domingo, 28 de febrero de 2010

Consideraciones para no divorciarse

Exposición 37

 1 Corintios 7: 13-16
 “Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone. Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer; y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos. Pero sin el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios. Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?”

Un llamado a ser razonables

1.  Aceptando la nueva realidad. Lo que a continuación sigue es una exposición más o menos amplia sobre la problemática de los matrimonios mixtos (en este caso entre paganos y cristianos) es decir de aquellos que se vuelven mixtos después de casados cuando uno de los cónyuges se convierte a Cristo. El hogar es invadido por nuevas realidades, cambios, económicos, de casas, de trabajo, marcha o pérdida de alguno de sus miembros. La entrada a la fe de uno de ellos es una nueva realidad que hay que examinar. Generalmente cuando la fe es profunda conmociona la familia hasta sus mismos cimientos. El tenor general de las palabras es un ¡no al divorcio!, no a la separación; y su primera apelación es al consentimiento de ambos, el común acuerdo en aceptar la nueva realidad espiritual sin que ella haga abortar la unión, “si algún hermano tiene mujer que no sea creyente y ella...consiente, si una mujer tiene marido y...él consiente…” (vv. 12-13).

2. Razonabilidad. La palabra “consiente” es una forma de syneidésis, conciencia, que implica un juicio, valoración de una situación en especial con relación al pasado. De todo esto podemos inferir que con la aparición de la nueva fe al seno del hogar, ambos tienen que ser razonables; pensar en los años que ya han vivido juntos, las cosas que han logrado en común, el amor que se han tenido.
Si se muestran razonables, pueden tomar un acuerdo para que la presencia de la fe no los separe sino que los una; no obstante existe la posibilidad de que uno de los dos no consienta, no quiera vivir con un cristiano (v.15), “pero si el incrédulo se separa, sepárese”. Pero eso no es una solución, mira la brevedad del versículo, es como una resignación; una última salida a la fidelidad espiritual, disolver el matrimonio antes que renunciar a Cristo. Aunque la posibilidad de abandono de la fe ni siquiera se sugiere sino mas bien para no continuar con el caos que ha invadido la familia, (la espada, el fuego, de que habló el Señor (Mt. 10:34-38), que sugiere la palabra “a paz nos llamó Dios” (v.15).

Consideraciones espirituales

Dentro de las razonables consideraciones que menciona para no romper el hogar se halla el bien espiritual que obtendrán, la mujer creyente santifica a su marido incrédulo y el marido creyente santifica a la mujer incrédula, “porque el marido incrédulo es santificado...” (v.14). No se puede tomar la palabra “santificado” como un proceso interno de purificación; por lo menos en sentido absoluto.
(1) Sí es cierto que la influencia espiritual del creyente sobre el incrédulo le trae muchos beneficios porque en algo lo moraliza, lo eleva, le quita algunas prácticas pecaminosas y  le aclara los conceptos del bien y del mal. También actúa de modo superior, le separa de los ídolos, se vuelve más humano. A eso Pablo llama santificación, y de cierto lo es porque el Espíritu Santo, a través de la influencia cristiana, aunque no lo haya regenerado le beneficia moralmente. En ese mismo sentido tomo lo que se refiere a los hijos cuando dice de ellas que “son santos” (v.14). No que los niños se salven por tener una madre o un padre ahora creyente, sino que pasa lo mismo, como vienen a ser educados en la exhortación y amonestación del Señor, habiendo conocido la Escritura, como Timoteo, reciben innumerables beneficios por ese nuevo contacto; como el oro con el altar (Mt. 23:17,19).

