viernes, 26 de diciembre de 2014

Oyendo los últimos sermones



Lucas 13:6-9
“El entonces, respondiendo, le dijo: "Señor, déjala por este año todavía, hasta que yo cave alrededor de ella, y le eche abono”.

Esta pequeña parábola trata tanto de la continuada esterilidad espiritual como de la prolongación de la misericordia divina; fue construida principalmente para Israel y también para todos aquellos que como este pueblo “reciben en vano la gracia de Dios” (2Co.6:1), a los cuales por muchos años consecutivos el Señor ha favorecido de diversas maneras enviándoles profetas, apóstoles, pastores, evangelistas, maestros, escritores, cantantes y una pléyade mayor de ayudadores; sin embargo, no ha habido proporción entre el trabajo del Señor y los frutos que ha querido recoger. Han fallado los estudios bíblicos, los ardorosos sermones, la sabiduría celestial, el poder del siglo venidero y el amor generoso con el cual el pueblo santo los ha acogido.

Puede que te halles, como Israel en la parábola, al límite mismo de la prolongación de la misericordia, en las últimas intercesiones de Jesús por ti, oyendo los últimos sermones, los últimos estudios, las últimas clases, enviándote los últimos invitadores de la salvación, y después de eso, tu nombre ha de ser borrado del libro de los que tuvieron oportunidad. Si te has endurecido por muchos años, sea este el último de tu insensibilidad, recibe con gratitud la mano que bondadosamente rompe la tierra alrededor tuyo, te abona, te riega, y te mira con esperanza de que de tu interior brote la fuerza de vida para producir algún fruto que justifique la atención que te han dado y llene la expectativa divina. Dios quiere ver sus hermosos frutos en ti. No fuiste creado para producir espinos y malos granos sino los dulces frutos de tu Creador.