sábado, 31 de diciembre de 2011

Formas providenciales de sustento


“Y comieron de los frutos de la tierra de Canaán aquel año” (Jos.5:12).

Los hijos de Israel nunca más tuvieron maná; ya no lo necesitaban, el vagabundeo milagroso había concluido y al entrar a la tierra de promisión las ventanas del cielo se cerraron y no vieron más vieron el precioso alimento, a no ser el guardado en lugar sagrado una urna. Una nueva época había comenzado, y no podrían volver atrás a los antiguos tiempos en que cual lluvia caía la bendición angelical. El ciclo estaba cerrado. El tiempo de sostenimiento especial había expirado y el sol no volvería atrás. Pero les quedaban en la memoria experiencias inolvidables, buenas y malas, todas ellas con Dios.

Impresionantes apostasías. Los egipcios se habían vuelto a su país, los que siguieron al grupo salvado cuando oyeron que peregrinarían por cuarenta años pusieron pie en retroceso. Fue un alivio porque aquellos no regenerados causaban molestias a los que caminaban en el Espíritu. Ellos fueron los que trajeron a la memoria las cebollas y los melones de servidumbre e incitaban a los santos con los recuerdos del pecado.

La justicia divina. Coré el rebelde era un recuerdo espantoso, el griterío de los vecinos huyendo y el hueco oscuro tragándose viva la sedición; muchos aunque eran muchachos, recordaban las cicatrices de los padres, no olvidaban las serpientes ardientes y como una mirada de fe los sanaba maravillosamente.

La encantadora protección de Dios. Hay muchos recuerdos cuando el año termina, la columna de fuego durante la noche, la nube protectora para el mediodía.

La unidad de la iglesia. La hazaña de construcción del tabernáculo, la generosidad de todos, el ahínco de los fabricantes, la consagración de los sacerdotes, la unción de Aarón, la entrega de la Ley.

Cuando un año se acaba invita a recapitular: ¿Soy mejor que cuando salí caminando? ¿Lo que he vivido no ha sido por gusto? Estoy a punto de cruzar la frontera de un año para otro, las aguas del Jordán del tiempo están desbordadas, no sé lo que me espera por delante, pero estoy seguro que Dios estará conmigo. Con todo, si Dios ha estado con nuestras venturas y desventuras, ha sido un año bendecido y sin ese sostén de misericordia hubiera sido peor. No tendré maná, pero alguna forma de sustento tendré y como consiga nutrirme y vivir, no será menos providencial que si estuviera lloviendo alimento.

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(Viviendo “del aire”, o con dinero)

jueves, 29 de diciembre de 2011

El arrollador Jesús


Estoy leyendo el libro de mi amigo Mike,  Am I Really a Christian? (9marks) by Mike McKinley, donde compara la fama de John Lennon con la de Jesús, y demuestra históricamente como el honor y la popularidad del Señor continúa, con un propósito u otro, mientras que la del primero, casi sobrevive sólo  en unas cuantas memorias.

"En 1966, John Lennon asombró a todos cuando con arrogancia dijo que los Beatles eran más populares que Jesús. La arrogancia de este hombre asombró a muchos, aunque ¿en realidad en tal momento en la historia lo eran? Los Beatles se encontraban en una exitosa época de fama mundial que en muy pocos rara vez han podido ser vista. Desde una perspectiva más amplia, por supuesto, la fama de este hombre perduró poco. Unos 50 años después la vida y carrera de este personaje ya habían sido relegadas al polvoriento depósito de la historia consultada solamente por la nostalgia y la curiosidad, y en última instancia toda ella reducida a los anuncios comerciales que dejan los zapatos Nike en la arena.

"Jesús por otra parte continúa creciendo en popularidad según pasa el tiempo, y eso sin mencionar que durante dos mil años la gente no ha cesado de hablar de él. Las revistas que semanalmente salen al mercado saben muy bien el buen efecto que tiene poner en la portada de ellas una pintura de Jesús, especialmente en Navidad y Semana Santa, y que eso significará el aumento de las ventas. Los señores que producen cines también lo saben que si filman una película acerca de la vida de Jesús generalmente les irá muy bien. De hecho el nombre de Jesús se ha convertido en todo una industria, llenando de billetes los bancos y las cajas registradoras" (pag. 43).

Todo eso me hizo pensar en por qué  Jesús sigue siendo popular, o en específico, qué es lo que hace que hoy tenga vigencia. Es sin duda, su vida y mensaje, por supuesto, y el modo en que ambas cosas enfrentan los desafíos y necesidades de cada época. Y es obvio que son los ministros del evangelio, con su método teológico-historico-gramatical de exponer el evangelio, y las contundentes vidas de los cristianos, lo que hace que el nombre de Jesús sea perenne. Con la mejor teología en los labios y en la imprenta y con gente santa y fiel caminando de por las calles, viviendo en los hogares, en los centros de trabajos y en las escuelas y universidades, Jesús continuará siendo un personaje notable dentro de la historia, hasta el término  de ella.

