sábado, 31 de julio de 2010

Cuando no podamos actuar por fe, actuemos por principios

(Esta es una entrada extra para una hermana que lo necesita, si quiere orar por ella, lea el comentario de la entrada anterior).


“Ciertamente nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente; y de tu mano, oh rey, nos librará. Pero si no lo hace, has de saber que no adoraremos la estatua de oro” (Daniel 3:15-18)


Observa la coordinación que tienen entre la fe y los principios religiosos. Los jóvenes tenían fe y dijeron: “Dios puede librarnos y Dios nos librará, pero si no nos libra, tampoco adoraremos a la estatua que has levantado.” ¿Cuál es la fe? Que Dios puede librarlos y los librará. Y ¿cuáles son los principios? Cuando dicen con resignación, con sujeción a la voluntad de Dios: “Si no nos libra tampoco adoraremos la estatua”.

Dios no nos pide que vivamos por fe sin principios cristianos, la fe que no tiene una norma para vivir es una mentira. Si hubieran dicho que tenían fe para ser librados y no estuvieran dispuestos a recibir lo que fuera la voluntad de Dios, bueno o malo, no tenían fe ninguna. Se habrían engañado porque fueron echados al horno de fuego. La fe genuina se somete a la voluntad divina y la acepta como agradable y perfecta. Lo otro es fanatismo. La fe tiene como su máxima expresión los principios normativos de la vida cristiana. Si alguien dice que vive por fe pero no tiene principios normativos, con una proposición como ésta, prometerá pensarlo y negociar con ella.

No contestaron: “No nos espantan tus amenazas porque Dios nos librará.” El aspecto más firme de ellos no fue, si se quiere ver así, la fe sino los principios de esa fe, la posibilidad de que la voluntad de Dios fuera de otra manera no esperada o deseada. Dijeron que no serían infieles, tanto por fe como por principios de fe: “Si no nos libra no nos retractaremos tampoco, porque no servimos a Dios para que nos libre de lo malo, para que todo nos vaya bien. Lo adoramos no porque nos conviene adorarlo sino porque lo que creemos es la verdad y nada se puede contra la verdad”. Cuando no podamos actuar por fe, actuemos por los principios de ella por los cuales hemos vivido y el resultado es el mismo, y no es incredulidad.

La raíz de todos los problemas teológicos del cristianismo

2 Crónicas 28:22-23 (LBLA)

“Y en el tiempo de su angustia este rey Acaz fue aún más infiel al Señor; [23] sacrificaba a los dioses de Damasco que lo habían derrotado, y decía: Por cuanto los dioses de los reyes de Aram los ayudaron, sacrificaré a ellos para que me ayuden. Pero ellos fueron su ruina y la de todo Israel”.


Acaz se equivocó en el análisis de su situación y como no la juzgó espiritualmente, la decisión que tomó para solucionarla fue desastrosa, tanto para él mismo como para su pueblo. Pensó que porque los sirios le habían derrotado había sido por la capacidad superior de sus dioses sobre Jehová; y no era así, los dioses no le habían ganado sino que “Jehová los entregó en manos de los sirios”.

Dios no les había fallado, ellos le habían fallado a Dios. Satanás se había apoderado de ellos porque ellos se habían alejado del Señor. Ningún dios en el universo, si lo hubiera, es superior a nuestro Único Dios. Pero Acaz no lo pensó así, se dirigió a los dioses de los damascenos y abandonó completamente al Dios de la historia, para su ruina y para Israel.

Las victorias que el mundo tiene sobre la iglesia no se deben a que pueda vencer nuestra fe sino que por causa de nuestro pecado es que la fe no vence el mundo. Parecen haber derrotado la antigua Ortodoxia los dioses del darwinismo que fueron importados por los del Norte y hace unos sesenta años han ido bajando al continente americano revestidos con el contundente atuendo bélico de Hegel y los modernos colorines del post-modernismo.

Si de nuevo la Palabra de Dios ocupara su lugar en el corazón de la iglesia y el pueblo clamara a Dios, no nos sentiríamos derrotados, pero nuestra desgracia nos ha sobrevenido porque nuestro Dios no ha sido verdaderamente nuestro Dios, le llamamos Señor y no hacemos lo que él nos manda (Mal. 1:6-10; Mt. 7:21). Enmendemos nuestras obras, cambiemos nuestra forma de ser, y el liberalismo, la superstición, la idolatría oriental, las filosofías del Este y el pragmatismo de Occidente dejarán de tener prosélitos que los sigan. La raíz de todos los problemas teológicos del cristianismo es la falta de santidad y dedicación a Dios de la iglesia.


jueves, 29 de julio de 2010

El dios del hombre natural no se llama Jehová ni Jesús


Jeremías 42:1-3; 20-22 (LBLA)

“Entonces se acercaron todos los jefes de las tropas, Johanán, hijo de Carea, Jezanías, hijo de Osaías, y todo el pueblo desde el menor hasta el mayor, [2] y dijeron al profeta Jeremías: Llegue ahora ante ti nuestra súplica, y ruega al Señor tu Dios por nosotros, por todo este remanente, porque quedamos pocos de muchos que éramos, como pueden ver tus ojos, [3] para que el Señor tu Dios nos indique el camino por donde debemos ir y lo que debemos hacer. Porque os engañáis a vosotros mismos, pues fuisteis vosotros los que me enviasteis al Señor vuestro Dios, diciendo: Ruega por nosotros al Señor nuestro Dios, y lo que el Señor nuestro Dios diga, nos lo haces saber y lo haremos. [21] Y hoy os lo he declarado, pero no habéis escuchado la voz del Señor vuestro Dios, ni en cosa alguna de lo que El me ha enviado a decir os. [22] Ahora pues, sabedlo bien, que moriréis a espada, de hambre y de pestilencia en el lugar adonde deseáis ir a residir.”



