sábado, 1 de julio de 2017

No leeré libros, ni visitaré blog cómplices con esta época


ROMANOS 3:5-8
“Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (Hablo como hombre). En ninguna manera; de otro modo, ¿cómo juzgaría Dios al mundo? Pero si por mi mentira la verdad de Dios abundó para su gloria, ¿por qué aún soy juzgado como pecador?  ¿Y por qué no decir (como se nos calumnia, y como algunos, cuya condenación es justa, afirman que nosotros decimos): Hagamos males para que vengan bienes?”.

Pablo predicaba un evangelio en términos muy elevados y lo exponía a sabios y no sabios para que le dieran consideración; y estaba estructurado para resistir el análisis de ellos, y aceptaba el desafío intelectual. Por supuesto que para cambiar el mundo hay que desafiarlo, sintiendo hondo y pensando alto. Comenzó afirmando que la infidelidad de ellos no anuló la fidelidad de él, ni las mentiras de ellos opacaron su veracidad. Pablo ve en el contraste algo más, que el pecado humano forma como un fondo oscuro que hace resaltar el relieve de quién es Dios, como si la noche humana ayudara al resplandor de su luz.

Dios siempre es glorificado, tanto cuando decimos la verdad como cuando mentimos. No porque ser infiel o mentiroso sea bueno. Cuando somos atrapados en los pasos de la infidelidad, cuando rompemos su pacto y quebramos su ley, cuando somos hallados fraudulentos y engañadores, pecamos y deshonramos su nombre y hacemos que los que no le conocen se confirmen en sus pecados y lo blasfemen. Sin embargo, Dios es glorificado. Esa es la sustancia del v.5,  “y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios. ¿Será injusto Dios que da el castigo?”. Es una calumnia a nuestra teología decir que “hagamos mal para que vengan bienes”. Tienen una teología muy somera los que piensan que Dios solamente es glorificado por su gracia, dando perdones, conmutando penas; también es glorificado cuando castiga con merecido juicio.

El razonamiento de sus contemporáneos era de este modo: “¿será injusto Dios que da castigo, cómo juzgará Dios al mundo? Si mi pecado glorifica a Dios, como tú nos has dicho, que el fin de cada hombre es glorificar su Nombre, creemos que ya lo estamos haciendo, aunque vivamos en impiedad, y no debiera castigarnos por lo que ha traído su gloria”. Pablo (Hch.26:28), instruía la iglesia en eso de glorificar el nombre de Dios en todo, y les enseñaba que todo en este mundo le glorifica incluyendo el mal. Aun los sinceros erraban porque miraban solamente la gloria de Dios en el perdón por la gracia y la fe, no por obras buenas o malas. Alguien pudiera hacer derivaciones equivocadas, como hacen con su doctrina de la elección eterna y la predestinación, para detener el interés  misionero y que se estime que es mejor dejar al hombre en impiedad y no ir a rescatarlo de la condenación porque de todos modos en el infierno le glorificará; y peor todavía por añadidura, que la doctrina centrada en la gloria de Dios, provee una excusa para endurecerse porque hace que se piense que si los pecados glorifican a Dios entonces aunque se viva dominado por ellos, pueden contar con la bendición de Dios a sus vidas.

La voluntad compasiva de Dios es ser glorificado en su gracia y no en su justicia y la prueba es lo mucho que siempre ha dilatado el castigo de sus enemigos. Si un pecador cualquiera escoge glorificar a Dios a costa de enfrentar su justicia ¿no es una prueba que ya está condenado? ¿Quién se tomará el trabajo de defenderlo? Los irónicos con sátira decían que “hagamos males para que vengan bienes” (v.8). Como a ellos nunca les importaba la gloria de Dios no podían entender lo que aquel hombre enseñaba y lo que oían lo retorcían completamente cambiándole desde el fondo su significado. La doctrina de la gloria de Dios no puede conducir a semejante retorcimiento y esperar que Dios bendiga a los que tiene que castigar por el hecho que al aplicarle el castigo su justicia sea ensalzada.


Si alguien hace resaltar el evangelio por su incredulidad, la santidad divina por sus impurezas, la fidelidad divina por su infidelidad será castigado, y no podrá ser injusto Dios que da el castigo porque nada tiene que agradecer a los que resalten su justicia con injusticia. El juicio del mundo viene (v.6) y no hay ningún perdón ni salvación para los que exaltan la justicia de Dios recibiendo sus castigos (v.7), ni modo de esperar la bendición o la indulgencia si se vive en pecados, porque la ley dice que los que hacen males no recibirán bienes. El púlpito y la literatura de Pablo desafiaban las corrientes más fuertes de la época. Yo no leeré los libros ni oiré sermones, ni visitaré los blogs que les hagan guiños de cobarde complicidad a los enemigos de Pablo, y no dicen “gloria a Dios en las alturas” sino con otro evangelio antropocéntrico, gloria al yo en las alturas.