El compromiso máximo de la exégesis bíblica y la exposición del Nuevo Testamento, es sacar a la luz el Jesús real, el mensaje real y con él llevar “cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. Si lo que se predica son fábulas artificiosas (2 Pe. 1: 16), filosofías humanas, huecas sutilezas (Col. 2: 8) y tradiciones de hombres, por no mencionar el demacrado arminianismo, no hay futuro inmediato para el nombre de Jesucristo. La historia nos da la razón al registrar en ella aquellas sombras que se fueron.

¿Qué popularidad, sino en un pequeño club, tienen los estoicos y epicúreos del tiempo de Pablo? (Hch. 17: 18). Sin embargo los documentos de este judío cristiano son inmortales y durarán mientras exista el planeta tierra. ¿Y los doscetas o gnósticos que combatió Juan? (1 Jn. 4: 3).  ¿Dónde se hallan ellos sino en los ridículos y polvorientos recuerdos de las herejías cristianas infamantes? Ya ninguno de ellos está de moda. Todas las filosofías y tradiciones, como dice Pablo, se deshacen con el uso (Col. 2: 22). Son temporales, tienen su momento y seguidores pero pasan, y el tiempo las tira en algún recodo de la historia, o van a la letrina (Mr. 7:19). En cambio con Jesús no sucede así, porque está metido en las entrañas de la historia con pruebas indubitables, señal contradicha pero invita, que continuará arrollando siglos y dejando sus huellas, no en la arena como los zapatos Nike,  sino en cada piedra con que se construya cualquier sociedad, no por gusto de los hombres sino por la voluntad de Dios.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

¡Qué fastidio es ir al culto!

 Malaquías 1: 10-14
10 ¿Quién también hay de vosotros que cierre las puertas o alumbre mi altar de balde? Yo no tengo complacencia en vosotros, dice Jehová de los ejércitos, ni de vuestra mano aceptaré ofrenda. 11 Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las naciones; y en todo lugar se ofrece a mi nombre incienso y ofrenda limpia, porque grande es mi nombre entre las naciones, dice Jehová de los ejércitos. 12 Y vosotros lo habéis profanado cuando decís: Inmunda es la mesa de Jehová, y cuando decís que su alimento es despreciable. 13 Habéis además dicho: ¡Oh, qué fastidio es esto! y me despreciáis, dice Jehová de los ejércitos; y trajisteis lo hurtado, o cojo, o enfermo, y presentasteis ofrenda. ¿Aceptaré yo eso de vuestra mano? dice Jehová. 14 Maldito el que engaña, el que teniendo machos en su rebaño, promete, y sacrifica a Jehová lo dañado. Porque yo soy Gran Rey, dice Jehová de los ejércitos, y mi nombre es temible entre las naciones.


Aquí se sigue el desarrollo del asunto anterior y se amplía en varios sentidos. La palabra inmundo y menosprecio aparecen un par de veces en todo el capítulo, señalando con eso que Dios se siente ofendido, menospreciado, desvalorado cuando el culto establecido por él  es puesto  en el piso, en el suelo, que dicho sea, es uno de los sinónimos que se puede usar para traducir la palabra inmunda refiriéndose a su mesa (v. 12). No solamente con hipocresía llevaban lo peor al culto, lo más malo que tenían, lo que ni siquiera a un hombre se le ofrecía, sino que hacían comentarios, "decís" (vv. 12, 13); y para colmo lo hacían de mala gana, obligados y protestando llamándole "fastidio" (v. 13), que se puede traducir como aburrimiento o problema. 

Caminaban hacia el culto con el mismo sentimiento que si enfrentaran un problema o fueran a padecer y sufrir con aquella obediencia; les pesaban los pies para andar hacia el templo, y por supuesto no iban a llevar lo mejor sino lo incompleto, lo que les sobraba, lo que ellos mismos no querían, es decir, de segunda, tercera o cuarta calidad. No eran felices en las fiestas solemnes, se aburrían con los símbolos y las ceremonias: eran actos vacíos.

Ese estado de ánimo puede ser por decaimiento de la fe o puede ser porque el supuesto adorador es un hombre natural, no nacido del Espíritu. ¿Qué, aborreces la práctica de tu religión? ¿Sacarás algún placer en la adoración, en la alabanza, en el mensaje de la Palabra, en las conversaciones santas? Cuando eso pasa falta el Espíritu en el culto y no le interesa la adoración de los mandamientos de Dios. Ante esa situación el Señor les dice cosas sobresalientes: que no se agrada de ellos y que imploren, que caigan sobre sus rodillas y oren por su favor (v. 10), o alguien que cerrara el templo a personas con tan defectuosos sacrificios porque dice que "no tengo complacencia en vosotros", es duro (v. 9), "orad por el favor de Dios".

