martes, 29 de mayo de 2018

Nuestras bendiciones como si fuesen reflejos de lo que merecemos

ENGAÑARSE UNO MISMO

ROMANOS 2:1-4
“Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas, pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo porque tú que juzgas haces lo mismo. Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad. ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios? ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?”. 

Pablo ahora pasa a otro tipo de persona, no que sea completamente diferente de las que mencionó anteriormente, porque estas otras también son desleales, sin afecto natural, implacables, injuriosas, pero puede ser llamada otro tipo de persona cuando lo aparentan, son verdaderos artistas, maestros en el arte de la simulación, graduados en eso de fingir y hacer creer a los demás lo que ellos no son y pensar que aborrecen lo que no aborrecen y que desaprueban lo que ellos aprueban para sí mismos. Hay un nombre muy fuerte pero que hay que decir para definirlos, hipócritas. Estos engañan sutilmente a muchos porque se puede llegar a amar al artista, admirar el papel representado sin que en realidad la persona que lo representa sea así.
Hay un papel muy común representado por estos simuladores, es el de jueces, generalmente les gusta juzgar y acusar los pecados de los otros. No que el apóstol esté desaprobando el hecho de hacer juicios correctos de los demás y de las cosas que pasan porque también se dijo: “juzgad con justo juicio” (Jn.7:24). Un análisis balanceado de lo que tenemos alrededor es necesario; pero lo que el apóstol no aprueba es el juicio hipócrita, el que señala las faltas de otros y sin embargo hace lo mismo. La palabra juzga, “krínon”, implica la idea de una condena, porque se juzga no para encontrar la verdad sino para por adelantado dictar sentencia reprobatoria.

Este tipo de persona no conoce la misericordia y por ende no comprende sus propios errores, no ve bien sus propios pecados y en muchos casos, no es salva. El que es cristiano cuando ve los pecados de los otros, también “se considera a sí mismo” (Ga.6:1), porque se siente rodeado de debilidad. Mientras más cercana vive un alma de su Salvador menos deseos siente de juzgar los pecados de los otros porque más siente los suyos propios. Siempre pues que nos hallemos tentados a convertirnos en jueces, sin nombramiento, de los otros, preguntémonos si nosotros no hemos hecho lo mismo alguna vez, no sea que nuestro juicio nos haga “inexcusable” (v.1). Cuando acusamos a los demás por los mismos pecados que hemos hecho o hacemos, nos acusamos a nosotros mismos y ya la labor de Dios como juez será mucho más fácil “en lo que juzgas a otro te condenas a ti mismo”.
A mí me parece que el apóstol dice “quienquiera que seas tú” no sólo para abarcar al género humano total incluyendo judíos y griegos, los que están sin ley y los que la tienen, no sólo esos, sino porque tiene en mente a personas religiosamente muy distinguidas. No quiero explicar por ahora los vv. 17-21, pero ahí los tienen. No se trata de hipócritas cualesquiera sino de hombres con mucho prestigio religioso y espiritual cuyas opiniones y juicios son muy apreciados por los otros, pero que, en realidad, aunque ellos clamen contra el pecado, como diría Bunyan, no odian al pecado porque lo cometen a espaldas de los demás.

No se trata de combatir el pecado cuando no se sienta el pecado, porque eso es imposible. Siempre luchamos contra el pecado propio tanto como contra el ajeno. Lo que dice el apóstol es combatir el pecado sin cometerlo. No se puede luchar, sin que se juzgue de hipocresía, contra un pecado en el que se está viviendo. Hasta se puede luchar contra el mal que una vez nos abatió, pero sobre el cual se ha obtenido la victoria. Lo que busca el apóstol es condenar el fingimiento, dar una imagen santa y vivir en impiedad, señalar a los otros el camino al cielo y tomar el del infierno. No hay forma de escapar del juicio de Dios si así se obra.
En el v.4 el apóstol habla con mucha ternura, sin dejar de argumentar, con conmovedora penetración a los fingidores, preguntándoles si no han visto como Dios los pastorea hacia el arrepentimiento, “ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento”. Por muy bajo que haya caído un hipócrita aún él le confiere alguna esperanza y primero menciona la solución, “el arrepentimiento”. Dios sigue persiguiendo la salvación de ellos. Pero no hay cura de la simulación si no hay un profundo dolor por eso, si no hay un rompimiento definitivo y estable con el pecado que se cometía. Se comienza rompiendo con el pecado que se comete y luego la actitud de hipocresía inmediatamente cambia. Esa es la medicina, esa es la solución. Primero no dice “dejaré de ser un hipócrita”, sino “primero romperé con mi pecado y así no viviré más en hipocresía”.

