exhortado a sus hermanos en relación con la segunda venida de Cristo, pasa a corregirles cierto fanatismo creado por unos ilusionistas que exageraron tal vez sus palabras y las del Señor y andaban diciendo a todo el mundo fecha, hora y minuto del regreso del Señor. Es cierto que la iglesia estaba muy animada y todos esperaban el regreso de Jesús en un futuro vecino, pero de eso a que ya lo dieran categóricamente como seguro que los días estaban contados, era otra cosa. Sabemos que esa exageración desorganizó la armonía congregacional y afectó tremendamente de modo negativo la moral de los que antes vivían con esas mismas expectativas pero sin fanatismo alguno.

Veamos primero lo que significa en el sentido de que el día del Señor está cerca (v.2). Hoy como antaño hay una tendencia enorme a la inmoderación doctrinal, movida por ciertos hombres dados a exagerar y especular que escriben y pregonan un sensacionalismo escatológico, para arrebatar con sus novedades a las multitudes tras ellos, de modo que engañan a medio mundo y se vuelven estos fuegos fatuos muy populares y conocidos y hasta se enriquecen cuando venden constantemente imprimidas en papel las profecías que dicen tuvieron o tendrán cumplimiento. La más favorita es la parousía que de modo ingenuo le pintan una cara noble al novio y lo lanzan abajo tirando besos en su caída a la novia, sin preparar, digo yo, que lo espera con los brazos abiertos.

Desde tiempos de Pablo esos exagerados existían y como Dios ni les hablaba ni los inspiraba, tomaban las profecías dichas o escritas por los apóstoles y sobre ellas trabajaban martillando sus fantasías, robándole el precioso honor al que las escribió y enseñó y hasta combatiéndolo dándoles más firme confirmación a sus enmiendas que a la revelación original.

Pablo quiere advertir a la iglesia de Tesalónica, que se guarde del daño doctrinal que pueden hacer los fraguadores futuristas y no oigan ni lean las novelas de ficción que escriben. Es cierto que él les había instruido ardorosamente aguardar al Señor, es verdad que los amonestaba como si ya lo tuviesen de regreso dentro del límite de sus vidas, pero como una expectativa, no como una profecía fija.

Una expectativa puede ocurrir en cualquier momento, pero siempre deja un espacio abierto hacia el futuro sin detenerse a señalar un punto determinado cuando ocurrirá, convirtiéndose en una realidad. Eso fue lo que hicieron los seudo maestros que visitaron las iglesias paulinas, quitar la expectación de la parousía y colocarla en un momento determinado o al menos dentro de un límite ya establecido de tiempo. Suena muy parecido a lo que Jesús advirtió cuando dijo que vendrían falsos profetas diciendo del seudo cristo, helo aquí, helo allí (Mt.24:23,26), y apuntaban con el dedo hacia el tiempo y lugar. Ponían una fecha inventada, que aún Jesús en su vida terrenal desconoció.

Observa los medios que ellos usaban para destruir la expectativa de la segunda venida y colocar en su lugar un vaticinio fijo. Pablo menciona tres, el primero es espíritu. El apóstol Juan nos amonesta a probad los espíritus (1Jn.4:1). Más sobre esto puede verlo en mi exposición sobre esa epístola. Generalmente esas personas alegan algún tipo de comunicación con el mundo espiritual, dicen que Dios les ha hablado y que son portadores de sus palabras. Cuentan como veraces sus visiones, sueños o transportaciones a la gloria. Nombran incluso, a los ángeles que los llevaron por la mano de aquí para allá a algún lugar del globo.

Pero una y otra vez el método de prueba para esos seres “espirituales” es el mismo, la verdad ya revelada. Dios no puede contradecirse en lo que ya nos enseñó. El no miente. La piedra de toque para todo espíritu es la Biblia. Sea que alguien diga que un espíritu le apareció, sea que aun ese mismo espíritu diga que vino del cielo (Gal. 1:8) y se presente ante la iglesia en forma angelical, si anuncia otro evangelio es anatema.

A estas alturas de los tiempos y ya tan avanzada la historia cristiana, no nos hace falta ninguna nueva comunicación ni la ayuda espiritual de algún espíritu bondadoso que quiera actualizarnos lo que por siglos hemos aprendido que se halla completo. En relación con la parousía o con cualquiera otra doctrina no necesitamos ayuda de ningún espíritu, sus aclaraciones o adiciones se hallan de más.

Fíjate que otro medio de engañar en relación con la segunda venida de Cristo son las falsificaciones de la palabra y de la escritura (v.2). Si alguien hubiera dicho “Pablo me dijo” “yo oí decir a Pablo” “Pablo enseñó esto aquí”, y lo que dice haber Pablo dicho, que escribió cuando Cristo vendría, está poniendo en boca de Pablo palabras que él no dijo a nadie. Y una combinación con lo anterior pero mucho más grave es la epístola y por carta como si fuera nuestra. Ya por esta época las iglesias estaban utilizando como libros de textos para la enseñanza las cartas de Pablo; y los enemigos de la verdad y hombres llenos de ambición escribían las suyas propias, las firmaban como si fuera de él o alegaban haber recibido alguna con la firma suya.

