viernes, 18 de mayo de 2018

Reflexiones sobre un obelisco

Obelisco de Absalón  sino en Londres


1 SAMUEL 18: 17,18
“Absalón se había erigido una columna para sí pues se había dicho: no tengo hijo para perpetuar mi nombre”.

Primero que todo, permítanme algunas derivaciones inferidas del texto, a modo de aclaración: es una buena cosa tener un edificio propio donde uno pueda reunirse para adorar al Señor; las ventajas son muchas por los ministerios que se pueden tener, y es un incentivo si tiene buena localización para la gente que busca donde congregarse.
(1) Hay un mito alrededor de eso, que una iglesia sin un templo propio no crece, se estanca. Es la teoría de los que escriben sobre “iglecrecimiento”.  Si la gente asiste a la iglesia por el templo que tiene y no por el evangelio, ¿es eso iglesia? Eso contradice la historia del cristianismo. En los primeros siglos la iglesia no tenía templos, se reunía en las casas y crecía, y por otro lado cuando los tuvo creció mucho, pero se contaminó, y después dejó de crecer. Lo que hace crecer una iglesia no es el templo es el evangelio y la vida misma de sus miembros. Los primeros cristianos usaban el templo judío para orar y para enseñar la Escritura, y fuera de Jerusalén también utilizaban las sinagogas, y además se dice “en el templo y por las casas” (Hch. 5: 42). Los cristianos llegaban a las casas, la saludaban y entraban. En un contexto diferente eso se puede hacer con los familiares, con los amigos. El crecimiento de la iglesia es un asunto familiar, doméstico y fraternal. El lugar donde la iglesia se reunía no era el sitio de evangelización de los pecadores sino de oración, aprendizaje, alabanzas (1 Co. 14: 23), era en un hogar donde la familia solía comer junta. Eso no quita que hoy lo usemos con ese propósito. La forma normal de tener un sitio propio es el crecimiento de la congregación, y eso hará posible tenerlo, no al revés, tener el local para crecer. 

(2) En segundo lugar, la sociedad será impactada no con los edificios que hagamos sino por la iglesia misma, por las vidas construidas por Dios. Lo principal de la iglesia es que ella se convierta en una casa donde se ofrezcan sacrificios espirituales (1 Pe. 2: 5), donde more Dios, que no habita en templos hechos por hombres (Hch. 17: 24,25); ella es un edificio de Dios (Efe. 2: 20-22), donde cada miembro es una columna en su congregación (Apc. 3: 7-13). Que los pastores sean las principales columnas (Ga. 2: 9), que ella sea columna y baluarte de la verdad (1 Ti. 3: 15), o “pilar y base” (apoyo) de la verdad, y la gente se admire no de las piedras donde se reúnen sino de la clase de vida que llevan (Luc. 21: 5,6), cada uno convertido en un templo del Espíritu Santo, en un cuerpo santo.

(3) En tercer lugar, al fin llego a la explicación del texto y me ocupo de Absalón y su obelisco o monumento, que es lo mismo, hecho por él para inmortalizar su nombre y que lo recordaran las generaciones venideras; pero no fue así, aunque su nombre quedó inmortalizado no fue por aquel monumento de piedra sino por el monstruoso monumento de su propia vida, la historia de cómo vivió, y que la utilizó no para ayudar a otras vidas sino para hacerles daño y aprovecharse de ellas, y que vivió para su cabello (2 Sa. 14: 26), como un hombre resentido y con odio y sin virtud vengó la violación de su hermana. Ha sido recordado su nombre no como un buen hijo sino un mal hijo que en vez de imitar a su padre se creyó mejor que él y lo envidiaba.
Habría sido su historia otra si hubiera ayudado a Tamar a recuperarse sicológicamente del trauma de la violación, porque aunque la llevó para su casa y le dijo que era su hermano, pudo haberla ayudado a encontrar un hombre que se casara con ella, si hubiera ayudado a su padre en la consejería del pueblo y no aprovecharse de esa confianza para ir robándoselo, si hubiera cultivado su vida de modo que cuando muriera su papá, él  le hubiera sucedido en el trono, luchando por sus metas y no robando el triunfo de otro, si hubiera ayudado a su padre en sus caídas y no sirviera para avergonzarlo y servirle de castigo de Dios, como lo fue al acostarse con las concubinas de David por causa del pecado de éste con Betsabé; si hubiera seguido buenos consejos y no malos, y no que él con su conducta acortó los años de vida de sus hijos (14: 27), que murieron jóvenes o niños y la suya también, y  quedó colgado por el cabello en una encina y Joab le clavó tres dardos de hierro en el pecho y los jóvenes lo traspasaron con espada cuando aún le quedaba alguna vida y lo tiraron en un hueco como si fuera una basura y lo cubrieron con piedras (18: 9-17). Esa fue su sepultura. 

Esas eran las piedras que habrían hecho un monumento de inspiración para las generaciones futuras. Los turistas dirían ¿adónde vamos primero, al obelisco de Absalón o a su sepultura? Y los que fueran primero donde estaba enterrado ya no querían ver el obelisco de aquel hombre que vivió y murió sin gloria. Después nadie iría a ninguno de los dos sitios. Aplicando eso, serás recordado si escribes tu vida en la de otros, si son ellos los obeliscos donde lean tu nombre, y si son ellos los que construirán tu obelisco no tú mismo, como el monumento a Washington, en esa ciudad. O, soporta la pregunta, ¿eres un obelisco de pecados y rebeldía contra Dios?