(2) Evangelismo en el hogar. Ahora bien, creo que en la mente del apóstol está la idea de la salvación de la familia porque inmediatamente (v.16) dice: “Porque…¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si harás salva a tu mujer?”. El v.15 como ya dije, es un mero paréntesis de concesión; el “porque” del v.16 está unido al v.14. Si el esposo, “santificado” por la mujer tiene que ser salvo, o puede llegar a salvarse, “santo” no tiene una implicación soteriológica; la está usando en el sentido de un avance espiritual que irá haciendo propicio, paso a paso, la conversión del cónyuge y los hijos.
Una razón fuerte, espiritual, por supuesto, para no disolver el hogar es la salvación de los incrédulos; si un marido incrédulo pierde la influencia bienhechora de su mujer de años y esto porque no la aceptó como cristiana, ¿quién podrá luego convencerlo de que acepte a Cristo? ¿Qué argumento podrá presentarse a favor de una fe que destruyó su familia? Algunas veces los esposos se separan pero no por materia de fe y ni siquiera toman en consideración lo que pasará espiritualmente al otro, o a los hijos, una vez que cada uno se marche. ¿No vale la pena que el amor, todo lo soporte, por tal de que se salven los escogidos?
Incluido en estos razonamientos se encuentra que la familia es el primer campo misionero que tenemos; nuestro evangelismo tiene que comenzar con los que Dios ha puesto a nuestro mismo lado. Si esa idea siempre permanece en los creyentes, estoy seguro que el interés espiritual que se muestren los unos por los otros hará que el clima y las relaciones humanas tengan la más alta calidad, y sean totalmente aprobadas por Dios. Es bueno que el esposo se pregunte: “¿Qué podré hacer para salvar a mi mujer, cómo podré influir espiritualmente para edificarla en el Señor?”.

(3) La medida del éxito. Pablo no asegura afirmativamente que si el matrimonio se mantiene ella lo hará salvo y viceversa, sino que “quizá” o “¿qué sabes?”. Es una pregunta que les hace porque a menudo cuando deciden separarse es porque uno se ha dicho: “No cambiará nunca y todo sacrificio será por gusto”, pierde toda esperanza de que la paz a que lo llamó Dios, retorne. Hay pesimismo espiritual y desánimo; y eso es lo que él trata de arreglar comunicándole que existe la posibilidad de que se convierta, porque nadie sabe el futuro. Esa “posibilidad” es suficiente para sacrificar mucho, incluso la felicidad matrimonial. Es Dios quien salva al marido incrédulo o a la mujer incrédula, en última instancia no su influencia cristiana, no el buen testimonio; por valiosos y necesarios que sean.

sábado, 27 de febrero de 2010

¡Depórtenlos!


Zacarías 5: 1-4
"He aquí un rollo que volaba, por un lado está escrito con maldiciones para el que hurta y por el otro lado maldiciones para el que jura falsamente".

A mí me parece, con poca o mucha razón, que esos dos pecados se hicieron comunes en algunos de los que volvieron desde Babilonia (del mismo modo que gente extraña acompañó a Israel cuando salió de Egipto y ocasionaron problemas). Estos que fingiendo ayudar en la construcción del templo, viendo y teniendo acceso a los materiales que se colectaban, pudieron sentirse tentados a sustraer de ellos para edificar sus casas “con maderas y piedras” (v. 4; Hageo 1: 4); por supuesto con materiales robados. Cuando las sospechas caían sobre ellos juraban que eran inocentes, tomando el nombre de Jehová falsamente (v. 4).
Robarle a la obra de Dios y fingir santidad e inocencia ante los demás es un gran pecado.  Oscuros personajes que en el fondo de cuyos corazones está sentada la maldad como dentro un efa (vv. 6-11) y oculta a la vista de los demás. ¿Cuál podía ser la solución si hurtaban y juraban que era mentira? Regresarlos a su lugar de origen, a la tierra de Sinar, Babilonia, y si lo que quieren es lujo y casa, que la tengan allá desde donde no debieran haber emigrado (v. 11), porque aquí en la despoblada Judea no hay lugar para ellos.
¿Por qué no trabajan fuera de la obra de Dios? En otra cosa pudieran hacer dinero limpio. Pero eso lleva tiempo, hay que enfrentar competencia, es duro, mientras que en la obra de Dios no hay competidores, su pueblo es ingenuo y con sólo dos hombres que vigilan las propiedades del Señor; en realidad uno, Zorobabel porque el otro, el sumo sacerdote Josué, es muy espiritual y no se da cuenta de esos malos manejos. Además es más fácil robar a la iglesia y fingir que se le está ayudando que sudar la gota gorda en un empleo en el mundo.
A ese tipo de pecado, el hurto de los bienes de Dios, el profeta le llama “la maldad” o “iniquidad”. Supongo que haya sido gente importante porque en vez de prisión lo que se le consigna es una extradición a su país de origen, un judío que no merece hallarse donde ha llegado, un llamado cristiano que en vez de contribuir, quita.
Entonces, iglesia, informa al fuego justiciero del gobierno para que consuma sus casas, cuentas bancarias, sus pisos de lujos, sus coches último modelo y su avión privado (v. 4). ¡Abran los ojos, Josué y Zorobabel, y depórtenlos!

jueves, 25 de febrero de 2010

Reelección


Zacarías 1: 17
"Clama aún, diciendo: Aún rebosarán mis ciudades con la abundancia del bien, y aún consolará Jehová a Sión, y aún escogerá todavía a Jerusalén".