Pablo parece que ha sido informado de lo que estaba pasando e inmediatamente hace lo que puede para impedir la falsificación de sus documentos; y como la letra y la firma pueden ser imitadas de modo que sería imposible reconocer la falsa de la auténtica, indica que se compare lo que ellas dicen, las espurias con las genuinas. El tiempo en que fueron escritas en este momento no importaba, son de las mismas fechas, el contenido teológico es más importante que eso. Lo que la iglesia ya poseía es más importante que la clasificación de un códice por siglos, lo que ya fue parte de la historia del pueblo santo, porque con igual edad circulaban para arriba y para abajo documentos fraguados.

La época en que un documento fue escrito es muy importante, pero nunca más que su contenido teológico. Si el contenido teológico de un documento es variado, diferente al que la Iglesia aceptó históricamente, contrario, aunque el hallazgo sea más antiguo, eso no es suficiente autoridad para corregir lo existente.

Damos gracias al Señor porque Pablo trazó esa regla que nos permite rechazar cualquier vieja tradición o descubrimiento que en sustancia niegue la fe una vez dada a los santos. ¿No nos enseña el amado apóstol a escrupulosos en admitir como inspirado por Dios cualquier documento o literatura? ¿No nos enseña que hay que forzosamente ponerle límite a la revelación? ¿No vemos que desde temprano la verdad ha sido atacada por modificadores y que bajo el nombre suyo se intentó imprimir un sello diferente a la verdad? Una de las joyas más preciosas que poseemos, hermanos, para poseer la verdad intacta es nuestro canon cerrado.

Por último me parece que puedo afirmar que estas cosas que él menciona tienen un impacto desastroso sobre la mente de la iglesia. La palabra que Pablo utiliza para indicar mover es, en griego, saleuthenai, que quiere decir agitado, sacudido, la misma que se utiliza en He 12:26 donde dice que “conmovió”, (sacudió) entonces la tierra, y en Mt.11:7 emplea la misma palabra hablando de una caña “sacudida” por el viento. Cuando un hermano no bien informado, no bien fuerte en doctrinas oye a cierto fulano decir que tuvo un sueño, que se le apareció un ángel y que le dio revelaciones y “tablas de oro” o cualquier otro invento, puede ser sacudido de su sana doctrina, conmocionado en su mente y pensar que está diciendo la verdad.

El impacto de los falsos profetas sobre el mundo es enorme y nadie lo niega, el mismo cristianismo ha sido fracturado por esos ilusionistas que han asegurado a los crédulos ingenuos que habían recibido revelación de parte de Dios. El daño ha sido muy grande porque como antaño, por la astucia que tienen; ellos se cuidan mucho de afirmar que la revelación espiritual o el documento que muestran es confección propia, tienen que hacerlo coincidir con lo que Pablo enseñó porque de otro modo nadie se lo recibiría.

Aquí es donde se hace máxima la falsedad cuando le hacen pensar a los creyentes novatos que lo que ellos aseguran no contradice en nada, sino más bien complementa o reafirma lo que Pablo dijo. Sin embargo no es así. La revelación es anticristiana y como ya no tenemos a Pablo que se alce de su tumba y venga a decirnos que él no dijo eso y que lo que está oyendo está en abierta oposición a lo que enseñó cuando pasó por este mundo, tenemos que valernos solamente de nuestro buen juicio, sus viejas cartas y la guía del Espíritu Santo.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Pablo en una casa alquilada

Hechos 28:23-31 (LBLA)
“Y habiéndole fijado un día, vinieron en gran número adonde él posaba, y desde la mañana hasta la tarde les explicaba testificando fielmente sobre el reino de Dios, y procurando persuadirlos acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas. [24] Algunos eran persuadidos con lo que se decía, pero otros no creían. [25] Y al no estar de acuerdo entre sí, comenzaron a marcharse después de que Pablo dijo una última palabra: Bien habló el Espíritu Santo a vuestros padres por medio de Isaías el profeta, [26] diciendo: Ve a este pueblo y di: "Al oír oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis; [27] porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible, y con dificultad oyen con sus oídos; y sus ojos han cerrado; no sea que vean con los ojos, y oigan con los oídos y entiendan con el corazón, y se conviertan y yo los sane. [28] Sabed, por tanto, que esta salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles. Ellos sí oirán. [29] Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí. [30] Y Pablo se quedó por dos años enteros en la habitación que alquilaba, y recibía a todos los que iban a verlo, [31] predicando el reino de Dios, y enseñando todo lo concerniente al Señor Jesucristo con toda libertad, sin este”.