Los vv. 11, 12 se explican así: "Tengo a otra gente que también no conocen, no tienen un culto organizado como el que vosotros tenéis, sin embargo ofrecen lo mejor, y además ofrenda limpia. No piensen que son los mejores adoradores del mundo, hay otros desconocidos, que ustedes no saben quiénes son, (los gentiles) que son mejores creyentes que ustedes, y sin embargo tienen muchísimos menos privilegios que lo que ustedes tienen. Si dicen: ¿y qué nos aprovechará? La respuesta es: Por nimio que sea el trabajo por Dios, pequeño, no lo hará de gratis, nadie perderá su recompensa (Mt. 10: 42). Si el culto a Dios te fastidia, lo más posible es, si el sermón no tiene la culpa, que tú también lo fastidies a él.

domingo, 25 de diciembre de 2011

La Biblia se ríe de los que no creen en ella


Mateo 2:1-12  
“Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron…  pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino”.


Los hijos de luz podrán ser ingenuos y engañárseles, pero a Dios jamás. La inteligencia y protección de la iglesia no se halla tanto en la habilidad de sus ministros para conducirla como en la revelación de Dios. Los magos escapan de las tenazas de Herodes y regresan ilesos. La mejor defensa de la iglesia no es la espada de sus príncipes sino la espada de la palabra de Dios. No fue por la perspicacia de ellos ni porque siendo astutos sospecharan; fue Dios mismo quien se burló de él. Jerusalén y Herodes fueron testigos de la llegada al mundo del Mesías, pero como no le recibieron el Rey habría de esconderse en la sombra de su anonimato por muchos años y aquellos a los cuales él por unos breves días visitó como Rey y Señor, morirían en sus pecados.

Quizás hoy llegue su mensaje a ti, trayéndote su palabra de salvación. Cuando oigas lo que dice el profeta anda y corre y póstrate a sus pies, tiembla, no porque te perjudique el mensaje sino por no poder alcanzar pronto su perdón y benevolencia, estremécete de arrepentimiento como las murallas de Jerusalén, no te conformes con hallar lo que circunda a Jesús sino con Jesús mismo y deja que aquellos paganos se rían anticipadamente de tu fe ingenua, que cuando los hipócritas nunca alcancen la cuna o la cruz del Salvador, tú regresarás cantado y quizás salvado como estos magos, “por otro camino”. Herodes se sintió burlado por los magos. No es el incrédulo  quien se ríe de la Biblia, es la Biblia la que se ríe de su necedad.

Si quieres tener fe en Dios


Mateo 2:1-12
“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel”.


Fíjate que las luces naturales de la creación te pueden aproximar a un Dios personal. Los magos, o astrólogos, estaban convencidos que aquella estrella era su estrella. En realidad no era una estrella porque estaba cerca y aparecía y desaparecía. Todas las estrellas son de Dios. Todos los soles. El universo es de Dios. Un medio que puedes usar para acercarte a la existencia de Dios es el estudio de la creación. Tienes muchas en ese gran teatro. El cielo estrellado donde hay millones de galaxias. La tierra. Te hacen pensar que hay un Dios. Hay que ser ciego o muy necio para negar que todo eso es hecho y no es casualidad. Si piensas en ti mismo.

Pero lastimosamente las luces de la creación te acercan a Dios pero no te llevan hasta él.  La creación no habla de Cristo. Los magos necesitaron la Biblia y especialmente sus maestros,  por medio de ella fue que supieron sobre Jesús. Por ella uno aprende dónde nació, qué hizo, qué dijo y cómo y por qué  murió. Son las historias de la Biblia explicadas las que te dan la fe que necesitas para ir a Jesús. Es lo más importante de ella.  Cuando llegaron no le dieron una Biblia y le dijeron léela y por ella conocerás donde hallar a Jesús. Tardarían años. Pero allí había hombres que la conocían y cuando les preguntaron enseguida hallaron el texto exacto que los conduciría a Jesús. Allí estuvo el Espíritu Santo con aquellos hombres.  Son los maestros y los pastores que explican la Biblia los que Dios usa para dar el conocimiento necesario que conduzca a Jesús porque hablan inspirados por la Biblia, es decir, por el Espíritu Santo. Después que llegas a Jesús es cuando más te habla la creación sobre el Creador. Si quieres tener fe en Dios, examina la creación y abre una Biblia.

