miércoles, 3 de diciembre de 2014

Convicciones sobre la doctrina de la predestinación

(Preaching Like Calvin; Bryan Chappell; David W. Hall Editor; pags 66,67).

Efesios 1:4-6
“Bendito sea el Dios y Padres de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la cual nos hizo aceptos en el Amado”.

“Pablo está usando la doctrina de la predestinación no para hacer separación entre los creyentes, ni para hinchar el orgullo por ser elegidos por Dios, ni para demostrar un conocimiento especial de cómo Dios obra, sino simplemente para asegurarle a los creyentes que están en aprieto que Dios los amó y todavía los ama a parte de cualquier mérito que ellos tengan. En otras palabras, la predestinación está encaminada para ser de bendición al corazón de los creyentes. No necesariamente para discutir sobre ella y tomar como excusa la misma para no evangelizar; ella es una buena base para nuestro consuelo cuando nos damos cuenta de las limitaciones de nuestras acciones, de nuestra voluntad y de nuestras elecciones.

“Un alumno de Covenant Seminary a quien le gusta de forma especial hacer evangelismo cuenta de un hombre que llegó a su despacho después de haber estado en un servicio de adoración. El hombre había estado en la iglesia por muchos años pero le confesó que aunque él había estado en la iglesia por tanto tiempo y conocía todas las cosas en relación con el evangelio, sin embargo no era todavía un creyente. Le dijo que eso se debía al miedo que tenía de no haber sido predestinado. Mi pastor y amigo le respondió con gran sabiduría que ese miedo se debía al diablo. Le dijo que el diablo nos confunde en relación, que eso es lo último y no lo primero que tiene que preocuparnos. Le dijo que estaba preocupado sobre la predestinación aunque no era un creyente. La predestinación le aclaró mi amigo es para aquellos que ya aman a Jesús y les asegura que sus errores no destruyen en ninguna manera ese amor. Ese es exactamente el punto que trata el apóstol Pablo cuando le escribe a los Efesios, o sea a los santos que se encuentran en Éfeso. La meta de la predestinación no es una cuestión que se ha entregado a los que no son creyentes para que piensen en ella sino para traer paz a los que ya son cristianos. El pastor le dijo que la necesidad primaria de él en ese momento era simplemente responder en fe, tener a Jesús, confesarlo y amarlo; y  además le dijo que andando el tiempo Dios confirmaría en su corazón el hecho de que él lo había amado primero. Ya sea que tú estés de acuerdo con la predestinación o no, ella fue escrita para los cristianos, y no para aquellos que no lo son. Antes de que respondamos todas las preguntas en relación por qué algunos son predestinados para la salvación y otros no, debemos preguntarnos por qué cosa es que el apóstol le escribe eso a aquellos santos que se encuentran en tribulación y es para asegurarles que Dios los ama desde la eternidad…”


Y después de esto el autor de este artículo continúa haciendo su evangelismo hablándole del amor de Dios hacia esa persona desde la eternidad, lo cual suena muy bonito y tal vez convincente para que la persona en cuestión deje de hacerse preguntas acerca de esta maravillosa, excepcional doctrina, lo cual suena muy dandy pero temo que no cure completamente la falta de zozobra de la persona en cuestión que continuará luchando con el hecho del enigma de su tribulación. Está bien dicho que es una doctrina para creyentes y no para personas no cristianas, pero el encono de la lucha por su comprensión puede ser similar a querer vaciar un océano en un dedal. El que es elegido se siente elegido y tiene pruebas de que es elegido y mientras más lee en la Biblia acerca de la elección y predestinación, en el curso de sus años más firme estará en esa preciosa doctrina que sirve de piedra de tropiezo para los incrédulos y semi incrédulos. Cuando Dios revela una doctrina da la fe y el conocimiento suficiente para aceptarla y vivirla, como es el caso de la predestinación. Los que han nacido de nuevo lo saben y los que han vivido muchos años son los mejores maestros y consejeros para los novatos inmaduros que tendrían que arrodillarse más, estudiar mejor, y el Espíritu Santo poco a poco por aquí y por allá les irá dando las convicciones que en ese momento apetecen.