Concretamente, nos podríamos preguntar, ¿estaba Dios guiándolos al arrepentimiento?, entonces, ¿por qué no se arrepentían? Si Dios les hubiera “dado arrepentimiento para vida”, ellos lo hubieran obtenido, pero se les había entregado a una mente reprobada y allí se les había abandonado. No incluye pues el envío del Espíritu Santo. Lo que quiere significar el apóstol está relacionado con los privilegios que ellos tenían que de no haberse depravado en semejante hipocresía podían haber sido salvos. Eran maestros, estudiosos de la Escritura y además disfrutaban de muchísimas bendiciones en las cuales podían haber visto las “riquezas de su benignidad”. Muchas posesiones, muchas bendiciones materiales, abundancia de todo, salud, dinero, prosperidad; pero esas cosas en vez de conducirlos al arrepentimiento diciéndose ellos mismos, “¡cómo Dios me bendice a pesar de mi doble vida!”; lo que hicieron es mentirse a sí mismos y decirle también a los demás que Dios estaba de parte de ellos.
Las bendiciones de sus riquezas eran ciertas, allí se hallaban, pero no porque Dios se agradara de la vida que tenían ni del trabajo que hacían, ni porque fuera fruto de como ellos actuaban, sino porque el Señor no queriendo humillarlos les daba aquello, de ese modo las bendiciones los confundían y de cierto modo no cumpliendo el propósito con que fueron enviadas, les servían de testigos condenatorios de intentos fallidos de que se arrepintieran. Así que las bendiciones pueden ser “guías para el arrepentimiento” y no señales de aprobación divina. Dios nos guarde en ser unos engreídos y mostrar a los demás nuestras bendiciones como si ellas fuesen fieles reflejos de lo que merecemos.

lunes, 28 de mayo de 2018

Aunque Dios tenga razón para no darte lo que le pides


SALMO 78:34-39
“Con su boca le engañaban y con su lengua le mentían”. 

O también le adulaban. Señor, yo sé que tú aborreces la hipocresía, ¿por qué entonces aceptaste un arrepentimiento fingido, interesado y mercenario como el que practicó muchas veces Israel? ¿Es que no has entendido, Israel, aun lo que es su misericordia? (v.38).  Pero vayamos más; apruebo que haya aceptado una lisonja como una alabanza, una adulación por una confesión honorable, ¿no muestra eso cuánto ama la salvación de ellos? Aunque haya mucha deshonestidad en lo que alguno hace para recibir la gracia, desearla, para Dios es suficiente para otorgarla, aunque mire que ese deseo no sea perfecto, pero ama que lo queramos y nos otorga lo que le pedimos no sinceramente.

Oh, hay veces que acuden a nuestra memoria algunos textos de la ley, aun en el Nuevo Testamento, y nos dicen que “Dios no oye a los pecadores” (Jn. 9:31), o que no concede lo que le pedimos “porque pedimos mal para gastar en nuestros deleites” (Sgo. 4:3). Sí, eso es verdad, pero tales textos tienen que ser templados con los otros muchos que hablan de misericordia; Dios también concede cosas que pedimos, pero otras que no pedimos, concede cosas a los infieles sabiendo que la usarán para su propia perdición porque prefiere “con su benignidad guiarnos al arrepentimiento” (Ro. 2:4).
No hay que ser interiormente perfecto, ni completamente sincero para obtener algo del Señor, ¿quién siempre lo ha sido?, porque él nos lo concede todo por misericordias, porque en contra de lo que dice el hermano judío Santiago, no se ha fijado en los vaivenes de mi fe y me ha socorrido (Sgo. 1:6). ¿No has leído sobre “la oración de Manases” y cómo Dios pudo responder a un hombre sanguinario como él? Y ¿no has leído del arrepentimiento del rey Acab, como Dios se lo aceptó, aquel malvado que dio muerte junto con su mujer a tantos profetas de Jehová? (1 Re. 21:1-29). Y yendo más lejos ¿crees que las promesas de lealtad de faraón eran sinceras? Sí, concedo que hay muchos más textos para enseñarnos que Dios no quiere oraciones insinceras, ni peticiones de gracia por conveniencia, pero, como la gracia siempre es una revelación y está escondida desde los siglos, también hay algunos casos donde se enseña que Dios, por sus misericordias acepta lo que le pedimos. Dios actúa como un Padre que acepta la lisonja de su hijo adulón porque de todos modos le quier

