domingo, 7 de diciembre de 2014

Tragando los mismos amargos sorbos

Mateo 7:1-5
“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano”.

Lo que ahora sigue nada tiene que ver con lo anterior. Lo primero es como un mensaje de ánimo para depositar la fe en los cuidados del Señor para la vida, pero lo segundo es más bien la condenación de esa mala costumbre que por inclinación natural llevan a los propios cristianos a enjuiciarse salvajemente los unos a vosotros y a despedazarse sin piedad dándose tirones de piel con la lengua. Parece increíble que el Señor se dirija de esa forma a sus discípulos, pero lo hace.
Nota que les llama hipócritas a aquellos que so pretexto de hacer bien a otros y con aparente buena intención critican a sus hermanos (v. 5). Les llama hipócritas porque por dos cosas al menos la crítica es inadmisible: (1) porque la falta que critican y quieren corregir es pequeña y tal vez por ser tan microscópica podría haber sido muy bien comprendida, tolerada o pasada por alto, bajo un manto de amor. Los hipócritas siempre tienen una lupa en la mano y tratando de ponerle el lente sobre las vidas de sus prójimos.

Muchas veces usan los conocimientos extraídos de textos de psicología o de la experiencia de introspección propia, y mientras van descubriendo brechas y grietas dolorosas en las vidas ajenas, los descubrimientos que con placer compilan los enferman a ellos mismos y les matan la alegría y la comunión: los amargan. Estos cazadores de moscas o fiscales de nimiedades que Dios no nombró, Jesús les llama hipócritas (2) es inadmisible porque ignoran completamente el defecto propio que suele ser colosalmente mayor en comparación con el que están condenando. Generalmente las personas que ven sus propias malas inclinaciones y no olvidan sus errores son benignas al juzgar a otros y los miran con misericordia y compasión. Los hipócritas tienen el ojo bien abierto para las faltas de los demás y muy cerrado para las propias. Se puede ser sicológicamente muy perspicaz pero espiritualmente ciego. Hermanos, si no caemos fulminados por el juicio de Jesús es mejor que dediquemos más tiempo en corregirnos a nosotros mismos que a querer hacer prefectos a los demás.
Hay algo que todavía hace que la crítica sea más monstruosa: el vocablo hermano (v. 3). ¿A quién está buscando con los ojos el criticón? ¿A quién fiscaliza? No a un enemigo, no un mundano con los cuales posiblemente se muestra más indulgente y tolerante, sino a su propio hermano en la fe, al que Dios ha puesto a su lado, el que se le parece más que ningún otro, porque ha sido hecho como él según la imagen de Cristo. ¿No debiera más bien regocijarse en ser parecidos? ¿No debiera más bien en las muchas cosas que llevan en común, que los une, los atrae como miembros de una sola familia? ¡Cuidado no critiques a quienes se parecen más a ti y seas hallado injusto y te condenes a ti mismo! Cuidado no critiques el trabajo que a Dios le falta por hacer. ¿No son nuestros defectos aquel trabajo que Dios no ha terminado? Puedes estar juzgando la obra de Dios. Deja que el Señor le de gracia y lo perfeccione. ¿No debieras más bien pedirle al Señor que no se detenga y prosiga su obra en él?
Si el Señor se ha detenido ¿no debieras más bien pedirle perdón y suplicarle que prosiga? Piensa que estás desechando por una paja una gran obra de gracia. Echas al menosprecio a alguien que antes era peor y que ahora no lo es. Ya no es lo que era. ¿Es ladrón? ¿Es fornicario, idólatra, borracho? Pero criticas a alguien que sirve al Señor, que lee la Biblia, que canta en tu mismo culto, que también como tú escribe cheques para la obra del Señor. ¿No debieras más bien detener tus juicios condenatorios y exaltar con acciones de gracia la obra preciosa que nuestro Señor está haciendo con ese hermano o hermana?

Esa actitud canibalesca y atropelladora el Señor no lo dejará sin corrección o sin su merecido (vv. 1, 2). No pienso que se trata de recibir el pago en el otro mundo aunque sin duda el día del juicio final eso se traerá a cuenta. Nuestro Señor se refiere a que los que calumnian a los demás serán ellos también calumniados, los que dicen mentiras también serán víctimas de falsos rumores. Los que detractan y atacan la reputación de los otros se verán también difamados, tragarán los mismos sorbos amargos, serán heridos con el mismo filo, azotados con el mismo látigo.
Quiero que pienses que esto no será una consecuencia natural de nuestros actos como quien siembra espinas y recoge espinas, sino más bien lo veo como un decreto moral de la providencia que no está ajena a ese cotilleo y chismografía que practican los hipócritas. El v. 2 claramente se ve que es enfático. Es así porque la crítica viola las leyes morales de Dios y ataca su sistema de piedad y perdón. Como es un pecado contra el chisme que se levanta, castiga a sus hijos del mismo modo para corregirles esa falta y  purificarles.

Un hijo de Dios puede ser calumniado inocentemente, pero aquí no se trata de eso, sino de los que son mordidos con los mismos dientes que mordieron. Esto es provechoso porque nos llena de temor a padecer lo mismo y también nos desarrolla nuestro sistema de comprensión para colocarnos humanamente y por un instante en el mismo pellejo de los otros. ¿Me gustaría estar en su caso? ¿Qué haría yo? (Jue.1: 5-7). Quiera el Señor no tenernos por culpables en este sentido y él nos ayude a comportarnos con la actitud realmente filial y no fiscal, y si hemos ofendido, esta exposición nos llene de temor y nos humille para ser perdonados. Amén.