Tú dices, “Dios me escogió pero pequé, me escogió en otro tiempo, ahora no soy ya escogido por él, si así todavía fuera, él me hubiera ayudado”. Los judíos en Babilonia pensaban de modo similar, habían sido transportados hasta allí y vividos 70 años fuera de Israel lo que les había hecho creer que ya no eran el pueblo de Dios, que Jerusalén había sido desechada como asiento de los pies divinos.
Perdieron el concepto de la elección como nación y por eso desmayaban, muchos no querían regresar, se miraban como las otras naciones, abandonadas por la providencia y sujetas al azar y la fortuna. Mira que una palabra importante para el profeta para animarlos es escoger y la repite varias veces (2:12; 3:2). Si Dios te escogió cuando eras débil e impío y te dio su gracia, y por un tiempo fuiste su siervo o sierva, ¿no hay ya una razón para devolverte la gracia que malgastaste? Aunque el servicio a Dios no te vista con una justicia intrínseca, ¿es injusto Dios para olvidar el servicio que le prestaste? No se diga eso. Pero aquí no se trata de apostasía sino de un largo tiempo de castigo, y el pueblo se siente abandonado.
Si aún puedes creer estate seguro que la elección permanece. Los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables (Romanos. 11: 28, 29). Zacarías habló mucho del amor de Dios por Jerusalén y que ese amor no había cambiado. La elección divina y el llamamiento de Dios son dos doctrinas inconmovibles que garantizan la fe en la providencia, sabiduría, el proceso de avance del reino de Dios, su triunfo. Si Dios te escogió una vez lo hará repetidamente, cuantas veces sea necesario, si eso hiciera falta. Se siente uno muy privilegiado cuando piensa en su elección. Dios no tiene que reelegirte, no es necesario porque lo hizo en la eternidad, pero sí que tú hagas firme tu elección (2 Pedro 1: 10), no con respecto a Dios sino con respecto a tu fe no dudando de ella y de su oportuna asistencia. Yo haría lo mismo, lo elegiría a él mil veces si hiciera falta.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Ósmosis no, pero mimetismo sí


Hageo 2: 11-13
“Así dice el Señor de los ejércitos: "Pide ahora instrucción a los sacerdotes: 'Si alguno lleva carne consagrada en la falda de su vestidura, y toca con su falda pan, alimento cocido, vino, aceite o cualquier otro alimento, ¿quedará éste consagrado?' Y los sacerdotes respondieron, y dijeron: No. Y dijo Hageo: Si alguno, inmundo por el contacto con un cadáver, toca cualquiera de estas cosas, ¿quedará inmunda? Respondieron los sacerdotes, y dijeron: Quedará inmunda”.

Esto pertenece a la ley ceremonial (Lev. 6: 27; Num. 19: 11, 22), y según ella la santificación no es transmisible, lamentablemente se pierde fácil y otra cosa, el pecado es más veloz en su transmisión que la santidad. El pecado siempre está activo, no puede estarse quieto porque sus impulsos son para coparlo todo. ¿Quiere decir eso que es más efectivo que la gracia? ¡En ninguna manera!, porque cuando él abunda sobreabunda ella.
No obstante el contacto aunque sea casual con una persona santa abre la posibilidad que uno sea bendecido y si es cierto que no se recibe la santificación como por ósmosis, la influencia de tal persona y mas cual cosa pueden ser medios que el Espíritu Santo utilice para acercarnos a Dios. A todos somos deudores porque son muchísimos los que con el ejemplo, la palabra y la pluma, nos han inspirado atizando la llama de nuestra fe.