e dar lo que le pide porque lo ama. No te olvides que cuando pides lo haces al “trono de la gracia” (He. 4:16) y ella nos concede lo que le pedimos, aunque no estemos espiritualmente sanos. Otra razón, yo sé del valor que tiene un Mediador. Dios por razón de su propósito con Israel le confirió muchas cosas, pero sobre todo por Moisés, por sus intercesiones. A nosotros por nuestro Mediador, Cristo. Ni Moisés ni Cristo son hipócritas y Dios les concede lo que piden para otros. Aunque Dios tenga razón para no darte lo que le pides por la forma en que lo haces, aunque te aborrezca por lo que eres, te ama por quien te representa. Eso por los beneficios de un mediador.

sábado, 26 de mayo de 2018

Educadores practicantes de la cultura cristiana


                                                                                  SALMO 78:1-8
“Masquil de Asaf. En el mar fue tu camino, y tus sendas en las muchas aguas; y tus pisadas no fueron conocidas. Condujiste a tu pueblo como ovejas por mano de Moisés y de Aarón. Escucha, pueblo mío, mi ley; inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca. Abriré mi boca en proverbios; hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos, las cuales hemos oído y entendido; que nuestros padres nos las contaron. No las encubriremos a sus hijos, contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, y su potencia, y las maravillas que hizo. El estableció testimonio en Jacob, y puso ley en Israel, la cual mandó a nuestros padres que la notificasen a sus hijos; para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos, a fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios; que guarden sus mandamientos, y no sean como sus padres, generación contumaz y rebelde; generación que no dispuso su corazón, ni fue fiel para con Dios su espíritu”.

“Masquil”, es un poema para aprender. Es una composición del tipo didáctico. Ha sido establecida por Dios la enseñanza oral de la familia dentro de ella misma; de la manera que se transmite la cultura particular a la cual pertenezca o en la cual viva, y se forma o deforma con ella. Si queremos tener una sociedad cristiana, hay que pensar en hogares cristianos, no nominales sino educadores practicantes de la cultura cristiana. Las enseñanzas de la Biblia han de pasar de abuelos a hijos y de hijos a nietos (2 Ti.1:5); cada hogar por separado, cada padre responsable de cultivar bíblicamente la mente de sus hijos e hijas y de instruirlos en el valor de la religión cristiana, los hechos poderosos de Dios, la historicidad de la Escritura, la salvación por gracia por medio de la fe y una variadísima gama de aspectos actuales que compete a la familia enfocar desde su seno: aborto, robo, violencia, trabajo, infidelidad conyugal, etc. Incluso, las vidas de los grandes hombres y grandes mujeres cristianas para que admiren e imiten tales figuras (Deu. 6:5-9). Por importante que sea la escuela dominical, es demostrar demasiada confianza en ella confiarle toda la educación bíblica de nuestros hijos tan solo a una hora de instrucción semanal. ¿Estás transmitiendo a tu familia los valores cristianos y culturales? Oh Señor, bendícenos como padres educadores de nuestros hijos, ayúdanos a enseñarles la palabra conforme a lo que puedan y necesiten oír, que podamos adiestrarlos en el enfoque cristiano de sus vidas y la sociedad para que aprueben lo mejor.

jueves, 24 de mayo de 2018

No les basta una innumerable cantidad de sermones naturales


ROMANOS 1:18-21

“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido”.

