viernes, 9 de diciembre de 2011

La iglesia cristiana es bonita


Génesis 15:9-11
“Y las aves de rapiña descendían sobre los animales sacrificados, pero Abram las ahuyentaba”.

Abram cuida los sacrificios. Parece que habían pasado doce horas y Dios no hacía nada con ellos, pero él seguía cuidándolos aunque vinieran las moscas, las águilas, los buitres o los cuervos, o  se pudrieran. Es nuestra obligación ofrecer a Dios lo mejor y también evitar que el diablo se lo coma. Pues ¿cómo? Dándole gritos, tirándoles piedras o con un palo. El diablo fastidia bastante, y Lutero que tenía una amplia experiencia con sus diabluras, harto ya de sus mortificaciones, le arrojó un tintero. 

Si los sermones que predico no obtienen ningún resultado, como si Dios no los aceptara, seguiré velando y orando sobre ellos hasta que descienda fuego del cielo y los consuma; que se pudran si Dios quiere pero seguiré cuidándolos en oración para que sean bendecidos. Bueno, la Escritura dice que cuando la semilla se pudre, germina. Ganar un alma y cuidarla para que los pájaros voraces de otras sectas no se la coman es una fatigosa pero necesaria ocupación. Por lo menos se les puede tirar la puerta en la cara. Rudo ¿eh? ¿No has leído lo que han hecho con la palabra de Dios y sus hermosas doctrinas? Lee  como acosan a la iglesia, ave hermosa de muchos colores, esas aves de rapiña alrededor (Jer. 12:9).  

Específicamente lee los vv. 7-10; mira cómo le llama a su pueblo “ave de muchos colores”. Es mejor dejar fuera en la traducción eso de “rapiña” aunque la palabra significa halcón o cualquier otra ave depredadora;  acosada por países vecinos codiciosos de ella, de sus hermosos colores y privilegios. La iglesia de Jesucristo es un ave de muchos colores donde se manifiesta la “multicolor” gracia de Dios, la “multiforme gracia y sabiduría de Dios” (Efe. 3:10). La iglesia cristiana es bonita y hay que cuidarla, como uno pueda.           

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