Pregúntale a un buen teólogo si la consagración es transmisible y si el cristianismo de alguien puede ser transferido: su vida de oración, su devoción por la lectura de la Biblia, su amor por la doctrina, su ímpetu evangelístico, y te dirá que transportables no son pero imitables sí.
Y no me avergüenzo al decir que copio los buenos ejemplos, que soy imitador de aquellos que por la fe heredan las promesas (Hebreos 6:12; la palabra también significa seguidor; y de ella se deriva la castellana mimetismo), y que los imito como ellos imitan a Cristo (1 Corintios 11: 1) y como imitan a Dios (Efesios 5: 1). Sé que no podré absorber una personalidad ajena ni quiero, pero sí puedo incorporar a mi vida hábitos ajenos que me conduzcan, con la bendición divina, a ser semejante a Aquel de quien ellos son semejantes. Leí en una biografía de Calvino donde dice el autor que tal fue su admiración por el apóstol Pablo, que Calvino quiso ser Pablo (Calvin, Bruce Gordon, pag. 110). Gracias a Dios por aquellas cosas santas que su providencia hace que toquen nuestras vidas y seamos mejores; por supuesto que no por ósmosis, colega, sino por gracioso mimetismo.

lunes, 22 de febrero de 2010

Si quiere ser abogado del diablo



Amós 3:2
“A vosotros sólo os he escogido”.

Esto es una reflexión para los que se sienten incómodos con la doctrina de la elección. Implícitamente el Señor ha dicho: A ustedes los he elegido y a las demás naciones las he ignorado. Así como suena. La doctrina de la elección en el NT, especialmente desarrollada por Pablo, sistematizada por Agustín y popularizada por Calvino, tiene sus raíces en el AT y la historia de la revelación de la salvación con el pueblo de Israel. Mientras se hacía la historia del mundo Jehová trataba con Israel y a las otras naciones las dejaba andar en sus propios caminos (Hechos 14: 16; 17: 30). ¿Le parece eso injusto y falta de amor?
Sin embargo, Israel en comparación con muchas naciones ha sido geográfica y numéricamente un pueblo pequeño. ¿No hubiera sido mejor, dice usted, haber escogido un pueblo que tuviera más gente como India o China? ¿Por qué escoger tan pocos y dejar abandonados por siglos y milenios en sus tinieblas y pecados a la inmensa mayoría? Dios por razones justas así ha obrado y yo estoy conforme con su decisión. No defienda a los que no creen porque no solamente aquellos pueblos no se merecían nada sino que no preferían a Jehová sino a sus ídolos y pecados. Es evidente que Dios no estaba apurado por salvar el mundo y obraba sin prisa hasta “el cumplimiento del tiempo que envió a su Hijo” (Gálatas 4: 4). No le concedió el privilegio de la salvación a todos y por eso se ve en la evangelización que “no es de todos la fe” (2 Tesalonicenses. 3: 2). La doctrina de la elección particular no se revela de modo filosófico sino como un acto de Dios, y con gusto podemos decir ‘sí Padre porque así te agradó” (Lucas. 10: 21). Y sin controversia, “la salvación viene por medio de los judíos” (Juan. 4: 22); es semita y por extensión hebrea e israelita, de los profetas y Jesucristo.

Y si a alguno no le parece bien que elija quién se ha de salvar, judío o gentil, porque no lo entiende, no está de acuerdo y cree es injusticia, tiene que enfrentarse al apóstol Pablo quien le responde que no tiene derecho a protestar porque Dios es dueño de sus actos y hace con lo suyo, esto es, con su gracia, misericordia y placer, lo que quiere, porque tiene para eso “capacidad, privilegio, potestad y libertad” (Romanos. 9: 21).  Si usted para oponerse me citara que también la Biblia dice: “Dios no quiere que ninguno se pierda sino que todos procedan al arrepentimiento” o “de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda sino tenga vida eterna”, me daría cuenta que usted necesita un poco de ayuda en lo que se llama hermenéutica o exégesis bíblica.

Para mí lo que sería raro es que Dios salvara sin arrepentimiento, con la gracia común, sin forzarlos a entrar, sin la violencia de la misericordia electiva, y que usted defendiera a quienes no desean creer siendo abogado del diablo porque sus clientes no aman la verdad y la contradicen todo lo que pueden, no desean ir al cielo, no quieren la compañía de muchos millares de ángeles ni de los espíritus de los justos hechos perfectos, aman la gloria de este mundo y no la de Dios y no sólo hacen cosas dignas del infierno sino que las consienten en los que las hacen, y las disfrutan (Romanos 1:32).

domingo, 21 de febrero de 2010

Llega a la playa un nuevo pastor



Jonás 2: 8
“Los que siguen vanidades ilusorias su misericordia abandonan”.