Aquí habla de los sabios paganos tanto judíos como griegos, y magníficamente de las primeras oportunidades que han tenido los opositores del evangelio y cómo fue el camino, por medio del envanecimiento, que ellos siguieron para caer en la idolatría. Nos muestra que, aunque un hombre no lea la Biblia tiene ante sus ojos una innumerable cantidad de sermones naturales, escritos con belleza incomparable en la creación, en cada hoja de cada árbol, en cada órbita celestial, en cada puesta del sol, en los cantos de las aves, en cada gota de lluvia que cae bondadosamente sobre la semilla. Eso es lo que Pablo explica después, pero por el momento tiene ante sí, en su pensamiento, a los feroces opositores de su ministerio de salvación.

El apóstol continúa hablando de la justicia divina, pero no en el sentido en que habló de ella para los salvos, sino en los términos de castigo y venganza para los impíos. Quizás lo que lo conduce a eso no es tanto el tema doctrinal de la justificación, sino que como estuvo hablando sobre su ministerio de predicación, se acordó del efecto que ella tuvo entre muchos paganos y como se opusieron tenazmente a lo que les enseñaba. Nosotros lo sabemos, que es un gran pecado oponerse constantemente a la predicación del evangelio e intentar detener sus efectos salvadores en los corazones de los hombres. Eso mismo lo leemos en 1Te.2:16. Específicamente se refiere a los hombres que detienen con injusticia la verdad (v.18). Es el predicador primero y el teólogo después quien aquí escribe, el gran anunciador del evangelio de Cristo que se ha sentido rechazado, humillado y perseguido por ofrecerle a los hombres, en público y en privado, una gran salvación.
Cualquier revelación es desde el cielo (v.18), la de salvación, la de condenación, pero lo que quiere decir es que sabe, y si cito 1Tes.2:18, ha sido testigo de mucho derramamiento de ira divina sobre los hombres opositores de la predicación. A ese acto de oponerse y tratar de impedir la difusión del evangelio él lo llama doblemente, impiedad e injusticia.

¿Hay dos calificativos más exactos? Es una “impiedad” o falta de religión y de piedad, endurecimiento obstinado, crueldad que se ha desatado contra la propagación del nombre de Cristo, a lo cual también llama “injusticia” que no es la falta de justificación, sino una serie consecutiva de medidas y actos opuestos a la dispersión del mismo, que mirados justamente son injustos, ilegales, inhumanos, no dignos de ninguna nación, ni de algún estado civilizado, ni de aparecer en ninguna constitución nacional. El resultado de todo eso es un intento “de detener” el evangelio, frenarlo y si les fuera posible, extirparlo de la conciencia de los hombres.
Ahora el apóstol platica sobre esos, los que se están oponiendo a la verdad y comienza recordando que tuvieron una oportunidad de salvación. Le he llamado así sin exagerar porque analizando la naturaleza podían haberse enterado de ese Dios “no conocido” e investigar por él, al cual Pablo les anunciaba. Ese conocimiento, viendo los astros, el mar, los animales, las aves, el hombre, no salva, pero prepara para salvación. Debiera ser suficiente para creer en Dios, pero por la ceguera en la cual el pecado nos ha sumido, permanecemos a obscuras y con necesidad de más luz. La revelación natural no basta para convertir a alguien a Dios, necesita a Dios.