Primero que todo veamos la honestidad pastoral del apóstol. Pablo no llegó a Roma e inmediatamente preguntó dónde se reunía la iglesia para visitarla o hacerle saber dónde estaba. Este pastor no tiene apetito por las iglesias establecidas. Había bautizado a muchos entre ellos pero él no la había fundado. Conocía a varios, le habían dado muestras de cuánto lo amaban yendo a recibirlo fuera de la ciudad, apreciaban su obra literaria, admiraban su inteligencia y vida espiritual. Aunque con ellos hubiera querido pasar un tiempo y seguir su plan de evangelizar a España (Ro 15:20, 24) les dice que su comportamiento es no “edificar sobre fundamento ajeno” y no practica para sí tomarse la honra de otros.
No es a ellos a los primeros que cita a una reunión sino a la comunidad no convertida a Cristo queriendo con ese plan agrandar el reino de Dios, la iglesia, con nuevas profesiones de fe. No dice qué día de la semana se reunieron en su casa, Lucas no lo escribe, y hubiera sido interesante que saberlo porque si vinieron en gran número adonde él posaba (v.23) y era un día laboral tuvieron que suspender sus ocupaciones. Tal vez era un día festivo, no necesariamente un domingo que todavía no lo era en el calendario romano Y en cuanto al sábado dudo que los judíos se expusieran a profanarlo yendo a una prisión. Posiblemente fue uno de los otros cinco. Comoquiera hicieron arreglos y se desocuparon para ir a oír al predicador y miembro de una secta que en todos los lugares se habla contra ella (v.22). Ya en ese entonces no vivía la iglesia ante la sociedad judía rodeada de elogios. A pesar de eso fue el tema de la conferencia lo que los motivó a visitarlo, querían escuchar aquellas enseñanzas que eran supuestamente anti judías.
Pablo no necesitaba popularidad para reunir un buen grupo, con el interesante tema de su conferencia los motivaba a venir. Posiblemente gran número haría arreglos laborales e irían a oír a un buen predicador si saben que lo que diga será interesante y que lo escucharán “de buena gana” no por unos minutos sino desde la mañana hasta la tarde (v.23). No es lo mismo cuando los convidados a una reunión cristiana por experiencia saben que el asunto será aburrido, muy personal y demasiado superficial.
Echemos un vistazo a los sermones paulinos dentro de su casa alquilada. Se percibe el estilo superior de su conferencia y predicación expositiva puesto que antes de traducir “declaraba” habría que escribir exponer o explicar (v.23) que es lo que quiere decir (lo mismo en 11:4; 18:26), ya que usando los textos del AT les hacía una exposición o explicación de los mismos refiriéndolos a la persona y obra de Jesús. Esa es la predicación que ejerce magnetismo sobre los inconversos y los pega con deleite al púlpito. Y si a eso se le añade la cualidad de que sea una exposición ardiente tendríamos un sermón que difícilmente se puede dejar de atender. Y eso lo digo porque la palabra testificando contiene esa cualidad de protestar y dar testimonio fogosamente y con entusiasmo argumentos que van saliendo calientes del corazón. Y si lo que se dice no tiene ni más ni menos que como base tanto la ley de Moisés como los profetas (v.23) tal atrayente estilo es equivalente al usado por Jesús de “abrir las Escrituras” clavando a todos en sus puestos sin que nadie se vaya porque “nunca ha hablado un hombre como ese hombre” (Luc 24:32). En conclusión, el Maestro de exégesis bíblica, exposición sagrada y oratoria cristiana de Pablo, fue nuestro Señor Jesús. Enoja, más que aburre, un sermón que no nos abre las Escrituras y merece ese parlotero que se le den cuarenta azotes menos uno para que lo haga mejor.
Veamos ahora el tema central de sus sermones. Es mejor una audiencia interesada que entretenida. No iban aquellos judíos a pasar un buen rato en casa de Pablo, ni éste tampoco los citó para ser amigable y fraternal con ellos sino para persuadirlos acerca de Jesús (v.23), que es el Mesías y la esperanza de Israel. Y con ese estilo de predicación cristocéntrica logró persuadir algunos y por ese puñado de personas valió la pena que vinieran todos y que gastara todo el día aunque otros no se dejaran convencer (v.24), a pesar que como los primeros estuvieron oyéndolo desde la mañana hasta la tarde y no veinte o cuarenta minutos. Pablo no estaba acostumbrado a producir conversiones en un santiamén.
Después de todo, cuando se fueron aunque no quedaría satisfecho por lo que dijo se quedó contento recordando lo que sabía, que sus sermones eran “olor de vida para unos y olor de muerte para otros”. Hay que ser agradecidos a Dios por los pocos y los muchos. Los convertidos a Cristo salieron para la iglesia a tomar el bautismo y el otro grupo se fue echando chispas a su propio lugar, disgustado con el predicador y los nuevos creyentes, y hasta de lejos de oía que iban teniendo gran discusión entre sí (v.29).
Y hay un motivo de aliento para todos los predicadores, que ni aun los sermones apostólicos convierten a todo el mundo. Por el relato parece que la reunión se disolvió no por la hora sino cuando el predicador dejó caer sus brazos extenuado por el esfuerzo y se dio cuenta que con la mayoría no había remedio porque oyendo no entendían, viendo no percibían y que el problema lo tenían dentro del corazón insensible (v.27) o “engrosado” y no entendían lo que más claro que la luz les explicaba. Con todos esos defectos internos y con toda esa mala disposición era imposible que se convirtieran y hubiera para ellos sanidad o perdón. Así se cumplía lo dicho por el profeta Isaías en 6:9,10, cuyo pasaje es aplicado de diferentes maneras como dice Calvino, por otros autores del NT e incluyendo al propio Pablo (Mr 4:11; Jn 12:37; Ro 11:5-8). Y antes que salieran por la puerta como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, les dijo el apóstol, y no se consideraran “dignos de la vida eterna”, “los dejo y me vuelvo a los gentiles que sí oirán; si no me quieren oír váyanse ustedes que algún día me iré yo”.
Desde entonces ya Dios estaba pensando en los 27 documentos que formarían el NT dejando a Pablo encerrado en una casa alquilada. La providencia pensó: “Se necesitan dos cosas para hacer llegar las bendiciones de Pablo en los siglos por venir: (1) que las iglesias provean dinero para el alquiler de la casa y sostengan al predicador (2) y que allí mismo Pablo tenga más tiempo para escribir que para predicar”. Y así nació en la mente de Dios la mayor parte del NT. 
Durante dos años enteros en la habitación que alquilaba continuó predicando a todos los que venían a verlo y las autoridades de Nerón no interfirieron en esos cultos (v.31). Las iglesias mostraron su aprecio para el ministerio de apóstol pagando el alquiler de la casa. Desde la leja Filipos también llegó dinero (Flp 2:25; 4:18). Ofrendas y contribuciones de todos. No precisamente del bolsillo de Julio César o del centurión. El apóstol lo recibió todo “como olor fragante, ofrenda a Dios” sin sentirse una carga, culpable o avergonzado. Y ellos se conformaron con pagar un alquiler porque no había para más ni era necesaria una inversión mayor. La difusión del evangelio era primera que la adquisición de propiedades. No era mejor comprar la casa que alquilarla. Tampoco se sabía cuánto tiempo el nuevo inquilino la ocuparía. Ojalá fuera sólo unos meses.
Es mejor eso que comprometerse por muchos años a pagar una costosa propiedad. No hace falta. La obra de Dios puede seguir creciendo, si se predica a Cristo, sin casa ni templo. Con un poco de dinero para alquilar es suficiente a no ser que la quieran comprar para que cuando venga otro ministro ya tengan dónde alojarlo. Hasta esa casa alquilada llegó Epafrodito y dentro de sus paredes se convirtió Onésimo (Filemón 1:10) que después llevó la epístola a los colosenses. Allí nació la dulce epístola a los Filipenses, la pastoral 2Timoteo y la cíclica Efesios. Y el apóstol sin amargura aceptó de Dios tanto su reclusión como su libertad. Pasaba sus días como Dios quería que los pasara. Fue lo que Dios quería de su ministerio, y de sus labios no brotó ni un solo suspiro de pesar por estar limitado en la predicación si el Señor le dejaba suficiente tiempo para la inspirada labor literaria, tesoro que le dejaría sin saberlo, no a sus contemporáneos solamente sino a la humanidad. Te bendecimos apóstol por tus cárceles y cadenas y a la sabiduría divina que por dos largos años te retuvo confinado en una prisión domiciliaria, te bendecimos por tus libros y mayormente por tus pergaminos, y sobre todo por tus trece sobrevivientes epístolas.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Un Naufragio y la Predestinación