Otra versión dice que los que confían en ídolos. Ídolos pueden ser algo distintos a estatuillas. La palabra en el original significa “destrucción, mentiras, engaños, vanidades e idolatrías”. Esas palabras son muy sagradas porque son partes de una oración hecha por el profeta Jonás dentro del vientre del pez, o como él le llamó dentro del Seol, o sea, desde su tumba. Similarmente cuando uno envejece y se acerca a su salvación (en lo cual también pensó Jonás, 2:9), se da cuenta que aparte de la muerte misma y de Dios todo lo demás es ilusión, está sujeto a decaerse, marchitarse, afearse y corromperse. Pasa. Se va. No queda. El oro y la plata llegan a estar “corroídos” y se “oxidan” (Santiago 5: 3); la belleza pierde su luz y se opaca y termina envejeciendo. Nadie en su muerte se lleva consigo ropas, fama,  fortuna y títulos.
Jonás habiendo pasado por el sepulcro salió a la superficie de las aguas transformado y como un ministro renovado, cambiada su opinión de las cosas, mirando el mundo de una nueva manera, a través de la muerte, la oración, de Dios y la resurrección, y concluyó que el recorrido perfecto de la existencia humana era la voluntad de Dios y no los caprichos, preferencias o prejuicios personales. Aunque el buen Spurgeon en un sermón le llamó, sin ofensas, torpe y cazurro, el pequeño profeta llegó como náufrago a la playa al tercer día de estar en el Seol, siendo un nuevo pastor, con una teología diferente y pesando y valorando distinto las cosas, viviendo en el mundo “sin estar en el mundo”, como un ser fuera de él, ajeno, dominado por los "poderes del siglo venidero", un resucitado en una era de muertos y convencido que es una locura preferir este cuerpo decadente a una nueva habitación celestial, y alejarse de  Dios por vanidades transitorias e ilusorias.

sábado, 20 de febrero de 2010

Predestinación y Providencia en la calle Desesperación


Habacuc 2: 3
“Aunque tardare, espéralo, no tardará”.

El profeta se refiere a la retribución sobre Babilonia y contiene la misma natural impaciencia que muestran los santos en el Apocalipsis de Juan. Lo que Dios le dice que espere es su juicio y le aclara que hay un tiempo señalado para ella que sólo él conoce, y además  “el día ni la hora nadie lo sabe”. Lo que ha de ocurrir ocurrirá pero según el calendario de Dios no el de ustedes. Dios está haciendo historia y no necesariamente contestando peticiones.
El texto dice que Dios se apresura, o su cumplimiento se apresura, pero por contraste se lee que dos veces menciona la tardanza del cumplimiento de los deseos y oraciones de ellos; la primera vez, “aunque tarde” abre la posibilidad que sí se demore o que se piense que se demore, o digan que se demora; pero en la segunda parte afirma que “no tardará”. Se demora según nosotros y se apresura según Dios. Los días divinos tienen más de veinticuatro horas, son más largos.  En esos desesperantes compases de esperas hay dos doctrinas hermanas que acuden para dar paciencia y perseverancia, y son la predestinación y la providencia de Dios. A esas dos ha encomendado el Señor ir a la calle Circunstancias-difíciles y tocar a la puerta de Débil-en-la-fe, donde recientemente se han alojado las gemelas Impaciencia y Precipitación y su cuñada Desesperación. A aquellas dos santas ha encargado Dios desalojarlas y ayudar al creyente a calmar su impaciencia y fortalecerle la fe.
Si Dios se tarda su promesa, habrá más gloria en el asunto y será mejor; y eso significa que se está dando tiempo para la salvación (2 Pe. 3: 9). Cuando Dios se tarda la incredulidad comienza a decir “es mentira, es fraude” y empiezan a burlarse (2 Pe. 3: 4); pero ya Jesús lo había predicho (Mt. 24: 48-50). Dios no miente, es imposible que él mienta. ¡Cuándo acabaremos de creer a esas dos amigas del credo de nuestra profesión, Predestinación, cuyo consejo es: “tu destino está escrito y no es malo y se ha de enderezar”; y Providencia que nos dice: “en el monte de Jehová será provisto, cálmate”!

viernes, 19 de febrero de 2010

Calvinistas, pero se muerden las uñas


Habacuc 2: 4
“Aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; más el justo por su fe vivirá”.