Ese conocimiento he dicho, es natural, el que podían haber extraído de la observación sencilla de la creación y que podían haber concluido que existía “una deidad creadora” y “una deidad poderosa” (v.20). Los paganos tenían miles de dioses, atribuyeron a cada cosa creada un dios creador o supervisor de la misma, sea el mar, la tierra, el aire, el fuego, la lluvia, la maternidad, etc. No pudieron eficazmente deducir un monoteísmo poderoso, un solo Dios creador del universo. De cierto modo, fue una oportunidad de conocer al Dios verdadero, si no hubieran sabido nada del perdón de pecados, porque en la naturaleza no se revela eso, al menos no debieron haberse corrompido idolátricamente. Según el apóstol, contrario a como muchos piensan, el examen de la creación con todos sus efectos naturales, en vez de conducir por miedo o por lo que sea, al hombre al politeísmo, debe conducirlo a creer en un solo Dios poderoso, y como él lo presenta en el v.20, así es. No que mirando el cielo imagine un dios para él, ni oyendo el trueno un dios para regir las tormentas, ni viendo el fuego y el mar un dios para cada uno, y así interminablemente. Todas las cosas de la creación están relacionadas una con la otra, dependen unas de otras, y es más fácil deducir de ello que fue uno sólo el que las hizo porque difícilmente podrían haberse puesto de acuerdo tantos dioses para hacer un concierto universal tan magnífico. Los dioses paganos, como los inventores de ellos, vivían peleando unos con otros. Y ¿cuál fue la razón por la que desecharon la existencia de un solo Dios? El orgullo. Eso es lo que dice el v.21, “se envanecieron en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido”. Y siempre que el hombre ha tratado de reducir a Dios a la razón y no lo ha logrado, lo ha desechado o vuelto pagano. Teniendo muchos ídolos inventados podían acomodar a cada uno a los gustos y las pasiones de los seres humanos, para que ellos tuvieran la oportunidad de elegir el de su complacencia y no el que se revelaba en la creación.
El Dios de la creación es perfecto, es sabio, es bello, es justo, es amante, está lleno de gloria. Un Dios 
así sería muy superior al hombre y por orgullo, inaceptable. Hay un punto en que el hombre tiene que admitir que no entiende lo que es evidente y necesita creer, si desecha creer y trata de hacer comprensible lo incomprensible, visible lo invisible, termina envaneciéndose en la conjugación de sus razonamientos, ufanándose de su lógica, de su gran pensamiento y desecha a Dios. Desarrollan sus razonamientos, alargan sus pensamientos y eso los conduce más y más a la soberbia, y según se vuelven más y más pensadores, más filósofos, más matemáticos, más científicos, se alejan más del conocimiento de Dios porque crece en ellos el orgullo y la vanidad. Debemos orar mucho por aquellos hombres que estudian el mundo y quieren obtener explicaciones satisfactorias de él, para que Dios les ayude y cuando se les haga evidente que hay un creador invisible, que es el origen de todo, que es poderoso, sabio y providente, reverentemente se inclinen y le adoren y le den gracias por ser ellos mismos parte de esa creación y tan bondadosamente mantenidos por él.
¡Qué grande fue la vanidad de aquellos hombres y la de los de hoy, que están inclinados a admitir la procedencia del mundo y del hombre de cualquier parte, desde una célula a un molusco, desde un chimpancé hasta un antropoide, con tal de no admitir que han sido creados y que deben acciones de gracias a un eterno, invisible y poderoso Hacedor!  Entendieron bien que había un Creador y como no lo adoraron reverentemente ni quisieron agradecerle nada, han quedado sin excusa. Y esa palabra apunta a un interrogatorio, a un juicio.

viernes, 18 de mayo de 2018

Reflexiones sobre un obelisco

Obelisco de Absalón  sino en Londres


1 SAMUEL 18: 17,18
“Absalón se había erigido una columna para sí pues se había dicho: no tengo hijo para perpetuar mi nombre”.

Primero que todo, permítanme algunas derivaciones inferidas del texto, a modo de aclaración: es una buena cosa tener un edificio propio donde uno pueda reunirse para adorar al Señor; las ventajas son muchas por los ministerios que se pueden tener, y es un incentivo si tiene buena localización para la gente que busca donde congregarse.
(1) Hay un mito alrededor de eso, que una iglesia sin un templo propio no crece, se estanca. Es la teoría de los que escriben sobre “iglecrecimiento”.  Si la gente asiste a la iglesia por el templo que tiene y no por el evangelio, ¿es eso iglesia? Eso contradice la historia del cristianismo. En los primeros siglos la iglesia no tenía templos, se reunía en las casas y crecía, y por otro lado cuando los tuvo creció mucho, pero se contaminó, y después dejó de crecer. Lo que hace crecer una iglesia no es el templo es el evangelio y la vida misma de sus miembros. Los primeros cristianos usaban el templo judío para orar y para enseñar la Escritura, y fuera de Jerusalén también utilizaban las sinagogas, y además se dice “en el templo y por las casas” (Hch. 5: 42). Los cristianos llegaban a las casas, la saludaban y entraban. En un contexto diferente eso se puede hacer con los familiares, con los amigos. El crecimiento de la iglesia es un asunto familiar, doméstico y fraternal. El lugar donde la iglesia se reunía no era el sitio de evangelización de los pecadores sino de oración, aprendizaje, alabanzas (1 Co. 14: 23), era en un hogar donde la familia solía comer junta. Eso no quita que hoy lo usemos con ese propósito. La forma normal de tener un sitio propio es el crecimiento de la congregación, y eso hará posible tenerlo, no al revés, tener el local para crecer. 