Hechos 27:27-44 (LBLA)

Y llegada la decimocuarta noche, mientras éramos llevados a la deriva en el mar Adriático, a eso de la medianoche los marineros presentían que se estaban acercando a tierra. [28] Echaron la sonda y hallaron que había veinte brazas; pasando un poco más adelante volvieron a echar la sonda y hallaron quince brazas de profundidad. [29] Y temiendo que en algún lugar fuéramos a dar contra los escollos, echaron cuatro anclas por la popa y ansiaban que amaneciera. [30] Como los marineros trataban de escapar de la nave y habían bajado el esquife al mar, bajo pretexto de que se proponían echar las anclas desde la proa, [31] Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si éstos no permanecen en la nave, vosotros no podréis salvaros. [32] Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife y dejaron que se perdiera. [33] Y hasta que estaba a punto de amanecer, Pablo exhortaba a todos a que tomaran alimento, diciendo: Hace ya catorce días que, velando continuamente, estáis en ayunas, sin tomar ningún alimento. [34] Por eso os aconsejo que toméis alimento, porque esto es necesario para vuestra supervivencia; pues ni un solo cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá. [35] Habiendo dicho esto, tomó pan y dio gracias a Dios en presencia de todos; y partiéndolo, comenzó a comer. [36] Entonces todos, teniendo ya buen ánimo, tomaron también alimento. [37] En total éramos en la nave doscientas setenta y seis personas. [38] Una vez saciados, aligeraron la nave arrojando el trigo al mar. [39] Cuando se hizo de día, no reconocían la tierra, pero podían distinguir una bahía que tenía playa, y decidieron lanzar la nave hacia ella, si les era posible. [40] Y cortando las anclas, las dejaron en el mar, aflojando al mismo tiempo las amarras de los timones; e izando la vela de proa al viento, se dirigieron hacia la playa. [41] Pero chocando contra un escollo donde se encuentran dos corrientes, encallaron la nave; la proa se clavó y quedó inmóvil, pero la popa se rompía por la fuerza de las olas. [42] Y el plan de los soldados era matar a los presos, para que ninguno de ellos escapara a nado; [43] pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, impidió su propósito, y ordenó que los que pudieran nadar se arrojaran primero por la borda y llegaran a tierra, [44] y que los demás siguieran, algunos en tablones, y otros en diferentes objetos de la nave. Y así sucedió que todos llegaron salvos a tierra.


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Observa un ejemplo en el naufragio de la nave que es un símil a favor de la forma tan simple y apropiada que se lleva a cabo la predestinación por medio de la providencia. Un ángel de Dios le dijo a Pablo que todas aquellas personas que iban en el barco estaban predestinadas a no ahogarse, aunque las cosas se empeoraran y el barco se hundiera. Dios garantizaba que ninguno perecería (v.24). Y se cumplió al pie de la letra.