Yo creo que esa actitud arrogante aquí tiene que ver con la jactancia contra la profecía. La esencia de esa falta se encuentra dentro del carácter del que obra para salvarse  y no por su “sola fe” como se dice en Efe. 2: 8,  “no por obras para que nadie se gloríe”. Pablo por inspiración del Espíritu Santo extrajo de las palabras de Habacuc la doctrina de la justificación por la fe, contraria a las obras. Y fue el campeón de esa doctrina, en credo y vida.
Pero si usted teólogo, compara el uso doctrinal de la justificación por la fe en el NT con lo que dijo el antiguo profeta llegará a la conclusión que la fe para vida eterna es la misma que para vivir la vida temporal. La primera brota de la segunda y no deben separarse nunca. La fe teológica es práctica y se muestra en tiempos como los del profeta cuando la higuera no florece ni hay olivos para recoger ni vacas en el establo. En ese tiempo el teólogo Habacuc se goza en el Dios de su salvación (3: 17-18); y como él toma las cosas  y hace frente a las contingencias de la vida hace un contraste con los incrédulos babilonios y judíos, que se exaltaban a sí mismos y atraían sobre sí la clase de vida miserable y sin reposo que llevaban.
A veces el creyente tiene una fuerte fe teológica y doctrinal. Cree a pie juntillas el Credo Niceno, la Confesión de 1689, etc., pero no tiene fe cuando se le echan encima una avalancha de situaciones  inesperadas. Es interesante y exacto el comentario que Calvino le hace a los que son “impíos” o injustos; aquellos que se glorían en sí mismos y se exaltan a ellos mismos y cosechan intranquilidad, ansiedad y desasosiego. En cambio el justo, el que vive en integridad pone su fe en la palabra de Dios, vive en paz y ninguna cosa le agita su mente con preocupación. Calvino también explica la conexión que esto tiene con la vida eterna  diciendo que todo lo que Dios nos confiere en esta vida, la paz, la tranquilidad lo hace para “confirmar la seguridad de la vida eterna”. O sea, todos los que saben dicen que el que es justificado por medio de la fe la enseña en su manera de tomar las cosas: con tranquilidad. Y se me ocurre pensar, ¿qué diría Calvino de algunos discípulos suyos que se ahogan en un vaso de agua, toman sedantes para dormir y se muerden las uñas con impaciencia?

jueves, 18 de febrero de 2010

¿Seguro que Dios estaba en el culto?


Miqueas 3: 10, 11
“¿No está Jehová entre nosotros?”.

No. ¿Por qué lo dices? ¿Porque hay sacerdotes, sacrificios, templo y la ley escrita? Tienen todo eso pero no están viviendo como agrada Dios; tenéis instituciones sagradas pero los hombres que la administran viven impíamente; las ceremonias y los ritos que ellos ejecutan están contaminados por sus vidas, que es más importante que las piedras del templo, que la sangre de la reconciliación de animales. ¿No recuerdas como Moisés quebró las dos tablas de la ley cuando bajó del monte y vio al pueblo entregado a la idolatría? Porque de nada le valía aquella piedra sagrada si la congregación no practicaba su contenido; tiene que haber correspondencia entre la vida de los ministros y la presencia de Dios.
La sangre corría en el templo, las alabanzas se entonaban, las ofrendas llegaban, el dinero se recaudaba, y la gente creía edificarse, sin embargo no era así; la “adoración” estaba muy lejos de haber sido verdadera adoración espiritual, el Espíritu Santo no había bendecido sus almas sino que la presencia del grupo, el tumulto, las voces de la gente y la imaginación de que se cumplía lo que agradaba a Dios provocaba éxtasis y emociones dentro de ellos y regresaban a casa como si hubiesen pasado un tiempo maravilloso en la presencia de Dios, pero Dios no estaba allí.
Dios está presente en su palabra; cuando su palabra es honrada no sólo en su estudio sino en la obediencia a ella. Lo que quiere Dios es vernos vivir, no sólo cantar y oír como “oidores olvidadizos” la palabra de Dios, ni el apego a sus ritos y ceremonias que no son otra cosa que mensajes simbólicos encerrados sobre la palabra de Dios. Dios está entre nosotros si vivimos los mensajes que nos envía. Dios está en el culto para aquel que refleja con su vida la Palabra del Señor. Nos de su gracia para ello.

martes, 16 de febrero de 2010

Jonás y Jesús son para los escogidos

Jonás 1: 17
“Y Jonás estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches”.