(2) En segundo lugar, la sociedad será impactada no con los edificios que hagamos sino por la iglesia misma, por las vidas construidas por Dios. Lo principal de la iglesia es que ella se convierta en una casa donde se ofrezcan sacrificios espirituales (1 Pe. 2: 5), donde more Dios, que no habita en templos hechos por hombres (Hch. 17: 24,25); ella es un edificio de Dios (Efe. 2: 20-22), donde cada miembro es una columna en su congregación (Apc. 3: 7-13). Que los pastores sean las principales columnas (Ga. 2: 9), que ella sea columna y baluarte de la verdad (1 Ti. 3: 15), o “pilar y base” (apoyo) de la verdad, y la gente se admire no de las piedras donde se reúnen sino de la clase de vida que llevan (Luc. 21: 5,6), cada uno convertido en un templo del Espíritu Santo, en un cuerpo santo.

(3) En tercer lugar, al fin llego a la explicación del texto y me ocupo de Absalón y su obelisco o monumento, que es lo mismo, hecho por él para inmortalizar su nombre y que lo recordaran las generaciones venideras; pero no fue así, aunque su nombre quedó inmortalizado no fue por aquel monumento de piedra sino por el monstruoso monumento de su propia vida, la historia de cómo vivió, y que la utilizó no para ayudar a otras vidas sino para hacerles daño y aprovecharse de ellas, y que vivió para su cabello (2 Sa. 14: 26), como un hombre resentido y con odio y sin virtud vengó la violación de su hermana. Ha sido recordado su nombre no como un buen hijo sino un mal hijo que en vez de imitar a su padre se creyó mejor que él y lo envidiaba.
Habría sido su historia otra si hubiera ayudado a Tamar a recuperarse sicológicamente del trauma de la violación, porque aunque la llevó para su casa y le dijo que era su hermano, pudo haberla ayudado a encontrar un hombre que se casara con ella, si hubiera ayudado a su padre en la consejería del pueblo y no aprovecharse de esa confianza para ir robándoselo, si hubiera cultivado su vida de modo que cuando muriera su papá, él  le hubiera sucedido en el trono, luchando por sus metas y no robando el triunfo de otro, si hubiera ayudado a su padre en sus caídas y no sirviera para avergonzarlo y servirle de castigo de Dios, como lo fue al acostarse con las concubinas de David por causa del pecado de éste con Betsabé; si hubiera seguido buenos consejos y no malos, y no que él con su conducta acortó los años de vida de sus hijos (14: 27), que murieron jóvenes o niños y la suya también, y  quedó colgado por el cabello en una encina y Joab le clavó tres dardos de hierro en el pecho y los jóvenes lo traspasaron con espada cuando aún le quedaba alguna vida y lo tiraron en un hueco como si fuera una basura y lo cubrieron con piedras (18: 9-17). Esa fue su sepultura. 

Esas eran las piedras que habrían hecho un monumento de inspiración para las generaciones futuras. Los turistas dirían ¿adónde vamos primero, al obelisco de Absalón o a su sepultura? Y los que fueran primero donde estaba enterrado ya no querían ver el obelisco de aquel hombre que vivió y murió sin gloria. Después nadie iría a ninguno de los dos sitios. Aplicando eso, serás recordado si escribes tu vida en la de otros, si son ellos los obeliscos donde lean tu nombre, y si son ellos los que construirán tu obelisco no tú mismo, como el monumento a Washington, en esa ciudad. O, soporta la pregunta, ¿eres un obelisco de pecados y rebeldía contra Dios?

miércoles, 16 de mayo de 2018

No mencionaron ningún arrepentimiento


NO HUBO UN SOLO ARREPENTIMIENTO
LUCAS 10:13-16
 (Mt. 11:20-24)
13 ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! que si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que sentadas en cilicio y ceniza, se habrían epentio.14 Por tanto, en el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón, que para vosotras.15 Y tú, Capernaum, que hasta los cielos eres levantada, hasta el Hades serás abatida. 16 El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió”.