Pero ¿cómo? De una forma sencilla y rústica donde la actividad humana está incluida. No hubo ningún milagro y cada uno usó su capacidad para salvarse, no hubo intervención sobrenatural que los hiciera flotar maravillosamente como si en vez de hallarse en el Mar Adriático se estuvieran bañando en el Mar Muerto. Los que eran jóvenes y sabían nadar bien fueron los primeros en echarse al agua, los que no sabían, los mayores y débiles se agarraron a las tablas, otros de los toneles y así cada cual se sostuvo de cualquier cosa que flotara, algunos en tablones, y otros en diferentes objetos (v.44), y de ese modo tan obvio y natural llegaron a la orilla. Sobre esas maderas y flotadores se hallaban tan seguros como en la palma de la mano de Dios. El destrozo de la nave por las olas les proporcionó providencialmente los medios para que se cumplieran las palabras del Señor. La teología nos enseña que en el Nuevo Nacimiento el pecador está inactivo, muerto, pero cuando es resucitado se esfuerza en la gracia y toma acción en su conversión y arrepentimiento.

El símil sirve para mostrar el lugar que ocupan providencialmente los medios de gracia en la salvación de los pecadores. Los que han de ser salvos lo serán porque aún las tablas y palos serán medios de gracia para que se cumpla tal propósito y ninguno perezca. El que elige provee los medios de la salvación para que conforme a su propósito sus palabras se cumplan. Nosotros sabemos cuáles son los medios de gracia que utiliza la providencia para que aquellos que han de ser salvos son simples: la sencilla Palabra de Dios, la oración, la predicación bíblica, el testimonio personal y la literatura cristiana entre otros. Con la bendición de Dios cualquier objeto puede ser usado por él para salvar a un pecador. Una tabla, un palo, un balde, una goma y un barril. No hace falta que estén elegantemente cortadas, labradas y pintadas. No leo que Noé le haya dado pintura al arca. Ni la cruz tampoco la tenía. Ni el altar de tierra llevaba piedras labradas. La insistencia hoy es enfatizar los medios de gracia y los programas cristianos hasta un punto que parece que sólo con ellos se obra la salvación. La predestinación y la providencia trabajan en coordinación y saben cómo hacer las cosas y siempre las hacen a tiempo, ajustadas a los que salvan, y bien. El evangelismo que hace que los escogidos obtengan la salvación es esforzado y cristocéntrico. La iglesia debe evangelizar y utilizar los medios que la providencia ponga a su alcance para encontrar perdidos.

Hay otras cosas bonitas en esta nave que se fue a pique que si las leemos como un símil de la predestinación de los acontecimientos, serán de provecho. Hubo otras cosas que llevaron a los pasajeros al punto de salvación.

Uno, es necesario que en tiempo de borrascas los líderes de la iglesia permanezcan en sus puestos. Pablo se dio cuenta que los marineros querían irse ellos y dejar el resto a su suerte y para eso hicieron descender el esquife para ocuparlo a escondidas y marcharse (v.30), pero Pablo se dio cuenta y alertó al centurión y a los soldados, Si éstos no permanecen en la nave, vosotros no podréis salvaros (v.31). Por un tiempo más debían permanecer en sus cargos, hasta el final. Sin embargo ellos querían ser los primeros en irse. Una iglesia sin líderes naufraga pronto, no pasarán muchos días en que el miedo, el desorden, terminen con ella. Los que más saben, los que tienen en sus manos las vidas y salvación de los demás, tienen que sacrificarse y quedarse para ayudar a los que los necesitan.

Dos, de la predestinación salen palabras de aliento y no de desaliento. Pablo les trajo palabras de compasión y los instó a que comieran porque estando tan débiles físicamente no podrían nadar ni sostenerse sobre el agua, hace ya catorce días que, velando continuamente, estáis en ayunas, sin tomar ningún alimento (v.33) y les aconsejó que toméis alimento, porque esto es necesario para vuestra supervivencia (v.34); y después de eso sacó palabras de consuelo de la predestinación, diciendo que ni un solo cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá (v.34). La predestinación en el NT generalmente se menciona en relación con los que se salvan no con los que perecen; no se menciona para quitarles las ganas de comer a nadie sino para que estén de buen ánimo y coman, para que se consuelen, no lamenten su suerte ni tengan miedo. Es una doctrina consoladora que no debe ser de ningún modo abatida por el misterio de la condenación de los no escogidos por cuanto Dios tendrá sus motivos para que se diga en alabanza de su justicia “a lo cual fueron también destinados” (1Pe 2:8), cada uno de ellos como “hijo de perdición” (Jn 17:12).

Tres, una fe total en la providencia de Dios. Después de todo eso tomaron dos decisiones, cortando las anclas, las dejaron en el mar, aflojando al mismo tiempo las amarras de los timones, encomendarse completamente a Dios, quedarse a la deriva, al garete, separarse totalmente del mundo y los puntos seguros, quitarse las ataduras y flotar sin ninguna seguridad para que los vientos, el mar y Dios hicieran lo que desearan. Tenemos que confiarnos más al cuidado de Dios y hacer decisiones y “si perezco que perezca”. Somos tan racionales y precavidos que nos parece insensato cualquier paso de fe que contemple dejar lo seguro, aunque sea por tiempo limitado, y arrojarnos a una hipotética ayuda divina. Eso lo hacemos, como éstos, cuando ya no hay más remedio y ese es el único camino a tomar. Lo otro que hicieron fue que izando la vela de proa al viento, se dirigieron hacia la playa (v.40). Nuestro lema siempre ha sido “contra viento y marea”. Y ¿por qué ha de ser siempre así? Contra el diablo, el mundo y la carne, sí, pero hay situaciones en que lo más sensato es dejarse empujar por ellas y lo que parece mejor es aceptar la voluntad de Dios y que no siempre “el viento sopla de donde quiere” sino de donde Dios quiere. Luchar contra la voluntad de Dios no es una sabia decisión y no es fe en la providencia sino obstinación y suicidio.

