lunes, 14 de mayo de 2018

La psicología alivia pero no echa demonios


 

1 SANUEL 16:11,12 
 Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos, todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí. Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo, pero no echaporque éste es”. “Úngele porque éste es”. 

David no estaba en el lugar adecuado ni en el momento adecuado, entonces ese dicho siempre no es cierto; cuando Dios quiere algo o a alguien lo trae, lo pone. Las oportunidades no se presentan, Dios las pone, no vienen por sí solas, él las crea. De estas preguntas, ¿qué quieres que haga, Señor? ¿Qué deseas de mí? ¿Dónde quieres que esté? Y ¿qué quieres que yo sea?, la última es la más importante. Dios lo escogió no exactamente por lo que podía hacer con él sino por lo que ya era, había cultivado su corazón tanto que ya el de los dos se parecían, pensaban iguales y sentían iguales, él quería ser como Dios y a eso es que se refiere, y lo había logrado (2:35). No siempre pudo lograrlo. ¡Ay, Betsabé y Urías el heteo! Sólo en lo “tocante” a ellos no fue semejante a Dios