El hombre natural, el que somos sin el Espíritu de Dios, ora para que el Señor le haga conocer su voluntad porque dice estar dispuesto a hacerla, sin embargo, ¡qué poco le dura esa resolución! Inmediatamente que oye que la voluntad de Dios es opuesta a lo que él quisiera, rehúsa obedecer y termina haciendo lo que quería que Dios le dijera cuando lo mandó a consultar. El remanente de Judá quería ir a Egipto y Dios le dijo que se quedara donde estaba que allí lo bendeciría. Pero no hizo caso. Cuando le pidió a Jeremías que hablara con Dios a nombre de ellos lo que deseaban era oír de boca del profeta que Dios aprobaba las ganas que ellos tenían. El mejor lugar para estar no es donde nos guste sino donde Dios quiere que estemos.

Por naturaleza quisiéramos hacer lo que nos gusta y si hay un dios, que sea como somos, una especie de aliado o compinche. Nuestra corrupción es tal que quisiéramos que Dios santificara el mal, que aprobara y bendijera nuestras corrupciones, nuestras inmoralidades; quisiéramos estar bien con Dios pecando y que él mismo fuera como nosotros y bendijera y ayudara a nuestros placeres y deleites diversos.

Realmente que el dios de nuestros corazones naturales es Satanás, nuestros deseos son como los suyos y él provee y disfruta como nosotros con nuestras mismas desviaciones. Concede todo lo que se le pide. El hombre natural quiere un dios hecho a su semejanza, cuyo paraíso sea una proyección de esta misma vida que ahora tiene, más intensa y más realizada, en el colmo de la eternidad.

¿Deseas una religión que apruebe el pecado, mejor aún que no exista esa palabra, que todo sea lícito, sin prohibiciones de ningún tipo y menos con castigos, una religión que exprese en toda su potencia la naturaleza del hombre, sin cohibiciones ni represiones; que no exista lo vil o mejor aun que lo vil sea sagrado? ¿Un dios que no se llame Jehová ni Jesús sino Baco o Astarté?

miércoles, 28 de julio de 2010

No venzas las fuerzas que te impiden pecar


1 Crónicas. 21:1-8 (LBLA)

Y se levantó Satanás contra Israel e incitó a David a hacer un censo de Israel. [2] Dijo, pues, David a Joab y a los jefes del pueblo: Id, contad a Israel desde Beerseba hasta Dan, y traedme el resultado para que yo sepa el número de ellos. [3] Pero Joab dijo: Añada el Señor a su pueblo cien veces más de lo que son. Mas, oh rey, señor mío, ¿no son todos ellos siervos de mi señor? ¿Por qué procura esto mi señor? ¿Por qué ha de ser él motivo de culpa para Israel? [4] Sin embargo, la palabra del rey prevaleció contra Joab. Salió, pues, Joab y recorrió todo Israel, y volvió a Jerusalén. [5] Y Joab dio a David el total del censo de todo el pueblo. Y en todo Israel había un millón cien mil hombres que sacaban espada; y en Judá había cuatrocientos setenta mil hombres que sacaban espada. [6] Pero entre ellos no hizo un censo de Leví ni de Benjamín, porque la orden del rey era detestable para Joab. [7] También el censo desagradó a Dios, e hirió a Israel. [8] Entonces dijo David a Dios: He pecado gravemente al hacer esto. Pero ahora te ruego que quites la iniquidad de tu siervo, porque he obrado muy neciamente.


Mira como insiste en cometer un pecado que le va a traer problemas o la ruina; vence todo obstáculo humano, salta cualquier barrera y luego lo lamenta. Ojalá no tengamos éxito en quitar de en medio lo que Dios ha puesto para que no nos acerquemos al mal, que no burlemos su vigilancia. No había terminado Joab el conteo cuando ya David supo que había hecho mal (v. 8; 2 Sa. 24: 10).

Joab pudiera representar para nosotros a un amigo fiel, un familiar que se le quita de en medio para tener el camino libre. Pudiera ser el padre, la madre, la mujer, los hijos, etc. (vv. 6,7). No había nadie que aplaudiera lo que estaba haciendo, todos lo desaprobaban, en la tierra y en el cielo, sólo Satanás miraba complacido como se hundía y desobedecía a Dios. David estaba trastornado, delirante con aquella idea fija, con un capricho que le taladraba las sienes y no le dejaba vivir si no lo satisfacía (vv. 7,8).

¿Quién te metió esa idea en la cabeza? David, no necesitas lo que te propones, depón tu vanidad, no sacies tu ego. ¿Ya todos saben lo que quieres hacer? Hasta el momento es un secreto entre tú y el pecado. Y ¿qué pasará cuando tus amigos y el pueblo en general oigan lo que has hecho y sepan que no fue tanto la tentación que te venció sino la insistencia tuya?

No venzas las fuerzas que te impiden pecar, oye las voces que te aconsejan que no lo hagas. Tú eres muy amado y conforme al corazón de Dios. Es una locura. Llama a Joab, invita a los tres hijos de Sarvia, pídele su opinión a Mical. Si ese pecado es abominable a un hombre como Joab ¿no lo será a Dios y a ti mismo después?