Cuatro, no nos apresuremos a calificar como error una decisión previamente hecha por los escollos que encontramos. Cortaron las amarras, se dirigieron hacia la playa y chocando contra un escollo donde se encuentran dos corrientes, encallaron la nave; la proa se clavó y quedó inmóvil, pero la popa se rompía por la fuerza de las olas (v.41). Y toda esa “mala suerte”, todas esas catástrofes fueron predestinadas por Dios, por cuanto era necesario que la popa se rompiera en pedazos por la fuerza del oleaje y que se zafaran las tablas y tablones y todo objeto saliera al mar para que hubiera entre todos los destrozos doscientos setenta y seis flotadores para cada uno de los náufragos concedidos por Dios a Pablo (v.37). Los que creemos en la predestinación no lamentemos tanto los supuestos errores que pudimos haber cometido, si los juzgamos así por los resultados inmediatos, que un poco más adelante comprenderemos que esos escollos y destrozos eran necesarios para nuestro bien y el de nuestra salvación. Sin todos esos daños, perjuicios y pérdidas no hubiéramos podido ser salvos. Valió la pena, tal vez, habernos ido a pique. ¡Bendita la profundidad de la sabiduría de Dios!


jueves, 18 de diciembre de 2008

Pablo, su soltería y ministerio


Hechos 26:19-23 (LBLA)

Por consiguiente, oh rey Agripa, no fui desobediente a la visión celestial, [20] sino que anunciaba, primeramente a los que estaban en Damasco y también en Jerusalén, y después por toda la región de Judea, y aun a los gentiles, que debían arrepentirse y volverse a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento. [21] Por esta causa, algunos judíos me prendieron en el templo y trataron de matarme. [22] Así que habiendo recibido ayuda de Dios, continúo hasta este día testificando tanto a pequeños como a grandes, no declarando más que lo que los profetas y Moisés dijeron que sucedería: [23] que el Cristo había de padecer, y que por motivo de su resurrección de entre los muertos, El debía ser el primero en proclamar luz tanto al pueblo judío como a los gentiles.

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Comienza haciéndole a Agripa una cortés petición, que trate de entender su llamamiento. El nombre del rey Agripa está en vocativo (“caso de la declinación, que sirve únicamente para invocar, llamar o nombrar, con más o menos énfasis, a una persona o cosa personificada, y a veces va precedido de las interjecciones ¡ah! u ¡oh!”. Real Academia Española). ¿Es eso mucho, diciéndole que fui desobediente a la visión celestial (v.19)? ¿A un judío no cristiano? ¿A un juez hablarle que no podía ser rebelde a una visión? ¿A un político? Pedirle que creyera en su visión celestial. Era pedirle bastante. Nadie puede entender el ministerio de un siervo de Dios sino Dios y otro siervo de Dios, después su esposa y quizás sus hijos. Sin embargo Pablo no tuvo esposa ni hijos. No eligió como Pedro llevar a “una hermana por mujer” (1Co 9:5) en sus viajes misioneros. Una hermana, no una inconversa.

Sí, ¿pero quién? ¿Evodia? ¿Síntique? No, aunque colaboraron con él y con clemente no eran apropiadas para su gusto y vocación. ¿O alguna otra entre las “nobles” e importantes de Tesalónica (17:4)? Quizás ya estaban casadas con gentiles. ¿O alguna de Corinto? Eran mujeres dotadas, pero hablaban mucho en la congregación y tenían lío con el uso del velo. ¿Alguna de las hijas de Felipe que eran profetisas? Muy jóvenes. Lo cierto es que no todas las esposas de ministros apoyan a sus maridos como ellos lo necesitan. Entonces ¿Agripa pudiera entender el llamamiento de Pablo y su obligación con Jesús para cumplirlo? Lo entendiera o no Pablo no tiene otra razón para ser obstinado en su misión.

Fíjate que le hace mención al rey que su misión es hacer nuevas criaturas a judíos y gentiles pidiéndoles en sus sermones que debían arrepentirse y volverse a Dios (v.20), cosa que interesaba menos al rey que lo que después dijo, que mostrasen una conversión real a Dios haciendo obras dignas de arrepentimiento (v.20), ya que los gobiernos toman interés en la religión y la toleran o la reconocen si crea buenos ciudadanos que ayuden a la paz de la nación, excepto si no son políticos neutrales sino fanáticos de alguna filosofía o de otra religión adversaria, y aun en el caso actual de los gobiernos llamados seculares, tienen una buena religión como un value o valor.

A todos los gobernantes les interesa menos que los templos se llenen de personas y la música que prefieran o los puntos doctrinales que enfatizan, que el estilo de vida que muestren fuera del recinto sagrado. Agripa agrandó los ojos y estuvo atento al ministerio de Pablo. Le importaba que en sus ciudades hubiera menos prostitutas caminando por las calles, menos asaltos a los bancos, menos comerciantes fraudulentos, menos homicidios, menos droga, cero alcoholismo, menos adolescentes embarazadas, y ¡por Dios, si no son gobernantes ciegos, menos adúlteros y homosexuales! Pero si Agripa constata que los discípulos de Jesús no son del mismo espíritu que él (Luc 9:55) y que los que dicen ser reformados, paulinos, y llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón (1Co 5:11), no estará de acuerdo que el evangelio sea “poder de Dios para salvación” y que el reino de Cristo es el mismo de la carne y del diablo, y que eso que no es de este mundo no es sino un cuento. Y la prensa de Jerusalén, toda Judea y Samaria, comenzará a criticar, burlarse y ridiculizar a los ministros y sus discípulos. Pablo nunca insistió en tener iglesias grandes ni bautizar a muchos (1Co 1:17), eso era asunto de Dios y del evangelio, pero sí en que sus iglesias creyeran y vivieran lo correcto, que no fueran edificados con “madera, heno y hojarasca” sino que mostrasen una conversión real.