sábado, 24 de diciembre de 2011

El amigo de los pecadores, y pariente más cercano


Mateo 1:1-17   
 1 Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.  2 Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos.  3 Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y Esrom a Aram. 4 Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón.  5 Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí.  6 Isaí engendró al rey David, y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías. 7 Salomón engendró a Roboam, Roboam a Abías, y Abías a Asa. 8 Asa engendró a Josafat, Josafat a Joram, y Joram a Uzías.  9 Uzías engendró a Jotam, Jotam a Acaz, y Acaz a Ezequías.  10 Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amón, y Amón a Josías. 11 Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia. 12 Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel.  13 Zorobabel engendró a Abiud, Abiud a Eliaquim, y Eliaquim a Azor. 14 Azor engendró a Sadoc, Sadoc a Aquim, y Aquim a Eliud. 15 Eliud engendró a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob;16 y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo. 17 De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce”.



La gracia de Dios brilla como una estrella sobre su pueblo cuando Mateo menciona mujeres en su genealogía. Eso no era común que se hiciera y ninguna de las tres mencionadas, Tamar, Rahab y Betsabé, hubieran sido seleccionadas si su intención fuera la gloria del hombre y no la gracia divina. Pero Mateo quiere mostrar la misericordia de Dios al elegirlas, (vv.3, 5, 6). Cualquiera de ellas estuvo asociada a algún tipo de escándalo. El autor de este evangelio no quiere glorificar al hombre, sino enmarcar con ejemplos el propósito soberano de Dios conforme a la elección, que no obra por méritos de obras, sino por su llamamiento y el puro afecto de su voluntad.

Aún el rey David aunque se le llamó “el dulce cantor de Israel” y “el hombre conforme al corazón de Dios”; elogios que estrictamente no merecía pero es recordado dentro del pueblo santo para que la misericordia de Dios brillara. Aparece su hijo, Salomón, grande ante los hombres, autor de dos libros del canon, pero por méritos morales no se hubiera ganado esa posición de ser recordado eternamente por Dios. Su noble madre fue ultrajada por aquel campeón de Jehová que ya mencioné, su abuelo, y nació de la que fue mujer de Urías a cuyo esposo este último asesinó con manos extranjeras (v.6). Y la lista continúa y la falta de perfección de todos ellos no se puede tapar.

Mira la imparcialidad de la Escritura y el derroche de gracia divina. Si esta genealogía hubiera sido confeccionada por hombres y no por Dios, como judío orgulloso de su nación hubiera procurado evadir algunos nombres como Abías, Joram y  Manasés el que bañó en sangre a Jerusalén  (2 Re. 8:18; 21:16), y ni que digamos de la apostasía de Salomón y de la arrogancia de Uzías que lo condujo a una muerte por lepra.

Eso demuestra la imparcialidad de la Escritura que es inevitablemente vista cuando menciona nombres que era preferible en vez de recordarlos, olvidarlos. Además de aquellos, Judá, (v.3), que aunque no fue lujurioso cayó por inmoralidad durmiendo con su propia nuera viuda a la que supuso  prostituta, Tamar. Pero esta genealogía es inspirada por el Espíritu Santo y útil para reflexionar sobre la naturaleza humana y cómo Jesús la acopió toda para sí y como Esposo de la iglesia es “carne de su carne y hueso de sus huesos”, o “una sola carne” con ella.

Toda la historia de la iglesia es un recuento de rebeliones humanas y justicia, misericordia y perdones divinos. Si esta cansona lista no fuera letra escrita por la pluma de Dios, hubiera omitido el cataclismo político de la deportación a Babilonia cuando Israel dejó de existir como nación y volvieron muy pocos de ellos. Y para gloria de Dios en la caída de Jerusalén en el año 70 de nuestra era, aunque todo se quemó, todo se perdió y los judíos no saben nada de sus antepasados, hay una sola genealogía que se conserva, ésta, la de Jesucristo y es la que únicamente hace falta, la del Salvador del mundo, los de sangre roja y no azul. La sangre siempre es roja, no azul.

De ese modo Jesucristo, queda demostrado, es el heredero legal al trono de David, y además en cuerpo y sangre, a los pecadores, constituido por Dios por Rey sobre ellos, su Amigo y Salvador (Mt. 11:19), quien bajó a este mundo en busca de injustos y pecadores, no de sanos sino de enfermos, de publicanos y rameras (21:31). Participó de nuestra naturaleza humana, (He. 2:14-15), para venir a ser nuestro íntimo Salvador, que por nosotros fue hecho pecado, y  llevando carne de pecado y la sentencia que nos pertenecía, con espantoso trago de amor nuestra condena agotó. Su gloria brilla en ser el amigo de los pecadores como lo demuestran sus ancestros y  nuestro pariente más cercano para redimirnos.