Esta porción de la Escritura no dibuja a Jesús con una sonrisa sino triste. Lamentándose sobre estas ciudades, Corazín, Betsaida, ciudad de dos apóstoles, y Capernaum donde ciegos, cojos y leprosos fueron curados. Recibieron bendiciones y no creyeron en él. Jesús hace un recuento sobre su ministerio en estos pueblos y se muestra insatisfecho y entristecido.
Su lamento lo dice, que Dios les da más oportunidad de salvación a algunas personas que otras, y ellas no la aprovechan. Un privilegio celestial al cual llama levantamiento (v. 15). Y si a lo que se refiere es a que pujando alcanzaron la cima del mundo y coronas de gloria, la exaltación les durará poco, porque desde allá arriba, desde la cumbre, las traerá abajo el Señor. Si pecando alcanzan las nubes, sus sienes se quedarán sin laureles porque el juicio divino las marchitará. Vendrán invasiones feroces y serán reducidas a un montón de piedras y tierra. ¡Ay, ay, ya no existen!
Es un gran riesgo posponer el arrepentimiento porque el tiempo para expresarlo tiene un límite, y mientras más tarde llegue más pecados habrá para pedir perdón. Es tan grande el pecado de ingratitud que no podrán demostrar su arrepentimiento sino "en cilicio y ceniza". Dios puede castigar con misericordia o sin ella; y cuando la concede la justicia es templada y los padecimientos son "más tolerables" (v. 14). Cuando los pecados se acumulan las iras divinas también.
Sobre Corazín, que significa bosque y muchos árboles, no se sabe las bondades que con ella tuvo, sino su enorme ingratitud. En sentido general el impacto de su predicación y milagros fue tan poco que no la ampararía de la destrucción. En cuanto a Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro (Jn. 1:44) tampoco alcanzó gloria en ella, y Capernaum que le dio hospedaje la mayor parte del tiempo, también se portó ingrata más que todas las demás, y recibiría una horrible condenación, bajada de su gloria y prosperidad, al fondo del abismo (v. 15).
El v. 16, si este último se situara después del doce cabría perfectamente, y si se dispone después del regreso de los setenta, también estaría en línea con el espíritu del momento. Las treinta y cinco parejas regresaron jubilosas por el poder que demostraron sobre demonios, sin mencionar arrepentimiento, y vieron al que los envió, sentado llorando, que se lamentaba con una sombra en su rostro y un par de pupilas mojadas, "¡ay, ay, no quisieron arrepentirse!".

lunes, 14 de mayo de 2018

La psicología alivia pero no echa demonios


 

1 SANUEL 16:11,12 
 Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos, todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí. Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo, pero no echaporque éste es”. “Úngele porque éste es”. 

David no estaba en el lugar adecuado ni en el momento adecuado, entonces ese dicho siempre no es cierto; cuando Dios quiere algo o a alguien lo trae, lo pone. Las oportunidades no se presentan, Dios las pone, no vienen por sí solas, él las crea. De estas preguntas, ¿qué quieres que haga, Señor? ¿Qué deseas de mí? ¿Dónde quieres que esté? Y ¿qué quieres que yo sea?, la última es la más importante. Dios lo escogió no exactamente por lo que podía hacer con él sino por lo que ya era, había cultivado su corazón tanto que ya el de los dos se parecían, pensaban iguales y sentían iguales, él quería ser como Dios y a eso es que se refiere, y lo había logrado (2:35). No siempre pudo lograrlo. ¡Ay, Betsabé y Urías el heteo! Sólo en lo “tocante” a ellos no fue semejante a Dios