Mira que el apóstol le da al rey de su catálogo de problemas ministeriales sólo una pequeña línea para que lea. Eso para reforzar su llamamiento celestial, para que Agripa sepa que la única forma que tiene un ministro de acabar su carrera es si cada día de su ministerio lo acompaña Dios. por eso esa frase me parece que la dice con gratitud al Señor, habiendo recibido ayuda de Dios, continúo hasta este día (v.22). Eso es equivalente a un eben-ezer. Sin la ayuda de Dios no hubiera podido decir hasta el día de hoy. Si un solo día le hubiera faltado la ayuda de Dios hasta ese día hubiera sido un ministro del evangelio.

La perseverancia de los santos en la salvación es algo grande pero la perseverancia en el ministerio es doblemente mayor porque el ministro por ser cristiano y predicador es doblemente responsable, doblemente odiado por el diablo, doblemente asediado por las tentaciones, doblemente ofendido, perseguido, criticado y opuesto. Lo único que le mencionó a Agripa fue el “peligro de muerte” (2Co 11:23-28), de un catálogo de dificultades que si el ignorante príncipe las hubiera sabido se habría caído para atrás. Sólo le dijo que cuando los judíos querían darle muerte el tribuno Lisias lo salvó, por orden de Dios. Y ahí dejó el asunto. ¿Para qué más? Son las iglesias las que deben conocer, los corintios y todas las otras, lo que vale un ministro, el costo de predicar el evangelio sin enamorarse de los guiños que le hace la sociedad.

Ellas sí tienen que conocer la vida de pastores y misioneros para apoyarlas en oración y recursos. Leer sus informes y diarios sobre maltratos físicos, naufragios y decepciones, peligros en la ciudad y los barrios malos, la oposición y persecución de “falsos hermanos” que con fe fingida y amor con fingimientos le dan el beso de Judas, falsos creyentes que agitan la congregación en contra suya, le roban el prestigio y les ambicionan su púlpito, sus trabajos, fatigas, sus preocupaciones financieras, peligro de perder su casa, que sus hijos pasen h hambre, y sobre todo eso sus desvelos por ellos, ocasionados por ellos y no por el mundo y por la obra de Cristo en general, las otras iglesias. Esas cosas no se las dijo a Agripa sino a sus hermanos en la fe porque no buscaba el apoyo de las autoridades sino la correspondencia de sus hermanos.

Esa fue la batalla de todos los apóstoles, probarles a los judíos que las Escrituras judías eran cristianas. Esto que le dice al rey, que no ha predicado otra cosa sino lo que ya los profetas y Moisés dijeron que sucedería (v.22) es para defenderse de los judíos porque no sé cuánto interés podría tener este hombre en el asunto ni interés en verificarlo. Los judíos, por supuesto que no estaban de acuerdo, sino lo contrario, que lo que Pablo enseñaba era contrario a las costumbres y reglamentos mosaicos.

Parece que para la mente judía esto es un asunto difícil de aceptar ya que aunque el Señor se cansó de decirles a sus discípulos “para que la Escritura se cumpliese” o “como está escrito” (Mt 26:54; Luc 4:21; 18:31) tuvo que mostrarse transfigurado delante de algunos y que le contemplaran en su misma gloria conversando con los dos autores más importantes de los libros hebreos, Moisés y Elías (Mt 17:3-5). Jesús también se los dijo a los judíos pero en el NT la carga mayor se halla entre los apóstoles. Ellos fueron los que insistían en relacionar a Jesús con la Escritura para probar que era Hijo de Dios y Mesías. Por dos mil años, los judíos que leen el NT permanecen inmovibles. No lo creen.

Pablo dice que la incredulidad judía es satánica, o sea, que es el diablo quien los tiene ciegos (2Co 3:1-4:4) y que su conversión se obrará por medio del “ministerio del Espíritu”, no de la Ley de Moisés ni de un seudo-evangelio que se congracia con los judíos empleando ceremonias de ellos en los que debieran ser cultos vivos cristianos. Un debate cristiano sobre textos del AT con los judíos podría tener algún buen resultado pero ¿no sería mejor convencerlos con lo que Pablo predicaba, su resurrección? ¿Qué de la incredulidad judía si se puede demostrar lo contrario que decía Agripa, que Jesús no está muerto?

Los judíos no admiten que se les demuestre la resurrección de Jesús por medio de la Escritura. Tiene que ser por medio del mensaje del evangelio centrado en la persona de Jesús como se cuenta en los evangelios o más bien con el mensaje de Jesús como se convertían los gentiles, con el tropiezo de la cruz, Cristo crucificado, Cristo poder de Dios. Ahí es donde se les desgarra el velo que ellos tienen sobre los ojos, donde las ceremonias se cumplen, donde el viejo pacto pierde su vigencia. La cruz es el Espíritu de la Ley. Y en conjunción con la cruz, su resurrección, lo que Dios hizo con el cuerpo muerto de Jesús, el porqué lo vivificó, qué hizo con su sangre y en conjunto qué cobró con la muerte del Señor (sobre v.23 ver comentario v.6). Entonces se darán cuenta que el NT es un libro hondamente judío, el más judío y mejor judío de todos los libros, la esperanza judía de Moisés y cada profeta. Amén.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Los que van delante y atrás


Notas Para Predicadores

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Mateo 21. 28-32

Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.