Cuando una mente secular lee esta historia piensa que es un mito, que no puede ser verdad, que es imposible que eso haya ocurrido en la historia de una persona, que quepa dentro del vientre de un pez, que no muera allí si es que se lo tragaron, y que lo vomite intacto. Es parecido a una serpiente o una asna que hablan, un hacha que flota, o un profeta que es levantado por un carro de fuego y llevado al cielo. Esas cosas los literatos las ponen dentro de la leyenda y del mito, pero son las realidades fantásticas de la salvación. Dios mismo, esa innegable realidad está allí, dentro de la irrealidad, en el cuento y lo que ellos llaman superstición. Ese es el mundo de la fe. El mundo del otro mundo. El bello mundo de la fantasía, la verdad y la felicidad. Sin esos llamados mitos el mundo sería muy triste.

Las experiencias de Jonás tienen que ver con la muerte y resurrección de Jesucristo. Su historia es tan extraña como la de Sansón, Jefté, la ascensión del profeta Elías o los milagros operados por Eliseo. Jonás tenía las credenciales de un verdadero profeta de Israel (2 Re. 14: 25) a quien Dios llamó para darle una experiencia distinta, muy superior a su común trabajo dentro de su pueblo: la predicación a una ciudad gentil después de salir del vientre del pez, como resucitado, como un día haría Jesús y sus discípulos después de salir él del vientre de la tierra.

El profeta Jonás fue bautizado en el mar, en el nombre Cristo, y resucitado también en su nombre. Todo debe entenderse como una vindicación de Jehová como único Dios y una profecía dada por el Espíritu Santo y el triunfo sobre el paganismo mediante la “señal de Jonás” o la resurrección de Jesús, la obra maestra de la salvación  (Mt. 12: 38-41). El mismo tuvo conciencia como si hubiera muerto al decir que se hallaba en el “Seol” (2: 2) y que su vida fue preservada en “el pozo de corrupción” o “fosa” (2: 6). Así fue dibujando su resurrección. Y concluye diciendo que “la salvación pertenece a Jehová” (2:9); no sólo la suya sino la de todos nosotros. Fue una experiencia de salvación.

Son historias para los escogidos de Dios no para los incrédulos, reprobados y escépticos. No son mitos porque tienen raíces históricas y poseen “pruebas indubitables” (Hch. 1: 3); pero no para todo el mundo sino para los que Dios prepara para recibirlas. Jesús vivo no le tocó la puerta a Pilato, a Herodes ni a Caifás y Anás ni cenó con ellos. A los escogidos sólo les dijo: “Toquen aquí”. La resurrección de Jesús fue sólo para los suyos no para todo el mundo (Hch. 10: 41). Las historias más bonitas que pueden leerse en la Biblia, las “cosas que ojo no ha visto ni oído escuchado, que no han subido a corazón de hombre  son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Co. 2: 9); para que “no se considere increíble entre nosotros que Dios resucita a los muertos (Hch. 26: 8).

domingo, 14 de febrero de 2010

No siempre los de piel blanca son mejores


Amós 9: 7
“¿No sois para mí como los hijos de Etiopía, oh hijos de Israel? ¿No hice yo subir a Israel de la tierra de Egipto, y a los filisteos de Caftor, y de Kir a los arameos?”


Gill dice: “Se volvieron tan negros como la piel de los etíopes y fueron idólatras como ellos, y se endurecieron como ellos y se acostumbraron a pecar del mismo modo, tal que les era imposible dejar de hacerlo (Jer. 13: 23). Los etíopes son representados por Diodoro Siculus como personas muy religiosas o idólatras y los primeros adoradores de los dioses y que les ofrecieran sacrificios a ellos, que los tenían a cambio en especial favor y estima. Homero habla de Júpiter y otros dioses como yendo a Etiopía para una fiesta de aniversario y los llama gente inocente. Luciano menciona que los dioses que viajaban más allá del océano llegaban a Etiopía, hombres honestos que los acogían tan bien sin ni siquiera haber sido invitados”. Un creyente puede comportarse, a veces, de un modo menos virtuoso que un incrédulo.

