viernes, 12 de diciembre de 2014

Cada madre cristiana es una profetisa en su casa

Lucas 2:36-38
“Y había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Ella era de edad muy avanzada, y había vivido con su marido siete años después de su matrimonio, y después de viuda, hasta los ochenta y cuatro años. Nunca se alejaba del templo, sirviendo noche y día con ayunos y oraciones. Y llegando ella en ese preciso momento, daba gracias a Dios, y hablaba de Él (Jesús) a todos los que esperaban la redención de Jerusalén”.

No son personajes de renombres sino gente insignificante para el mundo. Hija de Fanuel o Peniel (1Cro.4:4). No que se pasara noche y día en el templo porque acababa de llegar. Los ayunos dos veces a la semana, posiblemente. Estaba bien preparada para hallarse con el Mesías. De la tribu de Aser, en Galilea. ¿Cómo decían que no había profetas de allí? (Jn.7:52). Profetiza, oficio que hacía 300 años que había cesado  y se reactiva con la venida del Mesías. Una mujer profetiza es un caso raro. Hubo algunas, Miriam, la hermana de Moisés y Aarón, Débora la esposa de Lapidot, Hulda la esposa de Salum, ella y las cuatro hijas de Felipe el evangelista. Su trabajo habría sido no predecir el futuro porque como usted ve no dijo nada como lo hizo Simeón, que hablaba del Niño a los que esperaban la redención de Israel y tiene que ver más con el cumplimiento de una profecía que con otra nueva. Las profetizas como las diaconisas, se dedicaban a enseñar a las más jóvenes (1Ti.5:5-sigs.; Tit.2:4). Las hijas de Felipe no sé la edad que tendrían, supongo que eran mayores, pero de ellas tampoco se dice que predijeran algo, sabrían más  del Señor más que las otras porque el Espíritu las distinguía dándoles sabiduría y conocimientos. Y recuerdo que igual se dice de la madre del rey Lemuel, hallada al final de los Proverbios, cuya profecía consistió no en eventos futuros sino enseñarle a su hijo a ser prudente con el uso del vino y a no dejarse engañar por malas mujeres (Pro.31). De cierto modo cada madre cristiana que educa en el Señor a sus hijos, es una profetisa en su casa, donde más la familia moderna necesita de ellas.