I.
Los que van delante no deben olvidar a los que van atrás aunque estén lejos, espiritualmente o en otro país. Quizás una carta, una llamada telefónica. No debemos sacarlos del recuerdo y olvidarlos, dejándolos en sus tinieblas y que se mueran en sus pecados.


1. Si eres de los que Dios ha puesto delante de los demás, es mejor que llegues al reino acompañado por otros que solo, aunque fuera por uno de la familia, un amigo, un conocido, alguien, y puedas decir “yo y los hijos que Dios me dio” (He 2:13).
2. Si eres de los que han adelantado mucho en la salvación, piensa que entre los que se han quedado atrás hay muchos que son mejores que lo que eras tú.

3. ¿Piensas que esos ladrones y prostitutas eran mejores que los fariseos y escribas que oraban, diezmaban, leían la Biblia y vigilaban la ortodoxia? ¿No era por fuera, Esaú mejor que Jacob? ¿No podrá Dios perdonarles menos pecados que a ti? Y sin embargo Dios no ha tenido de ellos misericordia. Y aún de los que han pecado más que tú. ¿No rogaba Abram por los sodomitas? No oraba por una “comunidad gay” sino por una ciudad entera de homosexuales para que Dios tuviera piedad de ellos. El no quería ser salvo solo. Y otro ejemplo. ¿No se demoró Noé 120 años haciendo el arca, sino para que los carpinteros y demás creyeran? ¡120 años!, más de un siglo retardando el diluvio. Noé no quería que lloviera. No deseaba el juicio. Y algo que no se dice mucho. Se habla de las señales de la venida de Cristo. En las nubes, en el sol, la luna pero no se menciona que Cristo no ha venido “como algunos lo tienen por tardanza” por el calamitoso estado de su iglesia. ¿Por qué no ha venido Jesús? (2Pe 3:9). Si vas delante no olvides a los de atrás, los que no han salido aún.

4. Si vas delante en misericordia debes ser paciente con los lentos, los “tardos para creer”, los que no tienen prisa para salvarse (Ge 19:15). Lentos como Lot para salir de Sodoma, y todavía cuando al fin salen de la condenación se quedan cerca. Zoar. Y dentro de los lentos ten paciencia con los ancianos y los niños y como Jacob, hay que ir al paso de ellos (Ge 33:14). La iglesia no debe dejarlos a los niños y ancianos atrás. El pueblo hebreo cuando iba por el desierto le brindaba apoyo a los cansados, una palabra de exhortación a los desalentados, una parihuela para los enfermos y una mirada de perdón para los mordidos por las serpientes. No dejes muy lejos a los que caminan despacio.

5. No olvides al que está en camino de apostasía. Santiago dice que “el que haga volver a un pecador del error de su camino salvará de muerte un alma y cubrirá multitud de pecados” (5:20). Estos no son los que caminan a paso corto, son los que en sus corazones quieren regresar.

¿Dejar que se vayan? No. Es asombroso como el diablo cambia a un santo. Se vuelve irreconocible. ¿Quién hubiera dicho que es David “ese hombre”? ¿No hay nadie que sigue el camino de Caín, de Balaam, de Judas que va y viene y le exhorte? “Eh Caín, tu ofrenda es buena pero no es cruenta, le falta la sangre de Cristo” “Oye Balaam, veo el brillo del dinero en tus ojos, el dinero te va arruinar tu ministerio” “Judas, ¿qué haces yendo y viniendo a los fariseos? ¿Qué quieres de ellos? Vas a terminar mal con esa espantosa doble vida.

II. Y unas palabras finales de exhortación directamente a los que se han quedado atrás. Seré breve, los que se han quedado atrás, he visto que lo han hecho al menos por dos o tres razones. Hay otras muchas.

1. Se han quedado atrás porque no les gusta el predicador (11:18,19). Los fariseos y escribas siempre le hallaban defectos. Y como no les gustó la forma, el estilo, la longitud, la voz, el aspecto (si tiene el pelo largo,nazareno), si come o bebe, con quiénes anda, si la ropa es anticuada. No les gusta Jesús tampoco y quisieran otro porque ya en tiempo de Juan hablaban que el Cristo tenía que ser diferente a Jesús, ni siquiera de Nazaret, de Belén, y con más cultura. El que no quiere ir al reino de Dios siempre halla una excusa y la mejor es el predicador.

2. En segundo lugar no quieren ir al reino de Dios porque desean bautizarse sin huir de la ira venidera (3:7). Así los fariseos y escribas.

Quieren participar de los sacramentos sin huir del pecado, viviendo sin temor de Dios. Los que se quedan atrás algún día ya no verán más a los que van delante y no tendrán quién les señale el camino, casi todos los que salen tarde lamentan no haberlo hecho antes, y los que piensan salir después pudiera ser que no salgan nunca, que nunca lleguen hacerlo. Deje esas excusas. Lo que a usted quizás no le gusta no es el pastor sino el evangelio y tampoco Jesús.