Observa que no siempre los de piel blanca son mejores que los que tienen la piel de otros colores. Los judíos tampoco eran tan blancos. Los hombres no son mejores ni peores por el color de la piel. Los judíos se gloriaban en ser hijos de Abram, Isaac, Jacob, y haber tenido el privilegio de ser sacados de Egipto por Dios, sin embargo el argumento del profeta muestra que por su mala conducta habían perdido la bendición de ser tratados de modo especial y que imitando en iniquidades a las otras naciones no podían sino esperar retribuciones divinas similares a ellas. No que los haya desechado como hijos sino que los ha de recompensar como a los otros. Ni soñar que si hacemos males vendrán bienes, Dios dará a cada uno conforme a sus obras. El alma de ellos, hombres de piel blanca, era más negra que la piel de los etíopes, y a veces éstos, los negros, los excedían en hospitalidad y nobleza.

Por otra parte, nota que  el éxodo por cuestiones políticas o económicas es una forma providencial de Dios para formar las emigraciones de los pueblos, y que en sentido general son buenas. El éxodo de los judíos desde Egipto es idéntico a la emigración donde actúa la providencia, cuando trajo a los filisteos de Caftor y a los arameos de Kir. Es lo mismo. El mismo Dios, usando milagros que con providencial inteligencia las produce y usa cambios económicos  y políticos, y en ambos casos quien dirige los éxodos de los pueblos y establece para cada uno “el límite de su habitación” (Hch. 17: 26). Rut la moabita emigró a Israel por una cuestión familiar. Dios tenía algún propósito con aquellos emigrantes que desde el Ponto, Etiopía, Mesopotamia, Grecia, Roma, visitaban Israel en Pentecostés cuando fue derramado el Espíritu Santo. Y Juan estaba en Patmos con algún propósito divino y por eso la providencia lo puso allí.

sábado, 13 de febrero de 2010

Los estados totalitarios se creen divinos


-->
Amós 5:13
“El prudente en ese tiempo se calla” (v.10).

Sin querer molestar la sensibilidad ideológica de algún hermano quiero verter algunas reflexiones sacadas mayormente de dolorosos recuerdos y espantosas observaciones de las sociedades del mundo. Dice que tiene miedo hablar y no dice la verdad, la comenta en voz baja con la familia, dentro de la casa mirando afuera para ver si alguien escucha. Hay espías por todas partes, delatores voluntarios y pagados que por ganarse honores y escalafón espían la vida privada de los ciudadanos quienes no tienen el derecho ni siquiera de quejarse de lo malo que está la situación y no les es lícito opinar contrario al gobierno ni disentir de leyes injustas. El prudente teme la dictadura y la represión; y lo que no diga la prensa, la radio o la televisión para él decir lo mismo, no lo dice. Es mejor morir con una espada en el corazón que vivir con una mordaza en la boca.
Pero ¿es prudencia o cobardía? ¿Hay que permitirle siempre a la mentira que tenga los derechos que se le niegan a la verdad? Los cristianos buscamos ser ciudadanos honestos tanto del reino de los cielos como entre los reinos del mundo donde testificamos. Aunque en el evangelio tiene más importancia la palabra hombre que la palabra ciudadano, no es verdad que sea apolítico. Hay que decir la verdad prudentemente según uno la siente, pero decirla. ¿Cree que los césares quemaban a los cristianos y perseguían a sus obispos sólo porque predicaban el perdón de pecados? ¿O porque se oponían a la idolatría gubernamental? No tenían sólo razones teológicas sino políticas porque los discípulos de Jesús se negaban adorar al que tenía cetro y trono, y decían que Señor era uno sólo, Jesucristo. Se creen los estados totalitarios que son divinos y sus líderes dioses.
Se busca la forma de decir lo cierto, o escribirlo, o gritarlo y esconderse, o transmitirlo desde otro país para que los ciudadanos se enteren de lo que ocurre y se les oculta, y sientan la satisfacción de oír lo que ellos quisieran decir.
Por eso los tiranos temen a los medios de difusión masiva y pronto se incautan de ellos con cualquier pretexto con el propósito de enmudecer las voces opuestas y extender el dominio de su terror, con silencio; y poder propagar con mentiras como si fueran cosas ciertas, su ideología. A las dictaduras les horroriza la verdad, y que se desmienta que el paraíso que prometen a cambio de renunciar a la libertad de expresión, es una “gran estafa”; por eso intentan desvirtuarla llamándola propaganda enemiga y calumnias de intereses foráneos. Los tiranos no suelen generalmente crear una sociedad sino un arsenal.